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martes, 14 de septiembre de 2021

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL HIJO DEL HOMBRE DEBE SER LEVANTADO...

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.



Dios muestra en alto el lugar de la salvación, lo señala claramente, no es Moisés quien levanta una serpiente , ahora es levantado el "Hijo del hombre". Esta expresión, no refiere a la condición humana del Señor, sino a ese personaje misterioso, que aparece presentado por el Profeta Daniel (7,14 ),un "hijo de hombre" que vendrá con potestad de juez sobre las nubes del cielo y todo ojo lo verá, haciendo alusión al alcance universal de su juicio. 

Comenta San Agustín este pasaje: "Así como en otro tiempo quedaban curados del veneno y de la muerte todos los que veían la serpiente levantada en el desierto, así ahora el que se conforma con el modelo de la muerte de Jesucristo por medio de la fe y del bautismo, se libra también del pecado por la justificación, y de la muerte por la resurrección. Y esto es lo que dice: "Para que todo aquél que cree en El no perezca, sino que tenga vida eterna".(Catena aurea)  

Los hombres , al igual que en el relato de Moisés, son invitados a dirigir sus miradas hacia lo alto, al Señor en la Cruz, para encontrarse allí con la salvación. La fe nos permite acceder, según lo expresado por San Pablo,  a la "sabiduría y fuerza de Dios". Este acontecimiento resulta desconcertante para la  lógica  humana, sigue siendo "escándalo" y " locura" para los que no creen.  Sin fe no se ve. Qué es lo que no ven? Ven al crucificado pero no alcanzan a encontrarse con la salvación que Dios nos ofrece.

La fe nos introduce, por la comprensión y vivencia del misterio de la Cruz, en la vida eterna. Ella es una clave de comprensión para la existencia del creyente, no debemos prescindir de leer la vida desde su Verdad, de hacerlo, vemos al crucificado pero no la salvación amorosa de Dios. Jesús queda reducido a un hombre bueno ajusticiado injustamente.

El juicio de Dios es salvífico, Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. En la entrega amorosa del Hijo se ha expresado la voluntad salvífica  del Padre, esto es lo que Dios quiere, por ello ha enviado al mundo a su Hijo. Esta acción amorosa del Señor es una invitación que el Padre dirige personalmente a cada uno de nosotros, es como si nos dijera, la mesa está servida y tú eres mi invitado,quieres  sentarte a mi mesa?Ciertamente que Jesús es el Salvador, pero es mí Salvador?

"No te admires de que yo deba ser levantado para que ustedes se salven, porque así agradó esto al Padre que tanto los amó, y que por estos siervos ingratos e indiferentes dio a su mismo Hijo. Y al decir: "De tal manera amó Dios al mundo", indicó la inmensidad de su amor, habiendo necesidad de reconocer aquí una distancia infinita. El que es inmortal, El que no tiene principio, El que es la grandeza infinita, amó a los que están en el mundo, que son de tierra y ceniza, y están llenos de infinitos pecados. Lo que pone a continuación demuestra la cualidad de su amor; porque no dio un siervo, ni un ángel, ni un arcángel, sino su propio Hijo." (San Juan Crisóstomo) 

La expresión de san Agustín esclarece nuestra meditación: el que te creó sin ti, no te salvará sin ti. La salvación como expresión del amor del Padre por su hijos y del Hijo por sus hermanos, es siempre invitación, llamada amorosa que se irradia desde la Cruz.

El Señor transitó en solitario el camino de la Cruz, el consuelo del Padre y el de su Madre lo asistieron, pero al Gólgota subió solo, abandonado y en medio del silencio del cielo. El camino de la cruz ahora es transitado por los suyos, sabemos que sigue siendo un lugar de sufrimientos  e incomprensiones, pero ahora es habitado por Él, ya no reina la soledad, porque allí los suyos perciben su presencia pacificadora. El Amor del Señor fecundó la aridez del sufrimiento.

La Cruz  es de diversa magnitud, las hay pequeñas y también grandes, sabemos que en nuestra existencia se hará presente en alguna circunstancia, ella aparece en las enfermedades, muertes, sufrimientos físicos y morales , calumnias y mentiras, injusticias y en tantas otras realidades que hay que enfrentar. La fe nos enseña a encontrarnos allí con el Señor. En el camino de la fe, este será nuestro desafío.  Le reconoceremos presente en esas circunstancias?Aceptaremos vivirlas unidos a ÉL,y sostenidos por su Amor?

Por el Señor,que nos enseña a cargar la Cruz llegaremos al cielo, ella irradia luz sobre nuestras vidas, tratando de ayudarnos a disipar las tinieblas. Gracias Señor por tu Cruz, por el Amor que ella irradia, por tantos testigos del amor manifestado en la Cruz. Gracias porque al pie de la Cruz nos dejaste a María por Madre,para que nos enseñe a vivir las exigencias del amor manifestado en la Cruz.

lunes, 26 de octubre de 2020

BENEDICTO XVI: LA FE COMO RESPUESTA AL AMOR DE DIOS

Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1).
 
La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.
 
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

jueves, 5 de enero de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA VIDA NUEVA, VIDA PLENA...

Venimos compartiendo, una serie de reflexiones, que tienen su origen en el cambio de año, que muchas veces da origen en nosotros al deseo sincero de cambiar, y que se explicita en la frase: Año Nuevo, Vida Nueva". Nuestro Señor, ha mencionado en reiteradas ocasiones, que  vino para que "tengamos vida" incluso la ha calificado de   abundante. " He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia".

La vida de Dios es comienzo de vida eterna ya en el tiempo. La amistad con las personas divinas es principio de esa eternidad, que alcanzará su plenitud en el "más alla". Somos hijos engendrados por el Padre. 

Qué es el "nacer de nuevo" al que alude Jesús en su diálogo con Nicodemo? Hemos sido alcanzados por su Amor, que nos atrae, y nos introduce en los caminos de la Amistad. Elevados por la gracia y engendrados por ella, el Padrenuestro pasa de los labios al corazón. La Pascua celebra su Victoria, y el Señor planta su bandera en nuestra existencia, para dar batalla al pecado y la muerte en nosotros.

La abundancia de la vida Nueva tiene relación al Amor de Dios, que ha sido derramado por el Espíritu Santo en nosotros. Estamos invitados a responder a este Amor, viviendo en él
 y amando con él a nuestro prójimo. Para ello, vamos cada día a beber de las fuentes del Amor, para renovar nuestras fuerzas. 

ÉL te espera, nada debe detenerte, no debes anteponer nada a ir a su Encuentro. Tu llevas toda tu historia, y dejas que su Amor la alcance, y dé paz a tu Vida que tanto la necesita. VIda Nueva, vida plena, vida de gracia y amistad...

martes, 5 de abril de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: CRISTO, AMOR EXCLUSIVO E INCLUYENTE


Son muchos los pasajes evangélicos en los que se visualiza la exigencia del camino que el Señor nos propone, recordemos aquel que presenta la exigencia de la vocación apostólica (Lc 9), a los que son llamados se los invita, frente a diversos pedido que éstos realizan, “que dejen que los muertos entierren a sus muertos” e incluso se trata de disuadir de la solicitud para despedirse de los familiares, afirmando que “no se puede poner la mano en el arado y mirar para atrás”. Exigente!!!! Sí, muy exigente...

Nada puede anteponerse a la respuesta del llamado que el Señor realiza, ni aún lo que humanamente consideramos bueno. Ante ésta situación única y vital, cada cosa se debe ubicar en el lugar que le corresponde. El Señor reclama nuestro amor de modo pleno y total, y espera que le respondamos sin reservas. Reclama exclusividad. Seguramente esto te resultará un tanto desconcertante, pero es así, no está dispuesto a recibir de nuestra parte una respuesta parcial. Reclama nuestro amor con exclusividad. Él pide un amor exclusivo pero no excluyente.

En contraste con una autorrealización fácil y egocéntrica, que hoy con frecuencia se exalta, el compromiso primero e irrenunciable del discípulo es la respuesta al Señor. Su amor lejos está del egoísmo, y su exigencia, tiene especial resonancia para nosotros. No busca por el amor ejercer un dominio egoísta, sino liberarnos de nuestros egoísmos. Al responderle a Él, de modo exclusivo, nuestros amores humanos son ahora inundados por la presencia de este amor que manifiesta la verdad sobre las realidades de nuestra existencia. Su amor exclusivo es incluyente.

“La caridad, según el Catecismo (nª 1822) es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios”. Amar a Dios sobre todas las cosas, es la dimensión de exclusividad que debe tener nuestra respuesta, y al prójimo por amor de Dios, manifiesta la dimensión incluyente que produce en nosotros esta relación.

Resulta comprensible la exigencia del Señor, ella brota de la verdad que comunica este amor, el cual somos invitados a vivir, puesto que solamente en él podemos sanar nuestro amor humano herido por el pecado, y ante la posibilidad de sanar este mal radical todo debe deponerse. “No anteponer nada ante el amor de Cristo”.