lunes, 9 de octubre de 2017

HORACIO BOJORGE SI: QUÉ ES LA VIRTUD DE LA FRUGALIDAD?

A la gula se le opone la virtud de la frugalidad o templanza en el comer. La Templanza es una de las cuatro virtudes cardinales. Consiste en el recto y moderado uso de los bienes. Cuando uno aprende a comer templada y moderadamente, también usará más fácilmente con templanza y moderación todos los demás bienes deleitables: el sueño, las fuerzas físicas, el dinero, el trabajo, las diversiones, el esparcimiento, el deporte....

Los ayunos y abstinencias que nos manda la Iglesia son una escuela de templanza en el comer. Así aprendemos a dominar y a mortificar nuestros apetitos, no sólo el de comer y beber, sino también todos los demás.

Jesús es nuestro modelo de templanza, tanto en el ayuno como en el comer. Jesús ayunó como el Bautista, pero también comió con publicanos y pecadores, y con sus discípulos. Por eso lo criticaron algunos:"Ha venido Juan Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ´tiene demonio´. Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: ´ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores. (Lucas 7,33-34).

Jesús nos enseña que la mesa es una ocasión sagrada y religiosa del encuentro de personas. Y así ha de ser la mesa familiar, de la que hay que desterrar toda discusión, ira, violencia o malos sentimientos. Y en la que se debe evitar todo lo que impida o dificulte la comunicación entre las personas: por ejemplo la Televisión, las lecturas, etc.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, le da al ejercitante reglas para ordenarse en el comer en adelante. El principio que regula la comida en ejercicios, es medirse por lo que facilita la comunicación con Dios en la oración. La comida es un medio para estar físicamente en forma para comunicarme con Dios y con mis hermanos.

Por algo Dios ha elegido la Eucaristía, es decir un banquete, una comida, y los sacramentos del pan y el vino, para comunicársenos y darnos vida. Jesús nos enseña también que nuestro cuerpo es un instrumento del encuentro con Dios y con los demás. Él nos da su cuerpo en alimento. Así que nuestro cuerpo no es, como lo sugiere la propaganda de nuestra cultura, para ser contemplado y cultivado como un fin en sí mismo. Eso es egolatría y soberbia de esta vida. El cuerpo es instrumento de encuentro con Dios y con los demás e instrumento de la propagación de la vida a través de la maternidad y la paternidad.

Los corintios tenían un refrán que decía: "La comida para el vientre y el vientre para la comida".San Pablo lo retoma pero lo corrige diciéndoles: "lo uno y lo otro lo destruirá el Señor. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo... no sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?... Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo" (10 Corintios 6, 12-19).

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