domingo, 1 de marzo de 2020

SAN JUAN PABLO II: MISERERE -SALMO 50 (1)


1. Hemos escuchado el "Miserere", una de las oraciones más célebres del Salterio, el Salmo penitencial más intenso y repetido, el canto del pecado y del perdón, la meditación más profunda sobre la culpa y su gracia. La Liturgia de las Horas nos lo hace repetir en las Laudes de todos los viernes. Desde hace siglos y siglos se eleva hacia el cielo desde muchos corazones de fieles judíos y cristianos como un suspiro de arrepentimiento y de esperanza dirigido a Dios misericordioso.

La tradición judía ha puesto el Salmo 50 en labios de David, quien fue invitado a hacer penitencia por las palabras severas del profeta Natán (cf. versículos 1-2; 2Samuel 11-12), que le reprochaba el adulterio cometido con Betsabé y el asesinato de su marido Urías. El Salmo, sin embargo, se enriquece en los siglos sucesivos con la oración de otros muchos pecadores que recuperan los temas del "corazón nuevo" y del "Espíritu" de Dios infundido en el hombre redimido, según la enseñanza de los profetas Jeremías y Ezequiel (cf. v. 12; Jeremías 31,31-34; Ezequiel 11,19; 36, 24-28).

2. El Salmo 50 presenta dos horizontes. Ante todo, aparece la región tenebrosa del pecado (cf. versículos 3-11), en la que se sitúa el hombre desde el inicio de su existencia: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (versículo 7). Si bien esta declaración no puede ser asumida como una formulación explícita de la doctrina del pecado original tal y como ha sido delineada por la teología cristiana, no cabe duda de que es coherente: expresa de hecho la dimensión profunda de la debilidad moral innata en el hombre. El Salmo se presenta en esta primera parte como un análisis ante Dios del pecado. Utiliza tres términos hebreos para definir esta triste realidad que procede de la libertad humana mal utilizada.

3. El primer vocablo "hattá" significa literalmente "no dar en el blanco": el pecado es una aberración que nos aleja de Dios, meta fundamental de nuestras relaciones, y por consiguiente también nos aleja del prójimo. El segundo término hebreo es "awôn", que hace referencia a la imagen de "torcer", "curvar". El pecado es, por tanto, una desviación tortuosa del camino recto; es la inversión, la distorsión, al deformación del bien y del mal, en el sentido declarado por Isaías: "¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad" (Isaías 5, 20). Precisamente por este motivo, en la Biblia la conversión es indicada como un "regresar" (en hebreo "shûb") al camino recto, haciendo una corrección de ruta.
La tercera palabra con la que el Salmista habla del pecado es "peshá". Expresa la rebelión del súbdito contra su soberano, y por tanto constituye un desafío abierto dirigido a Dios y a su proyecto para la historia humana.

4. Si por el contrario el hombre confiesa su pecado, la justicia salvífica de Dios se demuestra dispuesta a purificarlo radicalmente. De este modo, se pasa a la segunda parte espiritual del Salmo, la luminosa de la gracia (cf. versículos 12-19). A través de la confesión de las culpas se abre de hecho para el orante un horizonte de luz en el que Dios actúa. El Señor no obra sólo negativamente, eliminando el pecado, sino que vuelve a crear la humanidad pecadora a través de su Espíritu vivificante: infunde en el hombre un "corazón" nuevo y puro, es decir, una conciencia renovada, y le abre la posibilidad de una fe límpida y de un culto agradable a Dios.

Orígenes habla en este sentido de una terapia divina, que el Señor realiza a través de su palabra mediante la obra sanadora de Cristo: "Al igual que Dios predispuso los remedios para el cuerpo de las hierbas terapéuticas sabiamente mezcladas, así también preparó para el alma medicinas con las palabras infusas, esparciéndolas en las divinas Escrituras... Dios dio también otra actividad médica de la que es primer exponente el Salvador, quien dice de sí: "No tienen necesidad de médico los sanos; sino los enfermos". Él es el médico por excelencia capaz de curar toda debilidad, toda enfermedad" ("Omelie sui Salmi" --"Homilías sobre los Salmos"--, Florencia 1991, páginas 247-249).

5. La riqueza del Salmo 50 merecería una exégesis detallada en todas sus partes. Es lo que haremos cuando vuelva a resonar en las Laudes de los diferentes viernes. La mirada de conjunto, que ahora hemos dirigido a esta gran súplica bíblica, nos revela ya algunos componentes fundamentales de una espiritualidad que debe reflejarse en la existencia cotidiana de los fieles. Ante todo se da un sentido sumamente vivo del pecado, percibido como una decisión libre, de connotaciones negativas a nivel moral y teologal: "contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces" (versículo 6).

No menos vivo es el sentimiento de la posibilidad de conversión que aparece después en el Salmo: el pecador, sinceramente arrepentido (cf. versículo 5), se presenta en toda su miseria y desnudez ante Dios, suplicándole que lo le rechace de su presencia (cf. versículo 13).

Por último, en el "Miserere", se da una arraigada convicción del perdón divino que "borra", "lava", "limpia" al pecador (cf. versículos 3-4) y llega incluso a transformarlo en una nueva criatura de espíritu, lengua, labios, corazón transfigurados (cf. versículos 14-19). "Aunque nuestros pecados fueran negros como la noche --afirmaba santa Faustina Kowalska--, la misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Sólo hace falta una cosa: que el pecador abra al menos un poco la puerta de su corazón... el resto lo hará Dios... Todo comienza en tu misericordia y en tu misericordia termina" (M. Winowska, "L'icona dell'Amore misericordioso. Il messaggio di suor Faustina" --"Icono del Amor misericordioso. El mensaje de sor Faustina"--, Roma 1981, p. 271).

sábado, 29 de febrero de 2020

EL CAMINO CUARESMAL: LA VENERACIÓN DEL CRUCICFICADO


El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa In Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la "Adoración de la santa Cruz".

Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.

Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor.

128. Las expresiones de devoción a Cristo crucificado, numerosas y variadas, adquieren un particular relieve en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz o en las que se veneran reliquias, consideradas auténticas, del lignum Crucis. La "invención de la Cruz", acaecida según la tradición durante la primera mitad del siglo IV, con la consiguiente difusión por todo el mundo de fragmentos de la misma, objeto de grandísima veneración, determinó un aumento notable del culto a la Cruz.


En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.

No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.



129. El texto evangélico, particularmente detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la tendencia a especificar y a diferenciar, propia de la piedad popular, ha hecho que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones: el "Ecce homo", el Cristo vilipendiado, "con la corona de espinas y el manto de púrpura" (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo; las llagas del Señor, sobre todo la herida del costado y la sangre vivificadora que brota de allí (cfr. Jn 19,34); los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; la sábana santa o lienza de la deposición.

Estas expresiones de piedad, promovidas en ocasiones por personas de santidad eminente, son legítimas. Sin embargo, para evitar una división excesiva en la contemplación del misterio de la Cruz, será conveniente subrayar la consideración de conjunto de todo el acontecimiento de la Pasión, conforme a la tradición bíblica y patrística.

jueves, 13 de febrero de 2020

DIACONO JORGE NOVOA : MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE (Mt 15,21-28)

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-Atiéndela, que viene detrás gritando.
El les contestó:
-Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:
-Señor, socórreme.
El le contestó:
-No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso:
-Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió:
-Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.


Una mujer cananea, es decir pagana, le presenta al Señor, que va de camino con sus discípulos, una súplica insistente. Jesús reconoce y bendice la fe que encontró en esta mujer.

Es una madre que pide por su hija, según su propio testimonio : " tiene un demonio muy malo", el problema que enfrenta, en lugar de paralizarla, la impulsa  una y otra vez a superar los obstáculos que aparecen en su camino. La fe que Jesús reconoce y alaba , permite enfrentar y superar los ostáculos.

Veamos las actitudes que están presentes en esta intrépida mujer cananea. La forma como se dirige a Jesús describe lo desesperada que se encuentra , se acerca gritándole, lo manifiesta el texto, y también los apóstoles se lo dicen a Jesús. Ella confía que la situación desgarradora que vive puede encontrar una respuesta en Jesús.

La  súplica de la mujer cananea es presentada con todo su dramatismo por un corazón movido por la fe. La súplica no mide, ni calcula posibilidades, solamente pide, como enseña Jesús: "pidan y se les dará", no dice calculen, o realicen un diagnóstico antes de pedir, dice pidan. Incluso la enseñanza del inoportuno vecino que viene a pedir un poco de comida para atender a su huésped inesperado, nos invita a hacerlo con insistencia.

Qué grita la mujer cananea?Clama compasión, sabemos por la Escritura, que un corazón contrito y humillado, Dios no lo desprecia. Qué supone la compasión? La unión con el otro en su padecimiento, es no pasar indiferentemente ante el sufrimiento, es "padecer (pasión)=con.  El Señor se compadece ( padece con) se hace uno con el que sufre, se inclina para atenderlo, recordemos la parábola del buen samaritano.

Los discípulos interceden por ella, como María en Caná por los novios y la fiesta, la intercesión es inherente a todo discípulo de Cristo,  es expresión y vivencia  de la fe. A veces nuestras posibilidades son  inexistentes, pero siempre podemos interceder, abandonar las posibilidades de la intercesión denota que  el cálculo ha invalidado la verdad de fe. Nosotros le hemos puesto límites a la acción de Dios. La fe en la potencialidad de la intercesión manifiesta su lozanía y vigor.

Si lo vivido por la mujer es suficiente, que decir de las palabras de Jesús, cuando ella logra ponerse delante de Él, es decir, cuando se postra y de rodillas le suplica : "ayúdame, socórreme". Sus gestos están en consonancia con la verdad de la situación, aquí no hay súplicas distraídas, presentadas evaluando todas las posibilidades, o al modo en que uno se presenta ante una ventanilla pública para hacer un trámite. Su oración está visiblemente presente en todos su gestos, suplica con la palabra, el corazón, y con su postura corporal. Acepta recibir, si viene de Jesús, las migajas que caen de la mesa de los amos.

No puede darse un mejor final, la admiración del Señor por la fe de esta mujer "pagana": "que grande es tu fe!!! Qué maravilla lo que puede la fe! Qué gozo le produce al Señor encontrar hombres con fe! Cuánto necesita el mundo de estos hombres ! Tú y yo podemos ser uno de ellos. Todo es posible para el que cree!

martes, 11 de febrero de 2020

SIN MARÍA NO HAY EVANGELIO- HORACIO BOJORGE SJ


María no es el Evangelio. No hay ningún evangelio de María. Pero sin María tampoco hay Evangelio. Y ella no falta en ninguno de los cuatro.


Ella no sólo es necesaria para envolver a Jesús en pañales y lavarlos... No sólo es necesaria para sostener los primeros pasos vacilantes de su niño sobre nuestra tierra de hombres. Su misión no sólo es contemporánea a la del Jesús terreno, sino que va más allá de su muerte en la Cruz: acompaña su resurrección y el surgimiento de su Iglesia.


Vestida de sol, coronada de estrellas, de pie sobre la luna, María, como su Hijo, permanece. Y aunque el mundo y los astros se desgasten como un vestido viejo, para confusión de los que en estas cosas pusieron su seguridad y vanagloria, María permanecerá, como la Palabra de Dios de la que es Eco.


María, Madre de Jesús, pertenece al acervo de los bienes comunes a Jesús y a sus discípulos. Su Padre es nuestro Padre. Su hora, nuestra hora. Su gloria, nuestra gloria. Su Madre, nuestra Madre.

lunes, 10 de febrero de 2020

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT: MARÍA Y LA LUCHA FINAL


51.   A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse sobre todo aquella primera y célebre predicación y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para la gloria de la Sma. Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios:


"Haré que haya enemistad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya,
ésta te pisará la cabeza
mientras tú te abalanzarás sobre tu talón".

52.  Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Sma. Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado como Satanás es María, su Sma. Madre. Ya desde el paraíso terrenal aunque María sólo estaba entonces en la mente divina le inspiró tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, le dio tanta sagacidad para descubrir la malicia de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgulloso impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino en cierto modo más que al mismo Dios.

No ya porque la ira, odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Sma Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino:
a.  porque Satanás, que es tan orgulloso sufre infinitamente más al verse vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios y la humildad de la Virgen lo humilla más que el poder divino;

b.  porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios que como a pesar suyo se han visto muchas veces obligados a confesarlo por boca de los posesos tienen más miedo a un solo suspiro de María a favor de una persona, que a las oraciones de todos los santos y a una sola amenaza suya contra ellos más que a todos los demás tormentos.

53.  Lo que Lucifer perdió por orgullo, lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia, lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Santanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor.

54.  Dios nos puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir: Dios puso enemistades, antipatías y los odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Sma. Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.

Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado ¡todo viene a ser lo mismo! han perseguido siempre y perseguirán más que nunca de hoy en adelante a quienes pertenezcan a la Sma. Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú figuras de los réprobos persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob figuras de los predestinados.

Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. ¡María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta el fin a sus servidores de aquellas garras mortíferas!

El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que María les distribuirá con abundancia, grandes y elevados en santidad delante de Dios, superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo.

lunes, 3 de febrero de 2020

SAN AMBROSIO: ÁBRELE TU ALMA AL SEÑOR...

"Yo y el Padre vendremos y haremos morada en él".  Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que alumbra a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere, sin embargo, ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza.

Él salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra. Reciben esta luz los que desean la claridad del resplandor sin fin, aquella claridad que no interrumpe noche alguna. En efecto, a este sol que vemos cada día suceden las tinieblas de la noche; en cambio, el Sol de justicia nunca se pone, porque a la sabiduría no sucede la malicia.

Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa. Por esta puerta entra Cristo. Por esto, dice la Iglesia en el Cantar de los cantares: Oigo a mi amado que llama a la puerta. Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar: ¡Ábreme, mi paloma sin mancha, que tengo la cabeza cuajada de rocío, mis rizos, del relente de la noche!

Considera cuándo es principalmente que llama a tu puerta el Verbo de Dios, siendo así que su cabeza está cuajada del rocío de la noche. Él se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación. Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de relente cuando su cuerpo está en dificultades. Entonces, pues, es cuando hay que estar en vela, no sea que cuando venga el Esposo se vea obligado a retirarse. Porque, si estás dormido y tu corazón no está en vela, se marcha sin haber llamado; pero, si tu corazón está en vela, llama y pide que se le abra la puerta.

Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones! alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo.

Vemos, por tanto, que el alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama. Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa.

miércoles, 29 de enero de 2020

SUEÑO DE DON BOSCO: LAS DOS COLUMNAS


El 26 de mayo de 1862 Don Bosco había prometido a sus jóvenes que les narraría algo muy agradable en los últimos días del mes. El 30 de mayo, pues, por la noche les contó una parábola o semejanza según él quiso denominarla. He aquí sus palabras: «Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo que os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa, se lo voy a contar para su bien espiritual. Este sueño lo tuve hace algunos días. Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros (televisión, radio, internet, cine, teatro, prensa), y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible.

"A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos. En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium. El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.

Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa. El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas. Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate. Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan. El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse. El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada. Entonces se produce una gran confusión.

Todas las naves que hasta aquel momento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás. Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas. Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta. Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco preguntó a Beato Miguel Rúa: —¿Qué piensas de esta narración? Beato Miguel Rúa contestó: —Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla.

Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Beato Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y San Juan Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió: —Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María Santísima. Frecuencia de Sacramentos: Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y en todo momento. ¡Buenas noches! Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente en lo referente al Papa; pero Don Bosco no añadió ninguna otra explicación. Cuarenta y ocho años después —en A.D. 1907— el antiguo alumno, canónigo Don Juan Ma. Bourlot, recordaba perfectamente las palabras de San Juan Bosco. Hemos de concluir diciendo que César Chiala y sus compañeros, consideraron este sueño como una verdadera visión o profecía.
(Memorias Biográficas de San Juan Bosco, Tomo VII, págs. 169-171)

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR

Jesús explica la parábola del sembrador. Los destinatarios son sus discípulos, a ellos el Señor les da a conocer el significado de sus parábolas, más tarde dirá, que les ha dado a conocer todo lo que el Padre le reveló. Él es el interprete de la revelación, porque ella remite a  Él, y por ello ante su ausencia visible, el Espíritu Santo será donado , entre otras cosas, para conducir a la Verdad completa.

La revelación de Dios se encuentra visiblemente ante ellos, en la persona de Jesús de Nazaret. Si se desecha su interpretación, se prescinde de la piedra angular, la que no deben rechazar los constructores, pues de hacerlo, todo permanece difuso, dirá san Pablo a los Corintios , que velo de incomprensión de la Antigua Alianza solamente lo levanta Cristo (2 Cor 3,14-15).

Las parábolas son enigmas. Intentan  suscitar preguntas, quién es el sembrador? Y los pájaros?Cómo debo entender el terreno pedregoso? Jesús pretende sacudir a su auditorio con estas historias en movimiento, tomadas de la vida cotidiana. Estas historias relacionan realidades temporales con eternas, materiales con espirituales, su comparación es posible, porque el que las utiliza, conoce lo eterno y lo temporal, lo material y lo espiritual, y las utiliza porque reconoce su posibilidad real de relación. Ahora Él,los introduce en la Verdad que ellas contienen, esta misión la realizará el Espíritu Santo en la Iglesia, por su acción, Él nos explicará las Escrituras y partirá para nosotros el pan. 

 La palabra es sembrada por el Señor de diversa manera, hay una serie de enemigos, que impedirán  que ella germine, que sea aquello que está destinado a ser. Veamos los tres enemigos que se nos presentan y sus efectos en nosotros: se habla de Diablo que " roba", del terreno pedregoso que es inconsistente, superficial y las zarzas que sofocan, ahogan. La tierra esta dispuesta de diversa manera para recibir la palabra del Señor, por ello muchas veces ,ella no alcanza a fecundar los corazones de los oyentes. También el Señor revela que mucha cae en tierra buena, apta para que pueda fecundar, y de hecho así lo hace dando frutos. 

El sembrador debe salir a sembrar la semilla buena de la Palabra de Dios, esa es su tarea, no debe desanimarse ni volverse perezoso por los resultados, la tarea de la siembra de Dios no se mide por resultados estadísticos, poco importa el marketing , reveló el Señor a San Jerónimo que por la salvación de uno volvería nuevamente a vivir su pasión.Hay que sembrar siempre, a tiempo y a destiempo. Todos hemos sido alcanzados por el sembrador, que ha realizado su obra en nosotros, que Él lleve en nosotros su obra hasta el fin. 

Encomendémonos a la Madre del sembrador que vela celosamente la semilla que está germinando, e intercede por aquellos que sufren los embates del Enemigo.

martes, 28 de enero de 2020

DIÁCONO JORGE NOVOA: PUEDE LA TEOLOGÍA PRESCINDIR DE SANTO TOMÁS DE AQUINO?


Puede prescindir la teología contemporánea de las enseñanzas de santo Tomás de Aquino? SÍ, lo puede hacer, y de hecho acontece esto en muchos teólogos muy promovidos. Incluso algunos sienten la prescindencia como una suerte de liberación. Que este hecho sea constatable, no supone que sea lo más adecuado, ni lo sugerido por el Magisterio de la Iglesia  .

La Iglesia ha ido enriqueciendo su reflexión en torno a la sabiduría divina, a lo largo de los siglos, este servicio a la verdad revelada ha contado con momentos de esplendor, en donde se aprecia un notorio progreso teológico.

Uno de sus exponentes más cualificados es santo Tomás de Aquino, dotado por Dios con una inteligencia extraordinaria, desarrollada con suma responsabilidad y con una profunda fidelidad en la búsqueda de la verdad. Todas estas aristas, y otras muchas que podrían agregarse, y  que resplandecen en el “buey mudo”, no alcanzarían las dimensiones que alcanzaron en santo Tomás, si también no brillaran en él, la humildad y el profundo respeto que tenía por la tradición eclesial, fundamentalmente la de los Padres de la Iglesia.

La prescindencia, entre otras realidades, es fruto de la pereza intelectual que ha engendrado la cultura del relativismo. La teología de Tomás es sólida y muy necesaria para nuestro tiempo; el orden natural, el tratado sobre las virtudes, la relación entre fe y razón y la metafísica, son potentes focos de sabiduría  capaces iluminar hoy, tantos caminos de fe que aparecen vacilantes. La pasión por la verdad le permite también  a Tomás, irradiar una fuente de luz que resulta un bálsamo para los hombres de buena voluntad.

CARLO MARÍA MARTINI: LA LUZ BRILLA EN LAS TINIEBLAS


Si hay una expresión que puede ayudarnos a comprender lo que está a punto de suceder en medio de nosotros, es ésta del evangelio de Juan: "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no lo han extinguido" (Jn 1,5).

Habla de tinieblas, de noche y de luz. Parece que estamos ante uno de nuestros nacimientos populares, en el que sólo la cueva está iluminada con una tenue luz, mientras que el entorno está en penumbra.

Las tinieblas simbolizan todo lo que está en el mundo es confusión, falta de sentido, autosuficiencia, esfuerzo por construirnos sólo con nuestras pobres y escasas fuerzas. Este empeño desemboca frecuentemente en amargura y desesperación o,como poco, en resignación ante las muchas cosas que no podemos hacer ni conseguir. Tinieblas son, en nosotros y fuera de nosotros, la falta de razones para esperar y vivir, nos afanamos día tras día con la esperanza de algo mejor que nunca llega, intentamos aturdirnos con las pequeñas cosas de cada día, sin reflexionar nunca a fondo sobre lo que proporciona su sentido a nuestro vivir.

A menudo esta confusión es muy extensa. está en cada uno de nosotros, y está a gran escala en la sociedad, en muchas realidades que nos rodean, en muchas cosas absurdas que no deberían existir, cerca o lejos de nosotros.

Por todo esto, sentimos profundamente el sufrimiento ante estas tinieblas del mundo.

viernes, 24 de enero de 2020

DIÁCONO JORGE NOVOA : SAULO ES ALCANZADO POR EL SEÑOR...

Encuentro con Cristo
“Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?” Él respondió: “¿Quién eres, Señor?” Y él: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.” Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber.”
El versículo tres es riquísimo en sugerencias. Nos dice “yendo de camino”. En uno de tantos momentos que tiene la vida o, lo que es lo mismo, en lo cotidiano de su vida. El Señor lo “alcanza”, en un momento del trayecto que realiza desde Jerusalén a Damasco. Cuando su corazón estaba totalmente excitado, a punto de ser saciado en su sed, pues “estaba cerca de Damasco”. Y sin pedirle autorización, Dios entró en su vida, sin ningún tipo de aviso previo. Dios irrumpió en la vida de Saulo como una saeta disparada del cielo. Él no se había preparado, pero Dios lo había elegido. Nos dirá el texto, “de repente”, imprevistamente. Dios es Dios y siempre toma la iniciativa.
Dios también llega hoy imprevistamente a muchas vidas. Nos visita en una enfermedad, en un momento de frustración, en un viaje, en la visita a un cottolengo o a una casa de salud. En ocasiones, ciertos conflictos en nuestras relaciones familiares o laborales nos acercan a Dios. Y a veces, nuestros proyectos, que lo habían desplazado absolutamente, parecen frustrarse totalmente. Y en estas coordenadas intrincadas, a veces aparece su luz. Cuando menos lo esperamos, y en el lugar más imprevisible. También nos visita en tiempos de paz, de consuelo, a través de una amistad, o en el encuentro con algún familiar. Sus caminos son múltiples, porque expresan un amor ingenioso que no da nunca nada por perdido.
La presencia de Cristo, en el camino de Damasco, se manifiesta en dos elementos: luz y voz. El encuentro con el Señor es revelador, ilumina toda su existencia, incluso las zonas privadas de su existencia, esas que son visitadas únicamente por él. La voz se presenta amigable, lo llama por su nombre: “Saúl, Saúl…” No es una voz acusadora que lo quiere desalentar o alejar; quiere atraerlo. Es la voz de la Verdad que se le manifiesta como luz para su existencia.
El mal espíritu es presentado como “padre de la mentira.” Su acción presenta una diversidad de estrategias, pero hay dos variantes que son muy consecuentes: su voz es acusadora (Jb 1,6-11; 2,4-5; Ap 12,10) y desalentadora. No se levanta como el dedo del Bautista para indicar a Cristo: camino, verdad y vida. Nos señala para acusarnos o acusar a otros, mostrándonos que no hay camino posible. Como es “homicida desde el principio” inunda nuestras vidas de desaliento para que bajemos los brazos. Cuando sientas en tu interior una voz que te invita a bajar los brazos, ella viene del mal espíritu. San Agustín estaba totalmente perdido para muchos de su tiempo, y muchos habrán bajado los brazos, pero no estaba perdido para Dios. Y la promesa de que para Dios no hay nada imposible encontró albergue en el corazón de su madre Santa Mónica. Y ella la hizo su bandera, y por ella derramó lágrimas y permanentes plegarias. Y el Señor le respondió fielmente a su promesa, con el sí de Agustín.
¡Qué consolador resulta saber que Jesús nos hace uno con Él! Ante el desconcierto de Saulo, el Señor se identifica con sus discípulos, se hace uno con ellos. Cuando un discípulo es perseguido, el Señor es perseguido, y es Él quien tarde o temprano pedirá cuentas a los perseguidores. Saulo se muestra desconcertado; desconoce la voz que lo interpela. Y entonces, pregunta: ¿Quién eres, Señor?
Tal vez somos o fuimos perseguidores de los discípulos del Señor. O, lo que es peor, tal vez seamos discípulos y perseguidores a la vez, "falsos discípulos”, quiera Dios que inculpablemente, y por lo tanto, hayamos inconscientemente albergado en nuestro corazón y en nuestras obras, seguimiento y persecución. Muchos santos han sufrido persecución intraeclesial.
El Señor le revela su nombre: Jesús. El nombre Jesús es un anuncio: Yahvéh salva. Un nombre prohibido (Hch 4,18;[7] 5,28)[8] por el Sanedrín, que había ordenado a los discípulos no invocarlo. Y, los apóstoles, por ser obedientes a Dios (Hch 4,19; 5,29), habían padecido muchas amenazas y azotes (Hch 5,40).[9] El nombre 'Jesús', considerado en su significado etimológico, quiere decir 'Yahvéh libera', salva, ayuda.[10] Ésta es la invitación que recibe Saulo de parte de Dios: Jesús viene a liberarlo, salvarlo y ayudarlo. Dios le revela a Saulo al Mesías esperado en su Gloria. Saulo, el viejo fariseo, está ciego, como el legalismo que no ha reconocido al Mesías, y ahora es invitado a dar un paso en dirección del hombre nuevo que es Pablo. Debe, según el designio de Dios, entrar en Damasco como Pablo.
Tres son las indicaciones que recibe: levántate, entra en la ciudad y obedece. De ellas, me detendré en la segunda. El que ha salido de Jerusalén decidido a entrar a Damasco “pisando fuerte”, como dice el dicho popular, ahora entrará allí, no como lo había imaginado o deseado, sino de la forma que Dios se lo ordene. En realidad, “le hicieron entrar”; el que se bastaba a sí mismo entra necesitado y vulnerable. Nos dice el texto que “lo llevaron de la mano”. El que con mano firme iba a traer a los discípulos del Señor “hombre y mujeres a Jerusalén”, ahora necesita ser conducido. ¡Así entra Pablo en Damasco! No como lo había soñado, ni como lo había previsto. Dios lo había llamado cambiándole el curso a su historia.
“Aunque tiene los ojos abiertos está ciego…” ¡Cuánto podríamos reflexionar a partir de esta expresión! Diría Jesús: “viendo no ven y oyendo no oyen”. Pablo estaba convencido de que veía, pero el Señor le muestra su ceguera. La ceguera engendra prepotencia, ésa de la que hacía gala; por el contrario, el amor es servicial, sin envidia, no quiere aparentar, ni se hace el importante, no actúa con bajeza, ni busca su propio interés (cfr. 1Cor 13).
Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber (v. 9).Finalmente este versículo nos muestra a Pablo atravesando el umbral del pórtico cristiano. Creía conocer a Dios, estaba seguro de reconocer su voluntad, quería ansiosamente enfrentar a ese grupo de hombres y mujeres peligrosos. Pero ha recibido un golpe durísimo, ha sido impactado en los fundamentos mismos donde edificaba su existencia. Los pilares que sostenían su existencia han sido duramente conmovidos. Nada ha quedado en pie, todo ha sido demolido. Ha sido alcanzado por un tsunami de Dios. Se sentía tan seguro en posesión de la verdad, y ahora espera una luz nueva que le permita encontrarla realmente. Está sumido una y otra vez en ese acontecimiento que sobrevuela permanentemente en su mente, del que no podrá salir por sus propios medios. Experimentará la salvación como rescate. Si la interpretación de la Ley y los profetas lo conducían a perseguir a los discípulos del Señor, luego del encuentro con Él no puede quedar nada más que “piedra sobre piedra”. Ha experimentado en su propia vida la destrucción del Templo de Jerusalén. En lugar del Templo antiguo y la interpretación farisaica de la ley ha comenzado a levantarse el Cuerpo de Cristo. Pablo fue conquistado por la gracia divina en el camino de Damasco y de perseguidor de los cristianos se convirtió en Apóstol de los gentiles. Después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.

martes, 17 de diciembre de 2019

TESTIMONIO: EL JUEGO DE LA COPA

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EL JUEGO DE LA COPA


LA CURIOSIDAD ES LA PUERTA QUE ABRE EL ENEMIGO!

Hola me llamo Carolina, no vivo en la Capital. Me pides te cuente, cómo entré en el juego de la “copa”. Mi padre cuando yo tenía 6 años se fue por un mes a Montevideo, y mi madre trabajaba de maestra desde el mediodía hasta la tardecita. Yo me quedaba sola, con 3 primas adolescentes, entre 15 y 17 años, unas amigas de ellas, y dos primos de 18 años. Todos andaban por esas edades, cuando quedábamos solos, cerraban todas las ventanas, eran muy curiosos y las cosas del “otro mundo” les fascinaban. Mis primos tenían problemas con sus padres porque eran alcohólicos. Creo que el juego de la copa fue como un escape de lo que vivían en sus casas.

Se sentaban en la mesa que estaba en mi dormitorio, y sobre ella ponían todas las letras del abecedario y los números del 0 al 9. Luego ponían la copa boca arriba y cada uno ponía la punta de un dedo sobre ella, Y comenzaban a llamar al espíritu de la abuela. Abuela Rita, estás ahí? Y así con otros espíritus…

Cuando se sentía que la copa tenía energía, se la daba vuelta y todos ponían el dedo nuevamente sobre ella. Y comenzaba a correr muy fuerte, señalaba las letras o numeros, uno estaba para escribir, porque iba muy rápido.Yo vi como la copa se mueve con una fuerza propia, yo lo vi, la fuerza es impresionante por momentos iba tan rápido que no tocaba la mes, como si levitara sobre la mesa, siempre tenes un dedo sobre ella pero no haces fuerza.La copa te lleva.Comenzaban los mensajes de adivinación. A Manuela le dio la fecha del casamiento con Pedro, a quien no conocía.

Jugamos por curiosidad, no por maldad. Cuando volvió mi padre, fueron a la casa de uno de mis primos, el tiene un perro y al comenzar a jugar, comenzó a aullar y no paraba, la caja con las llaves térmicas, que estaba en la pared, explotó. Se asustaron y no jugaron más. Pasaron muchas cosas malas. Nunca más jugaron.

Cuando fui adolescente, volví a jugar, para mí era normal, pensaba que eran mis familiares fallecidos que venían con” buena onda”. La verdad hubiera sido lindo que todo fuera bueno y sin peligros.

Nunca más pude dormir en ese dormitorio. Allí no duerme nadie, ni las posibles visitas. Si estás allí sientes” presencias”. Cuando todavía dormía, al acostarme sentía que me miraban. Tuve dos parálisis de sueño. (La parálisis del sueño es una incapacidad transitoria para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario que tiene lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia.) Es horrible. Sentís que no te podes mover y sentís al “demonio”. Sentís una presencia horrible, y lo único que podes es rezar. Luego vino mi enfermad. El cuarto está siempre cerrado, allí solamente guardamos ropa. Nunca más voy a dormir allí..

Carolina cuál sería tu mensaje?
 
“No jueguen, no vale la pena, porque no son almas buenas (es el demonio) las que van a la copa y les pueden hacer mucho daño, yo lamento de alma haber tocado ese mundo oscuro, sin colores y que terminó enfermándome. La depresión es horrible es un infierno, no se arriesguen por nada, no vale la pena. Hoy aprendí a rezar el Rosario, y en mis problemas me ayudan la Virgen y Jesús y los santos de Dios. Acudan con ellos.
No con espíritus inmundos que no dejan nada bueno en el alma ni en las casas. Hoy vivo en mi casa, pero no puedo dormir en mi dormitorio, porque sentí cosas horribles ahí”

Gracias Carolina!

jueves, 12 de diciembre de 2019

SAN JUAN PABLO II: SALVE, MARÍA DE GUADALUPE!!!


¡ Salve, María!
Pronuncio con inmenso amor y reverencia estas palabras, tan sencillas y a la vez tan maravillosas. Nadie podrá saludarte nunca de un modo más estupendo que como lo hizo un día el Arcángel en el momento de la Anunciación. Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Repito estas palabras que tantos corazones guardar y tantos labios pronuncian en todo el mundo. Nosotros aquí presentes les repetimos juntos, conscientes de que éstas son las palabras con las que Dios mismo, a través de su mensajero, ha saludado a Ti, la Mujer prometida en el Edén, y desde la eternidad elegida como Madre del Verbo, Madre de la divina Sabiduría, Madre del Hijo de Dios.


!Salve, Madre de Dios!

2. Tu Hijo Jesucristo es nuestro Redentor y Señor. Es nuestro Maestro. Todos nosotros aquí reunidos somos sus discípulos. Somos los sucesores de los Apóstoles, de aquellos a quienes el Señor dijo: “Id, pues, enseñad a todas les gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 19-20).

Congregados aquí el Sucesor de Pedro y los sucesores de los Apóstoles, nos damos cuenta de cómo esas palabras se han cumplido, de manera admirable, en esta tierra.


En efecto, desde que en 1492 comienza la gesta evangelizadora en el Nuevo Mundo, apenas una veintena de años después llega la fe a México. Poco más tarde se crea la primera sede arzobispal regida por Juan de Zumárraga, a quien secundarán otras grandes figuras de evangelizadores, que extenderán el cristianismo en muy amplias zonas.


Otras epopeyas religiosas no menos gloriosas escribirán en el hemisferio sus hombres como Santo Toribio de Mogrovejo y otros muchos que merecerían ser citados en larga lista. Los caminos de la fe van alargándose sin cesar, y a finales del primer siglo de evangelización les sedes episcopales en el nuevo Continente son más de 70 con unos cuatro millones de cristianos. Una empresa singular que continuará por largo tiempo, hasta abarcar hoy en día, tras cinco siglos de evangelización, casi la mitad de la entera Iglesia católica, arraigada en la cultura del pueblo latino-americano y formando parte de su identidad propia.


Y a medida que sobre estas tierras se realizaba el mandato de Cristo, a medida que con la gracia del bautismo se multiplicaban por doquier los hijos de la adopción divina, aparece también la Madre. En efecto, a Ti, María, el Hijo de Dios y a la vez Hijo Tuyo, desde lo alto de la cruz indicó a un hombre y dijo “He ahí a tu hijo” (Jn 19, 26), y en aquel hombre te ha confiado a cada hombre, te ha confiado a todos. Y Tú que en el momento de la Anunciación, en estas sencillas palabras: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), has concentrado todo el programa de tu vida, abrazas a todos, te acercas a todos, buscas maternalmente a todos. De esta manera se cumple lo que el último Concilio ha declarado acerca de tu presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Perseveras de manera admirable en el misterio de Cristo, tu Hijo unigénito, porque estás siempre dondequiera están los hombres sus hermanos, dondequiera está la Iglesia.

2a. De hecho los primeros misioneros llegados a América, provenientes de tierras de eminente tradición mariana, junto con los rudimentos de la fe cristiana van enseñando el amor a Ti, Madre de Jesús y de todos los hombres. Y desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México. No menor ha sido tu presencia en otras partes, donde tus hijos te invocan con tiernos nombres, como Nuestra Señora de la Altagracia, de la Aparecida, de Luján y tantos otros no menos entrañables, para no hacer una lista interminable, con los que en cada nación y aun en cada zona los pueblos latinoamericanos te expresan su devoción más profunda y Tú les proteges en su peregrinar de fe.

El Papa –que proviene de un país en el que tus imágenes, especialmente una: la de Jasna Góra, son también signo de tu presencia en la vida de la nación, en su azarosa historia– es particularmente sensible a este signo de tu presencia aquí, en la vida del Pueblo de Dios en México, en su historia, también ella no fácil y a veces hasta dramática. Pero estás igualmente presente en la vida de tantos otros pueblos y naciones de América Latina, presidiendo y guiando no sólo su pasado remoto o reciente, sino también el momento actual, con sus incertidumbres y sombras. Este Papa percibe en lo hondo de su corazón los vínculos particulares que te unen a Ti con este pueblo y a este pueblo contigo. Este pueblo, que afectuosamente te llama “ la Morenita ”. Este pueblo –e indirectamente todo este inmenso continente– vive su unidad espiritual gracias al hecho de que Tú eres la Madre. Una Madre que, con su amor, crea, conserva, acrecienta espacios de cercanía entre sus hijos.

¡ Salve, Madre de México! ¡Madre de América Latina!

3. Nos encontramos aquí en esta hora insólita y estupenda de la historia del mundo. Llegamos a este lugar, conscientes de hallarnos en un momento crucial. Con esta reunión de obispos deseamos entroncar con la precedente Conferencia del Episcopado Latinoamericano que tuvo lugar hace diez años en Medellín, en coincidencia con el Congreso Eucarístico de Bogotá, y en la que participó el Papa Pablo VI, de imborrable memoria. Hemos venido aquí no tanto para volver a examinar, al cabo de 10 años, el mismo problema, cuanto para revisarlo en modo nuevo, en lugar nuevo y en nuevo momento histórico.
Queremos tomar como punto de partida lo que se contiene en los documentos y resoluciones de aquella Conferencia. Y queremos a la vez, sobre la base de les experiencias de estos 10 años, del desarrollo del pensamiento y a luz de les experiencias de toda la Iglesia, dar un justo y necesario paso adelante.

La Conferencia de Medellín tuvo lugar poco después de la clausura del Vaticano II, el Concilio de nuestro siglo, y ha tenido por objetivo recoger los planteamientos y contenidos esenciales del Concilio, para aplicarlos y hacerlos fuerza orientadora en la situación concreta de la Iglesia Latinoamericana.

Sin el Concilio no hubiera sido posible la reunión de Medellín, que quiso ser un impulso de renovación pastoral, un nuevo “ espíritu ” de cara al futuro, en plena fidelidad eclesial en la interpretación de los signos de los tiempos en América Latina. La intencionalidad evangelizadora era bien clara y queda patente en los 16 temas afrontados, reunidos en torno a tres grandes áreas, mutuamente complementarias: promoción humana, evangelización y crecimiento en la fe, Iglesia visible y sus estructuras.

Con su opción por el hombre latinoamericano visto en su integridad, con su amor preferencial pero no exclusivo por los pobres, con su aliento a una liberación integral de los hombres y de los pueblos, Medellín, la Iglesia allí presente, fue una llamada de esperanza hacia metas más cristianas y más humanas.

Pero han pasado 10 años. Y se han hecho interpretaciones, a veces contradictorias, no siempre correctas, no siempre beneficiosas para la Iglesia. Por ello, la Iglesia busca los caminos que le permitan comprender más profundamente y cumplir con mayor empeño la misión recibida de Cristo Jesús.

Grande importancia han tenido a tal respecto les sesiones del Sínodo de los Obispos que se han celebrado en estos años, y sobre todo la del año 1974, centrada sobre la Evangelización, cuyas conclusiones ha recogido después, de modo vivo y alentador, la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI.

Este es el tema que colocamos hoy sobre nuestra mesa de trabajo, al proponernos estudiar “La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”.

Encontrándonos en este lugar santo para iniciar nuestros trabajos, se nos presenta ante los ojos el Cenáculo de Jerusalén, lugar de la institución de la Eucaristía. Al mismo Cenáculo volvieron los Apóstoles después de la Ascensión del Señor, para que, permaneciendo en oración con María, la Madre de Cristo, pudieran preparar sus corazones para recibir al Espíritu Santo, en el momento del nacimiento de la Iglesia.

También nosotros venimos aquí para ello, también nosotros esperamos el descenso del Espíritu Santo, que nos hará ver los caminos de la evangelización, a través de los cuales la Iglesia debe continuar y renacer en nuestro gran continente. También nosotros hoy, y en los próximos días, deseamos perseverar en la oración con María, Madre de Nuestro Señor y Maestro: contigo, Madre de la esperanza, Madre de Guadalupe.

4. Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de México y de toda la América Latina, en este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a Ti, sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección, de los que todos nosotros somos testigos, apóstoles, maestros y obispos.

¡Oh Madre! Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.

Te ofrecemos todo este Pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México y de todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad Tuya. Tú que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través de la señal de Tu presencia, que es Tu imagen en el Santuario de Guadalupe, vive como en Tu casa en estos corazones, también en el futuro. Sé uno de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, misiones, diócesis y en todos los pueblos.

Y hazlo por medio de la Iglesia Santa, la cual, imitándote a Ti, Madre, desea ser a su vez una buena madre, cuidar a las almas en todas sus necesidades, enunciando el Evangelio, administrando los sacramentos, salvaguardando la vida de las familias mediante el sacramento del matrimonio, reuniendo a todos en la comunidad eucarística por medio del santo sacramento del altar, acompañándolos amorosamente desde la cuna hasta la entrada en la eternidad.

¡Oh Madre! Despierta en las jóvenes generaciones la disponibilidad al exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones locales al sacerdocio y a la vida consagrada.

¡Oh Madre! Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas laicos, para que en cada campo de la vida social, profesional, cultura! y política, actúen de acuerdo con la verdad y la ley que tu Hijo ha traído a la humanidad, para conducir a todos a la salvación eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida sobre la tierra más humana, más digna del hombre.

La Iglesia que desarrolla su labor entre las naciones americanas, la Iglesia en México, quiere servir con todas sus fuerzas esta causa sublime con un renovado espíritu misionero. ¡Oh Madre! haz que sepamos servirla en la verdad y en la justicia. Haz que nosotros mismos sigamos este camino y conduzcamos a los demás, sin desviarnos jamás por senderos tortuosos, arrastrando a los otros.

Te ofrecemos y confiamos todos aquellos y todo aquello que es objeto de nuestra responsabilidad pastoral, confiando que Tú estarás con nosotros, y nos ayudarás a realizar lo que tu Hijo nos ha mandado (cf. Jn 2,5). Te traemos esta confianza ilimitada y con ella, yo, Juan Pablo II, con todos mis hermanos en el Episcopado de México y de América Latina, queremos vincularte de modo todavía más fuerte a nuestro ministerio, a la Iglesia y a la vida de nuestras naciones. Deseamos poner en tus manos nuestro entero porvenir, el porvenir de la evangelización de América Latina.

¡Reina de los Apóstoles! Acepta nuestra prontitud a servir sin reserva la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos.

¡Reina de la Paz! Salva a las naciones y a los pueblos de todo el continente, que tanto confían en Ti, de las guerras, del odio y de la subversión.
Haz que todos, gobernantes y súbditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, hagan cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos de todo hombre, para que se consolide la paz.

Acepta esta nuestra confiada entrega, oh sierva del Señor. Que tu materna! presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia se convierta en fuente de alegría y de libertad para cada uno y para todos; fuente de aquella libertad por medio de la cual “Cristo nos ha liberado” (Ga 5, 1), y finalmente fuente de aquella paz que el mundo no puede dar, sino que sólo la da El, Cristo (cf. Jn 14, 27).

Finalmente, oh Madre, recordando y confirmando el gesto de mis Predecesores Benedicto XIV y Pío X, quienes te proclamaron Patrona de México y de toda la América Latina, te presento una diadema en nombre de todos tus hijos mexicanos y latinoamericanos, para que los conserves bajo tu protección, guardes su concordia en la fe y su fidelidad a Cristo, tu Hijo. Amén.