viernes, 27 de marzo de 2015

ENCUENTROS CON JESÚS -28 DE MARZO

ENCUENTROS CON JESÚS 

PARROQUIA MARÍA REINA DE LA PAZ 
SÁBADO 28 DE MARZO- 16 HS

Eres tú uno de sus discípulos?

16 hs: Adoración y santo Rosario
 17 hs Predicación
Eres tú uno de sus discípulos?
18 hs Paseo con el Santísimo
19 hs Santa Misa

          Habrá posibilidad de confesarse.
Luego de la Misa habrá imposiciñon de manos.

(Se trasmitirá en directo por Radio María en Uruguay)
Podrás escucharlo por internet.

jueves, 26 de marzo de 2015

MEDJUGORJE 25 DE MARZO

Medjugorje-Gospa“Queridos hijos, también hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado. Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo. Sean fuertes en la oración y con la cruz en las manos, oren para que el mal no los utilice y no venza en ustedes. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

miércoles, 25 de marzo de 2015

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA ANUNCIACIÓN


La Santísima Virgen recibe por la salutación angélica la invitación de Dios a ser la Madre del Salvador. Ella contesta humildemente: "he aquí la esclava del Señor..."

martes, 24 de marzo de 2015

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR


El 25 de marzo celebramos  el misterio de la Encarnación. La milenaria promesa de salvación de Dios, se acerca a la realidad humana, para imprimir en la historia de los hombres, una “fuerza de salvación” en  dirección de la casa del Padre.

 Esta poderosa acción de Dios ordenada a la salvación de los hombres, debe ser recibida en el mundo,  y encuentra en  la pequeñez de María la disponibilidad necesaria, para  esta decisión suya de “acampar” entre nosotros. En el seno de la Virgen se vinculan para siempre el cielo y la tierra, realizándose "el sublime intercambio". Dios comienza a gestarse humanamente, en la carne y la sangre de la Hija de Israel.  

  Lo que acontece, no tiene referencia alguna posible con lo actuado por Dios en los acontecimientos de la Antigua Alianza, es la irrupción de lo definitivo, que se caracteriza por la novedad de unión entre el cielo y la tierra. Lo eterno y lo temporal se vinculan para siempre, y es María, la puerta para el cielo que desciende.Así, Dios comienza a establecer lo nuevo, son María y Jesús principios de la nueva humanidad, en donde el cielo y la tierra viven en perfecta armonía. María como Madre de los creyentes, nos enseña a vivir esta nueva relación que recibimos en el Bautismo, somos templos de la Santísima Trinidad. 

domingo, 8 de marzo de 2015

PAPA FRANCISCO: 13 DE MARZO, 24 HORAS CON JESÚS

El Papa Francisco en su Mensaje - fechado en el Vaticano, el 4 de octubre de 2014 Fiesta de san Francisco de Asís -  , desea que se celebre en toda la Iglesia el próximo 13 de marzo, que coincide con el segundo aniversario de su elección pontificia, la iniciativa «24 horas con el Señor», cuyo lema este año es «Dios rico en misericordia». El cardenal Sturla ha enviado un carta a las parroquias para que las comunidades plasmen este dese del Santo Padre con distintas iniciativas..

En la Parroquia María Reina de La Paz, luego de la Misa del 13 a las 19 Hs quedará expuesto 24 horas el Santísimo Sacramento para que los fieles acompañen a Jesús adorándolo y dando cumplimiento al pedido del Santo Padre Francisco.


Si te interesa sumarte, en la parroquia está la lista que permite ir cubriendo las 24 horas...

MONSEÑOR JOSEFINO RAMÍREZ: SU PRECIOSÍSIMA SANGRE


Exaltación de la Santa Cruz, 14/9/93

Querido padre Tomás:

Un vez me mostraron una moneda de bronce del siglo III, aparentemente insignificante pero me sorprendí al saber que valía US$ 3000 dólares, debido a que estaba sellada con la cara de Constantino. Y justo en ese día tenía que dar una charla sobre el Santísimo Sacramento.

La Eucaristía brota de la pasión de Cristo. Cuando nos acercamos al santísimo Sacramento nos acercamos a la Cruz. Durante aquella hora presentamos al Corazón Eucarístico de Jesús aquellas almas más necesitadas de su Misericordia. Durante nuestra hora santa, aquellos más necesitados de su Misericordia son sellados y señalados con la preciosísima sangre de Jesús. Esto incluye a los que han de morir en ese día. Se salvan los sellados con la sangre de Jesús.

Una noche en la iglesia de San Miguel, acababa de terminar mi hora santa cuando a las cuatro de  mañana llegó una mujer en un taxi. Ella quería que hablase con su hijo que estaba a su lado. Me dijo que una voz le había despertado diciéndole que fuera a la iglesia de san Miguel. Se levantó justo a tiempo pues su hijo estaba a punto de suicidarse. Desde la visita a san Miguel él comenzó a mejorar y ahora está bien.

Otra noche, Nonette se encontraba en la Capilla rezando desde las 2 hasta las 3 hs, una hora antes que la mía. hacía tres semanas que había encomendado al Corazón de Jesús a un hombre que estaba destruyendo la moral de muchas de sus amigas. Ella incluía a este hombre en su oración porque sabía que Jesús también lo amaba. Ella terminaba su oración pidiendo a Jesús que trajera a ese hombre a la Capilla para así tener la certeza de su conversión.

Al término de las tres semanas, mientras ella rezaba en el mismo lugar, oyó a alguien que sollozaba: al darse vuelta vio que era ese mismo hombre.Él le explicó que por tres semanas su mente había estado muy confundida. Lo que poco antes había pensado que estaba bien,ahora le parecía que estaba mal. No podía dormir. Esa noche estuvo manejando por toda la ciudad. Cuando pasó por la iglesia de san Miguel, vio luz dentro. La luz era atrayente e invitadora. decidió entrar. Lo que encontró no fue la condena de sus pecados sino que experimentó la tieran misericordia del Santísimo Sacramento.Por eso sollozaba.

Cuando llegué a las tres, para mi turno de adoración, él me contó su historia.Oí su confesión, le dí la absolución y desde entonces recibe la comunión diariamente. La hora santa de Nonette fue de más valor que la cara de Constantino en aquella moneda. La preciosísima sangre de Jesús selló su alma y no pudo escapar d ela gracia y la misericordia de Dios.

Querido amigo, si supiéramos el valor de una hora santa, nunca dejaríaos pasar un solo día sin hacerla.El Santo Padre dice que la adoración sirve para hacer reparación por los males del mundo: No ha límite en el valor de una hora santa, porque los mérito de Cristo son infinitos.Por eso el padre John Hardon SJ señala que es absolutamente imposible exagerar el valor de una sola hora de oración en presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento.

Jesús dijo: "Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 13,32). Con cada hora santa que hagamos atraemos a la parroquia y al mundo entero, las gracias que Jesús obtuvo para nosotros en el calvario. El triunfo de la Cruz es la misericordia que obtenemos del Santísimo Sacramento que sella a todos y a cada uno con la preciosísima Sangre de Jesús.

Fraternalmente tuyo en su Amor Eucarístico

viernes, 6 de marzo de 2015

PAPA FRANCISCO: QUÉ SIGNIFICA SER MUNDANOS?

Ser mundanos significa perder el propio nombre hasta tener los ojos del alma «oscurecidos», anestesiados, hasta el punto de ya no ver a las personas que nos rodean. Sobre este «pecado» el Papa Francisco puso en guardia en la misa que celebró el jueves 5 de marzo, por la mañana, en Santa Marta.


«La liturgia cuaresmal de hoy nos propone dos historias, dos juicios y tres nombres», destacó inmediatamente el Papa Francisco. Las «dos historias» son las de la parábola del rico y del mendigo Lázaro, narrada por san Lucas (16, 19-31). En especial, afirmó el Papa, la primera historia es «la del hombre rico que vestía de púrpura y de lino finísimo» y «se concedía placeres», en tal medida que «banqueteaba cada día». En realidad el texto, precisó el Papa Francisco, «no dice que haya sido malo»: más bien «era un hombre de vida acomodada, se daba a la buena vida». En el fondo «el Evangelio no dice que se divirtiera en abundancia»; su vida era más bien «una vida tranquila, con los amigos». Tal vez «si tenía a los padres, seguramente les enviaba bienes para que tuviesen lo necesario para vivir». Y quizá «era también un hombre religioso, a su estilo. Recitaba, tal vez, alguna oración; y dos o tres veces al año seguramente iba al templo para ofrecer los sacrificios y daba grandes donativos a los sacerdotes». Y «ellos, con esa pusilanimidad clerical le agradecían y le hacían tomar asiento en el sitio de honor». Esto era «socialmente» el sistema de vida del hombre rico presentado por san Lucas.

Está luego «la segunda historia, la de Lázaro», el pobre mendigo que estaba ante la puerta del rico. ¿Cómo es posible que ese hombre no se diese cuenta que debajo de su casa estaba Lázaro, pobre y hambriento? Las llagas de las que habla el Evangelio, destacó el Papa, son «un símbolo de las numerosas necesidades que tenía». En cambio, «cuando el rico salía de casa, tal vez el coche con el que salía tenía los cristales oscuros para no ver hacia fuera». Pero «seguramente su alma, los ojos de su alma estaban oscurecidos para no ver». Y así el rico «veía sólo su vida y no se daba cuenta de lo que sucedía» a Lázaro.

Al fin de cuentas, afirmó el Papa Francisco, «el rico no era malo, estaba enfermo: enfermo de mundanidad». Y «la mundanidad transforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, construido por ellos». La mundanidad «anestesia el alma». Y «por eso, ese hombre mundano no era capaz de ver la realidad».

Por ello, explicó el Papa, «la segunda historia es clara»: hay «muchas personas que conducen su vida de forma difícil», pero «si yo tengo el corazón mundano, jamás comprenderé esto». Por lo demás, «con el corazón mundano» no se pueden comprender «la carencia y la necesidad de los demás. Con el corazón mundano se puede ir a la iglesia, se puede rezar, se pueden hacer muchas cosas». Pero Jesús, en la oración de la última Cena, ¿qué pidió? «Por favor, Padre, cuida a estos discípulos», de modo «que no caigan en el mundo, no caigan en la mundanidad». Y la mundanidad «es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecaminoso del alma».

«Estas son las dos historias» presentadas por la liturgia, resumió el Pontífice. En cambio, «los dos juicios» son «una maldición y una bendición». En la primera lectura, tomada de Jeremías (17, 5-10) se lee: «Maldito quien confía en el hombre, y busca apoyo en las criaturas, apartando su corazón del Señor». Pero esto, puntualizó el Papa Francisco, es precisamente el perfil del «mundano que hemos visto» en el hombre rico. Y «al final, ¿cómo será» este hombre? La Escritura lo define «como un cardo en la estepa: no verá llegar el bien, “habitará en un árido desierto” —su alma es desierta— “en una tierra salobre, donde nadie puede vivir”». Y todo esto «porque los mundanos, en verdad, están solos con su egoísmo».

En el texto de Jeremías está luego también la bendición: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua», mientras que el otro «era como un cardo en la estepa». Y, luego, he aquí «el juicio final: nada es más falso y enfermo que el corazón y difícilmente se cura: ese hombre tenía el corazón enfermo, tan apegado a este modo de vivir mundano que difícilmente podía curarse».

Después de las «dos historias» y los «dos juicios» el Papa Francisco volvió a proponer también «los tres nombres» sugeridos en el Evangelio: «son los del pobre, Lázaro, Abrahán y Moisés». Con una ulterior clave de lectura: el rico «no tenía nombre, porque los mundanos pierden el nombre». Son sólo un elemento «de la multitud acomodada que no necesita nada». En cambio un nombre lo tienen «Abrahán, nuestro padre, Lázaro, el hombre que lucha por ser bueno y pobre y carga con numerosos dolores, y Moisés, quien nos da la ley». Pero «los mundanos no tienen nombre. No han escuchado a Moisés», porque sólo necesitan manifestaciones extraordinarias.
«En la Iglesia —continuó el Pontífice— todo está claro, Jesús habló claramente: ese es el camino». 

Pero «al final hay una palabra de consuelo: cuando ese pobre hombre mundano, en los tormentos, pidió que mandasen a Lázaro con un poco de agua para ayudarle», Abrahán, que es la figura de Dios Padre, responde: «Hijo, recuerda...». Así, pues, «los mundanos han perdido el nombre» y «también nosotros, si tenemos el corazón mundano, hemos perdido el nombre». Pero «no somos huérfanos. Hasta el final, hasta el último momento existe la seguridad de que tenemos un Padre que nos espera. Encomendémonos a Él». Y el Padre se dirige a nosotros diciéndonos «hijo», incluso «en medio de esa mundanidad: hijo». Y esto significa que «no somos huérfanos».

«En la oración al inicio de la misa —dijo por último el Papa Francisco— hemos pedido al Señor la gracia de orientar nuestro corazón hacia Él, que es Padre». Y así, concluyó, «continuamos la celebración de la misa pensando en estas dos historias, en estos dos juicios, en los tres nombres; pero, sobre todo, en la hermosa palabra que siempre se pronunciará hasta el último momento: hijo».

viernes, 27 de febrero de 2015

MEDJUGORJE 25 DE FEBRERO 2015

"Queridos hijos, en este tiempo de gracia, os invito a todos: orad más y hablad menos. En la oración buscad la voluntad de Dios y vividla según los Mandamientos a los que Dios os invita. Yo estoy con vosotros y oro con vosotros. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"

DIÁCONO JORGE NOVOA: CUÉNTALES LO QUE EL SEÑOR HA HECHO CONTIGO

Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él.
Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.» El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados. (Mc 5,19-20)


Jesús liberó a este hombre, que vivía en la zona de los Gerasenos, poseído por un espíritu inmundo. Son muchas las narraciones evangélicas que dan cuenta de las liberaciones obradas por el Señor. Ya lo había anunciado en la sinagoga de Nazaret, el Espíritu del Señor lo capacita para liberar a los cautivos. Como expresa san Cirilo:"Observemos el invencible poder de Cristo: castiga a Satanás, para el cual son fuego y llama sus palabras, según el salmista: "Derritiéronse como cera los montes a la presencia del Señor" ( Sal 96,5), esto es, los poderes sublimes y magníficos". Como una rayo, venido desde el cielo, irrumpe la orden del Señor : "Sal, espíritu inmundo, de ese hombre".

Algunos han afirmado, que estos exorcismos realizados por el Señor, eran en realidad  trastornos mentales de sus interlocutores. Seguramente, existieron muchos hombres con trastornos mentales, al igual que hoy. No parece razonable pensar que Jesús, equivocara sus diagnósticos, y diera una orden como la que aparece aquí, a un transtorno mental. La orden claramente está orientada a un ser personal. Incluso el testimonio, que el Señor le pide que dé, seguramente sería por la liberación que alcanzó por medio de su Palabra.

Cuál es el final de esta historia? Jesús qué le propone? El hombre ha recibido tanto, que quiere irse con Jesús, pero el Señor le revela los planes que tiene para él. Estamos ante un caso claro, de uno que no ha sido llamado a ser de los círculos más cercanos, ni de los 12 o los 72 ( según san Lucas), ha sido llamado a dar testimonio en la región en que vive.

Lo envía a su casa y a los suyos, para que les cuente la compasión que tuvo el Señor con él. Cuánto bien puede obrar el Señor  por un testimonio! Cuántos corazones se abren al anuncio del Evangelio,por alguien que nos cuenta lo que el Señor ha hecho en su vida! Que poderosa Palabra se esconde en el testimonio!

Seguramente te cueste compartir con otros lo que Dios ha hecho en tu vida, a veces sentimos sobre nuestras espaldas un peso que nos agobia, creemos no estar capacitados, buscamos como hacerlo de la mejor manera, nos comparamos con otros y concluimos abandonando el intento de dar testimonio.

En realidad, todo es más sencillo, Jesús nos dice que le contemos a los nuestros, en una conversación sencilla, sin buscar palabras especiales, con un diálogo que  brote de un corazón agradecido.Cristo va contigo. Tu testimonio vuela hacia el corazón de el otro,  custodiado por el Espíritu Santo, que lo potencia.

El endemoniado de Gerasa pudo poner muchos reparos, para realizar lo que le pidieron, ha sido enviado a dar testimonio, lo demás, lo que ocurre con esa palabra al ser escuchada, eso ya corresponde al ámbito de Dios. Únicamente los testigos podrán contar las maravillas de Dios.

miércoles, 18 de febrero de 2015

MONSEÑOR JOSÉ IGNACIO MUNILLA: AYUNAR DE CRÍTICAS Y MURMURACIONES



 ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?... Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, liberar a los oprimidos, partir tu pan con el hambriento (...)” (cf. Isaías 58, 5-7). A este conocido texto del profeta Isaías, bien podríamos añadir, en plena sintonía con su mismo espíritu: ¡El ayuno que agrada a Dios es controlar nuestra lengua!

Comencemos por reconocer que llama la atención la “cruzada” que el Papa Francisco ha emprendido contra el vicio de la crítica y el cotilleo: “Las murmuraciones matan, igual o más que las armas”; “Los que viven juzgando y hablando mal del prójimo son hipócritas, porque no tienen la valentía de mirar los propios defectos”; “Cuando usamos la lengua para hablar mal del prójimo, la usamos para matar a Dios” ; “El mal de la cháchara, la murmuración y el cotilleo, es una enfermedad grave que se va apoderando de la persona hasta convertirla en sembradora de cizaña, y muchas veces en homicida de la fama de sus propios colegas y hermanos”; “Cuidado con decir solo esa mitad de la realidad que nos conviene”; “¡Cuántos chismorreos hay en el seno de la propia Iglesia!”… Ciertamente, no creo que haya habido nunca un Papa tan comprometido con la denuncia y la erradicación de esta lacra.

La crítica y el cotilleo están tan extendidos en nuestra sociedad —sin que la Iglesia sea una excepción—, que no son pocos quienes consideran que se trata de un mal insuperable, cuando no necesario. A esto contribuye el hecho de que la percepción suele cambiar dependiendo de que seamos sujetos activos o pasivos de dicha práctica. El cotilla y el murmurador tiende a justificarse diciendo que se limitan a informar, y que en esta vida es necesario tener un juicio crítico.

Pues bien, para dejar de murmurar no solo se requiere controlar la lengua, sino que hay que cambiar la mentalidad. No estamos ante un vicio superficial o epidérmico, como a veces solemos suponer equivocadamente. Bajo las críticas y los cotilleos se camuflan pecados como el rencor, la envidia o la vanidad. Pero no solo esto, sino que también se esconden nuestros complejos, inseguridades y heridas. En realidad, lo moral y lo psicológico suelen caminar por el mismo carril. O dicho de otro modo, el demonio sabe dónde nos aprieta el zapato, y tiende a pisarnos en el mismo lugar…

Todos sabemos que la crítica esconde con frecuencia envidia y celos, y que estos encierran falta de autoestima. Y si pudiésemos remontarnos al origen de esa falta de autoestima, muy posiblemente nos encontraríamos con la carencia de amor… No cabe duda de que los males morales, psicológicos y educacionales están implicados. Así, por ejemplo, decía San Francisco de Sales: “Cuanto más nos gusta ser aplaudidos por lo que decimos, tanto más propensos somos a criticar lo que dicen los demás”.

Dicho lo cual, no es de recibo tomar excusa de las implicaciones psicológicas y educacionales, para eludir nuestra lucha contra este vicio. Nuestra responsabilidad moral puede estar condicionada, ciertamente, pero no hasta el punto de estar determinada. Somos sujetos libres, aunque nuestra libertad esté herida; y por lo tanto, somos responsables de las palabras que salen de nuestra boca. Sin olvidar que en no pocas ocasiones las críticas y los cotilleos son puestos al servicio, con notable malicia, de la ideología de quien los utiliza, con el objetivo de denigrar a quienes no piensan como nosotros.




Me viene a la memoria una cita evangélica que suele pasar inadvertida, en la que queda patente la indisimulada incomodidad del Señor Jesús ante este vicio moral. Me refiero a Juan 21, 23. El contexto de este episodio es el encuentro final entre Jesús y Pedro, en el que este es perdonado por su triple negación, además de confirmado en su misión. A punto de concluir el diálogo, cuando Jesús ha revelado a Pedro su futuro martirio, este vuelve su mirada a Juan —el discípulo al que el Señor amaba especialmente— y le pregunta a Jesús: “Señor, y este, ¿qué?”. A lo que el Señor, en una respuesta sin precedentes, contesta: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme”. ¡¡Es impresionante escuchar a Jesús decirle a Pedro: “¿a ti qué?” (expresión equivalente a nuestro popular “¿a ti qué te importa?”)!! Y es que, mientras estamos pendientes indebidamente de los demás, podemos permanecer ciegos ante nuestros problemas y responsabilidades. ¡Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro! (cfr. Mt 7, 3).



Concluyo con un texto evangélico tan clarificador como incómodo, de esos a los que solemos poner sordina, por resultarnos demasiado exigente: “Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca (…) En verdad os digo que el hombre dará cuenta en el día del juicio, de cualquier palabra inconsiderada que haya dicho.


Porque por tus palabras serás declarado justo o por tus palabras serás condenado” (cfr. Mt 12, 34-37). Será por eso, tal vez, que le escuché a un hermano obispo decir que se podría elevar a los altares, sin necesidad de proceso de canonización, a aquel de quien pudiera decirse: “nunca le escuchamos hablar mal de nadie”. Ciertamente, ¡el ayuno que agrada al Señor es controlar nuestra lengua!

MONS. HÉCTOR AGUER: CUARESMA REMEDIO EFICAZ PARA EL CONSUMISMO


Me gustaría hablar hoy, en este momento televisivo, sobre un tema que me parece que tiene que ver con el actual tiempo de la Cuaresma: el consumismo.

El consumo es un elemento fundamental del proceso económico, que esta relacionado con la producción, con el comercio y con la acumulación de riquezas o su distribución y su uso. Pero, entre consumo y consumismo hay una diferencia. Ese “ismo” casi siempre indica un defecto por sobreabundancia o hasta una patología.




El consumismo es precisamente un comportamiento patológico que muestra como, generalmente inducidos por la publicidad, se va imponiendo una necesidad ficticia de tener ciertas cosas, de consumirlas, de disfrutarlas y casi siempre el protagonista o los protagonistas no lo advierten y eso se va convirtiendo en un estilo de vida.

Una definición domestica de consumismo podría ser que es el impulso a comprar lo que no se necesita, con el dinero que no se tiene. Frecuentemente ese impulso puede llevar también a endeudarse y esto pasa en todos los niveles sociales. Es muy curiosa esta situación. La publicidad en esto tiene una buena responsabilidad y no quiero ir, al señalar esto, contra la publicidad en general, pero muchas veces hasta con malas artes se la usa para imponer determinados productos.

Esta realidad va invadiendo la mentalidad de la gente. Se puede conceder que la gente que tiene mucho dinero para gastar podrá darse el lujo de tener cosas exquisitas o de comprar lo superfluo pero también la gente que no tiene tanto y aun los más pobres están ilusionados con la ropa de marca y con algunas otras cosas que creen que son de uso común en una sociedad que corresponde a la dignidad de un ser humano.

Todo esto va desencadenando, sin que se advierta, una serie de sentimientos que no son los mejores en el ámbito sociológico del consumismo. Aparece con frecuencia el egoísmo, la envidia, el deseo de poder, la suplantación del ser por el tener.

Se puede precisar que, en el fondo, la filosofía del consumismo es ésta: el tener es lo que hace a la verdad, al honor, a la grandeza, a la dignidad de alguien y no el SER, no a que la persona verdaderamente vale por lo que es, por lo que sabe, sino por lo que tiene y especialmente por lo que es capaz de ostentar y consumir.

Por eso la “patología consumista” se piensa no sólo en el estado individual sino como ámbito de una comunidad o como estilo de vida de una sociedad. Al ser así se puede pensar que esa va a ser una sociedad indiferente para con la suerte de los más pobres. Es una sociedad en la cual no va a importar este contraste pavoroso que se repite hoy en casi todo el mundo y que los argentinos sufrimos con una penosa resignación entre aquella poca gente que tiene de todo y aquella mucha gente que no tiene nada y que sin embargo también queda cautivada por esta ilusión del consumismo.

La práctica cuaresmal del ayuno puede ser un remedio eficaz cuando el ayuno es entendido en su sentido espiritual no sólo como la privación de alimentos sino la privación de lo superfluo, de lo que no necesitamos y aún de cosas que necesitamos pero no son tan urgentes ni esenciales y que podemos poner en común y servirnos para hacer el bien, para ayudar a quienes necesitan mucho más que nosotros.

En este sentido va el espíritu de la Cuaresma que no consiste en prácticas que no tienen sentido sino en aquellas que son capaces de transformar nuestro corazón y ponerlo al servicio de nuestros hermanos, en especial los que más nos necesitan.

viernes, 13 de febrero de 2015

MNSEÑOR JOSÉ IGNACIO MUNILLA: ARREPENTIMIENTO Y PERDÓN

En este tiempo de Cuaresma la Iglesia reitera la llamada de Jesucristo en el inicio de su ministerio en Galilea: “Convertíos y creed en el Evangelio” (cf. Mc 1, 15). Afortunadamente, en nuestros días el concepto de “conversión” goza de una notable salud, en la medida en que es entendido como una reorientación positiva de nuestras opciones personales. Por el contrario, existe una indisimulada alergia hacia el concepto de “arrepentimiento”, por cuanto la autoinculpación suele ser percibida como un retroceso al pasado, contradictorio con la mirada al futuro, incluso como una humillación.

Ahora bien, ¿es posible la “conversión” sin el “arrepentimiento” del mal cometido? La pregunta podría parecer superflua, ya que la respuesta negativa es obvia. Sin embargo, cuando la Iglesia ha predicado la importancia del arrepentimiento por la violencia generada en nuestro pasado reciente, hemos escuchado con perplejidad algunas voces que afirman que en el Evangelio, el perdón de Jesucristo en ningún caso está condicionado al arrepentimiento del pecador. Se trata de una devaluada interpretación del Evangelio, según la cual el anuncio del amor de Dios a todos -buenos y malos-, así como el mandamiento de Cristo de perdonar a nuestros enemigos, habría que entenderlos en el sentido de una declaración de indulto colectivo, independiente de todo posible arrepentimiento o cambio de vida.

En primer lugar, es muy importante leer el Evangelio en su integridad, sin caer en la tentación de seleccionar las palabras de Jesucristo según nuestra conveniencia. En efecto, el mismo Jesús que dijo “amad a vuestros enemigos” (Mt 5, 44), afirmó igualmente: “Si no os convertís, todos pereceréis” (Lc 13, 3). La parábola de la higuera estéril, en la que se plantea la cuestión de si se debe arrancar la higuera que no da fruto, concluye integrando la misericordia y la justicia de Dios: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás” (Lc 13, 8-9).

Por lo tanto, no es cierto que el perdón no esté condicionado al arrepentimiento. Una cosa es el amor incondicional de Dios anunciado por Cristo; y otra muy distinta, que ese amor sea acogido o rechazado por cada uno de nosotros, según la propia conversión u obstinación. Dicho de otra forma: el arrepentimiento es la apertura del hombre al perdón de Dios. Por el contrario, la falta de arrepentimiento es el rechazo del perdón de Dios.

La presentación del amor incondicional de Dios, a modo de un indulto general indiscriminado, no solamente choca con los abundantes pasajes evangélicos que hablan de la posibilidad real de la perdición del hombre (cf. Mt 25, 31ss); sino que tampoco se compagina con la imagen de un Dios que respeta la libertad y la dignidad del hombre. Decía San Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es decir, siendo cierto que la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven, sin embargo, para ello es necesario que cada uno coopere libremente, abriéndose a la gracia de la conversión. No olvidemos que Cristo crucificado ofrece su perdón incondicional a los dos ladrones que compartían su suplicio; pero mientras uno de ellos acoge su misericordia con un profundo arrepentimiento, el otro la rechaza reafirmándose en su obstinación, (bien entendido que a nosotros no nos corresponde juzgar el destino eterno de aquel ladrón).

El error teológico del que estamos tratando, tiene a mi juicio una cierta influencia protestante. Mientras que Lutero subrayaba que la salvación se alcanzaba por la “sola fides” (es decir, exclusivamente a través de la fe), el Concilio de Trento le respondía afirmando que la justificación del hombre requiere de la fe y de las buenas obras. Es muy ilustrativo el ejemplo que utilizó Lutero para explicar la justificación del hombre ante Dios: “De la misma forma en que la nieve cubre de blanco el montón de estiércol que está en medio del campo, así también la misericordia de Dios cubre la muchedumbre de nuestros pecados con su manto…”. Sin embargo, los católicos creemos que la gracia de Dios no se limita a “tapar” el estiércol, sino que produce el milagro de la sanación y santificación de nuestra condición pecadora. (Cabe matizar que en los últimos años se han dado grandes avances en esta cuestión, dentro del diálogo ecuménico con los protestantes).

Pero vamos a ser claros, porque todos somos conscientes de que si hoy estamos debatiendo esta cuestión, desgraciadamente no es porque hayamos entrado en la Cuaresma, sino por la aplicación política que se pretende extraer de la disociación entre perdón y arrepentimiento. La Iglesia no tiene ninguna intención de entrar en el terreno reservado a la legítima pluralidad política; pero tampoco puede permanecer callada cuando el Evangelio es deformado y puesto al servicio de las diferentes ideologías.

Me limito a añadir que la llamada al arrepentimiento para poder acoger el perdón, no es solamente una doctrina específica de los cristianos, sino que también está fundada en una ética natural, aplicable a todo ser humano. La práctica totalidad de los sistema judiciales, supeditan la aplicación de determinadas medidas de gracia a las muestras de arrepentimiento de los delincuentes. Lo contrario no sería ni justo, ni evangélico. De hecho, cuando aceptamos que las penas privativas de la libertad en un estado de derecho no deben tener una finalidad meramente punitiva, sino que también han de estar orientadas a la reeducación y a la reinserción social, estamos reconociendo implícitamente este principio. Tampoco debemos olvidar que aunque la conversión cristiana requiere del arrepentimiento, lo supera ampliamente: La conversión conlleva la apertura al don de la misericordia, la cual nos permite amar a todos –incluso a nuestros enemigos- con el mismo amor de Cristo. ¡Qué gran ocasión tenemos esta Cuaresma de abrirnos a la gracia de la conversión en el sacramento de la Penitencia! Es ahí donde recibimos el don de “nacer de nuevo” (cf. Jn 3).

jueves, 29 de enero de 2015

HANS URS VON BALTHASAR: CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

Dt  18,15-20; I Co 7,32-35; Mc 1,21-28
En el evangelio, con motivo de la expulsión de un demonio, se reconoce que la enseñanza de Jesús es una enseñanza totalmente nueva, un enseñar con autoridad ante el que todos los circunstantes quedan estupefactos. Estos ven la prueba de esta novedad en la expulsión del espíritu inmundo, pero esta es a lo sumo la confirmación de su autoridad, no su enseñanza. Lo auténticamente decisivo aparece al principio del evangelio: Jesús  enseña en la Sinagoga, y los presentes quedaron asombrados de su enseñanza. En su misma enseñanza se percibe ya la autoridad divina que la distingue de le enseñanza de los letrados. Lo que la nueva enseñanza exige es un radicalismo en la obediencia a Dios totalmente distinto del rigorismo en el cumplimiento de la ley exigido por los letrados. Este radicalismo no exige en absoluto una huida en del mundo, tal y como  la practicaban los miembros de la secta del Qumrán, sino, en medio del mundo, de su trabajo y de sus penalidades, una vida indivisa para Dios y conforme a su mandamiento. Este mandamiento que Jesús explica a los hombres es a la vez infinitamente simple e infinitamente exigente; posteriormente Jesús lo repetirá constantemente: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Eso significan la Ley y  los Profetas (Mt 7,12).Esta es la perfección que el  hombre puede alcanzar y en la que  puede y debe parecerse al Padre celeste (cfr.  Mt 5,48).Aquí solo hay totalidad, no hay lugar para la división.

Pablo  en la segunda lectura, tiende al mismo radicalismo. Aunque aparentemente distingue dos categorías de hombres, los célibes, que se preocupan de los asuntos del Señor, y los casados, que se preocupen de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, ciertamente no quiere  (como muestran sus textos parenéticos sobre la vida doméstica) proscribir el matrimonio  o las profesiones del siglo, sino a lo sumo mostrar lo que se observa habitualmente en la gente  mundo. Puede conceder al celibato una cierta preeminencia (1 Co 7,7), más inmediatamente añade: Pero cada cual tiene el don particular que Dios le ha dado, gracias al cual es perfectamente posible , incluso dentro del mundo y en la vida matrimonial, servir a Dios y amar al prójimo indivisiblemente. Ciertamente en muchos casos cabe preguntarse si esto es más fácil en el estado de los consejos evangélicos que en un matrimonio cristiano correctamente vivido. Las cartas pastorales se oponen a los que prohíben el matrimonio (1 Tim 4,3)¸no : Todo lo que Dios ha creado es bueno.

A esta doctrina definitiva de Jesús, en la que se resume todo con perfecta simplicidad, se refiere ya Moisés anticipadamente cuando habla, en la primera lectura, del profeta que ha de venir, del que Dios dice: Suscitaré un profeta…Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo les mande. El Señor lo suscitará como cumplimiento de todo lo iniciado en la Antigua Alianza. A él será, por tanto, al que haya que escuchar en todo.

miércoles, 28 de enero de 2015

FR. ABELARDO LOBATO: SANTO TOMÁS HOMBRE AFORTUNADO


Tomás ha sido un hombre afortunado en la naturaleza y en la gracia. No tenemos ningún retrato pictórico hecho en vida que nos ofrezca el rostro de Tomás, niño, joven, maestro; nos gustaría conocer “il vero volto”. Nos han llegado algunas descripciones de los testigos de su proceso.

Corporalmente era robusto, alto, de 1.80 de estatura, de cabeza grande, frente despejada, ojos penetrantes. Cuenta uno de los testigos del proceso de Fossanova que la madre de Fray Reginaldo de Priverno, decía a sus vecinas: Si queréis ver dos hombres hermosos, venid a verlos, son el maestro Tomás y mi hijo Reginaldo, que pasan por nuestro camino. Tomás estaba muy bien dotado por naturaleza, de gran vigor físico y espiritual.

Era un trabajador incansable. No hay memoria de que perdiera un minuto de su tiempo. Su fortuna fueron sus talentos espirituales. Era de memoria insólita, pues grababa de una vez para siempre lo que leía, de modo que lo podía evocar cuando lo necesitaba.
Su inteligencia era penetrante, iba al fondo de las cuestiones, y era capaz de trazar un panorama completo de tipo intelectual en torno a una cuestión, como si fuera un paisaje, que se tiene ante los ojos.

Era un hombre afable, de paz, de diálogo, que inspiraba confianza. Era tranquilo y reposado. Solo le irritaba la estupidez de los doctores y los errores de los maestros. Era valiente para afrontar problemas, situaciones, enemigos doctrinales. A veces los retaba a dar la cara y no esconderse en los anonimatos.

Su fortuna fue creciendo con su vida. Fue afortunado por haber sido llevado a Montecasino a estudiar. Fortuna y grande fue haber sido admitido en la Universidad de Nápoles, donde asimiló el legado cultural de los griegos, de los judíos, de los árabes. Conocía la Biblia y Aristóteles muy afondo, de memoria, antes de llegar a Paris. Fortuna la suya al tener como maestro a Alberto el Grande, quien lo introduce en la Teología, y de quien aprende a leer libros de los gentiles. La vocación dominicana fue su gran fortuna, como él lo será para la Orden.

Tomás realizó, en la dimensión teologal, lo que Domingo ya en Toulouse soñaba para su Orden: al lado de los predicadores era necesario suscitar hombres doctos en Teología para conocer, defender y explicar la verdad de los misterios de la fe.

Era afortunado también por sus estudios en la Universidad de Paris,en la Facultad de Artes y de Teología. Una no pequeña fortuna fue haber tenido como secretario a Fray Reginaldo de Priverno, quien lo cuidaba en los detalles y en las cosas cotidianas como si fuera su nodriza. Fortuna suya y nuestra, porque fue conservando copia de todos sus escritos.

La fortuna de Tomás fue la gracia de que fue objeto. La gracia del Señor estaba con él, y por fortuna, le consolaba y premiaba. Hasta a veces oyó la voz del Señor, que resonaba en su interior: Tomás, has escrito bien del misterio de la Eucaristía, ¿qué recompensa quieres? La respuesta de Tomás le salió del alma: señor mi premio eres Tú. Yo no quiero ninguna otra cosa, sino a Ti.