domingo, 16 de marzo de 2014

HANS URS VON BALTHASAR: II DOMINGO DE CUARESMA (A)


Si el relato de la transfiguración se encuentra tradicionalmente en el tiempo de Cuaresma, es para recordarnos que esta manifestación de la gloria de Jesús tiene lugar después de haber dicho a sus discípulos que estaba dispuesto a subir a Jerusalén para padecer y morir allí; en Lucas se añade además que la conversación del transfigurado con Moisés y Elías giró en torno a este final en Jerusalén. Los discípulos, Pedro el primero, tendrán miedo y huirán cuando Jesús sea arrebatado; pero también aquí, ante la teofanía sobrenatural, “cayeron de bruces llenos de espanto”.

Más ambas veces su miedo no podrá impedirles comprender lo esencial del acontecimiento. Sobre la montaña verán el cielo abierto y serán testigos de una epifanía del Dios trinitario: el Padre les muestra a su Hijo predilecto, al que han de oír, y el Espíritu Santo, en la forma de una nube luminosa que les cubre con su sombra, los introduce en la órbita del misterio. Pero solo después de Pascua podrán realmente oír y comprender todo. Sólo la triple pregunta del Resucitado liberará a Pedro del miedo de la pasión, un miedo semejante al que experimentarán ahora en la transfiguración, pues es él el que quiere construir tres chozas. En sus cartas se convertirá en el testigo de ambos acontecimientos y de su relación íntima.

La primera lectura nos muestra en el destino de Abrahán como un primer anuncio velado de la transfiguración y de la pasión. En la perfecta obediencia del patriarca, que abandona todo lo que posee- patria, casa paterna, parientes- se concreta la promesa de una bendición universal que procede de su fidelidad a Dios. Semejante bendición de Dios sólo puede irradiar de un hombre que por amor a Dios y siguiendo sus instrucciones ha dejado todo cuanto tiene, de lo contrario, la bendición d Dios permanecería, por así decirlo, ligada a su persona y a sus bienes. Estos bienes, como sucede a menudo en el Antiguo Testamento y en la bendición de Israel, quedarían garantizados y aumentados. Pero de Abrahán se dice “ Tú nombre será una bendición”. En la renuncia total se encuentra la fecundidad ilimitada. Tal es la idea, y por así decirlo, el título que Israel pone sobre toda su historia y que tendrá su pleno cumplimiento en su Mesías.

Sufre conmigo por el evangelio dice Pablo a su hijo Timoteo en la segunda lectura. Ahora se trata del sufrimiento y la renuncia ocasionados por el seguimiento consciente de Cristo, que ha sufrido y resucitado. En este seguimiento la transfiguración y la pasión forman una unidad. El designio de Dios de destruir la muerte por la resurrección de Jesús, de sacar a la luz la vida inmortal en las tinieblas del abandono de Dios, se ha hecho comprensible para la Iglesia gracias a l Espíritu Santo, y Pablo ha tenido ocasión de comprender exactamente esta unidad desde su conversión. Toda la Iglesia lo ha comprendido ya en los Hechos de los Apóstoles; y ahora debe comprenderlo la generación siguiente, a la que pertenece Timoteo, y todas las generaciones que vengan después, por tanto también nosotros. La prefiguración aparece en medio de la Cuaresma, y en medio de la Transfiguración, la pasión

viernes, 14 de marzo de 2014

GABRIELE AMORTH: QUIÉN ES VERDADERAMENTE A SATANAS?


TERNI, viernes 25 de noviembre de 2011 (ZENIT.org).- ¿Quién es el diablo? ¿Cuál es su verdadero nombre? ¿Cómo es de poderoso? ¿Cómo se manifiesta su obra destructora en la vida de los hombres? A estas preguntas y a otras similares respondió el padre Gabriele Amorth, el exorcista italiano más famoso, en una vídeo entrevista proyectada durante el Umbria International Film Fest, poco antes de la emisión de la película El rito, de Mikael Håfström, sobre sus propias prácticas exorcistas.

El diablo, explicó el padre Amorth es, antes que nada, un espíritu creado por Dios como ángel. Como los hombres, también los ángeles fueron sometidos a una prueba de obediencia en la que Satanás, que era el más esplendoroso entre los espíritus celestes, se rebeló.
Satanás es, por tanto, el primer diablo de la historia sagrada, además de ser el más potente de todos. Como en el paraíso, con los beatos y los ángeles, en sus distintas categorías, también en el infierno hay una jerarquía. Mientras que el Reino de Dios está gobernado por el amor, el reino de Satanás está dominado por el odio. Los demonios se odian entre ellos y su jerarquía se basa en el terror, dijo el padre Amorth.
Un día, prosiguió el exorcista, pretendía liberar a una persona poseída por un demonio que ni siquiera estaba entre los más poderosos. ¿Por qué no te vas?, le pregunté. Porque si me voy Satanás me castiga. El objetivo de la existencia de los demonios es hacer caer al hombre en el pecado y llevarlo al infierno, explicó Amorth.
¿Entonces qué es lo que empuja al hombre a esta insensata obra de autodestrucción y daño? Según el padre Amorth, el hombre se ve empujado por la curiosidad, una inclinación que puede ser positiva o negativa según los casos.
La verdadera carta vencedora del demonio, sin embargo, es estar siempre escondido y la cosa que más desea es que no se crea en su existencia. Él nos estudia a cada uno y nuestras tendencias al bien y al mal, y después suscita la tentación, aprovechándose de nuestras debilidades.
La época actual se caracteriza por el olvido parcial o total de la figura del diablo que, de esta manera, obtiene sus éxitos más importantes. Si la humanidad pierde el sentido del pecado, es casi automático que aparezca la idea de que el aborto y el divorcio sean una conquista de la civilización y no un pecado mortal, observó Amorth.
Es obvio que el diablo se esconde detrás de prácticas como el ocultismo y la magia, aprovechándose de nuestra curiosidad. Quien quiera conocer su futuro o hablar con los muertos, por ejemplo, se encuentra con el demonio sin quererlo.
El padre Amorth no descarta tampoco a Harry Potter, el ídolo literario y cinematográfico de tantos niños de todo el mundo, es, según el exorcista, testimonio de la magia, y a pesar de esto se vende incluso en librerías católicas.
Peligrosas y dudosas, para Amorth, son también las prácticas orientales aparentemente inocuas como el yoga: parece no tener propósito pero lleva al hinduismo, explicó el exorcista. Todas las religiones orientales se basan en la falsa creencia de la reencarnación.
A la pregunta de si Satanás atormenta más las almas de los ateos o de los creyentes, el padre Amorth respondió que el mundo pagano es más vulnerable al demonio que el cristiano o creyente, sin embargo es más difícil que un ateo vaya a un sacerdote.
Amorth, que contó que había exorcizado también a musulmanes e hindúes, puntualizó: Si se presentase ante mí un ateo le diría que yo actúo en nombre de Jesucristo y le recomendaría que se informase de quien es Jesucristo.
Un aspecto curioso y para nada secundario de la actividad del exorcista está ligado al nombre de los demonios. “La primera cosa que pregunto al poseído es cual es su nombre --explicó el padre Amorth--. Si me responde con el verdadero nombre, para el demonio ya es una derrota: ha sido obligado a decir la verdad, a descubrirse”.
En caso contrario, el demonio responderá cada vez con un nombre diferente. Los demonios, en realidad, como los ángeles, no tienen nombre --dijo Amorth--, pero se atribuyen apelativos incluso tontos como Isbò: este último era un demonio con un nombre estúpido pero era potentísimo, hasta el punto que fue capaz de matar a un exorcista y a un obispo.
El padre Amorth precisó que la persona poseída no está necesariamente en pecado mortal, porque Satanás puede poseer el cuerpo pero no el alma, y recordó que el demonio no actúa sólo con la posesión, también con el acoso, la obsesión y la infestación (esta última se refiere a lugares físicos).
Los maleficios ligados a prácticas ocultas (mal de ojo, vudú, macumba, etc) son casos rarísimos, dijo el exorcista.
Quien reza y se confía constantemente a Dios no debe tener miedo del demonio. Por lo demás el padre Amorth declaró que no había tenido nunca miedo del demonio en los exorcismos. A veces, precisó he tenido miedo de hacer daño físico; por ejemplo es un riesgo exorcizar a una persona enferma del corazón.
Amorth concluyó la entrevista confirmando que muchas personas, efectivamente, venden su alma al demonio, pero, añadió, con ironía, “yo he quemado muchos contratos”.
Por Luca Marcolivio

miércoles, 12 de marzo de 2014

MONSEÑOR JOSEFINO RAMÍREZ:SAN FRANCISCO Y LA EUCARISTÍA

Querido padre Tomás:

Con frecuencia San Francisco pasaba la noche en oración rezando ante el Santísimo Sacramento. Su único deseo era la transformación de su vida en unión con Cristo. Una noche de 1216, Cristo se le apareció mientras él rezaba ante el Santísimo en la Iglesia de Santa María de los Ángeles.

Después de la visión, Francisco exclamó: “los mandaré a todos al paraíso”.Estaba más convencido que nunca del poder de la oración para salvar almas. El 14 de septiembre, un serafín con alas de fuego, tal como se describe en Isaías (6,2), bajó del cielo sobre San Francisco mientras hacía oración y le imprimió la marca de los clavos y la herida de la lanza en su costado. Todos en la región vieron el monte envuelto en una luz, como si el sol ya hubiera salido. El hermano León vio una bola de fuego descender sobre el rostro de San Francisco cuando recibió los estigmas.

Mencionó esto porque el Santísimo Sacramento es el fuego del amor divino. Así como el fuego transforma todo en fuego., así uno es transformado de gloria en gloria, y hecho más a la imagen y semejanza de Cristo por cada momento que pasemos en su divina presencia.

La diferencia en nuestra alma de una hora u otra, asombra a los santos en el cielo a los ángeles en la tierra. La transformación que se realiza en tu alma es mucho más real que la transformación que tuvo lugar en el cuerpo de San Francisco cuando fue estigmatizado. Por cada momento que pasas en su presencia, no sólo tus manos y tu costado, sino todo tu ser se transforma más y más a imagen y semejanza de Cristo.

Debido a esta transformación, cada momento que pasas con Jesús en la tierra hará que tu alma sea más gloriosa y más bella en el cielo por toda la eternidad. Por esto san pablo exclamó: “ Nosotros...reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando a su propia imagen cada vez más gloriosos (2 Co 3, 18)”.

Fraternalmente tuyo en su Amor Eucarístico

martes, 11 de marzo de 2014

JOSÉ LUIS DIMAS ANTUÑA: CONSOLACIÓN DE UN BAUTIZADO

A Rafael Gigena van Marke (Sin fecha)

Consolación de un bautizado afligido
[Encabeza la copia mecanografiada, que no trae fecha alguna, una nota manuscrita de Juan Antonio Spotorno que dice:] "Dimas Antuña escribió esta admirable carta a mi pedido. [fdo.:] Juan Antonio"

Querido amigo:

Su última carta me da mucha pena y quisiera contestársela lo más íntimamente que me sea posible: haga de cuenta que no soy quien le escribe, y que esta carta es la palabra de un ángel que habla con su alma. Y desde luego que yo se la escribo con lágrimas, que es la única manera de entrar en la presencia de Dios y hablar al corazón de un amigo.

Primero tengo que decirle que no tiene Ud. nada que agradecerme, y que soy yo quien debo agradecerle a Ud., y a Dios, el favor que me hace de poder ser útil en algo. Así, pues, no me diga que lo que le he enviado le humilla: el humillado y confuso soy yo de no poder hacer más, mucho más, para asistirle y servirle en su dignidad de pobre y en su dignidad de enfermo. Dios le ha elegido para unirlo a sí en el misterio más alto de su vida, que es su Pasión, hecha toda ella de pobreza, dolor y abandono: yo veo su alma con toda verdad puesta en las llagas del Hijo de Dios... Piense, pues, cuál será mi confusión delante de Ud., y no por Ud. mismo, sino por lo que Dios hace en Ud., aunque Ud. no lo sepa y aunque yo apenas pueda verlo.

Mi querido amigo, Ud. se ha quejado alguna vez de mi sequedad y del eco que podían hallar sus quejas (tan justas) en mi corazón. Y bien, quiero decírselo con toda claridad: como amigo suyo y como hombre, como simple hombre nacido de mujer, yo no sé qué contestarle y su sufrimiento me sume en la más completa oscuridad. El dolor es una cosa que pide mejores ojos que los de la cara, y aún que los del corazón: en el dolor hay una oscuridad tan terrible que sólo con otra oscuridad semejante podemos entrar en él y ver algo y decir algo que no sea vano. Sí, solamente la fe está proporcionada al dolor, y yo me avergüenzo de no haber podido hablarle a Ud. antes de ahora contestando sus cartas con espíritu de fe, mirando su alma con los ojos de la fe y acercándome verdaderamente a Ud., no por afuera y como de visita, sino por dentro y en verdadera unión con la Pasión de Nuestro Señor. Quiero, pues, decirle una cosa que creo que responde a lo más íntimo de su carta: Ud. y yo, y todos los que hemos sido bautizados, estamos en Cristo [Con letra esparcida en el original] como pueden estar los peces en el mar o las aves en el aire. En él somos, vivimos y nos movemos, y en él se desarrolla y crece nuestro bautismo, la vida divina que recibimos en nuestro bautismo, conforme a un designio que Dios tiene sobre cada una de sus criaturas, designio que ignoramos por completo, que acaso ni los mismos ángeles conocen, pero que es una cosa tan perfecta, tan precisa, tan infalible que podemos decir que Dios conoce a cada uno de nosotros "por su nombre".

Entrar en ese misterio de por qué hemos sido creados y por qué hemos sido bautizados, nos es imposible: pero aceptarlo, vivirlo, recibirlo enteramente y directamente de las manos de Dios, eso sí lo podemos hacer, y Dios mismo nos pide que lo hagamos para que en ese fiat oscuro y eficacísimo, (pues es el fiat (Fiat, las dos veces escrito con espacio en cada letra) de la criatura al que todo lo puede) él pueda santificarnos y manifestar en nosotros algunos secretos de su gloria. ¿Y qué estoy diciéndole con todo esto? ¿Estoy divagando? ¿Me olvido de su carta, de los sufrimientos y de la desolación de que me habla su carta? No, mi amigo [Las palabras mi amigo parecen estar tachadas en la copia]. Sólo quiero decirle cuánto me apena su carta para poder contestarla ahora palabra por palabra; Ud. ha nacido para ser querido, sí, y la soledad le aterra, y se siente desolado, y no ve el término de sus sufrimientos...

Créame que todo lo que Ud. padece a mí me aflige, me aflige de veras, pero, dígame, por favor, y si nos pusiéramos en presencia de Dios, si nos pusiéramos un poco sobre el pecho de Cristo, y espantáramos un poco esos pensamientos interminables e insolubles que están continuamente rodeándonos como insectos inútiles y cansadores, ¿no cree Ud. que en ese descanso, en ese cerrar los ojos y quedarnos quietos sobre el pecho de Cristo, oiríamos una palabra de consuelo y hallaríamos la verdad de nuestra propia vida?

Por lo menos allí hallaríamos la única palabra posible, la única palabra que estaría a la altura de nuestra desdicha, de nuestra nada y de nuestro dolor; la única palabra viva y no vana. Nosotros vemos la parte negativa, el límite y la usura de todas las cosas, y cuando Dios nos muestra lo positivo de todo eso, lo que él hace en nosotros con el dolor, con la desolación, con la soledad, después de haber entrado en la oración para quejarnos salimos de ella pidiendo a Dios que siga haciendo su obra, que es inmensa, y nos avergonzamos y no nos explicamos cómo hemos podido pedir otra cosa o desear otra cosa que no sea la voluntad de Dios.

Mi querido amigo, cuando Ud. va a ponerse delante del tabernáculo no vaya a preguntarle al Señor. - ¿por qué, Señor? ¿por qué? Esa es una pregunta filosófica; esos por qué los veremos todos en la visión beatífica. No, no pregunte Ud., no hable Ud., póngase allí para oír [subrayado]: quédese quieto, quietito como un niño, y como un niño que sufre, y oiga; y vea que el Señor le tiene a Ud. consigo en la cruz, y que una preferencia tan grande no puede ser sino para algo muy grande. Sé de un amigo que en un momento de desesperación pedía a Dios cualquier cosa, con tal de no ser aquello que sufría; y fue reprendido con estas palabras: - Pero entonces, Ud. quiere elegir su cruz!

Claro que si elegimos la cruz ya no es cruz, sino entretenimiento; ya no es la obra de Dios en nosotros, sino nuestra voluntad y nuestra iniciativa en Dios.
Con el fuego no se juega, con el dolor no se juega. Todo esto viene de Dios directamente y lleva a él directamente, y nos transforma en él de una manera que no sabemos. Ud. está desolado, pero no está solo; Ud. teme la soledad, y la soledad que lo rodea está llena de la presencia de Dios que le ama; Ud. se aterra de su nada, y por esa nada, por llegar a esa nada, todos los santos han luchado, porque esa nada toca las raíces mismas del sér (sic), y de esa nada salen las obras de Dios, las obras perfectas, las que él hace en nosotros, las que nos llevan del sudor de sangre a aquella paz y entrada del alma a Dios, en que Dios mismo nos dice de una manera inefable: - Eres mi hijo, hoy te engendro.

¿Es nada todo esto? ¿Es poco todo esto? Haber sido creados, bautizados, apartados de todos los hombres, reducidos a nada, puestos en la soledad, trabajados por el dolor, y qué dolor, qué tristeza, y qué desolación. ¿Y todo esto para qué? Para que no se perdiera nuestro bautismo; para hallar a Dios, y para hallarlo realmente, en la realidad de su presencia, en la participación de lo más alto de la vida humana de Dios, que fue el aniquilamiento y la desolación de la cruz.
Yo no sé qué le parecerá a Ud. esta carta: léala, por favor, más allá del texto, en la intención con que la escribo y en lo que quiero decirle más bien que en lo que le digo realmente. Haga de cuenta que no me dirijo a Ud. sino a su situación, a su dolor, a todo lo que en su alma parece pura pérdida, y que realmente estaría perdido si no fuera que el Señor ha venido a buscar "lo que estaba perdido".

 ¿Por qué me dice que tiene poco coraje? ¿Qué sabe Ud.? Muchos creen que tienen poca virtud y sin embargo Dios los tiene de su mano, y no caerán nunca, y llegará día en que vean el por qué, y el término, y el objeto de su sufrimiento. ¿No ha leído Ud. en la Escritura que Dios dice: Mis pensamientos no son como vuestros pensamientos? Y tampoco sus obras; y por eso es tan oscuro todo lo que hace. Tenga ánimo, mi buen amigo. Yo no le pido un optimismo psicológico, una alegría sentimental, falsa y necia, que cierre los ojos a la evidencia inmediata: lo que yo le pido es que, puesto en ese límite de dolor y sufrimiento a que Dios lo ha llevado, se ponga Ud. en la presencia de Dios y pase Ud., por aceptación íntegra y generosa de todo eso, a la participación de la Pasión de Cristo, que es lo que habrá de liberar su alma. Yo no quiero engañarle a Ud. (con esa repugnante técnica de mentiras con que se rodea a los enfermos), ni decirle: - Ud. no sufre. Ni quiero tampoco que me diga: - Yo no sufro. Lo único que le pido es que mire si en ese sufrimiento no hay algo más que el sufrimiento mismo. Y no diga que sus cartas me cansan, que son tristes, que traen siempre el mismo tema: Ud. sufre y me confía su sufrimiento, ¿puede haber mayor prueba de amistad? Escríbame, que eso será un bien para Ud., y será un bien para mí, pues yo llevaré su carta, lo que me dice su carta, cuando voy a misa, cada día, para no presentarme con las manos vacías. ¡Fíjese Ud. lo que me da para ponerlo en el altar y en el cáliz, para ofrecerlo cada día al Padre junto con la Sangre del Hijo!

Vuelvo a decirle, ni su vida, ni mi vida, ni la vida de ningún hombre tiene sentido fuera de esa presencia de Dios a que Dios nos llama. Un santo dice: Vides crux, non vides unctio. Ves la cruz, no ves la unción: ves y sientes lo que padeces, pero no ves lo que Dios hace en ti con tus padecimientos, no ves la unción real y sacerdotal, no ves la semejanza filial que Dios está formando en tu alma. Si pudiéramos ver esto moriríamos de alegría. Por haber gustado los santos algo de esto han pedido a Dios y se han infligido a sí mismos todos los tormentos imaginables. Nosotros no somos santos pero estamos bautizados y por ahí somos miembros de Cristo. ¿No cree Ud. que en esto hay un misterio grande y una esperanza que no engaña? Perdóneme esta carta demasiado larga... [No sabemos cómo se despide y firma Dimas Antuña, pues no disponemos del original].

sábado, 8 de marzo de 2014

LA VOZ DE LOS PADRES PARA EL I DOMINGO DE CURESMA (A)


San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1

Cualquiera que seas, por grandes que sean las tentaciones que sufras después del bautismo, no te turbes por ello, más bien permanece firme. Pues has recibido las armas para combatir, no para estar ocioso. Y esa es la razón por la que Dios no te exceptúa de las tentaciones. Primero, para que te des cuenta que ahora eres mucho más fuerte. Segundo, para que te mantengas en moderación y humildad y no te engrías por la grandeza de los dones recibidos. Tercero, para que el demonio que acaso duda si realmente lo has abandonado, por la prueba de las tentaciones, puede tener seguridad de que te has apartado de él. Cuarto, la resistencia te hace más fuerte que el hierro mejor templado. Quinto, las tentaciones te dan la mejor prueba de los preciosos tesoros que se te han confiado. Pues, si no hubiera visto el diablo que estás ahora constituido en más alto honor y altura, no te tentaría.


San Agustín, de Trinitate, 4,13
¿Por qué se ofreció a ser tentado? Para constituirse en mediador que venciese las tentaciones, no sólo con su auxilio, sino con su ejemplo.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,1
Pero sépase que la tentación se hace de tres maneras: por sugestiones, por delectaciones y por consentimiento. Cuando nosotros somos tentados, empezamos por la sugestión, cayendo después en la delectación y en el consentimiento, pues obramos según las tendencias del pecado, propagado con la naturaleza, y por ello sufrimos las tentaciones. Pero Dios que se había encarnado en las entrañas de una Virgen, había venido al mundo sin pecado; por ello, ninguna lucha debía sentir en sí. Pudo ser tentado por sugestión, pero la delectación no pudo ofender su inteligencia y por ello, aquella tentación del diablo fue exterior y no afectó al interior.


San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1
Para que conozcas cuán útil y bueno es el ayuno y qué clase de escudo es contra el diablo y por qué después del bautismo conviene ayunar y no vivir sujetos a apetitos inmoderados, quiso ayunar Jesús, no porque El lo necesitase, sino para enseñarnos.

viernes, 7 de marzo de 2014

FRAY NELSON MEDINA: LA MÚSICA CRISTIANA Y LAS HEREJÍAS POR OMISIÓN


Al comienzo de la Misa confesamos públicamente que somos pecadores de pensamiento, palabra, obra… y omisión. Siempre he creído que la parte de la omisión la omitimos demasiado en demasiadas consideraciones relativas a nuestra fe y nuestra vida cristiana. por definición lo omitido es aquello a lo que uno no ha prestado la atención, el cuidado o el esfuerzo que se merece; ello mismo hace que uno esté como predispuesto a seguir ignorando lo que ya ha empezado a ignorar, y así las omisiones se apilan unas sobre otras, endureciendo de paso la conciencia.

Estas realidades no son sólo personales. También los grupos humanos se acostumbran a ignorar porciones enteras de su realidad o clases enteras de ciudadanos, con lo cual dejan listo el terreno para los abusos raciales, étnicos o económicos. los bien fundados cimientos del prejuicio vuelven ciegos nuestros ojos, mientras nuestros oídos se acostumbran a estribillos como “el pobre es perezoso,” “el negro es menos inteligente,” “el gitano es ladrón,” “el paria nada merece, sino desprecio.” La omisión sistemática degenera así en odio.

En la religión existe también la posibilidad de la omisión como sistema, y el ejemplo que viene a mi mente es el de aquellas personas que, en aras de un ecumenismo superficial, o por pura comodidad emocional, quieren alimentar su fe cristiana asistiendo a grupos no católicos, o conciertos “cristianos” (que propiamente deberían llamarse protestantes o evangélicos). Quienes alaban o adoran a Cristo siguiendo las melodías de las estrellas de la Música Cristiana difícilmente reconocerían un hecho fundamental: sus corazones se están nutriendo deficientemente, se están desnutriendo, y sus mentes se están acostumbrando a prescindir sistemáticamente de aspectos básicos de la misma revelación cristiana.

En tales casos, los sermones o canciones de estos protestantes hacen daño no por lo que dicen sino por lo que sistemáticamente no dicen. A veces aludo a este hecho afirmando que para matar a una persona puedes hundirle un puñal o también dejar de alimentarla. La fe en la Eucaristía, en la confesión, en la presencia de Cristo-Cabeza en el sacerdote; la necesidad del magisterio de la Iglesia y la unión con 20 siglos de fe transmitida y vivida; la importancia y el ejemplo de los mártires y de los santos… todo ello simplemente no existe en Marcos Witt, ni tampoco existe en las docenas y docenas de grupos cristianos que añaden más instrumentos y arreglos pero sin completar jamás la doctrina.

Claramente el flanco de la Iglesia Católica que está más próximo a dejarse llevar por esa marea de omisiones es la Renovación Carismática (RCC). He visto por propia experiencia que los ministerios de música de la RCC suelen tomar como referencia y gran ideal a las bandas, conjuntos o autores de música cristiana, como si estos fuera el paradigma del verdadero servicio de alabanza. Lo que allí cuenta no es la verdad de lo que se canta sino el impacto musical, emocional o subjetivo que tengan los eventos o los cantantes. No es extraño que un número no despreciable de los ministerios católicos sientan que su siguiente paso lógico es independizarse (de toda tutela dentro de la Iglesia) y empezar a “hacerse un nombre” a base de publicar sus propias composiciones con sus propios arreglos. En algunos casos el asunto acaba muy mal, a saber, con todo el antiguo “ministerio de música” ministrando en adoración dentro de alguna comunidad evangélica.

por supuesto, no se trata de demonizar lo protestante. Pero así como uno ve que no se puede vivir de devocionales protestantes sin perder demasiada sustancia de nuestra fe, así debería uno ver el riesgo que se corre al volverse adicto a un tipo de música que exalta sólo algunos aspectos–los más individuales y subjetivos de la fe–en desmedro de los aspectos más comunitarios e históricos. La solución, desde mi punto de vista, no es un retorno nostálgico al solo latín, la música de órgano o la polifonía. Alguien dijo: “Hay gente para la cual dudar de algo es empezar a creer apasionadamente lo opuesto.” Así también digo yo: Hay católicos para los cuales evitar el progresismo equivale a canonizar el pre-concilio. Y sin embargo creo que debe haber modos más sabios, humildes y provechosos de pensar estas cosas y de ser fieles al querer de Dios para su pueblo.

Fr. Nelson Medina, O.P.
FUENTE http://fraynelson.com/blog

miércoles, 5 de marzo de 2014

JUAN PABLO II: MISERERE- SALMO 50 (3)


Todas las semanas, la liturgia de las Laudes nos propone nuevamente el salmo 50, el célebre Miserere. Ya lo hemos meditado otras veces en algunas de sus partes. También ahora consideraremos en especial una sección de esta grandiosa imploración de perdón: los versículos 12-16.

Es significativo, ante todo, notar que, en el original hebreo, resuena tres veces la palabra «espíritu», invocado de Dios como don y acogido por la criatura arrepentida de su pecado: «Renuévame por dentro con espíritu firme; (...) no me quites tu santo espíritu; (...) afiánzame con espíritu generoso» (vv. 12. 13. 14). En cierto sentido, utilizando un término litúrgico, podríamos hablar de una «epíclesis», es decir, una triple invocación del Espíritu que, como en la creación aleteaba por encima de las aguas (cf. Gn 1,2), ahora penetra en el alma del fiel infundiendo una nueva vida y elevándolo del reino del pecado al cielo de la gracia.

 Los Padres de la Iglesia ven en el «espíritu» invocado por el salmista la presencia eficaz del Espíritu Santo. Así, san Ambrosio está convencido de que se trata del único Espíritu Santo «que ardió con fervor en los profetas, fue insuflado (por Cristo) a los Apóstoles, y se unió al Padre y al Hijo en el sacramento del bautismo» (El Espíritu Santo I, 4, 55: SAEMO 16, p. 95). Esa misma convicción manifiestan otros Padres, como Dídimo el Ciego de Alejandría de Egipto y Basilio de Cesarea en sus respectivos tratados sobre el Espíritu Santo (Dídimo el Ciego, Lo Spirito Santo, Roma 1990, p. 59; Basilio de Cesarea, Lo Spirito Santo, IX, 22, Roma 1993, p. 117 s).

También san Ambrosio, observando que el salmista habla de la alegría que invade su alma una vez recibido el Espíritu generoso y potente de Dios, comenta: «La alegría y el gozo son frutos del Espíritu y nosotros nos fundamos sobre todo en el Espíritu Soberano. Por eso, los que son renovados con el Espíritu Soberano no están sujetos a la esclavitud, no son esclavos del pecado, no son indecisos, no vagan de un lado a otro, no titubean en sus opciones, sino que, cimentados sobre roca, están firmes y no vacilan» (Apología del profeta David a Teodosio Augusto, 15, 72: SAEMO 5, p. 129).

3. Con esta triple mención del «espíritu», el salmo 50, después de describir en los versículos anteriores la prisión oscura de la culpa, se abre a la región luminosa de la gracia. Es un gran cambio, comparable a una nueva creación: del mismo modo que en los orígenes Dios insufló su espíritu en la materia y dio origen a la persona humana (cf. Gn 2,7), así ahora el mismo Espíritu divino crea de nuevo (cf. Sal 50,12), renueva, transfigura y transforma al pecador arrepentido, lo vuelve a abrazar (cf. v. 13) y lo hace partícipe de la alegría de la salvación (cf. v. 14). El hombre, animado por el Espíritu divino, se encamina ya por la senda de la justicia y del amor, como reza otro salmo: «Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi Dios. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana» (Sal 142,10).

4. Después de experimentar este nuevo nacimiento interior, el orante se transforma en testigo; promete a Dios «enseñar a los malvados los caminos» del bien (cf. Sal 50,15), de forma que, como el hijo pródigo, puedan regresar a la casa del Padre. Del mismo modo, san Agustín, tras recorrer las sendas tenebrosas del pecado, había sentido la necesidad de atestiguar en sus Confesiones la libertad y la alegría de la salvación.

Los que han experimentado el amor misericordioso de Dios se convierten en sus testigos ardientes, sobre todo con respecto a quienes aún se hallan atrapados en las redes del pecado. Pensamos en la figura de san Pablo, que, deslumbrado por Cristo en el camino de Damasco, se transforma en un misionero incansable de la gracia divina.

5. Por última vez, el orante mira hacia su pasado oscuro y clama a Dios: «¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío!» (v. 16). La «sangre», a la que alude, se interpreta de diversas formas en la Escritura. La alusión, puesta en boca del rey David, hace referencia al asesinato de Urías, el marido de Betsabé, la mujer que había sido objeto de la pasión del soberano. En sentido más general, la invocación indica el deseo de purificación del mal, de la violencia, del odio, siempre presentes en el corazón humano con fuerza tenebrosa y maléfica. Pero ahora los labios del fiel, purificados del pecado, cantan al Señor.

Y el pasaje del salmo 50 que hemos comentado hoy concluye precisamente con el compromiso de proclamar la «justicia» de Dios. El término «justicia» aquí, como a menudo en el lenguaje bíblico, no designa propiamente la acción punitiva de Dios con respecto al mal; más bien, indica la rehabilitación del pecador, porque Dios manifiesta su justicia haciendo justos a los pecadores (cf. Rm 3,26). Dios no se complace en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su conducta y viva (cf. Ez 18,23).

PAPA FRANCISCO: LA CUARESMA ES UN TIEMPO "FUERTE"

Comienza hoy, miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal de cuarenta días que nos llevará al Triduo
Pascual, recuerdo de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón, centro, del misterio de nuestra salvación. La Cuaresma nos prepara a este momento tan importante, y por eso la Cuaresma es un tiempo "fuerte", un punto de inflexión que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión. Todos nosotros necesitamos mejorar, cambiar a mejor, y la Cuaresma nos ayuda a salir de las costumbres cansadas y de la perezosa adicción al mal que nos insidia. En el tiempo cuaresmal, la Iglesia nos dirige dos importantes invitaciones: tomar conciencia más viva de la obra redentora de Cristo; vivir con mayor compromiso el propio Bautismo.

La conciencia de las maravillas que el Señor ha obrado por nuestra salvación dispone nuestra mente y nuestro corazón a una actitud de gratitud a Dios por lo que Él nos dio, por todo lo que realiza a favor de su Pueblo y de la entera el humanidad. Desde aquí comienza nuestra conversión: ésta es la respuesta agradecida al misterio estupendo del amor de Dios. Cuando nosotros vemos este amor que Dios tiene por nosotros, sentimos el deseo de acercarnos a Él y ésta es la conversión.

Vivir a fondo el Bautismo –aquí está la segunda invitación– significa no acostumbrarnos a las situaciones de degradación y miseria que nos encontramos caminando por las calles de nuestras ciudades y nuestros países. Existe el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y de no asombrarnos ante las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si se tratara de una noticia diaria asumida; nos acostumbramos a los hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo donde refugiarse. Nos acostumbramos a los prófugos en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debería. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende prescindir de Dios, en la que los padres ya no enseñan a sus hijos a orar ni a hacerse la señal de la cruz. Y yo les pregunto: sus hijos, sus niños, ¿saben hacerse el signo de la cruz? Piensen: ¿sus nietos saben hacerse el signo de la cruz? ¿Les enseñaron a hacerlo? Piensen y contesten en su corazón. ¿Saben rezar el Padrenuestro? ¿Saben rezar a la Virgen con el Avemaría? Piensen y respóndanse a ustedes mismos. ¡Este acostumbrarnos a comportamientos no cristianos y cómodos nos narcotiza el corazón!

La Cuaresma llega a nosotros como un tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar frente a la realidad del mal que siempre nos desafía. La Cuaresma se vive como un tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite mirar con ojos nuevos a los hermanos y a sus necesidades. Por esto la Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propio la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, el cual “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Meditando los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos daremos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos dio por la iniciativa gratuita de Dios.

Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica, conversión y apertura del corazón a los hermanos: estos son los elementos esenciales para vivir el tiempo de Cuaresma. En este camino, queremos invocar con particular confianza la protección y la ayuda de la Virgen María: que sea Ella, la primera creyente en Cristo, la que nos acompañe en los días de oración intensa y penitencia, para llegar a celebrar purificados y renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo. ¡Gracias! + 

miércoles, 26 de febrero de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA : LA ORACIÓN DE ANA ( Madre Samuel)

Conozcamos a Samuel, un hombre de Dios, el último juez y quién ungirá al primer rey de Israél. Conozcamos hoy a sus padre Ana y Elcana

martes, 25 de febrero de 2014

MEDJUGORJE 25 DE FEBRERO 2014



Marija during an apparition


“Queridos hijos! Ven, oyen y sienten que en los corazones de mucha gente no está Dios: no lo quieren, porque están lejos de la oración y no tienen paz. Ustedes, hijitos, oren, vivan los mandamientos de Dios. Ustedes sean oración, ustedes que desde el principio mismo han dicho "sí" a mi llamado. Testimonien a Dios y mi presencia, y no olviden, hijitos, Yo estoy con ustedes y los amo. Día a día los presento a todos a mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”

lunes, 24 de febrero de 2014

HORACIO BOJORGE SJ: SOBERBIA Y VANAGLORIA


1.- Vamos a tratar juntos estos dos pecados capitales porque están muy unidos entre sí.


* La soberbia es el deseo desordenado de excelencia propia. A ella se opone la virtud de la Humildad. El humilde, obedece a Dios, busca su gloria y lo alaba.

* La vanagloria es el deseo desordenado de prestigio, de fama, del aplauso o la admiración de los demás, o simplemente la aprobación, o por lo menos la aceptación de los demás. A ella se opone la virtud de la Modestia. El modesto no busca su propia gloria ni quiere imponerse a otros.

2.- El soberbio lo es en primer lugar frente a Dios, luego se muestra soberbio ante los demás. Y al exigir que los demás reconozcan su superioridad, incurre en vanidad. Y así se hace dependiente, pasando de señor a esclavo y dependiente del ajeno reconocimiento.

3.- El vanidoso lo es frente a los demás. Su vanidad: o bien nace de la soberbia, o bien lo precipita en ella haciéndolo olvidar la gloria de Dios por buscar la propia.

4.- El arquetipo (=modelo primero y principal) de la soberbia es el Ángel malo cuya rebeldía ante Dios se expresa con la frase: "Non serviam" = "No te serviré". La soberbia se manifiesta como desobediencia a Dios. Por lo tanto, en todo pecado, por desobediencia a uno o varios mandamientos que manifiestan la voluntad de Dios, hay soberbia = desobediencia.

5.- A imagen y semejanza del Ángel caído, el Rey perverso del que habla el profeta Daniel, es el prototipo del hombre soberbio. Ese rey: "... obrará a su antojo; se engreirá y se exaltará por encima de todos los dioses y proferirá cosas inauditas contra el Dios de los dioses;... prosperará hasta que haya colmado la medida de la Ira de Dios...se exaltará a sí mismo por encima de todos. En lugar del Dios verdadero, venerará al dios de la guerra, le rendirá culto con oro y plata, piedras preciosas y joyas... y a los que lo reconozcan dios los colmará de honores dándoles el dominio sobre muchos y repartiéndoles la tierra como recompensa" (Daniel 11,36-39).

6.- El arquetipo social o cultural de la soberbia y vanagloria es Babel, como veremos enseguida.

7.- Por el contrario: el arquetipo tanto de la Humildad como de la Modestia, es Jesús: siervo sufriente que viene a hacer la voluntad del Padre y a obedecerle. Y también lo es María

martes, 18 de febrero de 2014

SAN GREGORIO MAGNO: SABER HABLAR Y SABER CALLAR

De la Regla pastoral de San Gregorio Magno, PapaLibro 2, 4: PL 77, 30-3 1

El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.

Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.

¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.

Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.


Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.

lunes, 17 de febrero de 2014

GENEALOGÍA DE JESÚS EN LUCAS


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¿Cuál sería este contenido? El cardenal Danielou lo ha señalado con precisión: «Mostrar que el nacimiento de Jesús no es un acontecimiento fortuito, perdido dentro de la historia humana, sino la realización de un designio de Dios al que estaba ordenado todo el Antiguo Testamento». Dentro de este enfoque, Mateo -que se dirige a los judíos en su evangelio- trataría de probar que en Jesús se cumplen las promesas hechas a Abrahán y David. Lucas -que escribe directamente para paganos y convertidos- bajará desde Cristo hasta Adán, para demostrar que Jesús vino a salvar, no sólo a los hijos de Abrahán, sino a toda la posteridad de Adán. A esta luz las listas evangélicas dejan de ser aburridas y se convierten en conmovedoras e incluso en apasionantes.

Escribe Guardini:
¡Qué elocuentes son estos nombres! A través de ellos surgen de las tinieblas del pasado más remoto las figuras de los tiempos primitivos. Adán. penetrado por la nostalgia de la felicidad perdida del paraíso; Matusalén, el muy anciano; Noé. rodeado del terrible fragor del diluvio; Abrahán, al que Dios hizo salir de su país y de su familia para que formase una alianza con él; Isaac, el hijo del milagro, que le fue devuelto desde el altar del sacrificio; Jacob, el nieto que luchó con el ángel de Dios... ¡Qué corte de gigantes del espíritu escoltan la espalda de este recién nacido!

Pero no sólo hay luz en esa lista. Lo verdaderamente conmovedor de esta genealogía es que ninguno de los dos evangelistas ha «limpiado» la estirpe de Jesús. Cuando hoy alguien exhibe su árbol genealógico trata de ocultarlo, por lo menos, de no sacar a primer plano las «manchas» que en él pudiera haber; se oculta el hijo ilegitimo y mucho más el matrimonio vergonzoso. No obran así los evangelistas. En la lista aparece -y casi subrayado- Farés, hijo incestuoso de Judá; Salomón, hijo adulterino de David.

Y digo que casi lo subrayan porque no era frecuente que en las genealogías hebreas aparecieran mujeres; aquí aparecen cuatro y las cuatro con historias tristes. Tres de ellas son extranjeras (una cananea, una moabita, otra hitita) y para los hebreos era una infidelidad el matrimonio con extranjeros. Tres de ellas son pecadoras. Sólo Ruth pone una nota de pureza. No se oculta el terrible nombre de Tamar, nuera de Judá, que, deseando vengarse de él, se vistió de cortesana y esperó a su suegro en una oscura encrucijada. De aquel encuentro incestuoso nacerían dos ascendientes de Cristo: Farés y Zara. Y el evangelista no lo oculta. Y aparece el nombre de Rajab, pagana como Ruth. y «mesonera», es decir, ramera de profesión. De ella engendró Salomón a Booz.

Y no se dice -hubiera sido tan sencillo- «David engendró a Salomón de Betsabé», sino, abiertamente, «de la mujer de Urías». Parece como si el evangelista tuviera especial interés en recordarnos la historia del pecado de David que se enamoró de la mujer de uno de sus generales, que tuvo con ella un hijo y que, para ocultar su pecado, hizo matar con refinamiento cruel al esposo deshonrado.

¿Por qué este casi descaro en mostrar lo que cualquiera de nosotros hubiera ocultado con un velo pudoroso? No es afán de magnificar la ascendencia de Cristo, como ingenuamente pensaban los racionalistas del siglo pasado; tampoco es simple ignorancia. Los evangelistas al subrayar esos datos están haciendo teología, están poniendo el dedo en una tremenda verdad que algunos piadosos querrían ocultar pero que es exaltante para todo hombre de fe: Cristo entró en la raza humana tal y como la raza humana es, puso un pórtico de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- pero aceptó, en todo el resto de su progenie, la realidad humana total que él venia a salvar.