domingo, 28 de junio de 2015

CARD.GIACOMO BIFFI: San Pedro, una respuesta de fe y una profecía

«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» (Mt 16,13). «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16,15).
Desde que apareció en la tierra, Jesús siempre ha sido para los hombres un enigma inquietante. ¿Quién es Jesús? Ninguno, por más que se haga el indiferente o el desinteresado, puede huir de esta interrogante durante todo el tiempo de su existencia.

En el pasaje que hemos leído, Jesús mismo presenta la provocativa cuestión, y parece querer evaluar el decir de la "gente" (a la opinión común), y busca también la respuesta de los Apóstoles del Señor, esto es de la Iglesia.

El mundo da como respuesta pareceres muy diversos, en una gran confusión: «Algunos… otros… otros». La Iglesia, por boca de Pedro da como respuesta la verdad, que no puede ser sino una y permanecer una e idéntica a través de los siglos.

¿Quién es Jesús? ¿Un genio que ha intuido antes que lo otros las exigencias de la justicia y del amor que se encuentran en el corazón humano o un desequilibrado que llega a creerse Dios? ¿Un gran maestro de la existencia o un revolucionario fracasado? ¿Un gran sabio difunto para recordar, pero que no pude salvar porque él mismo ha muerto o nada menos que un exaltado que ha pedido a sus discípulos amarlo más a que al padre o a la madre?

En la babel de estas hipótesis (que son así formuladas) se destaca simple y claramente la respuesta de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). «El Cristo», es decir el «Mesías», Aquel que los hombres han esperado desde siempre; Aquel que es el objeto de la nostalgia y del gran deseo espontáneo de todo espíritu humano que no ha renunciado a pensar; Aquel que ha sido enviado por Dios para reconducirnos a Dios. Tomen consciencia, no uno elegido por los hombres para interpretar sus aspiraciones, sino él enviado por el Creador del universo para revelar el hombre al propio hombre y para señalar a todos el destino pensado para nosotros.


«El Hijo de Dios vivo», enviado a nosotros, pero no por una divinidad abstracta y lejana, gélida e infinitamente indiferente, sino por Dios vivo; esto es de Dios que vive y da la vida; Dios que es centro de nuestro existir, que cuando no sabemos referirlo a Dios vivo aparece denso, insensato, y desierto absurdo.

Es «El Hijo de Dios vivo», porque está permanentemente vivo, tanto como está perennemente vivo su Padre. Señalo por ello que la muerte que lo ha podido tocar, sin embargo no lo ha podido retener en su dominio. Él ha resucitado, y aún hoy está verdadera y plenamente vivo.
Miremos bien que en la respuesta de Pedro no solamente está incluida una respuesta de fe, sino también una profecía. Una profesión de fe en la divinidad de Jesús de Nazaret, aunque ha compartido la existencia doliente y fatigada de tantos. Y la profecía en la resurrección, que es el modelo y el principio de la nuestra.

JULIO ALONSO AMPUERO: DESDE EL FONDO DE LA DECEPCIÓN


(Texto bíblico: Lc 24,13-35)
Uno se llamaba Cleofás; el otro, no sabemos. Pero conocemos perfectamente su estado de ánimo después de los acontecimientos terribles de la pasión y muerte de Jesús (Lc 24,13-35).

Habían sido discípulos de Jesús. Habían sido testigos de su predicación, de las palabras increíbles del rabí de Nazaret que hablaba con autoridad y no como los escribas (cfr. Mc 1,22). Habían sido testigos de sus milagros. Nadie había hecho nunca nada semejante. 

Una y otra vez habían experimentado el asombro ante este Jesús que «fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo».

Todo ello les había hecho forjarse ilusiones. En una situación tan dura como la que atravesaba el pueblo de Israel bajo el yugo romano, seguramente había surgido por fin el liberador. Como había ocurrido antaño cuando la opresión de los israelitas en Egipto, Dios había vuelto a suscitar el hombre con el que sacudirse al opresor injusto: «Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel».

«Esperábamos...» No hace falta esforzarse mucho para percibir en estas palabras una enorme amargura y una profunda decepción. Había unas expectativas muy concretas que han quedado defraudadas. Estos dos hombres –quizá jóvenes llenos de ilusión por un futuro mejor– han quedado hondamente desilusionados... Se sienten decepcionados por el rabí de Nazaret en quien habían puesto todas sus esperanzas.

En efecto, Jesús no ha sido el libertador que ellos esperaban: «Nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron». El contraste entre sus expectativas y el resultado ha sido demasiado brusco: «llevamos ya tres días desde que esto pasó».

La decepción y la amargura son tan profundas que la noticia del sepulcro vacío y de la aparición de los ángeles les resulta imposible de creer. Para ellos la muerte de Jesús es irreversible: «pero a él no le vieron».

Por eso regresan a su pueblo y a sus ocupaciones. Quizá un día habían dejado sus cosas y tareas para seguir a Jesús, entusiasmados con Él. Hoy sólo existe el desencanto. Por eso vuelven a lo de antes. Ya no esperan nada. Piensan que no vale la pena volver a ilusionarse. Están de vuelta...

La experiencia de los de Emaús es quizá también la nuestra. Nos sentimos decepcionados por la Iglesia, que nos parece que no está a la altura debida. Nos ha defraudado tal grupo o comunidad o tal sacerdote en quien confiábamos. Hay quien siente incluso que le ha fallado el mismo Dios, porque parece que sus hermosas promesas no se cumplen...

A veces hay quien ha experimentado la decepción porque le falló su mejor amigo, o su marido, o su mujer... y ya no se fía de nadie. No quiere por nada en el mundo que le vuelvan a herir. No está dispuesto a sufrir de nuevo el mazazo de la frustración.

La decepción es una de las experiencias más duras del ser humano, porque corre el riesgo de destruir algo de lo más grande que hay en él: la esperanza. Y es tanto más dolorosa cuanto más esperábamos o cuanto más importante y sagrado es aquel en quien esperábamos; sobre todo si nos sentimos decepcionados por un sacerdote, o por la Iglesia, o por Dios mismo...

Sin embargo, si nos fijamos con atención, Cleofás y su compañero se sienten decepcionados porque han fallado sus expectativas. Las suyas. Jesús no les ha fallado: está vivo y camina con ellos mientras ellos siguen encerrados en su tristeza. Es su mismo abatimiento el que les impide reconocer que todo tenía un sentido.

Jesús mismo tiene que sacudirles para despertar sus mentes embotadas por la desesperanza: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera eso y entrara así en su gloria?»

«Era necesario que Cristo padeciera». Lo que constituía el motivo de su decepción concuerda, sin embargo, con los planes del Padre; más aún, es causa de gloria para Cristo y de salvación para ellos... Sus corazones, gélidos por la decepción, empiezan a calentarse. Dirán después: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino...?»

La decepción se supera cuando dejamos que Cristo nos explique las Escrituras mientras recorremos el camino de nuestra vida. Sí, aquel sufrimiento era «necesario», es decir, formaba parte de los planes del Padre para mi bien. «Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus justos mandamientos», había exclamado el Salmista (Sal 119,71). Aquella situación negativa tenía sentido...

El secreto está en no encerrarnos en nuestra lógica a ras de tierra y en dejarnos levantar a otra lógica superior. Varios siglos antes de Cristo, Isaías había proclamado de parte de Dios: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, mis caminos no son vuestros caminos. Como se levanta el cielo sobre la tierra, así mis caminos son más altos que los vuestros, mis pensamientos que vuestros pensamientos» (Is 55,8-9).

Lo que constituía motivo de decepción para los de Emaús va a acabar constituyendo motivo de gloria y de salvación para ellos mismos. De hecho, Pablo exclamará: «¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!» (Gal 6,14), porque la cruz es «fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1,24).

No, Dios no falla nunca. Fallan nuestras expectativas, fracasan nuestros planes, quedan defraudadas nuestras ilusiones. Pero Dios no falla. Ninguna de sus promesas deja de cumplirse (Jos 21,45; 23,14). Por eso, «la esperanza no defrauda» (Rom 5,5). «Los que esperan en el Señor no quedan defraudados» (Sal 25,3).

De hecho, los de Emaús comprueban que Jesús, lejos de fallarles, ha colmado de manera insospechada sus expectativas. Pero, eso sí, de otro modo muy distinto al que ellos esperaban. Por eso, a pesar de lo tardío de la hora y del cansancio del camino de ida, emprenden inmediatamente el camino de regreso a Jerusalén para hacer partícipes a los demás de su gozo.

En cierto modo es inevitable que surjan decepciones en nuestra vida. El secreto está en que no nos encerremos en la amargura que ellas producen. Si dejamos a Jesús Resucitado caminar con nosotros, Él mimo nos explicará las Escrituras, hará arder nuestro corazón y sanará la herida de la decepción. Entenderemos que «era necesario», que «tenía sentido», que «los planes de Dios no eran los nuestros»... Entonces sentiremos que la esperanza brota de nuevo en nosotros y nos inunda la alegría. Y correremos a hacer partícipes de ella a los demás...

BENEDICTO XVI: SAN PEDRO, EL PESCADOR


Después de Jesús, Pedro es el personaje más conocido y citado en los escritos neotestamentarios: es mencionado 154 veces con el sobrenombre de Pétros, "piedra", "roca", que es traducción griega del nombre arameo que le dio directamente Jesús: Kefa, atestiguado nueve veces sobre todo en las cartas de san Pablo. Hay que añadir el frecuente nombre Simón (75 veces), que es una adaptación griega de su nombre hebreo original Simeón (dos veces: Hch 15, 14; 2 P 1, 1).

Simón, hijo de Juan (cf. Jn 1, 42) o en la forma aramea, bar-Jona, hijo de Jonás (cf. Mt 16, 17), era de Betsaida (cf. Jn 1, 44), una localidad situada al este del mar de Galilea, de la que procedía también Felipe y naturalmente Andrés, hermano de Simón. Al hablar se le notaba el acento galileo. También él, como su hermano, era pescador: con la familia de Zebedeo, padre de Santiago y Juan, dirigía una pequeña empresa de pesca en el lago de Genesaret (cf. Lc 5, 10).

Por eso, debía de gozar de cierto bienestar económico y estaba animado por un sincero interés religioso, por un deseo de Dios —anhelaba que Dios interviniera en el mundo— un deseo que lo impulsó a dirigirse, juntamente con su hermano, hasta Judea para seguir la predicación de Juan el Bautista (cf. Jn 1, 35-42).

Era un judío creyente y observante, que confiaba en la presencia activa de Dios en la historia de su pueblo, y le entristecía no ver su acción poderosa en las vicisitudes de las que era testigo en ese momento. Estaba casado y su suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaúm, en la casa en que también Simón se alojaba cuando estaba en esa ciudad (cf. Mt 8, 14 s; Mc 1, 29 s; Lc 4, 38 s). Excavaciones arqueológicas recientes han permitido descubrir, bajo el piso de mosaico octagonal de una pequeña iglesia bizantina, vestigios de una iglesia más antigua construida sobre esa casa, como atestiguan las inscripciones con invocaciones a Pedro.

Los evangelios nos informan de que Pedro es uno de los primeros cuatro discípulos del Nazareno (cf. Lc 5, 1-11), a los que se añade un quinto, según la costumbre de todo Rabino de tener cinco discípulos (cf. Lc 5, 27: llamada de Leví). Cuando Jesús pasa de cinco discípulos a doce (cf. Lc 9, 1-6) pone de relieve la novedad de su misión: él no es un rabino como los demás, sino que ha venido para reunir al Israel escatológico, simbolizado por el número doce, como el de las tribus de Israel.

Como nos muestran los evangelios, Simón tiene un carácter decidido e impulsivo; está dispuesto a imponer sus razones incluso con la fuerza (por ejemplo, cuando usa la espada en el huerto de los Olivos: cf. Jn 18, 10 s). Al mismo tiempo, a veces es ingenuo y miedoso, pero honrado, hasta el arrepentimiento más sincero (cf. Mt 26, 75).

Los evangelios permiten seguir paso a paso su itinerario espiritual. El punto de partida es la llamada que le hace Jesús. Acontece en un día cualquiera, mientras Pedro está dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo.
El número de oyentes implica un problema práctico. El Maestro ve dos barcas varadas en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes. Él entonces pide permiso para subir a la barca de Simón y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada, se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca (cf. Lc 5, 1-3). Así, la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús. Cuando acaba de hablar, dice a Simón: "Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 4-5).

Jesús era carpintero, no experto en pesca, y a pesar de ello Simón el pescador se fía de este Rabino, que no le da respuestas sino que lo invita a fiarse de él. Ante la pesca milagrosa reacciona con asombro y temor: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador" (Lc 5, 8). Jesús responde invitándolo a la confianza y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres" (Lc 5, 10).

Pedro no podía imaginar entonces que un día llegaría a Roma y sería aquí "pescador de hombres" para el Señor. Acepta esa llamada sorprendente a dejarse implicar en esta gran aventura. Es generoso, reconoce sus limitaciones, pero cree en el que lo llama y sigue el sueño de su corazón. Dice sí, un sí valiente y generoso, y se convierte en discípulo de Jesús.

Pedro vivió otro momento significativo en su camino espiritual cerca de Cesarea de Filipo, cuando Jesús planteó a sus discípulos una pregunta precisa: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?" (Mc 8, 27). Pero a Jesús no le basta la respuesta de lo que habían oído decir. De quien ha aceptado comprometerse personalmente con él quiere una toma de posición personal. Por eso insiste: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mc 8, 29). Es Pedro quien contesta en nombre de los demás: "Tú eres el Cristo" (Mc 8, 29), es decir, el Mesías. Esta respuesta de Pedro, que no provenía "ni de la carne ni de la sangre", es decir, de él, sino que se la había donado el Padre que está en los cielos (cf. Mt 16, 17), encierra en sí como en germen la futura confesión de fe de la Iglesia.

Con todo, Pedro no había entendido aún el contenido profundo de la misión mesiánica de Jesús, el nuevo sentido de la palabra Mesías. Lo demuestra poco después, dando a entender que el Mesías que buscaba en sus sueños es muy diferente del verdadero proyecto de Dios. Ante el anuncio de la pasión se escandaliza y protesta, provocando la dura reacción de Jesús (cf. Mc 8, 32-33).

Pedro quiere un Mesías "hombre divino", que realice las expectativas de la gente imponiendo a todos su poder. También nosotros deseamos que el Señor imponga su poder y transforme inmediatamente el mundo. Jesús se presenta como el "Dios humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la muchedumbre siguiendo el camino de la humildad y el sufrimiento.
Es la gran alternativa, que también nosotros debemos aprender siempre de nuevo: privilegiar nuestras expectativas, rechazando a Jesús, o acoger a Jesús en la verdad de su misión y renunciar a nuestras expectativas demasiado humanas.

Pedro, impulsivo como era, no duda en tomar aparte a Jesús y reprenderlo. La respuesta de Jesús echa por tierra todas sus falsas expectativas, a la vez que lo invita a convertirse y a seguirlo. "Ponte detrás de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres" (Mc 8, 33). No me señales tú el camino; yo tomo mi camino y tú debes ponerte detrás de mí.

Pedro aprende así lo que significa en realidad seguir a Jesús. Es su segunda llamada, análoga a la de Abraham en Gn 22, después de la de Gn 12: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 34-35). Es la ley exigente del seguimiento: hay que saber renunciar, si es necesario, al mundo entero para salvar los verdaderos valores, para salvar el alma, para salvar la presencia de Dios en el mundo (cf. Mc 8, 36-37). Aunque le cuesta, Pedro acoge la invitación y prosigue su camino tras las huellas del Maestro.

Me parece que estas diversas conversiones de san Pedro y toda su figura constituyen un gran consuelo y una gran enseñanza para nosotros. También nosotros tenemos deseo de Dios, también nosotros queremos ser generosos, pero también nosotros esperamos que Dios actúe con fuerza en el mundo y transforme inmediatamente el mundo según nuestras ideas, según las necesidades que vemos nosotros. Dios elige otro camino. Dios elige el camino de la transformación de los corazones con el sufrimiento y la humildad. Y nosotros, como Pedro, debemos convertirnos siempre de nuevo. Debemos seguir a Jesús y no ponernos por delante. Es él quien nos muestra el camino. Así, Pedro nos dice: tú piensas que tienes la receta y que debes transformar el cristianismo, pero es el Señor quien conoce el camino. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti: sígueme. Y debemos tener la valentía y la humildad de seguir a Jesús, porque él es el camino, la verdad y la vida.

AUDIENCIA GENERAL, Miércoles 17 de mayo de 2006

jueves, 25 de junio de 2015

MEDJUGORJE : LAS CINCO PIEDRAS...

Hoy se cumplen 34 años de los acontecimientos ocurridos en Medjugorje. La Iglesia pacientemente investiga, Benedicto XVI creó una Comísión para estudiar minuciosamente los hechos, y el Papa Francisco ha informado que en breve habrá un pronunciamiento, pero  todavía no se
conocen sus conclusiones, será el Papa quien determine la pertinencia  de los estudios realizados.

Los fieles de todas partes del mundo visitan Medjugorje, y son innumerables los testimonios de conversiones y gracias recibidas. El núcleo de la espiritualidad propuesta en Medjugorje se concentra en las llamadas 5 piedras.

LAS CINCO PIEDRAS

Cuando David salió de su tienda para enfrentarse al temible gigante Goliat, tomó del suelo cinco piedras, única munición para su honda. A pesar de su desproporcionada dimensión respecto a su rival y la aparente precariedad de sus armas, Dios intercedió para que aquel joven, que tenia puesta su confianza en El, obtuviera una victoria que aún hoy sigue maravillándonos. En estos tiempos actuales, nuestro Goliat es el demonio que en todo momento busca destruirnos. Maria, nuestra mejor aliada, en su sabiduría e inteligencia, nos proporciona la solución más eficaz y segura para salir victoriosos: Las Cinco Piedras 

Las 5 piedras que La Reina de la Paz nos proporciona son: La oración con el corazón, el ayuno, la confesión, la Eucaristía y la lectura de la Biblia, son los puntos que María nos da para recorrer un camino de santidad, de paz, de transformación interior totalmente asegurado, un camino sencillo, accesible a todos".

1. LA ORACION  "hijos, orad, la oración es el fundamento de vuestra paz" Si no tienen paz en sus corazones poco importa todo lo demás. Pueden perder la paz un momento como dice San Serafín de Sarov, pero enseguida poniéndose en oración, hundiéndose en la oración encontrarán la paz nuevamente. "Si vivis angustiados, con estrés, es que todavía no orais con el corazón". Esta palabra "con el corazón" nunca acabaremos de entenderla, no se trata de cumplir, de escuchar Misa, de rezar el rosario rápidamente, no se trata de eso. "Dedicad tiempo a Dios" Dios nunca vendrá a nosotros rezando de esta manera, para que Dios establezca su morada en nosotros, para que la unción del Espíritu Santo y su soplo nos visite, hay que tomar tiempo. Hoy, muy poca gente va a la Iglesia a sentarse durante una hora para orar frente al Santísimo Sacramento. Orar con el corazón es esta disposición interior, como dice Santa Teresita: "la oración es un grito de amor hacia el cielo". Tomad tiempo con Dios. Marija, una de las videntes, regresando de Rusia, estaba totalmente sorprendida y comento en Europa: La gente en aquel país como en cualquier otro, pide egoístamente, sus oraciones van referidas a ellos mismos a sus intereses, "reza por mí, por mi abuelo, por mi país", yo, yo, yo, esto no es posible, esto no es oración. La Virgen María dijo: "Hijos, rezad por mis intenciones y yo me encargaré de vuestras preocupaciones, de vuestros dolores", eso es la verdad. La gente no cree porque no se abren realmente al Espíritu Santo, no se abren a la paz de Dios. Entonces, la oración del corazón es la clave para aprender junto con María a orar.  

2. EL AYUNO Tienen que perseverar en la oración y el ayuno. Ayunar a pan y agua, los miércoles y viernes. Pueden comenzar absteniéndose de las comidas o del desayuno, ustedes verán la forma con la que cada uno puede comenzar poco a poco a hacer sus ayunos. No se preocupen por la falta de alimento, no morirán, vivimos en un mundo en que todos tomamos como compulsión la comida, como adicción, nos sobrealimentamos, por eso hay tantas enfermedades, colesterol, cáncer, etc. porque la gente come, come, come. El ayuno nos purifica el alma, el ayuno nos permite realmente dominar, tener el dominio de sí, fruto del Espíritu Santo. (Carta a los Gálatas). María dijo: "La Iglesia Católica olvidó el ayuno. Por la oración y el ayuno hijitos, pueden obtener cualquier cosa". ¿Desean la conversión de alguien de sus familias?, pónganse a orar a ayunar y verán el cambio. Por supuesto, Jesús lo había dicho en el Evangelio cuando regresaban sus discípulos: "no hemos podido sacar este demonio. Y Jesús dijo: hay demonios que solamente salen con la oración y el ayuno". Si quieren vivir en paz hijitos, háganse una vida sencilla. El ayuno repara, es muy poderoso en la intercesión. Hay muchos matrimonios que conozco que descubrieron en Medugorge el ayuno, y Miércoles y Viernes ayunan fielmente. No se trata de tener hambre, dice la Virgen, pueden beber agua. Verán la fuerza del ayuno en la transformación interior, si tienen problemas, rencores, amarguras, resentimientos contra personas y tienen problemas para reconciliarse; la Virgen nos dice: para reconcialirse hay que creer, orar, ayunar y confesarse. Todos los mensajes son muy sencillos y si tú los vives, actúa en ti el Espíritu Santo.

3. LA LECTURA DE LA BIBLIA Vicka le pregunto a la Virgen: ¿por qué lloras? "porque los cristianos dejaron de leer la Palabra de Dios". La Virgen pide de leer la Biblia diariamente, aunque empecemos con 10 min. ¿Cómo quieren descubrir la verdad? ¿cómo podemos ubicarnos en este mundo lleno de ideologías? Si yo no leo el único libro que me trae al alma la luz del cielo, ¿cómo podemos pasar dos horas o más frente a la televisión que nos presenta una visión totalmente equivocada del mundo y no se cuántas porquerías? Sin embargo, pasar una hora enfrente del Santísimo, eso no lo queremos. ¿Cómo podemos conocer la voluntad de Dios sobre nuestra vida? ¿Cómo podemos discernir cuando tenemos que tomar decisiones si no conocemos la palabra de Dios? "Tu Palabra Señor es una luz sobre mi camino". Nuestra mente y corazón deberían tener continuamente presente los versículos y las palabras de Jesús. Versículos de San Pablo, de sus cartas, para que enfrente de cualquier situación difícil nos brote en el espíritu la palabra adecuada. ¿Cómo quieren que Dios les hable si no conocemos su Palabra? ¡Es imposible! Hay una ignorancia que condene al pecado y a la muerte espiritual que viene del hecho que los que se dicen cristianos católicos no conocen la Palabra de Dios.  ¡Ah!, pero las revistas que nos ofrecen el mundo como "vanidades" u otras, esas si las conocemos y estamos esperando con ansia para leer el siguiente número, y la Palabra de Dios, la Biblia, en un rincón de la casa. La Virgen dice: "Pongan la Biblia en el centro de sus casas, para que recuerden leerla en familia todos los días". Cosas muy sencillas, claro. Un corazón que no recibe todos los días el Pan de la Palabra, se muere. Vivir el Evangelio, no vivir en la ignorancia causa de muchos males. 

4. LA CONFESION  "Hijos si no os confiesais mensualmente, será muy difícil para vosotros convertiros". La confesión, pero la verdadera confesión, no como el 80% de los casos en que me acerco al sacerdote y digo esto, esto y eso y me "limpio", me quito la ropa sucia, la pongo en la lavadora, aprieto el botón y listo. Eso no es confesarse. La confesión necesita el arrepentimiento, por ejemplo: he faltado a misa el domingo, pero esto no es pecado, el pecado es que no amas a Dios y hasta llegas a no tener ninguna clase de arrepentimiento por no haber ido a Misa, no hay arrepentimiento porque no hay amor, entonces, tampoco hay confesión. Esto es claro en Semana Santa, cuando todos quieren confesarse porque es el deber mensual; gente que "dice" sus pecados y al terminar la semana empiezan nuevamente su vida de pecado. Es posible que nosotros también nos parezcamos a estas personas. La confesión es ir con arrepentimiento: perdón Señor, como dice la Palabra de Dios: "te he matado, te he crucificado en mi debilidad, en mi pecado, en mi tibieza. Hay que llorar los pecados, pero si no hay vida de oración con el corazón, no hay verdadera confesión. El Espíritu Santo es el motor de todo, la oración con el corazón es una comunicación con Dios, "durante la oración, Dios los llena, los transforma", dice la Virgen. Si no hay oración con el corazón no hay verdadera confesión con arrepentimiento porque nos falta el Espíritu Santo. En primer lugar, no vemos nuestros pecados, muy a menudo confesamos culpabilidades o tonterías, porque hay que decir algo; pero el verdadero pecado escondido, egoísmos, rencores, apegos materiales los olvidamos. Dice el salmo "Señor, líbrame de mi pecado escondido", especialmente de ese pecado que yo no veo, porque yo no lo quiero ver, y no lo veo porque he puesto tantas defensas y justificaciones bajo una apariencia de piedad, que impiden que la luz del Espíritu Santo llegue hasta mí. Hay que volvernos a reeducar en la confesión con el corazón, con un verdadero arrepentimiento. Son nuestros pecados que clavaron a Cristo sobre la Cruz, no es un chiste, como dijo Jesús a Santa Catalina: ¡No es para reír que he muerto sobre la cruz para ti! La confesión es para descubrir mis pecados y corregirme, no solamente confesarme por confesarme, tener un mes o quince días para volver a pecar y seguir en lo mismo al fin que de todas maneras me confesaré al siguiente mes.

5. LA EUCARISTIA Vuelvo a insistir sobre lo mismo, recibir la Eucaristía con el corazón, es terrible ver hoy, como muchos viven la Misa. La Virgen dice: "Si no os preparais para vivir la Misa con un corazón abierto, mejor quedaos en casa". A la Misa hay que llegar a tiempo, prepararse, disponerse a la oración 10 minutos antes, no llegar tarde, corriendo. "En ningún otro lugar mi hijo derrama tantas gracias como en la Eucaristía, comulgar es más que ser vidente", dice la Virgen. Aquí tienen que meditar los mensajes sobre la Eucaristía, podríamos hablar más de una hora sobre la Eucaristía siendo un tema tan extenso. A la Misa hay que llegar a tiempo, interiorizarse, prepararse a recibir a Jesús. Después de la comunión entrar en su corazón, orar y dar gracias a Dios. Esta es la verdadera espiritualidad. Entonces verán que las cosas cambiarán. Nos dice María: "Si en lugar de llegar corriendo a la Misa pudieran llegar un poco antes para prepararse., y después de haber comulgado, si se pueden quedar, tomen tiempo con Jesús para hablarle, si hacen esto hijitos, verán muchos milagros en sus vidas y menos enfermos de la mente, del corazón y del cuerpo en medio de ustedes".  Este mensaje lo coloque de manera que todos pudieran observarlo a la entrada de la Iglesia. Recibimos el gran Sacramento de la Salvación como un boleto de avión o del metro. La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida, y saben lo que dice la Virgen: "Hijos, asistid a Misa cada vez que las circunstancias lo permitan". Hoy en día el mundo vive en una situación de agonía y desesperación, necesita portadores de luz, de amor y de paz. La Eucaristía es el lugar donde Dios nos transforma. Todos los Sacramentos, toda la devoción, toda la vida espiritual me conduce a la Eucaristía, es el lugar donde mi alma encuentra substancialmente el cuerpo y la sangre de Jesús: "El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida en Mí", y de comunión en comunión Dios va transformando mi alma, mi cuerpo, mi mente, mi afectividad. Es increíble, pero si lo recibimos, sabemos que la Eucaristía actúa en nosotros en la medida de nuestra fe y de nuestro deseo de Dios. Si lo recibo de una manera distraída, hablando con mi vecino, no se hará ningún efecto en mí, Jesús necesita mi permiso para actuar, me respeta.

miércoles, 24 de junio de 2015

SAN JUAN BAUTISTA: PROFETA,MÁRTIR Y AMIGO DE DIOS

San Juan Bautista es un profeta paradigmático, según Jesús; "el más grande de los nacidos de mujer", su palabra penetraba las conciencias adormecidas, invitándolos a la conversión. La inminencia del juicio de Dios que se le ha enviado a anunciar, lo pone en un lugar privilegiado, en la plenitud de los tiempos. Templado en el fuego de Dios, su misión consiste en preparar los corazones de los hombres para la llegada de Dios que está a la puerta...

La Iglesia con la voz profética de Juan te anuncia a tí: "Conviértete, el Señor está a la puerta de tu existencia"



martes, 23 de junio de 2015

RELIQUIA SAN JUAN PABLO II EN URUGUAY


reliquia montevideo

 

Los días 23 y 24 de junio se expondrá para su veneración, en Montevideo, una reliquia de la sangre de San Juan Pablo II. La reliquia llegará de manos de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (SCTJM) y se expondrá el martes 23 en la Catedral y el miércoles 24 en el Santuario del Señor Resucitado, en Tres Cruces.

Las actividades previstas en la Catedral Metropolitana  son: Veneración de 9 a 18 hs. y  Misa a las 12 y  a las 17 hs. Trasmitirá Radio María en Uruguay. En el Santuario del Señor Resucitado, tendrá lugar la Veneración de 9 a 17.15 hs. y  Misa a las 19.30 hs.

A las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María les fue encomendada la reliquia por el postulador de la causa de canonización del Papa Juan Pablo II, Mons. Slawomir Oder, para custodiarla durante su peregrinación por el mundo. El Instituto Religioso Diocesano al que pertenecen estas Hermanas fue fundado en 1990 en la arquidiócesis de Miami, Florida, Estados Unidos, por la Madre Adela Galindo. Tiene como carisma espiritual el “ser viva imagen y presencia del Corazón, Persona y Misión de María en el corazón de la Iglesia” y además  disponer del genio femenino y el carisma Mariano al servicio Petrino.

La reliquia ya ha peregrinado por varias ciudades de los Estados Unidos y hace solo unos días estuvo en Guatemala y en Cuba.

lunes, 22 de junio de 2015

MADRE YO CONFÍO EN TI



Gospa yo confío en ti ...¿Por qué te agitas y confundes antes los problemas de la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te saldrá mejor. Cuando te abandones en Mí de todo corazón todo se resolverá con tranquilidad según los designios de Mi Hijo. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos y dime con calma: Madre yo confío en ti.

Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame a mí ser tu Madre y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en mí. Reposa en mí y deposita en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente: Madre yo confío en ti.

Lo que más daño te hace es tu razonamiento, tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices: Madre yo confío en ti, no seas como el paciente que pide al médico que lo cure pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos maternales, no tengas miedo: Yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o complican a pesar de tu oración, sigue aún confiando, cierra los ojos del alma y confía aún más. Continúa diciéndome a toda hora: Madre yo confío en ti.

Necesito tener las manos libres para obrar. No me las ates con tus preocupaciones infantiles. El enemigo no quiere sino eso: agitarte, angustiarte y quitarte la paz. Confía en Mí, reposa en Mí, abandonándote en Mí. Yo consigo de Mi Hijo los milagros en proporción del abandono y la confianza que tu tengas en Mí. Así que no te preocupes, confíame todas tus angustias y quédate tranquilo, sólo dime a toda hora: Madre yo confío en ti. Vas a ver luego los milagros, te los estoy prometiendo porque soy tu Madre y te Amo.

¡Si supieras cuánto TE AMO llorarías de alegría!

domingo, 21 de junio de 2015

SAN PÍO DE PIETRELCINA: EL AMOR PROPIO, LA PROPIA ESTIMA,LA FALSA LIBERTAD DE ESPÍRITU,SON RAÍCES...

San Giovanni Rotondo, 3-9-1918.

Carísimo :

Que Jesús te conforte y esté siempre contigo.
Recibo tu carta en la que me describes tus imperfecciones y tus penas, y querría poder aliviarte y enviarte algún remedio a tu enfermedad. Pero, hijo mío, siento no poder hacerlo como seria mi deseo, porque ni el tiempo me lo permite ni me acompañan las fuerzas ni físicas ni morales. Me encuentro muy mal y me doy cuenta de haber llegado a ser superlativamente pesado a mí mismo.

La mayor parte de lo que me dices y de lo que silencias no necesita, de ordinario, más remedio que el paso del tiempo y de los ejercicios practicados según la regla bajo la cual se vive.

Hay igualmente algunas enfermedades físicas cuya curación no se consigue tomando medicamentos y sí, con modo idóneo de vivir. El amor propio, la propia estima, la falsa libertad de espíritu, son raíces que no pueden arrancarse del corazón facilmente; pero puede impedirse que produzcan sus frutos, que son los pecados. Porque sus brotes y salidas, o sea las primeras sacudidas y primeros movimientos, no pueden impedirse del todo mientras estamos en este mundo; pero se puede, y en esto debemos poner todo nuestro cuidado, moderar y disminuir su ímpetu y manera con la práctica asidua de la virtud contraria y particularmente de la humildad, de la obediencia y del amor a Dios.

Hay que tener paciencia, pues, y no desanimarse por cualquier imperfección o porque se cae en ella frecuentemente sin quererlo. Quisiera tener un buen martillo para romper la punta de tu espíritu, que es demasiado sutil en los pensamientos de tu avanzar espiritual. Pero te lo he dicho muchas veces, querido, y te lo repito otra más: en la vida espiritual hay que caminar con gran confianza.

Si obras bien, alaba y dale gracias al Señor por ello; si te acaece obrar mal, humíllate, sonrójate ante Dios de tu infidelidad, pero sin desanimarte; pide perdón, haz propósito, vuelve al buen camino y tira derecho con mayor vigilancia. Ya sé muy bien que no quieres obrar mal dándote cuenta; y las faltas que cometes inadvertidamente sólo deben servirte para adquirir humildad.
No temas y no te angusties con las dudas de tu conciencia, porque ya sabes que obrando con diligencia y haciendo tú cuanto puedas, sólo te queda pedirle a Dios su amor, ya que El no desea otra cosa que el tuyo.

Practica cuanto has aprendido de mí y otros; no temas y procura cultivar con tu amor, con diligencia, la suavidad y la humildad interior. Había prometido ir ahí a pasar unos meses y poder veros a todos y deciros cosas hermosas de Jesús; y confortaros y confirmaros en las santas resoluciones; pero conviene renunciar, aun sintiéndolo mucho, por ahora, a causa del motivo arriba expresado. Por ahora, Jesús no me lo permite y fiat! Cumpliré la promesa en cuanto el Señor lo quiera. Pido continua y ardientemente al cielo mil bendiciones para ti y para nuestros hermanos, y sobre todo para que seas humilde y manso de corazón, y para que aproveches de las pruebas a que piadosamente te somete el Señor, recibiéndolas amorosamente por amor a quien por el nuestro toleró tantísimas.

Salúdame a todos, os abrazo a todos. Salúdame a Fray Marcelino y dile que recibí su tarjeta y se lo agradezco de corazón, y si necesita algo de mí antes de que vaya yo ahí, que me escriba tan sólo.

PADRE PIO

martes, 9 de junio de 2015

RADIO MARÍA EN URUGUAY TE NECESITA...,

SOS URUGUAYO y vivís fuera del país, querés ayudar a tu
gente para que reciba la Visita de la Virgen: los enfermos, los que están solos, los que viven en medio del campo y no pueden alimentar su fe?

Cumplimos 10 años de Radio María en Uruguay, y queremos seguir adelante... Te ha ido bien económicamente, o estás dispuesto a realizar un pequeño gesto de amor a la Virgen y a tus compatriotas...?

DONA LO QUE PUEDAS! TE NECESITAMOS! LA VIRGEN TE NECESITA! 
Mándame un mensaje privado (diaconojorge@gmail.com) que yo te orientaré... Gracias, la Virgen te lo agradece para seguir llevando La Paz del Señor a los hogares...

Te espero...

PAPA FRANCISCO: RESPONDE SOBRE MEDJUGORJE Y NUEVAS ADICCIONES

sábado, 6 de junio de 2015

HIMNO EUCARÍSTICO (Santo Tomás de Aquino)







Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.


Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.


No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.



Amén.

miércoles, 3 de junio de 2015

SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIÉRE: JESÚS AMIGO


Jesús, Tú eres el Amigo único y verdadero; no sólo compartes cada uno de mis padecimientos, sino que lo tomas sobre Ti y conoces el secreto de transformármelo en gozo. Me escuchas con bondad y, cuando te cuento mis amarguras, me las suavizas.
Te encuentro en todo lugar, jamás te alejas y, si me veo obligado a cambiar de residencia, te encuentro allí donde voy. Nunca te hartas de escucharme;, jamás te cansas de hacerme bien. Si te amo, estoy seguro de ser correspondido; no tienes necesidad de lo mío ni te empobreces al otorgarme tus dones. No obstante que soy un hombre pobre, nadie (sea noble, inteligente o santo) podrá robarme tu amistad. La misma muerte que separa a los amigos todos, me reunirá contigo.

Ninguna de las adversidades de la edad o del azar lograrán jamás alejarme de ti; más bien, por el contrario, nunca gozaré con tanta plenitud de tu presencia ni jamás me estarás tan cercano, cuanto en el momento en que todo parecerá conspirar contra mi.

Sólo Tú aciertas a soportar mis defectos con extremada paciencia. Incluso mis infidelidades e ingratitudes, aunque te ofenden, no te impiden estar siempre dispuesto a concederme tu gracia y tu amor, si yo las deseo. Amén.


Esta oración está sacada de la 39ª de las "Reflexiones cristianas" (O.C. V, pág. 39); a propósito de S. Juan Evangelista, nos propone que recemos a Jesús, único. y verdadero Amigo.