jueves, 28 de agosto de 2014

BENEDICTO XVI: SAN AGUSTÍN, EL PADRE MÁS GRANDE DE LA IGLESIA LATINA


Queridos hermanos y hermanas:
Después de las grandes festividades navideñas, quisiera volver a meditar sobre los padres de la Iglesia y hablar hoy del padre más grande de la Iglesia latina, san Agustín: hombre de pasión y de fe, de elevadísima inteligencia y de incansable entrega pastoral. Este gran santo y doctor de la Iglesia es conocido, al menos de nombre, incluso por quien ignora el cristianismo o no tiene familiaridad con él, por haber dejado una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo.

Por su singular relevancia, san Agustín tuvo una influencia enorme y podría afirmarse, por una parte, que todos los caminos de la literatura cristiana latina llevan a Hipona (hoy Anaba, en la costa de Argelia), localidad en la que era obispo y, por otra, que de esta ciudad del África romana, en la que Agustín fue obispo desde el año 395 hasta 430, parten muchas otras sendas del cristianismo sucesivo y de la misma cultura occidental.
Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger los valores y de exaltar su intrínseca riqueza, inventando ideas y formas de las que se alimentarían las generaciones posteriores, tal y como subrayó también Pablo VI: «Se puede decir que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y de esa se derivan corrientes de pensamiento que penetran toda la tradición doctrinal de los siglos sucesivos» (AAS, 62, 1970, p. 426).
Agustín es, además, el padre de la Iglesia que ha dejado el mayor número de obras. Su biógrafo, Posidio, dice: parecía imposible que un hombre pudiera escribir tanto en vida. En un próximo encuentro hablaremos de estas obras. Hoy nuestra atención se concentrará en su vida, que puede reconstruirse con sus escritos, y en particular con las «Confesiones», su extraordinaria biografía espiritual escrita para alabanza de Dios, su obra más famosa.
Las «Confesiones» constituyen precisamente por su atención a la interioridad y a la psicología un modelo único en la literatura occidental, y no sólo occidental, incluida la no religiosa, hasta la modernidad.
Esta atención por la vida espiritual, por el misterio del yo, por el misterio de Dios que se esconde en el yo, es algo extraordinario, sin precedentes, y permanece para siempre como una «cumbre» espiritual.
Pero, volvamos a su vida. Agustín nació en Tagaste, en la provincia de Numidia, en el África romana, el 13 de noviembre de 354, hijo de Patricio, un pagano que después llegó a ser catecúmeno, y de Mónica, fervorosa cristiana.
Esta mujer apasionada, venerada como santa, ejerció en su hijo una enorme influencia y le educó en la fe cristiana. Agustín había recibido también la sal, como signo de la acogida en el catecumenado. Y siempre quedó fascinado por la figura de Jesucristo; es más, dice que siempre amó a Jesús, pero que se alejó cada vez más de la fe eclesial, de la práctica eclesial, como les sucede también hoy a muchos jóvenes.
Agustín tenía también un hermano, Navigio, y una hermana, de la que desconocemos el nombre y que, tras quedar viuda, se convirtió en superiora de un monasterio femenino.
El muchacho, de agudísima inteligencia, recibió una buena educación, aunque no siempre fue estudiante ejemplar. De todos modos, aprendió bien la gramática, primero en su ciudad natal, y después en Madaura y, a partir del año 370, retórica, en Cartago, capital del África romana: llegó a dominar perfectamente el latín, pero no alcanzó el mismo nivel en griego, ni aprendió el púnico, lengua que hablaban sus paisanos.
En Cartago, Agustín leyó por primera vez el «Hortensius», obra de Cicerón que después se perdería y que se enmarca en el inicio de su camino hacia la conversión. El texto ciceroniano despertó en él el amor por la sabiduría, como escribirá siendo ya obispo en las «Confesiones»: «Aquel libro cambió mis sentimientos» hasta el punto de que «de repente todas mis vanas esperanzas se envilecieron ante mis ojos y empecé a encenderme en un increíble ardor del corazón por una sabiduría inmortal» (III, 4, 7).
Pero, dado que estaba convencido de que sin Jesús no puede decirse que se ha encontrado efectivamente la verdad, y dado que en ese libro apasionante faltaba ese nombre, nada más leerlo comenzó a leer la Escritura, la Biblia. Quedó decepcionado. No sólo porque el estilo de la traducción al latín de la Sagrada Escritura era deficiente, sino también porque el mismo contenido no le pareció satisfactorio.
En las narraciones de la Escritura sobe guerras y otras vicisitudes humanas no encontraba la altura de la filosofía, el esplendor de la búsqueda de la verdad que le es propio. Sin embargo, no quería vivir sin Dios y buscaba una religión que respondiera a su deseo de verdad y también a su deseo de acercarse a Jesús.
De esta manera, cayó en la red de los maniqueos, que se presentaban como cristianos y prometían una religión totalmente racional. Afirmaban que el mundo está dividido en dos principios: el bien y el mal. Y así se explicaría toda la complejidad de la historia humana. La moral dualista también le atraía a san Agustín, pues comportaba una moral muy elevada para los elegidos: y para quien, como él, adhería a la misma era posible una vida mucho más adecuada a la situación de la época, especialmente si era joven.
Se hizo, por tanto, maniqueo, convencido en ese momento de que había encontrado la síntesis entre racionalidad, búsqueda de la verdad y amor a Jesucristo. Y sacó una ventaja concreta para su vida: la adhesión a los maniqueos abría fáciles perspectivas de carrera. Adherir a esa religión, que contaba con muchas personalidades influyentes, le permitía seguir su relación con una mujer y continuar con su carrera.
De esta mujer tuvo un hijo, Adeodato, al que quería mucho, sumamente inteligente, que después estaría presente en su preparación al bautismo en el lago de Como, participando en esos «Diálogos» que san Agustín nos ha dejado. Por desgracia, el muchacho falleció prematuramente.
Siendo profesor de gramática en torno a los veinte años, en su ciudad natal, pronto regresó a Cartago, donde se convirtió en un brillante y famoso maestro de retórica. Con el pasar del tiempo, sin embargo, Agustín comenzó a alejarse de la fe de los maniqueos, que le decepcionaron precisamente desde el punto de vista intelectual, pues eran incapaces de resolver sus dudas, y se transfirió a Roma, y después a Milán, donde residía en la corte imperial y donde había obtenido un puesto de prestigio, por recomendación del prefecto de Roma, el pagano Simaco, que era hostil al obispo de Milán, san Ambrosio.
En Milán, Agustín se acostumbró a escuchar, en un primer momento con el objetivo de enriquecer su bagaje retórico, las bellísimas predicaciones del obispo Ambrosio, que había sido representante del emperador para Italia del norte. El retórico africano quedó fascinado por la palabra del gran prelado milanés; no sólo por su retórica. El contenido fue tocando cada vez más su corazón.
El gran problema del Antiguo Testamento, la falta de belleza retórica, de nivel filosófico, se resolvió con las predicaciones de san Ambrosio, gracias a la interpretación tipológica del Antiguo Testamento: Agustín comprendió que todo el Antiguo Testamento es un camino hacia Jesucristo. De este modo, encontró la clave para comprender la belleza, la profundidad incluso filosófica del Antiguo Testamento y comprendió toda la unidad del misterio de Cristo en la historia, así como la síntesis entre filosofía, racionalidad y fe en el Logos, en Cristo, Verbo eterno, que se hizo carne.
Pronto, Agustín se dio cuenta de que la literatura alegórica de la Escritura y la filosofía neoplatónica del obispo de Milán le permitían resolver las dificultades intelectuales que, cuando era más joven, en su primer contacto con los textos bíblicos, le habían parecido insuperables.
Agustín continuó la lectura de los escritos de los filósofos con la de la Escritura, y sobre todo de las cartas de san Pablo. La conversión al cristianismo, el 15 de agosto de 386, se enmarcó por tanto al final de un largo y agitado camino interior, del que seguiremos hablando en otra catequesis. El africano se mudó al campo, al norte de Milán, al lago de Como, con su madre, Mónica, el hijo Adeodato, y un pequeño grupo de amigos, para prepararse al bautismo. De este modo, a los 32 años, Agustín fue bautizado por Ambrosio el 24 de abril de 387, durante la vigilia pascual en la catedral de Milán.
Tras el bautismo, Agustín decidió regresar a África con sus amigos, con la idea de llevar vida en común, de carácter monástico, al servicio de Dios. Pero en Ostia, mientras esperaba para embarcarse, su madre se enfermó improvisamente y poco después murió, destrozando el corazón del hijo.
Tras regresar finalmente a su patria, el convertido se estableció en Hipona para fundar un monasterio. En esa ciudad de la costa africana, a pesar de resistirse a la idea, fue ordenado presbítero en el año 391 y comenzó con algunos compañeros la vida monástica en la que estaba pensado desde hace algún tiempo, repartiendo su tiempo entre la oración, el estudio y la predicación.
Quería estar sólo al servicio de la verdad, no se sentía llamado a la vida pastoral, pero después comprendió que la llamada de Dios significaba ser pastor entre los demás y así ofrecer el don de la verdad a los demás. En Hipona, cuatro años después, en el año 395, fue consagrado obispo.
Continuando con la profundización en el estudio de las Escrituras y de los textos de la tradición cristiana, Agustín se convirtió en un obispo ejemplar con un incansable compromiso pastoral: predicaba varias veces a la semana a sus fieles, ayudaba a los pobres y a los huérfanos, atendía a la formación del clero y a la organización de los monasterios femeninos y masculinos.
En poco tiempo, el antiguo profesor de retórica se convirtió en uno de los exponentes más importantes del cristianismo de esa época: sumamente activo en el gobierno de su diócesis, con notables implicaciones también civiles, en sus más de 35 años de episcopado, el obispo de Hipona ejerció una amplia influencia en la guía de la Iglesia católica del África romana y más en general en el cristianismo de su época, afrontando tendencias religiosas y herejías tenaces y disgregadoras, como el maniqueísmo, el donatismo, y el pelagianismo, que ponían en peligro la fe cristiana en el único Dios y rico en misericordia.
Y Agustín se encomendó a Dios cada día, hasta el final de su vida: contrajo la fiebre, mientras la ciudad de Hipona se encontraba asediada desde hacía casi tres meses por vándalos invasores. El obispo, cuenta su amigo Posidio en la «Vita Augustini» pidió que le transcribieran con letra grande los salmos penitenciales «y pidió que colgaran las hojas contra la pared, de manera que desde la cama en su enfermedad los podía ver y leer, y lloraba sin interrupción lágrimas calientes» (31, 2). Así pasaron los últimos días de la vida de Agustín, quien falleció el 28 de agosto del año 430, sin haber cumplido los 76 años. Dedicaremos los próximos encuentros a sus obras, a su mensaje y a su experiencia interior.
[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Con palabras de Pablo VI, se puede decir de San Agustín, «que todo el pensamiento de la antigüedad converge en su obra y de ella brotan corrientes de pensamiento que permean toda la tradición de los siglos posteriores». Este Santo es el Padre de la Iglesia del que más obras se conservan. Nació en Tagaste el trescientos cincuenta y cuatro, de Patricio y santa Mónica. Estudió gramática y retórica. En Cartago ejerció como maestro de retórica. Luego se transfirió a Milán, ciudad en la que se convirtió a la fe católica escuchando predicar a san Ambrosio, del que recibió el Bautismo en el trescientos ochenta y siete. Posteriormente, se estableció en Hipona. Allí fue ordenado presbítero el trescientos noventa y uno y obispo cuatro años más tarde. En sus treinta y cinco años al frente de esa sede episcopal se mostró como un Pastor ejemplar por su doctrina, atención a los pobres, dedicación al clero y organización de monasterios. Ejerció un gran influjo en el cristianismo de su tiempo y gracias a él se pudo hacer frente al maniqueísmo y a las herejías donatista y pelagiana. Murió el veintiocho de agosto del año cuatrocientos treinta.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En particular, a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la Parroquia Nuestra Señora de los Milagros de Alange, a los capitulares de la Congregación de San Pedro ad Vincula, así como a los demás grupos venidos de España, México, Brasil y de otros países latinoamericanos. Os invito a imitar la confianza en Dios de San Agustín y a acogeros a su intercesión. Muchas gracias.
Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

SAN AGUSTÍN: EN LA ORACIÓN TODA LA PERSONA SE COMPROMETE


"Aquellos que rezan hacen de los miembros de su cuerpo lo que debe hacer todo suplicante: inclinan las rodillas, abren las manos y también se apoyan sobre la tierra o si hacen alguna otra acción visible, aunque su voluntad sea invisible y la intención del corazón sea evidente a Dios, no lo hacen porque Dios tenga necesidad de estos signos para conocer el ánimo del hombre, sino porque es el hombre el que con estos medios se excita siempre más a sí mismo para rezar y gemir con mayor humildad y fervor.

Y no sé cómo suceda pero es cierto que, mientras tales actitudes del cuerpo no pueden asumirse si no son precedidas de un movimiento del espíritu, cuando son repetidas exterior y visiblemente, aumenta y crece màs la tendencia invisible interior que las produce; también así sucede con el afecto del corazón que fue necesario para cumplirlas, y después que son hechas, aumenta. Y si alguien es detenido o impedido, no por esto el hombre interior deja de rezar y se postra delante de Dios en las profundidades de su corazón, donde se siente compungido" (El cuidado de los muertos 5)

miércoles, 27 de agosto de 2014

DIÁC. JORGE NOVOA: SANTA MÓNICA UN MENSAJE DE ACTUALIDAD

El 27 de agosto recordamos a santa Mónica, la madre de san Agustín, fue ella madre y esposa ejemplar, su testimonio de vida y oración se elevaron como una ofrenda agradable a Dios, a quien imploró con perseverancia cristiana por la conversión de Patricio su esposo, y de Agustín su hijo.

Mónica como esposa y madre cristiana sufre al ver a su esposo e hijo, con una vida alejada de Dios, pero no se da por vencida, sino que implora por sus conversiones con lágrimas y de rodillas. Mónica está representada en algunas imágenes con un pañuelo estrujado en su mano, signo de las lagrimas derramadas, pero su mirada está dirigida a Aquel, que no permite que ninguna de sus lágrimas se pierdan…

En la vida de santa Mónica hay un mensaje de actualidad, se da un vínculo muy estrecho entre la madre y el hijo, y hoy más que nunca la oración perseverante (y las lágrimas) de las madres puede alcanzar gracias de conversión para sus hijos. Hoy, me animo a decir que es un ejercicio maternal irrenunciable, es crucial rezar con perseverancia por la conversión de los hijos y esposos, bebiendo de la espiritualidad de esta madre santa.

Una buena iniciativa es la de unirse con otras madres y abuelas, y rezar el santo Rosario una vez a la semana implorando por mediación de santa Mónica la conversión de esposos, hijos y nietos….La única oración que se pierde es la que no se realiza...

lunes, 25 de agosto de 2014

RP. HORACIO BOJORGE SJ: EXISTE EL DEMONIO DEL SILENCIO?

La fortaleza (cristiana) para hablar y para decir lo que se debe decir se llama parresía. Es una virtud que consiste hablar libremente y decir todo lo que se debe decir. No callar, por temor, lo que se debe decir. Es parte de la virtud de la fortaleza en su aspecto activo: valentía. En este caso valentía para hablar. Por lo tanto callar cuando se debe hablar es un acto de cobardía producido por el temor, el miedo, que es miedo al sufrimiento y por lo tanto debilidad en el amor

Los mártires cristianos ejercitaron su parresía cuando, interrogados ante los tribunales, confesaron su fe en Cristo, aún a sabiendas de que les costaría la vida. El carácter demoníaco de un silencio en lugar de la confesión pública, se habría puesto de manifiesto en esa o en similares circunstancias. 

De ahí que San Juan diga en su primera carta 4, 18 y ss. que: "La caridad perfecta exorciza  al miedo" 


(Advierto que no en todas las traducciones se dice "exorciza". Pero ése es el sentido propio de la expresión griega "exo bállei", literalmente "arroja afuera". Pero que, en el texto del Nuevo Testamento y en la tradición eclesial se usa con el sentido de "exorcizar")

La expresión "el amor perfecto", - más propiamente "la Caridad (Agapé) perfecta " -- designa el amor perfecto de los hijos al Padre y, por el Padre, a las demás creaturas (Mateo 5, 48). Una caridad que, sin embargo, va regida en su ejercicio por una prudencia sobrenatural (Mateo 6, 1ss).

De modo que más que un "Demonio del Silencio", habría que hablar de un "Demonio del miedo a hablar". Ese miedo puede deberse, en algunos casos, a otro miedo que podríamos llamar "Miedo a mi interlocutor" sea quien sea. No sólo a un miembro de mi familia, sino en el empleo, el trabajo, en cualquier relación interpersonal. A estos miedos pertenece lo que se conoce como "respeto humano".

Este miedo a hablar puede ser el que proveniente de un amor desordenado de sí mismo, que sería directamente opuesto al amor a Dios, por amarse a sí mismo más que a Dios. (El caso de los apóstatas en situación de martirio) Y sería un pecado contra el primer mandamiento.

Ese demonio de miedo a Dios como una amenaza para el propio bien, es el demonio de la acedia, cuyo identikit total se puede ver en los trece videos dedicados a él que, desde hace un año, viene emitiendo una y otra vez EWTN. Porque tener miedo al bien, es tomar al bien por mal.  

En esos videos podrán ver cómo la soberbia y la acedia son dos caras de un mismo demonio bifronte. Para el Nuevo Testamento y San Ireneo, el pecado del demonio fue la acedia. Para Orígenes y otra línea patrística, fue la Soberbia (el apetito desordenado de la propia excelencia). Pero son dos caras del mismo demonio, del mismo espíritu malo y opuesto al Espíritu Santo.

Por eso, cuando se habla de un Demonio del Silencio, no es que se trate de un demonio distinto, sino más bien de un aspecto o de un efecto de la acción demoníaca consistente en impedir hablar para el bien por temor a un mal adjunto a ese hablar.

San Ignacio de Loyola describe ese efecto de la acción demoníaca que llaman "El demonio del Silencio" y sobre el cual Usted me pregunta. Lo hace en sus  Ejercicios Espírituales [número 326].

Se trata de la décimotercera regla de discernimiento de la primera de las dos series de reglas. 

En esa regla 13ª dice San Ignacio que el demonio se comporta como el falso galán que quiere que la mujer mantenga la relación en secreto: 
"Así mismo se hace como vano enamorado en querer ser secreto y no descubierto: porque así como el hombre vano, que hablando a mala parte, requiere a una de buen padre o a una mujer de buen marido, quiere que sus palabras y persuasiones queden en secreto; y al contrario le displace mucho, cuando la hija al padre o la mujer al marido descubre sus vanas palabras e intención depravada, porque fácilmente colige que no podrá salir con la empresa comenzada: de la misma manera, cuando el enemigo de la naturaleza humana tras sus astucias y persuasiones al alma justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto; mas cuando las descubre a su buen confesor o a otra persona espiritual que conozca sus engaños y malicias, mucho le pesa; porque colige que no podrá salir con su malicia comenzada, en ser descubiertos sus engaños manifiestos".

Hay pues una acción del Demonio que consiste en aislar al alma de los buenos consejeros y sobre todo de los entendidos en las cosas del alma. Y eso sucede muchas veces sin malicia de parte del alma engañada: "Si le dices esto al padre o a fulano se va a enojar" o "te va a retar", "no molestes al padre con estas pequeñeces o bobadas", "si dices esto no te va a entender" o "va a pensar tal y tal cosa".

Cualquier pretexto es bueno para persuadir al alma de arreglárselas a solas. Pero también en el fondo de esta actitud hay algo de autosuficiencia y de soberbia, algo de arrogancia, o de temeraria confianza en sí mismo, que disuade de buscar el buen consejero, de seguir el buen consejo. Hay una virtud del alma humilde que se llama eubulia, y consiste en saber elegir consejeros, en tomar consejos y seguirlos. Y contra esta virtud puede actuar un demonio del Silencio, que aísla al alma en sí misma, donde queda a merced de pensamientos demoníacos que no sabe discernir, porque pueden presentarse con apariencia de bien.

Siendo el hablar el medio de intercomunicación y comunión entre las personas creado por Dios como medio de la unión amorosa, de la amistad, es lógico que el enemigo del amor ataque principalmente al habla como instrumento de comunicación amorosa. Y por eso impida la comunicación entre los esposos, padres e hijos, cuñados etc. Pero también impida hacer el bien proclamando públicamente los bienes conocidos, cuando, por ejemplo, los cristianos callan los tesoros de su fe por respeto humano, o por temor a las consecuencias laborales. Aunque también, como se dijo antes, en estos asuntos hay una prudencia sobrenatural que debe regir la parresía para que no se incurra en temeridad.

(El texto es una respuesta del padre Horacio Bojorge a una consulta realizada desde Chile, sobre la existencia de diversos demonios: soberbia, miedo, silencio, etc. Nos ha perecido muy valiosa la respuesta, que permite comprender la regla XIII del discernimiento de San Ignacio, y omitimos las referencia `personales de la respuesta.  Puedes leer la pregunta  y respuesta completa en http://elblogdelbuenamor.blogspot.com )

martes, 19 de agosto de 2014

SAN AGUSTÍN: SOBRE LA ORACIÓN

"Cuando nuestra oración no es escuchada es porque pedimos aut mali, aut male, aut mala.

Mali, porque somos malos y no estamos bien dispuestos para la petición. Male, porque pedimos mal, con poca fe o sin perseverancia, o con poca humildad. Mala, porque pedimos cosas malas, o van a resultar, por alguna razón, no convenientes para nosotros".

La ciudad de Dios, 20, 22.

lunes, 18 de agosto de 2014

ENTRONIZACIÓN DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN EN SU JARDÍN

Un día soñado! La imagen de la Virgen, réplica de la que está en Tiljalina quedó entronizada por el Arzobispo de Montevideo en el frente de la parroquia María Reina de la Paz.
 
“¡Dichosa tú que has creído –le dijo su anciana y gestante prima Isabel- porque te ha dicho el Señor se cumplirá!”. La fe es la brújula del camino del cielo, es su luz en medio de las nieblas y de las oscuridades: no permite verlo todo, pero sí nos alumbra según avanzamos, según seguimos recorriendo el camino.






 Se encuentra ubicada en un jardín, en el que recibirá a sus hijos, los discípulos de Jesús que buscan la Paz. La imagen es signo de su presencia entre nosotros. Si vas a visitarla, podrás percibir su presencia materna.
 Sus hijos la visitan con flores, llevando sus penas y alegrías , y le cantan cánticos para alegrarle el corazón. 

Vamos a pedirle paz para nuestra familias, tan necesitadas del amor de Dios, que su paz alcance nuestros corazones, que atribulados no encuentran sosiego en sus vidas.
 


 El Arzobispo la bendice, y Ella lo bendice a él... Y bendice a todos los sacerdotes, hijos muy queridos, a los que cubre con su manto.
 El primer servicio de María y por ello su primer mérito para ser asunta en cuerpo y alma a los cielos fue escuchar y cumplir la Palabra de Dios. Y solo así fue posible que Palabra tomara carne y habitara y floreciera en sus mismísimas y virginales entrañas maternas. 
Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría.

María desea que Dios sea grande en el mundo, así lo expresa en el Magnificat, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un “competidor” en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios.


sábado, 16 de agosto de 2014

MADRE TERESA DE CALCUTA: SOBRE SUS CASAS Y EL SUFRIMIENTO

—¿Por qué llaman «tabernáculos» a sus casas?

—Teresa de Calcuta: Porque Jesús está presente en estas casas. Son casas de Jesús. Nuestra congregación quiere contribuir a que las personas puedan saciar su sed de Jesús. Con ello tratamos de rescatar y santificar a los más pobres de los pobres. Pronunciamos los votos de castidad, pobreza y obediencia. Pero hemos recibido, además, la autorización especial para hacer un cuarto voto: ponernos al servicio de los más pobres de los pobres.

—Usted suele afirmar que no hay amor sin sufrimiento.
—Teresa de Calcuta: Sí, el verdadero amor hace sufrir. Cada vida y cada relación familiar tienen que ser vividas honestamente. Esto presupone muchos sacrificios y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos sufrimientos se ven acompañados siempre por un gran sentido de paz. Cuando en una casa reina la paz, allí se encuentran también la alegría, la unión y el amor.

viernes, 15 de agosto de 2014

MONSEÑOR JAIME FUENTES: LA ASUNCIÓN DE MARÍA


Monseñor Jaime Fuentes obispo de Minas y eminente mariólogo, en su columna del programa Camino a Roma (AÑO 2011), nos presentó sus reflexiones sobre la solemnidad de la Asunción de María. Te invitamos a escuchar el audio, Monseñor Jaime Fuentes responde a diversos interrogantes sobre la Santísima Virgen.


lunes, 11 de agosto de 2014

PATRIARCA CALDEO DENUNCIA EL HORROR EN IRAQ

La muerte y la enfermedad se enseñorean en los niños y los ancianos entre las miles de familias de refugiados dispersas en la región kurda, que han perdido todo debido a los recientes acontecimientos trágicos; las milicias Isis continúan su avance y las ayudas humanitarias son insuficientes. 

Hay por lo menos 70 mil cristianos desplazados en Ankawa, junto con los miembros de otras minorías religiosas en esta ciudad que tiene una población cristiana local de más de 25 mil cristianos. Las familias que han encontrado refugio en las iglesias o las escuelas están en condiciones satisfactorias, mientras los que siguen durmiendo en las calles o en los parques públicos están en una situación deplorable ...

En Dohuk, el número de refugiados ha superado los 60 mil cristianos y su situación es aún peor que la de Erbil. También hay familias que han encontrado cobijo en Kirkuk y Sulaymaniyah, así como algunos han podido llegar incluso a la capital, Bagdad.

Mientras tanto, crece exponencialmente la necesidad de los bienes de primera necesidad: vivienda, alimentos, agua, medicinas y fondos; falta coordinación internacional que se está desacelerando y limitando la aplicación de la asistencia efectiva a las miles de personas que esperan un apoyo inmediato. Las iglesias, en la medida de sus posibilidades, están proporcionando todo lo que tienen.

Para resumir la situación de los pueblos cristianos alrededor de Mosul y hasta las fronteras de la región kurda: ¡las iglesias se han vaciado y profanado; cinco obispos se encuentran fuera de sus diócesis respectivas, sacerdotes y monjas han abandonado las instituciones y misiones, dejando todo atrás, las familias han huido con sus hijos, y dejando todo tras de sí! El nivel de desastre es extremo.

La posición del presidente los Estados Unidos, Barack Obama, de sólo proporcionar ayuda militar para proteger a Erbil es decepcionante. Y los continuos rumores de divisiones en Irak son una fuente adicional de amenaza. Los estadounidenses no parecen querer dar una solución rápida, que sea una fuente de esperanza, ya que no tiene intención de atacar a la Isis en Mosul y la llanura de Nínive. La confirmación de que está situación continuará hasta que las fuerzas de seguridad iraquíes no luchen junto a las milicias peshmerga (kurdo) contra Isis es terriblemente deprimente. El presidente de la región autónoma del Kurdistán, dijo que las tropas kurdas ¡están luchando contra un Estado terrorista y no en contra de los grupos minoritarios! Mientras que el país se encuentra bajo el fuego cruzado, los políticos en Bagdad siguen luchando por el poder.

Al final del final, parece probable que Mosul no será liberado e incluso los pueblos de la llanura de Nínive. No existe una estrategia concreta para secar las fuentes de recursos de poder de los terroristas islámicos. Ellos controlan la ciudad petrolera de Zimar y los yacimientos petrolíferos de Ain Zala y Batma, junto con los de Al-Raqqa y Deir ez-Zor en Siria. Los combatientes extremistas islámicos están llegando a ellos de todas partes del mundo.

La elección de las familias de refugiados:

Migrar: ¿dónde deben ir y con qué dinero y documentos?

Permanecer: ¿en las tiendas de campaña y campamentos de refugiados, a la espera de que termine el verano y el invierno llegue? ¿Serán reabiertas las escuelas y los niños podrán asistir a la escuela primaria, y los más grandes a la escuela secundaria o la universidad? ¿Ellos serán bienvenidos en las escuelas de Erbil, Dohuk y Sulaymaniyah? ¿Cuál es el futuro de los bienes y activos que les pertenecen, junto con las obras del pasado, para estas miles de personas inocentes obligadas a huir en la noche de sus aldeas queridas?

Hay preguntas que deben infligir un terrible dolor a la conciencia de cada persona o institución, porque realmente se debe hacer algo para salvar a estas personas, cuya historia tiene sus raíces en esta tierra desde el principio.

Patriarca caldeo de Bagdad, y  presidente de la Conferencia Episcopal iraquí


MAMERTO MENAPACE osb:LA OSTRA PERLÍFERA



Era una ostra marina. No un caracol. Marina era un bicho de profundidad y, como todas las de su raza, había buscado la roca del fondo para agarrarse firmemente a ella. Una vez que lo consiguió, creyó haber dado con el destino claro que le permitiría vivir sin contratiempos su ser de ostra.

Pero el Señor había puesto su mirada en Marina. Y todo lo que en su vida sucedería, tendría como gran responsable al mismo Señor Dios. Porque el Señor Dios en su misterioso plan para ella, había decidido que Marina fuera valiosa. Ella simplemente había deseado ser feliz.

Y un día el Señor Dios colocó en Marina su granito de arena. Literalmente: un granito de arena. Fue durante una tormenta de profundidad. De ésas que casi no provocan oleaje en la superficie, pero que remueven el fondo de los océanos.

Cuando el granito de arena entró en su existencia, marina se cerro violentamente. Así lo hacía siempre que algo entraba en su vida. Porque es la manera de alimentarse que tienen las ostras. Todo lo que entra en su vida es atrapado, desintegrado y asimilado. Si esto no es posible, se expulsa hacia el exterior del objeto extraño.

Pero con el granito de arena, la Ostra Marina no pudo hacer lo de siempre. Bien pronto constató que aquello era sumamente doloroso. La hería por dentro. Lejos de desintegrarse, más bien la lastimaba a ella. Quiso entonces expulsar ese cuerpo extraño. Pero no pudo.

Ahí comenzó el drama de Marina. Lo que Dios le había mandado pertenecía a aquellas realidades que no se dejan integrar y tampoco se pueden suprimir. El granito de arena era indigerible e inexpulsable. Y cuando trató de olvidarlo, tampoco lo pudo. Porque las realidades dolorosas que Dios envía son imposibles de olvidar o de ignorar. Están siempre presentes.

Frente a esta situación, se hubiera pensado que a Marina no le quedaba más que un camino: luchar contra su dolor, rodeándolo con el pus de su amargura, generando un tumor que terminaría por explotarle envenenando su vida y la de todos lo que la rodeaban.

Pero en su vida había una hermosa cualidad. Era capaz de producir sustancias sólidas. Normalmente las ostras dedican esta cualidad a su tarea de fabricarse un caparazón defensivo, rugoso por fuera y terso por dentro. Pero también pueden dedicarlo a la construcción de una perla. Y eso fue lo que realizó Marina. Poco a poco, y con lo mejor de sí misma, fue rodeando el granito de arena del dolor que Dios le había mandado, y a su alrededor comenzó a nuclear una hermosa perla.

Me han comentado que normalmente las ostras no tienen perlas. Que éstas son producidas sólo por aquéllas que se deciden a rodear, con lo mejor de sí mismas, el dolor de un cuerpo extraño que las ha herido.

Muchos años después de la muerte de Marina, unos buzos bajaron hasta el fondo del mar. Cuando la sacaron a la superficie, se encontró en ella la hermosa perla de su vida. Al verla brillar con todos los colores del cielo y del mar, nadie se preguntó si Marina había sido feliz. Simplemente supieron que había sido valiosa.

ALONSO AMPUERO: NO CREAR OBSTÁCULOS AL EVANGELIO

Con ocasión del problema de los idolotitos (1 Cor. 8), Pablo aconseja a los corintios que la caridad hacia los hermanos «débiles» debe sobreponerse a la libertad particular de cada uno, y les propone que deben estar dispuestos a renunciar incluso a los propios derechos cuando está en juego el bien de un hermano.

Para ello no duda en ponerse a sí mismo como modelo (1 Cor. 9), con lo que esta circunstancia de la comunidad de Corinto nos ofrece la oportunidad de conocer un rasgo precioso del alma de Pablo: consagrado por entero al anuncio y difusión del Evangelio, todo lo subordina a este fin supremo; de este modo, renuncia al uso de sus propios derechos «para no crear obstáculo alguno al Evangelio de Cristo» (1 Cor. 9,12).


Particularmente, Pablo ha renunciado al derecho a «vivir del Evangelio». Desde luego, él conoce las palabras de Jesús acerca de que «el obrero merece su sustento» (Mt. 10,10; cf. 1 Cor. 9,14); sabe que el que se dedica al anuncio del Evangelio debe poder quedar libre de otras ocupaciones y preocupaciones y tiene derecho a recibir el alimento de cada día de aquellos a quienes sirve...
Sin embargo, una constante de su estilo apostólico ha sido el renunciar a este derecho (1 Cor. 9,15). Ha preferido trabajar «día y noche, con fatiga y cansancio, para no ser una carga para ninguno» (2 Tes. 3,8); además del peso de las fatigas apostólicas ha cargado sobre sus hombros la fatiga de ganarse el pan de cada día para sí y para sus compañeros (He. 20,34); trabajando como tejedor de tiendas (He. 18,3), ha preferido «no ser gravoso a nadie» (1 Tes. 2,9).

De este modo ha testimoniado nítidamente su más absoluto desprendimiento (He. 20,33). En un mundo en que no era infrecuente la aparición de predicadores de religiones extranjeras en busca de ganancias materiales (cf. 2 Cor. 2,17), Pablo quiere dejar muy clara la gratuidad del Evangelio. Puesto que la salvación otorgada por Dios en Jesucristo es gratuita (Rom. 3,24), Pablo quiere manifestar esta gratuidad en todo el estilo de su obrar apostólico.

A los corintios les recalcará que esta norma de su actuación la seguirá manteniendo como timbre de gloria (2 Cor. 11,9-11). Y eso no porque no los ame, sino todo lo contrario: porque está convencido de que el peso debe llevarlo el padre y no los hijos y porque no le interesan sus cosas sino ellos mismos, Pablo se muestra dispuesto a gastar lo que haga falta y a desgastarse él mismo en favor de sus amados corintios (2 Cor. 12,14-15).

Y cuando agradezca a los filipenses las ayudas que le han enviado, Pablo se alegrará más por la caridad y la vida cristiana que ello testimonia en sus cristiano que por la ayuda en sí: «no es que yo busque el don, sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta» (Fil. 4,17). Y la misma insistencia encontraremos cuando motive a los corintios a socorrer a los hermanos necesitados de Jerusalén (2 Cor. 8,10ss; 9,6ss).

Además con este total desprendimiento, Pablo sirve de modelo de trabajo (2 Tes. 3,9) y de generosidad (He. 20,35) a sus cristianos. Más aún, con ocasión de la mencionada colecta a favor de los cristianos pobres de Jerusalén, que debió alcanzar una suma considerable, Pablo tiene mucho cuidado en mostrar absoluta transparencia y desinterés; pide que cada comunidad envíe un delegado encargado no sólo de transportar los bienes, sino de supervisar y testimoniar la total limpieza, «pues procuramos el bien no sólo ante el Señor sino también ante los hombres» (2 Cor. 8,20-21). Todo «para no crear obstáculo alguno al Evangelio».

Esta sinceridad de motivos y este desprendimiento no aparece sólo en referencia a los bienes materiales. Pablo subraya en diversos pasajes su total rectitud de intención y su limpieza de miras: no actúa ni por error, ni por astucia, ni por motivos turbios, inconfesables o impuros, ni por adulación para conseguir el aplauso de los hombres, ni por ambición, ni por deseo de alcanzar honores (1 Tes. 2,3-6; 2 Cor. 4,2)...

Sabiendo que su juez es el Señor (1 Cor. 4,4) y que debe ser puesto al descubierto ante el tribunal de Cristo (2 Cor. 5,10), Pablo predica para «agradar no a los hombres, sino a Dios» (1 Tes. 2, 5), pues «si tratara de agradar a los hombres no sería siervo de Cristo» (Gal. 1, 10). Actúa en todo momento «delante de Dios» (2 Cor. 2, 17), estando ante Él al descubierto (2 Cor. 5,11), afanándose por agradarle (2 Cor 5,9). Esta rectitud es la que le recomienda también ante los hombres (2 Cor. 4,2). Y cuando algunos, a pesar de todo, se obstinen en no aceptarle, Pablo apelará a los hechos: «nuestra carta de recomendación sois vosotros» (2 Cor. 3,1-2).

Porque no quiere crear obstáculo alguno al Evangelio, Pablo contrasta su predicación con los Apóstoles de Jerusalén, para evitar correr en vano (Gal. 2,2). Se alegra de que Cristo sea anunciado, y eso aun en el caso de que algunos lleguen a hacerlo por rivalidad (Fil. 1,15-18).
Para no crear obstáculo alguno al Evangelio, Pablo se muestra desprendido incluso de su vida. En un pasaje memorable, mientras está en la cárcel y con posibilidad de ser ejecutado, muestra su deseo de «partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor»; sin embargo, ante la posibilidad de trabajo fecundo a favor del Evangelio prefiere permanecer en este mundo, pues es más necesario para los suyos (Fil. 1,20-26)



FUENTE: FUNDACIÓN GRATIS DATE

sábado, 9 de agosto de 2014

MONSEÑOR DANIEL STURLA SDB :OREMOS POR CRISTIANOS PERSEGUIDOS EN IRAQ

Queridos hermanos:

En la Asamblea de la Conferencia Episcopal del Uruguay del pasado miércoles 6 deagosto, Ios obispo del Uruguay hemos querido unirnos al clamor de nuestros hermanos cristianos que en distintas partes del mundo son perseguidos a causa de su fe.

En Iraq, un país donde hay cristianos desde los tiempos apostólicos, allí donde han avanzado las fuerzas extremistas, se ha marcado las casas de los cristianos con lo que sería Ia letra N de nuestro alfabeto para indicar que son "nazarenos" es decir seguidores de Jesús. Esta marca ha señalado para muchos pagar impuestos o tener que abandonar sus hogares. La ciudad de Mosul habitada fundamentalmente por cristianos, ha quedado casi abandonada. son 50.000 hermanos nuestros que han debido huir.

Esta realidad de persecución se vive también en otros países. Los cristianos aparecemos muy tímidos ante estos ataques que hacen de esta época, como ha dicho el papa Francisco, un tiempo de persecución mayor aún que en los primeros siglos del cristianismo

Los Obispos del Uruguay, unidos a los Episcopados de otras partes del mundo, hemos determinado que el día 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, en todas nuestras comunidades se rece por Ia paz en el mundo y especialmente por los cristianos perseguidos.

Espero que todas las comunidades tengan iniciativas de oración por esta causa, y que quienes no puedan hacerlo en comunidad, se unan desde sus hogares o lugares de trabajo a esta inciativa. 

María, Madre de todos, Auxiliadora de los cristianos,interceda ante el Padre para que todos nuestros hermanos puedan vivir en paz su fe.



+Daniel Sturla sdb
Arzobispo  de Montevideo

jueves, 7 de agosto de 2014

MISIONERAS DE LA CARIDAD: ORACIÓN MIENTRAS SE VISTEN

Hábito: María, mi queridísima María, concede que este
santo hábito ( besarlo ) me recuerde mi separación del mundo y sus vanidades. Permite que el mundo sea nada para mí y yo, nada para el mundo.Que me recuerde mi vestido bautismal y ayúdame a mantener en el día de hoy mi corazón limpio de pecado.

Cinturón: Que pueda este cinturón ( besarlo ) recordarme, querida Madre María, que soy tu hijo y como tal, debo intentar imitar tu pureza angelical, rodeada y protegida por esta pobreza absoluta  que coronó todo lo que tú hiciste por Jesús.

Crucifijo: Que este crucifijo( besarlo) me recuerde que soy amigo de Jesús crucificado y como tal,debo vivir en todas las cosas la vida de una víctima y hacerse obra como un Misionero de la Caridad.

Sandalias: Por libre voluntad, querido Jesús, debo seguirte dondequiera que Tu vayas, en busca de almas, a cualquier precio y por puro amor a Tí.

RP: HORACIO BOJORGE: MARÍA NO ES EL EVANGELIO... PERO SIN MARÍA NO HAY EVANGELIO


Y henos aquí, llegados al término de estas meditaciones sobre la figura de María a través
de los cuatro evangelistas. Es cierto que todo ellos nos hablan de María con la intención última de decir lo que desean acerca de Jesús. Sus discursos acerca de Cristo encuentran en ella luz y apoyo. Pero ninguno pudo prescindir de ella para hablar de Jesús y presentárnoslo como Evangelio, que es decir: como anuncio de salvación. 

 María no es el Evangelio. No hay ningún evangelio de María. Pero, sin María, tampoco hay Evangelio. Y ella no falta en ninguno de los cuatro. Ella no sólo es necesaria para envolver a Jesús en pañales (y lavarlos...). No sólo es necesaria para sostener los primeros pasos vacilantes de su niño sobre nuestra tierra de hombres. Su misión no sólo es coextensiva con la del Jesús terreno, sino que va más allá de su muerte en la Cruz: acompaña su resurrección y el surgimiento de su Iglesia. 

 Vestida de sol, coronada de estrellas, de pie sobre la luna, María, como su Hijo, permanece. Y aunque el mundo y los astros se desgasten como un vestido viejo, para confusión de los que en estas cosas pusieron su seguridad y vanagloria, María permanecerá, como la Palabra de Dios de la que es Eco. 

 María, Madre de Jesús, pertenece al acervo de los bienes comunes a Jesús y a sus discípulos. Su Padre es nuestro Padre. Su hora, nuestra hora. Su gloria, nuestra gloria. Su Madre, nuestra Madre.

CUÁL ES LA RAZÓN DE LA REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA?


Después de haber estado Lucía (vidente de Fátima) en oración, Nuestro Señor le reveló las razones  de los 5 sábados de reparación:  "Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:

1-Blasfemias contra su Inmaculada Concepción.

2-Contra su virginidad.


3-Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

4-Contra los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada.


5-Contra los que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes.

"He aquí hija mía, por que ante este Inmaculado Corazón ultrajado, se movió mi misericordia a pedir esta pequeña reparación, y, en atención a Ella, a conceder el perdón a las almas que tuvieran la desgracia de ofender a mi Madre. En cuanto a ti procura incesantemente con tus oraciones y sacrificios moverme a misericordia para con esas almas".
  

sábado, 2 de agosto de 2014

SANTO CURA DE ARS MODELO DE LOS PÁRROCOS DEL MUNDO

La secuela más desastrosa de la revolución era la ignorancia religiosa de las personas. El santo cura resolvió hacer todo lo posible para remediar el estado deplorable de los corazones.Sin embargo sus sermones e instrucciones le costaban un dolor enorme: su memoria no le permitía retener, así que pasaba noches enteras en la pequeña sacristía, en la composición y memorización de sus sermones de Domingo; en muchas ocasiones trabajaba 7 horas corridas en sus sermones.


Un parroquiano le preguntó una vez, porqué cuando predicaba hablaba tan alto y cuando oraba tan bajo, y él le dijo: "Ah, cuando predico le hablo a personas que están aparentemente sordas o dormidas, pero en oración le hablo a Dios que no es sordo" .

Los niños le daban aún más lástima que los adultos y comenzó a agruparlos en la rectoría y luego en la iglesia, tan temprano como las 6 de la mañana, porque en el campo el trabajo se inicia al amanecer. Era bien disciplinado y les demandaba que se supiesen el catecismo palabra por palabra.En esos días la profanación del Domingo era común y los hombres pasaban la mañana trabajando en el campo y las tardes y noches en los bailes o en las tabernas.

San Juan luchó en contra de estos males con gran vehemencia. "La taberna, declaró el santo en uno de sus sermones, es la tienda del demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía familiar, donde comienzan las peleas y los asesinatos se cometen. En cuanto a los dueños de las tabernas, el demonio no les molesta tanto, sino que los desprecia y les escupe".Tan grande fue la influencia del Cura de Ars, que llegó una época donde toda taberna de Ars tuvo que cerrar sus puertas por la falta de personas. En tiempos subsecuentes, modestos hoteles se abrieron para acomodar a los extraños, y a estos el Santo Cura no se opuso.

Con mucho más ahínco se propuso eliminar la costumbre de los bailes como distracción, porque bien sabía que eran fuente de caer en pecado grave. Para esto, revivió la costumbre de rezar las Vísperas del Domingo. Era tan estricto en contra de esto que hasta llegaba a negar la absolución a las personas que no desistían de tal costumbre.

Por esta razón se ganó muchos enemigos, que decían grandes calumnias en su contra sin embargo él las tomaba ligeramente y no ponía su corazón en esto.

BENEDICTO XVI: SANTO CURA DE ARS


San Juan María Vianney, cura de Ars

Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy quiero recorrer de nuevo la vida del santo cura de Ars subrayando algunos de sus rasgos, que pueden servir de ejemplo también para los sacerdotes de nuestra época, ciertamente diferente de aquella en la que él vivió, pero en varios aspectos marcada por los mismos desafíos humanos y espirituales fundamentales.

Precisamente ayer se cumplieron 150 años de su nacimiento para el cielo: a las dos de la mañana del 4 de agosto de 1859 san Juan Bautista María Vianney, terminado el curso de su existencia terrena, fue al encuentro del Padre celestial para recibir en herencia el reino preparado desde la creación del mundo para los que siguen fielmente sus enseñanzas (cf. Mt 25, 34). ¡Qué gran fiesta debió de haber en el paraíso al llegar un pastor tan celoso! ¡Qué acogida debe de haberle reservado la multitud de los hijos reconciliados con el Padre gracias a su obra de párroco y confesor!...

Juan María Vianney nació en la pequeña aldea de Dardilly el 8 de mayo de 1786, en el seno de una familia campesina, pobre en bienes materiales, pero rica en humanidad y fe. Bautizado, de acuerdo con una buena costumbre de esa época, el mismo día de su nacimiento, consagró los años de su niñez y de su adolescencia a trabajar en el campo y a apacentar animales, hasta el punto de que, a los diecisiete años, aún era analfabeto. No obstante, se sabía de memoria las oraciones que le había enseñado su piadosa madre y se alimentaba del sentido religioso que se respiraba en su casa.


Los biógrafos refieren que, desde los primeros años de su juventud, trató de conformarse a la voluntad de Dios incluso en las ocupaciones más humildes. Albergaba en su corazón el deseo de ser sacerdote, pero no le resultó fácil realizarlo. Llegó a la ordenación presbiteral después de no pocas vicisitudes e incomprensiones, gracias a la ayuda de prudentes sacerdotes, que no se detuvieron a considerar sus límites humanos, sino que supieron mirar más allá, intuyendo el horizonte de santidad que se perfilaba en aquel joven realmente singular. Así, el 23 de junio de 1815, fue ordenado diácono y, el 13 de agosto siguiente, sacerdote. Por fin, a la edad de 29 años, después de numerosas incertidumbres, no pocos fracasos y muchas lágrimas, pudo subir al altar del Señor y realizar el sueño de su vida.


El santo cura de Ars manifestó siempre una altísima consideración del don recibido. Afirmaba: "¡Oh, qué cosa tan grande es el sacerdocio! No se comprenderá bien más que en el cielo... Si se entendiera en la tierra, se moriría, no de susto, sino de amor" (Abbé Monnin, Esprit du Curé d'Ars, p. 113). Además, de niño había confiado a su madre: "Si fuera sacerdote, querría conquistar muchas almas" (Abbé Monnin, Procès de l'ordinaire, p. 1064). Y así sucedió. En el servicio pastoral, tan sencillo como extraordinariamente fecundo, este anónimo párroco de una aldea perdida del sur de Francia logró identificarse tanto con su ministerio que se convirtió, también de un modo visible y reconocible universalmente, en alter Christus, imagen del buen Pastor que, a diferencia del mercenario, da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10, 11). A ejemplo del buen Pastor, dio su vida en los decenios de su servicio sacerdotal. Su existencia fue una catequesis viviente, que cobraba una eficacia muy particular cuando la gente lo veía celebrar la misa, detenerse en adoración ante el sagrario o pasar muchas horas en el confesonario.


El centro de toda su vida era, por consiguiente, la Eucaristía, que celebraba y adoraba con devoción y respeto. Otra característica fundamental de esta extraordinaria figura sacerdotal era el ministerio asiduo de las confesiones. En la práctica del sacramento de la Penitencia reconocía el cumplimiento lógico y natural del apostolado sacerdotal, en obediencia al mandato de Cristo: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20, 23).


Así pues, san Juan María Vianney se distinguió como óptimo e incansable confesor y maestro espiritual. Pasando, "con un solo movimiento interior, del altar al confesonario", donde transcurría gran parte de la jornada, intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus feligreses redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la Presencia eucarística (cf. Carta a los sacerdotes para el Año sacerdotal).


Los métodos pastorales de san Juan María Vianney podrían parecer poco adecuados en las actuales condiciones sociales y culturales. De hecho, ¿cómo podría imitarlo un sacerdote hoy, en un mundo tan cambiado? Es verdad que los tiempos cambian y que muchos carismas son típicos de la persona y, por tanto, irrepetibles; sin embargo, hay un estilo de vida y un anhelo de fondo que todos estamos llamados a cultivar. Mirándolo bien, lo que hizo santo al cura de Ars fue su humilde fidelidad a la misión a la que Dios lo había llamado; fue su constante abandono, lleno de confianza, en manos de la divina Providencia.


Logró tocar el corazón de la gente no gracias a sus dotes humanas, ni basándose exclusivamente en un esfuerzo de voluntad, por loable que fuera; conquistó las almas, incluso las más refractarias, comunicándoles lo que vivía íntimamente, es decir, su amistad con Cristo. Estaba "enamorado" de Cristo, y el verdadero secreto de su éxito pastoral fue el amor que sentía por el Misterio eucarístico anunciado, celebrado y vivido, que se transformó en amor por la grey de Cristo, los cristianos, y por todas las personas que buscan a Dios.


Su testimonio nos recuerda, queridos hermanos y hermanas, que para todo bautizado, y con mayor razón para el sacerdote, la Eucaristía "no es simplemente un acontecimiento con dos protagonistas, un diálogo entre Dios y yo. La Comunión eucarística tiende a una transformación total de la propia vida. Con fuerza abre de par en par todo el yo del hombre y crea un nuevo nosotros" (Joseph Ratzinger, La Comunione nella Chiesa, p. 80).


Así pues, lejos de reducir la figura de san Juan María Vianney a un ejemplo, aunque sea admirable, de la espiritualidad católica del siglo XIX, es necesario, al contrario, percibir la fuerza profética, de suma actualidad, que distingue su personalidad humana y sacerdotal. En la Francia posrevolucionaria que experimentaba una especie de "dictadura del racionalismo" orientada a borrar la presencia misma de los sacerdotes y de la Iglesia en la sociedad, él vivió primero -en los años de su juventud- una heroica clandestinidad recorriendo kilómetros durante la noche para participar en la santa misa. Luego, ya como sacerdote, se caracterizó por una singular y fecunda creatividad pastoral, capaz de mostrar que el racionalismo, entonces dominante, en realidad no podía satisfacer las auténticas necesidades del hombre y, por lo tanto, en definitiva no se podía vivir.


Queridos hermanos y hermanas, a los 150 años de la muerte del santo cura de Ars, los desafíos de la sociedad actual no son menos arduos; al contrario, tal vez resultan todavía más complejos. Si entonces existía la "dictadura del racionalismo", en la época actual reina en muchos ambientes una especie de "dictadura del relativismo". Ambas parecen respuestas inadecuadas a la justa exigencia del hombre de usar plenamente su propia razón como elemento distintivo y constitutivo de la propia identidad. El racionalismo fue inadecuado porque no tuvo en cuenta las limitaciones humanas y pretendió poner la sola razón como medida de todas las cosas, transformándola en una diosa; el relativismo contemporáneo mortifica la razón, porque de hecho llega a afirmar que el ser humano no puede conocer nada con certeza más allá del campo científico positivo. Sin embargo, hoy, como entonces, el hombre "que mendiga significado y realización" busca continuamente respuestas exhaustivas a los interrogantes de fondo que no deja de plantearse.


Tenían muy presente esta "sed de verdad", que arde en el corazón de todo hombre, los padres del concilio ecuménico Vaticano ii cuando afirmaron que corresponde a los sacerdotes, "como educadores en la fe", formar "una auténtica comunidad cristiana" capaz de preparar "a todos los hombres el camino hacia Cristo" y ejercer "una auténtica maternidad" respecto a ellos, indicando o allanando a los no creyentes "el camino hacia Cristo y su Iglesia", y siendo para los fieles "estímulo, alimento y fortaleza para el combate espiritual" (cf.Presbyterorum ordinis, 6).


La enseñanza que al respecto sigue transmitiéndonos el santo cura de Ars es que en la raíz de ese compromiso pastoral el sacerdote debe poner una íntima unión personal con Cristo, que es preciso cultivar y acrecentar día tras día. Sólo enamorado de Cristo, el sacerdote podrá enseñar a todos esta unión, esta amistad íntima con el divino Maestro; podrá tocar el corazón de las personas y abrirlo al amor misericordioso del Señor. Sólo así, por tanto, podrá infundir entusiasmo y vitalidad espiritual a las comunidades que el Señor le confía.


Oremos para que, por intercesión de san Juan María Vianney, Dios conceda a su Iglesia el don de santos sacerdotes, y para que aumente en los fieles el deseo de sostener y colaborar con su ministerio. Encomendemos esta intención a María, a la que precisamente hoy invocamos como Virgen de las Nieves.


Palacio pontificio de CastelgandolfoMiércoles 5 de agosto de 2009