miércoles, 26 de febrero de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA : LA ORACIÓN DE ANA ( Madre Samuel)

Conozcamos a Samuel, un hombre de Dios, el último juez y quién ungirá al primer rey de Israél. Conozcamos hoy a sus padre Ana y Elcana

martes, 25 de febrero de 2014

MEDJUGORJE 25 DE FEBRERO 2014



Marija during an apparition


Queridos hijos! Ven, oyen y sienten que en los corazones de mucha gente no está Dios: no lo quieren, porque están lejos de la oración y no tienen paz. Ustedes, hijitos, oren, vivan los mandamientos de Dios. Ustedes sean oración, ustedes que desde el principio mismo han dicho "sí" a mi llamado. Testimonien a Dios y mi presencia, y no olviden, hijitos, Yo estoy con ustedes y los amo. Día a día los presento a todos a mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado. 

lunes, 24 de febrero de 2014

HORACIO BOJORGE SJ: SOBERBIA Y VANAGLORIA


1.- Vamos a tratar juntos estos dos pecados capitales porque están muy unidos entre sí.


La soberbia es el deseo desordenado de excelencia propia. A ella se opone la virtud de la Humildad. El humilde, obedece a Dios, busca su gloria y lo alaba.

* La vanagloria es el deseo desordenado de prestigio, de fama, del aplauso o la admiración de los demás, o simplemente la aprobación, o por lo menos la aceptación de los demás. A ella se opone la virtud de la Modestia. El modesto no busca su propia gloria ni quiere imponerse a otros.

2.- El soberbio lo es en primer lugar frente a Dios, luego se muestra soberbio ante los demás. Y al exigir que los demás reconozcan su superioridad, incurre en vanidad. Y así se hace dependiente, pasando de señor a esclavo y dependiente del ajeno reconocimiento.

3.- El vanidoso lo es frente a los demás. Su vanidad: o bien nace de la soberbia, o bien lo precipita en ella haciéndolo olvidar la gloria de Dios por buscar la propia.

4.- El arquetipo (=modelo primero y principal) de la soberbia es el Ángel malo cuya rebeldía ante Dios se expresa con la frase: "Non serviam" = "No te serviré". La soberbia se manifiesta como desobediencia a Dios. Por lo tanto, en todo pecado, por desobediencia a uno o varios mandamientos que manifiestan la voluntad de Dios, hay soberbia = desobediencia.

5.- A imagen y semejanza del Ángel caído, el Rey perverso del que habla el profeta Daniel, es el prototipo del hombre soberbio. Ese rey: "... obrará a su antojo; se engreirá y se exaltará por encima de todos los dioses y proferirá cosas inauditas contra el Dios de los dioses;... prosperará hasta que haya colmado la medida de la Ira de Dios...se exaltará a sí mismo por encima de todos. En lugar del Dios verdadero, venerará al dios de la guerra, le rendirá culto con oro y plata, piedras preciosas y joyas... y a los que lo reconozcan dios los colmará de honores dándoles el dominio sobre muchos y repartiéndoles la tierra como recompensa" (Daniel 11,36-39).

6.- El arquetipo social o cultural de la soberbia y vanagloria es Babel, como veremos enseguida.

7.- Por el contrario: el arquetipo tanto de la Humildad como de la Modestia, es Jesús: siervo sufriente que viene a hacer la voluntad del Padre y a obedecerle. Y también lo es María

martes, 18 de febrero de 2014

SAN GREGORIO MAGNO: SABER HABLAR Y SABER CALLAR

De la Regla pastoral de San Gregorio Magno, PapaLibro 2, 4: PL 77, 30-3 1

El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.

Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.

¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.

Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.


Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.

lunes, 17 de febrero de 2014

GENEALOGÍA DE JESÚS EN LUCAS


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¿Cuál sería este contenido? El cardenal Danielou lo ha señalado con precisión: «Mostrar que el nacimiento de Jesús no es un acontecimiento fortuito, perdido dentro de la historia humana, sino la realización de un designio de Dios al que estaba ordenado todo el Antiguo Testamento». Dentro de este enfoque, Mateo -que se dirige a los judíos en su evangelio- trataría de probar que en Jesús se cumplen las promesas hechas a Abrahán y David. Lucas -que escribe directamente para paganos y convertidos- bajará desde Cristo hasta Adán, para demostrar que Jesús vino a salvar, no sólo a los hijos de Abrahán, sino a toda la posteridad de Adán. A esta luz las listas evangélicas dejan de ser aburridas y se convierten en conmovedoras e incluso en apasionantes.

Escribe Guardini:
¡Qué elocuentes son estos nombres! A través de ellos surgen de las tinieblas del pasado más remoto las figuras de los tiempos primitivos. Adán. penetrado por la nostalgia de la felicidad perdida del paraíso; Matusalén, el muy anciano; Noé. rodeado del terrible fragor del diluvio; Abrahán, al que Dios hizo salir de su país y de su familia para que formase una alianza con él; Isaac, el hijo del milagro, que le fue devuelto desde el altar del sacrificio; Jacob, el nieto que luchó con el ángel de Dios... ¡Qué corte de gigantes del espíritu escoltan la espalda de este recién nacido!

Pero no sólo hay luz en esa lista. Lo verdaderamente conmovedor de esta genealogía es que ninguno de los dos evangelistas ha «limpiado» la estirpe de Jesús. Cuando hoy alguien exhibe su árbol genealógico trata de ocultarlo, por lo menos, de no sacar a primer plano las «manchas» que en él pudiera haber; se oculta el hijo ilegitimo y mucho más el matrimonio vergonzoso. No obran así los evangelistas. En la lista aparece -y casi subrayado- Farés, hijo incestuoso de Judá; Salomón, hijo adulterino de David.

Y digo que casi lo subrayan porque no era frecuente que en las genealogías hebreas aparecieran mujeres; aquí aparecen cuatro y las cuatro con historias tristes. Tres de ellas son extranjeras (una cananea, una moabita, otra hitita) y para los hebreos era una infidelidad el matrimonio con extranjeros. Tres de ellas son pecadoras. Sólo Ruth pone una nota de pureza. No se oculta el terrible nombre de Tamar, nuera de Judá, que, deseando vengarse de él, se vistió de cortesana y esperó a su suegro en una oscura encrucijada. De aquel encuentro incestuoso nacerían dos ascendientes de Cristo: Farés y Zara. Y el evangelista no lo oculta. Y aparece el nombre de Rajab, pagana como Ruth. y «mesonera», es decir, ramera de profesión. De ella engendró Salomón a Booz.

Y no se dice -hubiera sido tan sencillo- «David engendró a Salomón de Betsabé», sino, abiertamente, «de la mujer de Urías». Parece como si el evangelista tuviera especial interés en recordarnos la historia del pecado de David que se enamoró de la mujer de uno de sus generales, que tuvo con ella un hijo y que, para ocultar su pecado, hizo matar con refinamiento cruel al esposo deshonrado.

¿Por qué este casi descaro en mostrar lo que cualquiera de nosotros hubiera ocultado con un velo pudoroso? No es afán de magnificar la ascendencia de Cristo, como ingenuamente pensaban los racionalistas del siglo pasado; tampoco es simple ignorancia. Los evangelistas al subrayar esos datos están haciendo teología, están poniendo el dedo en una tremenda verdad que algunos piadosos querrían ocultar pero que es exaltante para todo hombre de fe: Cristo entró en la raza humana tal y como la raza humana es, puso un pórtico de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- pero aceptó, en todo el resto de su progenie, la realidad humana total que él venia a salvar.

viernes, 14 de febrero de 2014

PAPA FRANCISCO: A MISA SIN RELOJ

2014-02-10 L’Osservatore Romano
A misa no se va con el reloj en la mano, como si se debieran contar los minutos o asistir a una representación. Se va para participar en el misterio de Dios. Y esto es válido también para quienes vienen a Santa Marta a la misa celebrada por el Papa, que, dijo en efecto el Pontífice el lunes 10 de febrero, a los fieles presentes en la capilla de su residencia, «no es un paseo turístico. ¡No! Vosotros venís aquí y nos reunimos aquí para entrar en el misterio. Y ésta es la liturgia».
Para explicar el sentido de este encuentro cercano con el misterio, el Papa Francisco recordó que el Señor habló a su pueblo no sólo con palabras. «Los profetas –dijo– referían las palabras del Señor. Los profetas anunciaban. El gran profeta Moisés dio los mandamientos, que son palabra del Señor. Y muchos otros profetas decían al pueblo aquello que quería el Señor». Sin embargo, «el Señor –añadió– habló también de otra manera y de otra forma a su pueblo: con las teofanías. Cuando Él se acerca al pueblo y se hace sentir, hace sentir su presencia precisamente en medio del pueblo». Y recordó, además del episodio propuesto por la primera lectura (1 Re 8, 1-7.9-13), algunos pasajes referidos a otros profetas.
«“Sucede lo mismo también en la Iglesia» –explicó el Papa–. El Señor nos habla a través de su Palabra, recogida en el Evangelio y en la Biblia; y a través de la catequesis, de la homilía. No sólo nos habla, sino que también «se hace presente –precisó– en medio de su pueblo, en medio de su Iglesia. Es la presencia del Señor. El Señor que se acerca a su pueblo; se hace presente y comparte con su pueblo un poco de tiempo». Esto es lo que sucede durante la celebración litúrgica que ciertamente «no es un buen acto social –explicó una vez más el obispo de Roma– y no es una reunión de creyentes para rezar juntos. Es otra cosa» porque «en la liturgia eucarística Dios está presente» y, si es posible, se hace presente de un modo aún «más cercano». Su presencia, dijo nuevamente el Papa, «es una presencia real».
Y «cuando hablo de liturgia –puntualizó el Pontífice– me refiero principalmente a la santa misa. Cuando celebramos la misa, no hacemos una representación de la Última Cena». La misa «no es una representación; es otra cosa. Es propiamente la Última Cena; es precisamente vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre para la salvación del mundo».
Así, el Papa Francisco volvió a proponer, como lo hace a menudo, un comportamiento común en los fieles: «Nosotros escuchamos o decimos: “pero, yo no puedo ahora, debo ir a misa, debo ir a escuchar misa”. La misa no se escucha, se participa. Y se participa en esta teofanía, en este misterio de la presencia del Señor entre nosotros». Es algo distinto de las otras formas de nuestra devoción, precisó nuevamente poniendo el ejemplo del belén viviente «que hacemos en las parroquias en Navidad, o el vía crucis que hacemos en Semana Santa». Éstas, explicó, son representaciones; la Eucaristía es «una conmemoración real, es decir, es una teofanía. Dios se acerca y está con nosotros y nosotros participamos en el misterio de la redención».
El Pontífice se refirió luego a otro comportamiento muy común entre los cristianos: «Cuántas veces –dijo– contamos los minutos... “tengo apenas media hora, tengo que ir a misa...”». Ésta «no es la actitud propia que nos pide la liturgia: la liturgia es tiempo de Dios y espacio de Dios, y nosotros debemos entrar allí, en el tiempo de Dios, en el espacio de Dios y no mirar el reloj. La liturgia es precisamente entrar en el misterio de Dios; dejarnos llevar al misterio y estar en el misterio».
Y, dirigiéndose precisamente a los presentes en la celebración continuó así: «Por ejemplo, yo estoy seguro de que todos vosotros venís aquí para entrar en el misterio. Tal vez, sin embargo, alguno dijo “yo tengo que ir a misa a Santa Marta, porque el itinerario turístico de Roma incluye ir a visitar al Papa a Santa Marta todas las mañanas....”. ¡No! Vosotros venís aquí, nosotros nos reunimos aquí, para entrar en el misterio. Y esto es la liturgia, el tiempo de Dios, el espacio de Dios, la nube de Dios que nos envuelve a todos».
El Papa Francisco compartió con los presentes algunos recuerdos de su infancia: «Recuerdo que siendo niño, cuando nos preparábamos para la Primera Comunión, nos hacían cantar “Oh santo altar custodiado por los ángeles” y esto nos hacía comprender que el altar estaba custodiado por los ángeles, nos daba el sentido de la gloria de Dios, del espacio de Dios, del tiempo de Dios. Y luego, cuando hacíamos el ensayo para la Comunión, llevábamos las hostias para el ensayo y nos decían: “mirad que éstas no son las que recibiréis; éstas no valen nada, porque luego estará la consagración”. Nos hacían distinguir bien una cosa de la otra: el recuerdo de la conmemoración». Por lo tanto, celebrar la liturgia significa «tener esta disponibilidad para entrar en el misterio de Dios», en su espacio, en su tiempo.
Y, llegando ya a la conclusión, el Pontífice invitó a los presentes a «pedir hoy al Señor que nos done a todos este sentido de lo sagrado, este sentido que nos haga comprender que una cosa es rezar en casa, rezar en la iglesia, rezar el rosario, recitar muchas y hermosas oraciones, hacer el vía crucis, leer la Biblia; y otra cosa es la celebración eucarística. En la celebración entramos en el misterio de Dios, en esa senda que nosotros no podemos controlar: sólo Él es el único, Él es la gloria, Él es el poder. Pidamos esta gracia: que el Señor nos enseñe a entrar en el misterio de Dios».

jueves, 13 de febrero de 2014

ARTURO BARRANCO: CONOCER AL PASTOR

De una reunión de artistas, un declamador muy famoso
deleitaba a los demás recitando trozos de poetas y dramaturgos maravillosos, empezando por Pablo Neruda, Shakespeare y otros. Un sacerdote estaba allí y en un momento de descanso le preguntó si podía declamar el salmo 23 sobre el pastor. El declamador le respondió: Claro que puedo y lo voy a declamar pero, como condición, después de que yo lo declame también usted lo declamará. El sacerdote, extrañado por la propuesta, aceptó. La declamación del artista fue preciosa, entusiasta. Una lluvia de aplausos cerraron su presentación.

Luego fue el turno del sacerdote. Declamó el mismo salmo 23 sobre el pastor. Al terminar, no hubo aplausos, sólo un silencio muy grande, un silencio especial, diríamos espiritual. Tal vez de algún ojo se escapó una lágrima. Pasados unos instantes el declamador se levantó y dijo: "Ustedes acaban de presenciar algo muy grande". Yo declamé el salmo sobre el pastor porque conocía muy bien las palabras, pero él conocía al pastor.

miércoles, 12 de febrero de 2014

MEDJUGORJE: TESTIMONIO MARÍA MARTA ( URUGUAY )





Testimonio de María Marta de Urugua


Nací y me crié en Montevideo, Uruguay, dentro de una linda familia Católica practicante. Soy la última de 7 hermanos (uno de ellos fallecido al nacer). Mis padres siempre han sido un gran ejemplo para nosotros como padres y como matrimonio católico. Crecí en un ambiente en que se rezaba y se iba a Misa. A medida que fui entrando en la adolescencia fui perdiendo el gusto por todo lo referente a Dios. Quería vivir todas las emociones del mundo y sentía que la Iglesia no llenaba mis expectativas. A partir de los 16 años comencé esa carrera que creía tanto necesitar. Pasé por muchas etapas: algunas de euforia, en la que salía prácticamente todos los fines de semana y en vacaciones lo hacía todos los días; otras estuvieron cargadas de mucha tristeza, con pensamientos negativos y destructivos hacia mí misma. Gracias a otras amistades que vieron mi situación logré salir de ese círculo vicioso. Mi vida se volvió más estable, fui madurando, estudié y me recibí de maestra pre escolar y maternal, comencé a trabajar y a vivir sola en un apartamento. También intenté conocer a alguien para así poder formar una familia, con la cual yo creía que al fin podría ser feliz. Pero esas relaciones por una u otra razón no funcionaban.
Una amiga muy cercana participaba en un grupo de oración de Medjugorje y me invitó. Le negué las primeras invitaciones porque me parecía muy aburrido. Al final decidí ir al menos una vez para dejarla contenta. Esa primera vez fue muy especial y aún la llevo en mi corazón. No recuerdo el contenido de esa experiencia pero sí los sentimientos que me generaron, me sentí amada, aceptada y lo más fuerte, me sentí buscada y encontrada. Sólo eso bastó para meterme de lleno en ese caminar. A los pocos meses realicé, junto con el grupo de oración, una peregrinación a Medjugorje. Esto enraizó más mi fe y compromiso con Dios.
Aparentemente yo era una chica muy feliz y exitosa con lo que quería, pero por dentro el vacío seguía allí y no lo comprendía ni toleraba. Esa carencia inexplicable la intentaba llenar de cosas mundanas, me resguardé en la vanidad y en la afectividad, poniendo esos dos aspectos por delante del mismo Dios. Mi felicidad momentánea dependía de cómo me sintiera y viera físicamente y de sentirme amada y necesitada. Esos eran mis dos ídolos secretos y tan aceptados por la sociedad y hasta por mí misma. Así fue como en esos años conocí al Padre Francisco Verar, a quien invitábamos para recibir charlas y retiros. Conociendo un poco de su Comunidad sentí un fuerte llamado a entrar en ella, sin saber a ciencia cierta cuál era el motivo.
En esos años conocí mis defectos más profundamente, las miserias y carencias que tenía y que intentaba inconscientemente llenar con apegos mundanos y calmar mi conciencia con la participación en la Iglesia. Ahora puedo ver la vida mediocre que yo llevaba, poniendo a Dios como una actividad más en ella y dándole el tiempo que yo creía justo y necesario. Pero ¿Qué estaba dando? ¿Por qué estaba dando? Y sobre todo, ¿Para quién?  Aprendí a necesitar de Dios y a darme sin excusas ni condiciones. Estando en la Comunidad tuve la dicha de vivir 6 meses en Medjugorje donde María me acompañó y acercó aún más a Su Hijo, viviendo un amor más real y puro. Donde  también vi la importancia de vivir los mensajes, que por poca voluntad e ignorancia, me costaba aceptar y vivir. Medjugorje me ha ayudado a buscar la felicidad donde sé la tengo asegurada, en Cristo Jesús. A buscar el consuelo y apoyo que sé lo tengo asegurado, en los brazos Purísimos de María.
Actual y temporalmente  estoy en Montevideo donde vivo mi fe sin miedos y sobre todo sin máscaras. Buscando día a día la voluntad de Dios en mi vida y poniendo en práctica los mensajes que María da desde hace 32 años en Medjugorje.
María Marta Guynot de Boismenu
Montevideo – Uruguay

 Centro María Reina de La Paz
       Montevideo-Uruguay

martes, 11 de febrero de 2014

MONSEÑOR DANIEL STURLA: CA RTA A LOS PRESBÍTEROS

Montevideo, 11 de febrero de 2014
Memoria de Nuestra Señora de Lourdes
Queridos Hermanos Presbíteros de la Arquidiócesis de Montevideo:

Comencé el 2014 participando de una misión juvenil en la Parroquia Mater Admirabilis de Jardines del Hipódromo. El 31 de de noche, esperando en el templo la llegada del nuevo año,rezando y pensando en una Palabra de Dios para acompañar el año,  me vino al corazón la hermosa expresión del salmista: “Contaré tu fama a mis hermanos; en medio de la asamblea, te alabaré”. Al día siguiente, al rezar el oficio de lecturas, me llevé la grata sorpresa que el pasajede ese día de la carta a los Hebreos, citaba este versículo del salmo 22.
Hoy quisiera,  en este primer saludo como Arzobispo, recién “salido del horno”, dirigirme a Ustedes, decirles que estuvieron entre los primeros pensamientos que se me agolparon en el corazón, cuando supe la noticia de mi elección por el Papa Francisco.
Quiero expresarles mi anhelo de estar cerca de Ustedes. Mi deseo es encontrarlos en este tiempo, conocerlos más, escuchar sus inquietudes, compartirles las mías. Sé que sólo con la colaboración de cada uno de los sacerdotes de la Arquidiócesis podremos dar, a nuestra querida Iglesia de Montevideo, un renovado impulso evangelizador y misionero, trabajar junto con los consagrados y los laicos para que  “la ciudad se llene de alegría” (cfr Hch 8,8). Nuestra gente,en los distintos barrios y poblados de Montevideo, de un modo especial los jóvenes y los pobres,  necesitan que les “contemos la fama del Señor” y que todos juntos en asamblea (eklesía) “cantemos sus alabanzas”.
Sé de mis límites para llevar adelante esta responsabilidad, pero como Santa Teresa de Jesús, le digo al Señor, como otras veces en mi vida: “o no me mandes entender en estas cosas, o remedias esta necesidad. Tener a Mons. Milton, en esta transición, como Administrador Apostólico; pero más aún, saber que cuento con él como primer colaborador, hermano y amigo, me da mucha paz. Sé que contaré también con el apoyo y consejo de Mons. Nicolás, a quien le agradezco, en nombre de todos, sus quince años de servicio pastoral en Montevideo.
Siempre he tenido buena relación con “la gran nube de testigos” que nos rodea, de la que habla la carta a los Hebreos. Me encomiendo de modo especial a María Santísima, a la que amo desde que me conozco, a nuestros patronos  San Felipe y Santiago, y a los pastores que me precedieron en este servicio, comenzando por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera. ellos y aUstedes, especialmente a los que están enfermos o atravesando alguna situación de dolor, les pido su oración e intercesión.
Que el Buen Dios y María Santísima nos acompañen en este camino. Abrazo y bendición.

  +Daniel Sturla sdb
      Arzobispo electo de Montevideo

ENTREVISTA MONSEÑOR STURLA ARZOBISPO DE MONTEVIDEO

lunes, 10 de febrero de 2014

PAPA FRANCISCO: PEDIR TRES GRACIAS

(RV).- (Audio)  En la Misa presidida esta mañana en la casa de Santa Marta, el Papa Francisco reflexionó sobre el misterio de la muerte, invitando a pedir a Dios tres gracias: morir en la Iglesia, con esperanza y dejando la herencia de un testimonio cristiano.
En su homilía, el Papa comentó la primera Lectura del día que relata la muerte de David, luego de una vida dedicada al servicio a su pueblo. Francisco subrayó tres cosas: la primera es que David muere “en el regazo de su pueblo”. Vive hasta el final “su pertenencia al Pueblo de Dios. Había pecado: él mismo se llama ‘pecador’, pero ¡jamás dejó el Pueblo de Dios!”:
“¡Pecador si, traidor no! Y ésta es una gracia: permanecer hasta el final en el Pueblo de Dios. Tener la gracia de morir en el regazo de la Iglesia, en el regazo del Pueblo de Dios. Y éste es el primer punto que quisiera subrayar. Pedir también para nosotros la gracia de morir en casa. Morir en casa, en la Iglesia. ¡Ésta es una gracia! ¡Esto no se compra! Es un regalo de Dios y debemos pedirlo: ‘Señor, ¡hazme el regalo de morir en casa, en la Iglesia!’. Pecadores sí, ¡todos, todos lo somos! Pero traidores ¡no! Corruptos ¡no! ¡Siempre dentro! Y la Iglesia es tan madre que también nos quiere así, tantas veces sucios, pero la Iglesia nos limpia: ¡es madre!”.
Segunda reflexión: David muere “tranquilo, en paz, sereno” en la certidumbre de andar “al otro lado con sus” padres. “Ésta – afirmó el Santo Padre – es otra gracia: la gracia de morir en la esperanza, en la conciencia” que “en la otra parte nos esperan; al otro lado la casa continúa, continúa la familia”, no estaremos solos. “Y ésta es una gracia que debemos pedir – observó – porque en los últimos momentos de la vida sabemos que la vida es una lucha y el espíritu del mal quiere el botín”:
“Santa Teresita del Niño Jesús decía que, en sus últimos años, en su alma había una lucha y cuando ella pensaba al futuro, a aquello que le esperaba después de la muerte, en el cielo, sentía como una voz que decía: ‘Pero no, no seas tonta te espera la oscuridad. ¡Te espera sólo la oscuridad de la nada!’. Así dice. Es la voz del diablo, del demonio, que no quería que ella se confiase en Dios. ¡Morir en la esperanza y morir confiándose en Dios! Y pedir esta gracia. Pero confiarse en Dios comienza ahora, en las pequeñas cosas de la vida, también en los grandes problemas: confiarse siempre en el Señor y así uno adquiere esta costumbre de confiarse en el Señor y crece la esperanza. Morir en casa, morir en la esperanza”.
La tercera reflexión del Pontífice fue sobre la herencia que deja David. Hay “tantos escándalos sobre la herencia” – recordó el Obispo de Roma – “escándalos en las familias, que dividen”. David, en cambio, “deja la herencia de 40 años de gobierno” y “el pueblo consolidado, fuerte”. “Un dicho popular - continuó - dice que todo hombre debe dejar en la vida un hijo, debe plantar un árbol y debe escribir un libro: ¡ésta es la mejor herencia!”. Por lo tanto invitó a preguntarse: “¿Qué herencia dejo yo a aquellos que vienen tras de mí? ¿Una herencia de vida? ¿He hecho tanto bien que la gente me quiere como padre o como madre? ¿He plantado un árbol? ¿He dado la vida, sabiduría? ¿He escrito un libro?”. David deja esta herencia a su hijo, diciéndole: “¡Tú sé fuerte y demuéstrate hombre. Observa la ley del Señor, tu Dios, avanzando por sus caminos y siguiendo sus leyes!”:
“Ésta es la herencia: nuestro testimonio de cristianos dejado a los demás. Y algunos de nosotros dejan una gran herencia: pensemos en los Santos que han vivido el Evangelio con tanta fuerza, que nos han dejado como herencia un camino de vida y un modo de vivir. Éstas son las tres cosas que me vienen al corazón con la lectura de este pasaje sobre la muerte de David: pedir la gracia de morir en casa, morir en la Iglesia; pedir la gracia de morir en la esperanza, con la esperanza; y pedir la gracia de dejar una bella herencia, una herencia humana, una herencia hecha con el testimonio de nuestra vida cristiana. ¡Que San David nos conceda a todos nosotros estas tres gracias!”. (RC-RV)

domingo, 9 de febrero de 2014

DIÁC. JORGE NOVOA: EL APOCALÍPSIS Y SU BIENAVENTURANZA...


El libro del Apocalípsis a lo largo de la historia de la humanidad ha sido un libro muy comentado, ha contribuido a ello el carácter misterioso de su lenguaje, que suscita curiosidad. El hombre desea, como dice san Pablo a los Corintios en el himno a la caridad (I Cor 12-13), “conocer las cosas secretas con toda clase de conocimientos”.

La industria del cine, también se ha ocupado de ayudar a la distorsión cultural, que a la sola mención de su nombre, piensa en catástrofes, desastres y conmociones cósmicas. Reconocemos que el escenario presentado esta sembrado de visones complejas y escalofriantes, pero la acentuación unilateral de esta dirección, distorsiona la “verdad” que Dios quiere revelarnos en esta profecía.

Frente a ello, el libro se inicia proclamando una Bienaventuranza, destinada a los que leen y escuchan la profecía (1,3). Quienes son Bienaventurados? Los que “leen y escuchan” la Palabra de Dios, que viene a revelar al hombre, las cosas conocidas por Él. A esta apertura inicial, y a modo de inclusión, la complementa la bienaventuranza que cierra esta profecía (22,7), y que anuncia la necesidad de “guardar” esta palabra comunicada. Aparecen, expresadas las tres acciones que Dios reclama al hombre, en la bienaventuranza inicial y final (1,3; 22,7): leer, escuchar y guardar.

A estos dos anuncios de bienaventuranzas, que abren y cierran el libro del Apocalípsis debemos agregar otros cinco más, completando la cifra simbólica siete, que sabemos hace referencia en el libro: a plenitud, totalidad y cifra perfecta. Con ella, se manifiesta una dimensión de plenitud a la que se alude en el libro, queriendo expresarnos que ella en su totalidad es una “Bienaventuranza”.

Dios quiere consolar, guiar y fortalecer a su Pueblo que está padeciendo la persecución. El destinatario es la Iglesia, su Pueblo, presente en las “iglesias locales” a las que se dirige esta Palabra, y sometido a la persecución cruenta, que puede debilitar la fe y distorsionar la mirada creyente sobre la lectura de los signos de los tiempos.


Esta profecía tiene un contenido histórico, y otro escatológico. Dios responde concretamente, en esa encrucijada histórica, a esos cristianos perseguidos que viven en el Imperio Romano hacia fines del siglo I (90-96). San Ireneo escribe: "El libro de la Revelación apareció un poco antes de la persecución del emperador Domiciano” (81-96 d.C). Pero, también la Palabra de esta profecía, se eleva paradigmáticamente, y se convierte en clave de comprensión de la acción de Dios, en el la historia y en su consumación, y la confrontación (batalla) con las “fuerzas del mal” que resisten activamente.
El libro da inicio a “la acción”, los cristianos en medio de la persecución, pueden desorientarse pensando que los destinos de la humanidad están en manos del azar, o que vamos hacia una meta incierta, la Palabra de ésta profecía viene en auxilio de estas posibles desviaciones para animarnos a perseverar en la fe en medio de las persecuciones, con paciencia y fortaleza, orando insistentemente en el Espíritu: “Ven Señor Jesús” …

miércoles, 5 de febrero de 2014

F.X. NGUYEN VAN THUAN: HAY QUE DISTINGUIR ENTRE DIOS Y LAS OBRAS DE DIOS




«Durante mi larga tribulación de nueve años de aislamiento en una celda sin ventanas –contaba el propio Nguyên Van Thuân–, iluminado en ocasiones con luz eléctrica durante días enteros, o a oscuras durante semanas, sentía que me sofocaba por efecto del calor, de la humedad. Estaba al borde de la locura. Yo era todavía un joven obispo con ocho años de experiencia pastoral. No podía dormir. Me atormentaba el pensamiento de tener que abandonar la diócesis, de dejar que se hundieran todas las obras que había levantado para Dios. Experimentaba una especie de revuelta en todo mi ser».





«Una noche, en lo profundo de mi corazón, escuché una voz que me decía: "¿Por qué te atormentas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo aquello que has hecho y querrías continuar haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, misiones para la evangelización de los no cristianos..., todo esto es una obra excelente, pero son obras de Dios, no son Dios. Si Dios quiere que tú dejes todas estas obras poniéndote en sus manos, hazlo inmediatamente y ten confianza en Él. Él confiará tus obras a otros, que son mucho más capaces que tú. Tú has escogido a Dios, y no sus obras"».

lunes, 3 de febrero de 2014

MIGUEL ANGEL FUENTES: ¿ASTROLOGÍA y HORÓSCOPOS?


¿Es moralmente ilícito creer en el horóscopo y en la astrología?
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Pregunta:

¿Qué dice la Iglesia y la moral sobre la consulta y la creencia en los horóscopos? En general, ¿qué juicio merece la astrología?
Respuesta:
Es patente la extensión que este fenómeno tiene en nuestros días. No hay casi diario o revista que no incluya entre sus columnas, aquélla dedicada al horóscopo; en algunos países hay canales de televisión dedicados exclusivamente a temas astrológicos y esotéricos con programas al respecto, y lo mismo se diga de la radio. La literatura sobre el tema es muy abultada. Es más, hoy en día los horoscoperos se presentan como 'profesores', 'licenciados en ciencias ocultas', 'especialistas en ciencias parasicológicas'. La experiencia nos muestra que gran parte de nuestros contemporáneos si no consultan sus respectivos horóscopos convencidos de su exactitud, lo hacen al menos concediéndoles el privilegio de la duda: 'no es que yo crea en el horóscopo, pero algo de verdad debe tener'. Al menos muchos, guiados por cierto fatalismo supersticioso, piensan que permanecer totalmente incrédulos ante las predicciones horocopales puede traerles mala suerte. Y de hecho un dejo de consuelo les queda cuando leen allí pronosticado: se está por iniciar para usted una nueva etapa; pronto hallará anheladas respuestas; diez puntos en salud; los rosados influjos del amor no han logrado atemperar su fuego combativo; como todo felino tiene siete vidas y luchará valerosamente; aproveche el momento, sobre todo el financiero; la relación con los socios y con la pareja es muy buena; etc. Los hombres, para vivir, necesitan la esperanza, y cuando pierden la que nace de la fe verdadera, están dispuestos a creerle al primero que les prometa un venturoso porvenir: Mundus vult decipi, el mundo quiere ser engañado, dice un antiguo proverbio.

¿Qué podemos decir de esto? El horóscopo es un desprendimiento de la antigua astrología, no de la astrología natural, que es madre de la actual astronomía, sino de laastrología judiciaria, que se empeñaba en descubrir la influencia de los astros sobre el destino de los hombres y de las cosas. En tal sentido, hay que colocarlo dentro del fenómeno más amplio de las 'artes adivinatorias', puesto que, como su nombre mismo lo indica (oros-scopeo, examinar las horas), el horóscopo designaba originariamente la observación que los astrólogos hacían del estado del cielo en el momento del nacimiento de un hombre pretendiendo con ello adivinar los sucesos futuros de su vida. Para mayor exactitud, el horóscopo designa el mapa con la posición de los planetas en un instante dado por su relación con el Sol y la Tierra. Por derivación se llama también horóscopo a las predicciones que pretenden sacarse de tal observación.

La astrología judiciaria se divide, a su vez, en varias clases. Tenemos así la astrologíamundial, que intenta fijar la evolución de la historia y de la política; la astrología genetlíacao individual que, levantando el horóscopo del momento del nacimiento, pretende precedir los eventos futuros del sujeto implicado; la astrología horaria, destinada a contestar preguntas concretas, para lo cual se estudia el horóscopo del momento en que se formula la pregunta al astrólogo.

En todos los tiempos el hombre ha sentido el interés por conocer el porvenir, y en los tiempos de decadencia religiosa, tal interés se ha transformado en obsesión. El hombre moderno se parece mucho al 'supersticioso' que describe Teofrasto en sus Caracteres, corriendo febrilmente de un augur a un adivino, y de éste a un intérprete de sueños. El recurso de los hombres a la astrología tiene una larga historia, desde su origen babilónico; tuvo influencia en algunos filósofos de Grecia (presocráticos, epicúreos y estoicos)[2], y sobre todo en el mundo islámico (donde adquirió un desenvolvimiento singular); en el mundo cristiano estas creencias se desarrollaron poco mientras la fe era más profunda y arraigada (aunque no faltaron monarcas que tenían astrólogos en su corte), pero ya en el siglo XVI no había soberano que no consultara a su astrólogo particular, y sobre todo ganó terreno con el positivismo y el racionalismo del siglo XIX. Incluso, durante la segunda guerra mundial, después que el suizo Krafft predijo el atentado que Hitler sufrió en Munich el 8 de noviembre de 1939, la guerra psicológica añadió un departamento más, el astrológico.

Es verdad, y nadie podrá negarlo, que los astros ejercen algún tipo de influencia sobre las realidades del mundo, incluido el hombre: ¿quién no nota los efectos que producen los cambios de estaciones y condiciones meteorológicas, no sólo sobre las realidades materiales (como las mareas) sino sobre el humor, los estados anímicos y la misma salud humana? Por eso, Santo Tomás admite cierto influjo de los astros sobre la parte corpórea del hombre (en cuanto todo el universo se influye mutuamente), y, consecuente e indirectamente, sobre sus sentidos corporales (imaginación, memoria, instintos)[3]. Pero de ningún modo pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres, puesto que sólo puede predecirse el futuro a partir de un hecho concreto, siempre y cuando el evento futuro se encuentre en este hecho o realidad presente como el efecto en su causa; y los hechos futuros de los hombres no son efecto de los movimientos o posiciones astrales. A lo sumo, como indica agudamente el mismo Santo Tomás, podría conjeturarse aquello que con mayor probabilidad harán algunos hombres basándonos en la experiencia que nos dice que la mayoría de los mortales se deja llevar de sus estados anímicos y de sus disposiciones corporales; en tal sentido, si conociéramos la influencia que algún astro o estación climática ejercerá sobre los cuerpos en tal fecha, podríamos también conjeturar cómo obrarían aquellos que se dejen llevar por tales estados[4].

Afirmar otro tipo de influencia y, peor aún, pretender determinar los hechos futuros a partir de los astros, plantea necesariamente la negación de la libertad humana, de la Providencia divina, y afirma, por el contrario, el fatalismo y el predestinacionismo absoluto. Por ello, la astrología puede constituir herejía (si presupone la negación de la libertad y la Providencia), superstición e idolatría (si conlleva la adoración de los astros), o simplemente vana observancia, es decir, el recurso a medios desproporcionados para obtener un efecto en sí mismo natural (como en el caso de las consultas a los modernos horóscopos).

En cuanto a los horoscoperos, adivinos y astrólogos (licenciados o no en ciencias ocultas y parapsicológicas), hay que decir que la gran mayoría son vividores que se aprovechan de la credulidad de mucha gente (¿No dice el libro del Eclesiástico 1,15: el número de los necios es infinito?). Otros, forman parte convencida de la moderna seducción por el ocultismo, de la fascinación por lo misterioso y de la búsqueda de lo asombroso como alternativa a su fe superficial o vacía. Algunos, por último, practican la astrología como parte del culto a los demonios, y es por la intervención de éstos últimos que algunos 'astrólogos' son capaces a veces de 'precedir' algunos hechos futuros, por cuanto los demonios a quienes recurren, siendo ángeles caídos, conocen mejor que los hombres la relación entre las causas y los efectos naturales, así como tienen una gran experiencia del obrar humano, con sus debilidades y miserias. Pero todas sus 'predicciones' sobre los actos futuros libres de los hombres no son más que conjeturas.

Por eso decía ya el Profeta Jeremías (10,2): No temáis por los pronósticos celestes, pues son los paganos los que temen de ellos; e Isaías (47,13): Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que dividen los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha de venir sobre ti; y el Levítico (19,31): No acudáis a los que evocan a los muertos ni a los adivinos, ni los consultéis, para no mancharos con su trato.

La Iglesia ha hablado sobre este tema desde antiguo condenando la creencia en la astrología, por ejemplo el Concilio de Toledo del año 400[5], o el Concilio de Braga del 561[6]. El juicio del Magisterio de la Iglesia puede resumirse en lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica: 'Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone 'desvelan' el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a 'mediums' encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios'[7].

Todo género de adivinación, en definitiva, nace de la falta de fe en el Dios verdadero; y es el castigo del abandono de la auténtica fe. Por eso, en uno de sus cuentos escribía Chesterton: 'La gente no vacila en tragarse cualquier opinión no comprobada sobre cual­quier cosa... Y esto lleva el nombre de superstición... Es el primer paso con que se tropieza cuando no se cree en Dios: se pierde el sentido común y se dejan de ver las cosas como son en realidad. Cualquier cosa que opine el menos autorizado afirmando que se trata de algo profundo, basta para que se propague indefinidamente como una pesadilla. Un perro resulta entonces una predicción; un gato negro un misterio, un cerdo una cábala, un insecto una insignia, resucitando con ello el politeísmo del viejo Egipto y de la antigua India... y todo ello por temor a tres palabras: SE HIZO HOMBRE'.

En conclusión, si uno recurre a las prácticas astrológicas o consulta los horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de superstición propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si lo hace sólo por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un pasatiempo fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe verdadera. Si lo hace para granjearse la 'protección' de los demonios, comete un pecado de idolatría diabólica, y tal vez tenga que decir alguna vez con el poeta Goëthe: 'No puedo librarme de los espíritus que invoqué'.

[1]Apareció en Revista Diálogo nº 12.
[2]Cf. Santo Tomás, Suma Contra Gentiles, III, 84.
[3]Cf. Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 95; Suma Contra Gentiles, III, 84-85; Opúsculos De sortibus y De iudiciis astrorum.
[4]Cf. Suma Teológica, II-II, 95, 5 ad 2.
[5]'Si alguno piensa que debe creerse en la astrología, sea anatema' (Dz 35).
[6]'Si alguno cree que las almas humanas están ligadas a un signo fatal (que las almas y cuerpos humanos están ligados a estrellas fatales), como dijeron los paganos y Prisciliano, sea anatema' (Dz 239).
[7] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2116

sábado, 1 de febrero de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA PRESENTACIÓN DE JESÚS Y LA PURIFICACIÓN DE MARÍA


A los 40 días, según prescribía la ley, María presentó a Jesús en el Templo. Los bautizados hemos sido consagrados a Dios, y cada día debemos vivir según esta vocación.