viernes, 27 de septiembre de 2013

HANS URS VON BALTHASAR: XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)


"Tumbados sobre las camas".De nuevo la primera lectura de Amós es importante para comprender el evangelio. No solamente se echan pestes contra las posesiones y las riquezas, sino contra lo que éstas producen en el hombre con harta frecuencia: sibaritismo, holgazanería,borrachera de bienestar sin tener para nada en cuenta la situación del país (Israél estaba entonces seriamente amenazado, pero no os doléis de los desastres de José). Esta despreocupación egoísta y esta falsa autoseguridad son condenadas por el profeta: "se acabó la orgía de los disolutos, "irán al destierro" los primeros.

"Se murió el rico y lo enterraron".El evangelio subraya ante todo la enorme fosa que se abre entre la opulencia de la vida del rico y la miseria del pobre, que está "echado en el portal", con lo que lo que ocurre dentro de la casa del epulón, sin que nadie se preocupe por sus llagas, excepto los perros sucios y vagabundos que se acercan a lamérselas. Jamás muestra solamente esto, y por eso no debemos tratar de matizar teológicamente la parábola en ningún sentido (por ejemplo, en los detalle sde la concepción del más allá). Externamente ésta imagen no parece ir más allá que la de los profetas; pero Jesús, que definió mucho más concretamente el mandamiento del amor al prójimo, lleva el alcance del escandaloso contraste entre pobre y rico mucho más lejos que en la Antigua Alianza: en el más allá ésta fosa se convierte en un abismo definitivo - es un abismo inmenso que nadie puede cruzar- entre el consuelo en el seno de Abrahán y los tormentos provocados por las llamas del infierno. Ese abismo es también infranqueable para Abrahán y la petición que le hace el epulón de que mande a Lázaro a casa de su padre para advertir a sus cinco hermanos, no tiene ningún sentido, porque si no escuchan a Moisés y a los profetas,¡cómo van a hacer caso de un pobre hombre!Esta sencilla parábola no es más que una concreción de unas palabras de Jesús que quizás nos resulten difíciles de entender: Dichosos los pobres.¡Ay de vosotros los ricos! (Lc 6,20.24).

"Conquista la vida eterna". La segunda lectura ensancha de nuevo la perspectiva. Hay dos actitudes radicalmente opuestas; ahora se trata de adoptar la unión correcta, la que salva.Timoteo, el discípulo de Pablo ha tomado ya su decisión, y esto públicamente, ante muchos testigos, exactamente lo mismo que hizo Jesús cuando tomó la decisión y dio testimonio de ella ante Pilato y todo el pueblo. Lo que importa de ahora en adelante es perseverar en la elección que se ha hecho y "conquistar la vida eterna" por anticipado, aún cuando esta perseverancia exige un combate permanente, "el buen combate de la fe", que debe llevarse a cabo "sin mancha ni reproche" como encargo de Cristo y de la Iglesia. Pero conquistar la vida eterna no quiere decir tratar de aferrar o apresar a Dios; la conclusión doxológica es aquí importante: Dios, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver, solo puede ser adorado,nunca aferrado o conquistado por el hombre. Decidirse por él, dar testimonio de él, significa por el contrario que se ha sido aferrado por él y que se cumple su encargo.

ENCUENTROS CON JESÚS- 28 DE SEPTIEMBRE

ENCUENTROS CON JESÚS
28 DE SEPTIEMBRE 2013- 16 HS
MARÍA DE NAZARET REINA DE LA PAZ
(María Reina)

EL PUBLICANO Y EL FARISEO EN EL TEMPLO


Ambos estaban en el mismo lugar, a la misma hora, haciendo exteriormente lo mismo, pero, Jesús dice que uno sólo agradó al Padre con su oración....Y mi vida, y la tuya? Y mi oración, y la tuya? No basta estar exteriormente en el lugar adecuado a la hora oportuna...

Retiro espiritual gratuito y abierto.

16- Hora de Adoración y Santo Rosario.
17- Predicación de la Palabra. (Diác Jorge Novoa)
18- Paseo con el Santísimo Sacramento
19- Santa Misa ( P. Raúl Díaz)

HORACIO BOJORGE SJ : EL DEMONIO DE LA ACEDIA (13)

jueves, 26 de septiembre de 2013

ALUMNOS PROFANARON IGLESIA SAN IGNACIO


Alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires profanaron San Ignacio, confirmó el párroco
Miercoles 25 Sep 2013 | 16:17 pm
FUENTE: AICA
Buenos Aires (AICA): El presbítero Francisco Baigorria, párroco de San Ignacio de Loyola, la iglesia más antigua de Buenos Aires que apareció está mañana con pintadas anticatólicas y varios destrozos, responsabilizó por los incidentes a los alumnos del colegio Nacional Buenos Aires, quienes orinaron el altar mayor.
El presbítero Francisco Baigorria, párroco de San Ignacio de Loyola, la iglesia más antigua de Buenos Aires que apareció está mañana con pintadas anticatólicas y varios destrozos, responsabilizó a los alumnos del colegio Nacional Buenos Aires por los incidentes, ya que del “único modo” en el que los vándalos pueden haber ingresado es a través de los pasajes que unen a ambos edificios.

“Está confirmado [que fueron los chicos] porque del único modo que pueden haber ingresado durante la noche es a través del túnel”, señaló el sacerdote a AICA. En la mañana, al llegar a la parroquia, encontró los destrozos y enseguida dio aviso a la policía.

"Es un tremendo daño espiritual y moral porque profanaron. Hicieron sus necesidades en el altar”, señaló dolido el presbítero, quien trabajó durante la mañana para reacondicionar el templo para la misa de las 13, que se celebró en uno de los altares laterales, a la espera de alguna determinación del arzobispado para realizar un acto de desagravio.

Los daños afectaron a un grupo de bancos de madera, sobre los cuales encendieron fuego la silla del celebrante, de madera y paño bordó. En el suelo, se leían inscripciones hechas con pintura como "Hipócritas”, “Ni Dios ni amo” y “La única iglesia que ilumina es la que arde”. El padre Baigorria lamentó que hubieran evocado "frases conocidas de la historia argentina". Iguales pintadas aparecieron años atrás en la catedral metropolitana.

El padre Baigorria informó a esta agencia que mantuvo reuniones con las autoridades del Colegio Nacional Buenos Aires, quienes lamentaron el hecho y le manifestaron su deseo de sancionar a quienes profanaron la iglesia. “Ellos tienen que ver bien qué hacen, pero antes tienen que ver quiénes son los autores, y luego qué normativas toman”, explicó.

Durante el día, Nicolás Cernadas, referente del Centro de Estudiantes, confirmó que los hechos fueron realizados por cinco alumnos del colegio, que permanece tomado hace días en repudio al plan educativo que prevé la adecuación de la Ley Nacional de Educación en la ciudad de Buenos Aires.

Juan Manuel Cuello, presidente del órgano que reúne a los estudiantes, repudió los hechos delictivos y aseguró que enviarán a la parroquia una delegación para solidarizarse y ofrecer el pago de las reparaciones. Y aseguró que dialogaron con los estudiantes que profanaron el templo: "Reconocieron su error, pero seguimos repudiando el hecho y pedimos que se hagan las investigaciones pertinentes".+

DIÁCONO JORGE NOVOA : JUAN BAUTISTA, EL AMIGO DEL NOVIO

miércoles, 25 de septiembre de 2013

MEDJUGORJE 25 DE SEPTIEMBRE

“Queridos hijos: También hoy los invito a la oración. Que vuestra relación con la oración sea cotidiana. La oración hace milagros en ustedes y a través de ustedes, por eso hijitos, que la oración sea alegría para ustedes. Así entonces, su relación con la vida será más profunda y más abierta, y comprenderán que la vida es un don para cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

PAPA FRANCISCO: EL SACRAMENTO NO ES UN RITO MÁGICO

domingo, 22 de septiembre de 2013

CRONOLOGÍA DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA


ENRIQUE CALICÓ: Cronología del Padre Pio
1887. El 25 de mayo nace en Pietrelcina, Benevento, al sur de Italia.
1896-1902. Estudios elementales y primarios en su localidad natal.
1903. Noviciado en la Orden Franciscana, en los Capuchinos de Morcone.
1907. Profesión de votos solemnes.
1904-1909. Estudios eclesiásticos.
1909-1916. Con breves períodos en distintos conventos, permanece en Pietrelcina debido a su delicado estado de salud. Primeros fenómenos místicos. Los superiores dudan entre expulsarlo de la Orden o concederle permiso de exclaustración. Conceden permiso en 1915.
1915-1918. Llamado a filas, destinado en la 10ª Compañía de Sanidad en Nápoles. Periodo de permanencia en cuarteles interrumpida por inspecciones médicas y convalencencias.


1916. De febrero a julio en el convento de Santa Ana de Foggia y a partir de julio en Sta. María de las Gracias, en S. Giovanni Rotondo, en el monte Gargano, diócesis de Manfredonia.
1918. 5-7 agosto: Transverberación del corazón. 20 septiembre: Estigmatización. Comienza a acudir una multitud de personas a sus eucaristías y a confesarse.
1919-1920. Informes médicos que reconocen carácter sobrenatural de las heridas. Posterior visita doctor Gemelli e informe desfavorable a la prensa y al Santo Oficio. Oposición de canónigos y arzobispo de diócesis de Manfredonia, Mons. Gagliardi.
1923-31. Medidas restricitivas del ministerio del Padre Pío, por el Santo Oficio: celebración privada de la misa, no confesiones, no correspondencia, traslado a otro convento.
1931-1933. Práctica encarcelación en el convento del Padre Pío.
1933. Visita de Mons. Passetto por encargo de S.S. Pío XI. Nuevo obispo de Manfredonia Mons. Cesarano. Levantamiento de todas las restricciones y libertad para el ministerio.
1935. Bodas de plata sacerdotales. Bendición papal de S.S. Pío XI. Se multiplican las personas que acuden a S. Giovanni Rotondo, los fenómenos místicos, las conversiones y los milagros.
1942. Comienzan los Grupos de Oración. Apoyo de S.S. Pío XII al Padre Pío.
1956. Inauguración de la Casa Sollievo della Sofferenza.
1958. Quiebra de la Banca Giuffrè y problemas económicos de la provincia capuchina. Los superiores piden fondos de las obras del Padre Pío para saldar las deudas de la Orden. El Padre Pío y el administrador sólo conceden una cantidad limitada. Nuevas investigaciones, grabación secreta de sus conversaciones y confesiones.
1960. Mons. Ottaviani y Mons. Crovini, del Santo Oficio, visitan a Padre Pío y sus obras, informe favorable. Mons. Capovilla y Mons. Maccari, de la Secretaría de S.S. Juan XXIII, repiten visita y dan informe desfavorable. Bodas de oro sin bendición papal.
1960-1964. Nuevas limitaciones a su ministerio. Sus partidarios le defienden. Antes de morir, S.S. Juan XXIII destituye a los superiores que le han venido persiguiendo.
1964-1967. S.S. Pablo VI le restablece en la libertad de culto y ministerio. Deterioro progresivo de su estado de salud.
1968. El 20 de septiembre se cumplen 50 años de su estigmatización. Padre Pío muere el 23 de septiembre.
1983. Comienza la Causa para su Beatificación y Canonización.
1998. Se aprueba la autenticidad del milagro de la Sra. Consiglia de Martino.
1999. 2 de mayo. Beatificación por Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro.
2002.16 de junio. Canonización por Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro

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VITTORIO MESSORI: PADRE PÍO, UN SANTO PARA LOS SENCILLOS, QUE SE PUEDE TOCAR


El cuerpo en la urna de Padre Pío, las reliquias, las pérdidas hemáticas de los estigmas: lo que horroriza al eterno gnosticismo intelectual, a su abstracción, a su espiritualidad aséptica es, precisamente, lo que aparece como un signo de Dios ante el «sensus fidei» de la llamada «gente común»

Comprendo bien el desconcierto, si no la repulsión, de muchos laicos e incrédulos ante un santo como el Padre Pío, y a las formas y modos de su culto. Es más: me solidarizaría con ellos, esas sensaciones de estupor y molestia serían también mías, si las vicisitudes de la vida no me hubieran llevado a una perspectiva cristiana. Es más, católica: una devoción así puede ser comprendida por las Iglesias greco-eslavas, aunque con matices diversos, pero es aborrecida por las confesiones cristianas cercanas a la Reforma. Para ateos, agnósticos, protestantes, el clímax de este horror clerical ha sido el directo televisado de la exposición del cuerpo del capuchino, con un adecuado tratamiento de silicona sobre el rostro, como ha explicado el especialista, y la urna a una temperatura controlada.

Pero también para muchos católicos que se dicen «adultos», todo en San Giovanni Rotondo es teológicamente incorrecto: desde aquel 1918 en que se manifestaron los estigmas sobre el cuerpo del oscuro fraile, hasta hoy. Y siempre será «incorrecto», a pesar de los intentos algo patéticos de normalizar el escándalo que representa el Padre Pío. Y en esta línea de adecuación al «mundo», también entra haber encargado la nueva basílica a una «estrella» de la arquitectura como Renzo Piano. Un gran profesional, naturalmente, pero de un explícito, rocoso agnosticismo, y exponente de una cultura que está en los antípodas de aquella en la que está inmerso el santo franciscano.

En la historia de Padre Pío están las plebes rurales del Sur, está la escualidez de los, más que pobres, miserables conventos donde frailes llevados allí desde niños -a menudo más por necesidad que por vocación- se arrastran en sayos de dudosa limpieza. Una cultura infradesarrollada y arcaica, hostil a una modernidad a la que teme, pero de la que ignora las razones y el desarrollo. Una religiosidad dialectal, para turbas de cuya devoción nunca ha sido arrancada del todo la tenaz persistencia pagana. Sobre este fondo, surge la sangre de llagas que empapan toallas de tela tosca, las voces de signos celestiales y de milagros, la formación de un culto presidido por viejas analfabetas y pasionales, con la cabeza envuelta en chales negros, el asedio al convento de una pobre gente que invoca la curación de antiguos males como la tuberculosis, la malaria, el raquitismo. El mundo de Padre Pío es el de los rosarios, el de las estampitas coloreadas, el de las reliquias y las indulgencias, de los ángeles de la guarda, del temor al diablo, de los exorcismos, de los pequeños sacrificios, de las procesiones por el santo patrón, del agua bendita; el mundo de esa «piedad» popular que en el sur asume acentos exasperados.

Solo he ido una vez a San Giovanni Rotondo. Fue en los años setenta, y allí encontré todo lo que ya esperaba: los autocares de las parroquias de provincias alrededor de los cuales los peregrinos comían sus bocadillos y bebían de la garrafa, una alcaldía caótica de cemento visto, una masa de pequeños albergues levantados con prisa, una cortina ininterrumpida de vitrinas y banquitos sobre los que se ofrecían objetos de un kitsch caricaturesco, explanadas polvorientas para aparcamientos confusos, la gran mole del hospital, de una excelente reputación sanitaria, pero de arquitectura «estilo Ceaucescu». Bajo un sol implacable se movían filas de peregrinos que entonaban cánticos en las estaciones de los vía crucis, arrastrando de la mano a niños gimoteantes.

No he vuelto a ir, porque este primer acercamiento me bastó para confirmarme en la devoción por el Padre Pío, y en la convicción de que en él se ha manifestado verdaderamente el misterio del Dios de Jesús. ¿Una paradoja? Cierto, igual de paradójico que ese cristianismo que -lo dice san Pablo- «es escándalo y locura para el mundo, pero para aquellos que creen, es sabiduría de Dios». Y tan paradójico como el grito de Jesús: «Te doy gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a los pequeños y a los ignorantes, y se las has ocultado a los a los sabios y a los poderosos». Y tan paradójico como el Magnificat, entonado por María, dando gracias al Padre que «exalta a los humildes».

Observa Pascal que, en el cristianismo, «las cosas son verdaderas o falsas, escandalizan o edifican según el punto de vista desde el que se mira». Si nos situamos en una perspectiva evangélica, es signo de verdad, precisamente, todo lo que incomoda y provoca malestar y sarcasmo desde la perspectiva humana. Entendámonos: la devoción por Padre Pío es interclasista, reúne a las masas de las más diversas clases sociales. Pero del mismo modo que el santo es, sociológicamente, un pueblerino del sur, pueblerina puede llamarse a la gran masa de sus seguidores, pueblerinos son sus gustos y sus sensibilidades. Esto, para un cristiano, no es motivo para dudar, sino para convencerse de la presencia en este estigmatizado del espíritu de Jesús, que tantas veces quiso rodearse de multitudes como ésas y que a sencillos como ésos quiso revelarse de modo privilegiado. Multitudes que hoy parecen secularizadas, masas a las que la televisión y el consumismo han envenenado, pero que conservan, por instinto, algo del sano, obligado «materialismo» del cristianismo, religión de carne y de sangre.

El cuerpo en la urna de Padre Pío, las reliquias, las pérdidas hemáticas de los estigmas: lo que horroriza al eterno gnosticismo intelectual, a su abstracción, a su espiritualidad aséptica es, precisamente, lo que aparece como un signo de Dios ante el «sensus fidei» de la llamada «gente común». Así que, como a pesar de todo tengo confianza en ella, no tengo intención de quitar de mi cartera la estampita de cierto capuchino con barba blanca. (La Razón/Traducción: Mar Velasco)

CARTA DEL PADRE PIO DE PIETRELCINA


Queridísima hija:

Jesús te bendiga, sea siempre el Rey de tu corazón y te trate como le agrade protegiendo tu alma en la durísima prueba espiritual, que si es prueba efectiva, también será prueba amorosa. Constantemente elevo oraciones al Señor por ti: Te ruego estés firme, segura, constante, que permanezcas inmutable contra cualquier prueba y persuasión contraria: No temas, vuelvo a decirte, hija mía. Permanece en las aseguraciones que te he hecho y que te hago en el dulcísimo Jesús. El está contigo y se complace en tu alma y tú ámalo y sírvelo con fidelidad y delicadeza sin que tú lo sepas y lo conozcas.

No ofendes en modo alguno al Señor; más bien lo quieres con un amor grandísimo, y es por esto por lo que el Señor ha puesto su mirada de suma complacencia sobre ti. El te ama con predilección, y es precisamente por esto que te va sometiendo a todas las pruebas de su dolorosísima pasión. Así pues, hija mía, es tu estado admirable desde todos los puntos de vista. Resígnate y fortalécete por las consideraciones de lo que te digo y que te vienen hechas por quien ocupa el lugar de Dios y que te ama inmensamente en El. Que te sea suficiente, queridísima hija, estas consideraciones y perdóname si no me extiendo más como desearía, porque también yo me encuentro herido por la epidemia. ¡Qué contento estaría yo si esta enfermedad fuese propicia a darme el último golpe de gracia!, mas es inútil esperarlo. Hay que continuar viviendo y por mucho tiempo todavía, para poder apurar enteramente el cáliz de Getsemaní hasta las últimas gotas y exhalar el último suspiro de vida en el Calvario entre el abandono de todo y de todos.

Mis sufrimientos interiores crecen y crecen cada vez más sin el menor descanso. Pero te suplico que no te aflijas en demasía por esto, sabiendo que así lo quiere el Señor, porque así desea ser amado de sus criaturas.
No deseo otra cosa, pues, de ti, sino que como una nueva María asistas al crucificado con tus oraciones y sufrimientos y ofrezcas las penas de El a la divina justicia para que un día tenga misericordia de mi.

Acabo de recibir noticias de casa que me hacen saber que he perdido una hermana y un sobrino, y que mi madre se encuentra también ella en triste estado. Te dejo que supongas el desgarro de mi alma y de mi corazón, y no me queda más que hacer y repetir con Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, sea bendito su santo nombre." Una oración por la pobre difunta y otra por mi madre a fin de que sea apartada de la muerte, si a Dios le place, y que El de a todos la santa resignación.

Te bendigo con todo afecto.
Padre Pío

sábado, 21 de septiembre de 2013

DIÁCONO JORGE NOVOA: SÍGUEME

"Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos".


San Mateo es uno de los doce,fue  llamado por el Señor cuando estaba realizando su tarea cotidiana, era recaudador de impuestos. El texto breve y concreto lo podemos dividir en dos parte: a) la vocación de Mateo b) Jesús en la casa de Mateo comiendo con publicanos y pecadores.

El relato de la vocación  de san Mateo es sencillo y  concreto, nos narra el "paso del Señor"por su vida , con esta expresión se designa  la acción por la cual el Él busca  a los hombres, es Dios, quien con su iniciativa sale al encuentro del hombre pecador, incluso se arriesga a recibir del hombre el rechazo, su amor se dona incondicionalmente exponiéndose  a no ser correspondido.

El Señor  "pasa" cerca nuestro, por nuestras tareas cotidianas, haciéndose presente en las realidades sencillas de nuestra vida, así ocurre con Mateo, que se encuentra trabajando, recaudando impuestos. Esta verdad atestiguada en las Sagradas Escrituras, y en la vida de tantos hombres y mujeres de todos los tiempos, nos enseña que  Dios está buscándonos . Dios se acerca, nunca se aleja , es el hombre pecador quien dándole la espalda decide alejarse de Él.  Este "paso del Señor" es un tiempo de gracia y salvación, que nos alcanza con su verdad y luz  para interpelarnos.

Sígueme es la palabra poderosa,que en labios de Jesús arranca a los hombres de las mediocridades de la vida, del sinsentido y el pecado. Dirá san Jerónimo," si la piedra imán tiene fuerza para atraer al hierro, cuánto más el Señor de todas las criaturas podía atraer a sí a los que El quería". No por imposición, sino por el esplendor de  su belleza, que arrebata el corazón que es capaz de percibirla. La belleza del Señor tiene una capacidad de irradiación y atracción que cautiva los corazones de los hombres.

Finalmente reconozcamos la respuesta de Mateo,  dice  San Juan Crisóstomo: "así como admiráis la virtud del que llama, admirad también la obediencia del que es llamado". Resplandece la prontitud y disponibilidad de este recaudador de impuestos que dejó todo para seguirlo. Muchos están llamados a responder  con esta radicalidad, deben dejarlo todo y seguirlo. La radicalidad supone no "anteponer nada a Cristo" y su voluntad para mi vida, esta exigencia del seguimiento rige para todos sus discípulos.

La palabra sígueme aparecerá muchas veces pronunciada en nuestras vidas, Pedro la oirá al final de la existencia terrena de Jesús, luego de la traición, ella se posará sobre las situaciones más diversas que tengamos que enfrentar, invitándonos a continuar en el  camino. Sígueme, es para ti  una invitación amorosa del Señor , es  la aventura más apasionante que puedas imaginarte, hay que animarse a decirle, " habla que tu siervo escucha".

BENEDICTO XVI: SAN MATEO



Continuando con la serie de retratos de los doce Apóstoles, que comenzamos hace algunas semanas, hoy reflexionamos sobre san Mateo. A decir verdad, es casi imposible delinear completamente su figura, pues las noticias que tenemos sobre él son pocas e incompletas. Más que esbozar su biografía, lo que podemos hacer es trazar el perfil que nos ofrece el Evangelio.

Mateo está siempre presente en las listas de los Doce elegidos por Jesús (cf. Mt 10, 3; Mc 3, 18;Lc 6, 15; Hch 1, 13). En hebreo, su nombre significa "don de Dios". El primer Evangelio canónico, que lleva su nombre, nos lo presenta en la lista de los Doce con un apelativo muy preciso:  "el publicano" (Mt 10, 3). De este modo se identifica con el hombre sentado en el despacho de impuestos, a quien Jesús llama a su seguimiento:  "Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo:  "Sígueme". Él se levantó y le siguió" (Mt 9, 9). También san Marcos (cf. Mc 2, 13-17) y san Lucas (cf. Lc 5, 27-30) narran la llamada del hombre sentado en el despacho de impuestos, pero lo llaman "Leví". Para imaginar la escena descrita en Mt 9, 9 basta recordar el magnífico lienzo de Caravaggio, que se conserva aquí, en Roma, en la iglesia de San Luis de los Franceses.
Los Evangelios nos brindan otro detalle biográfico:  en el pasaje que precede a la narración de la llamada se refiere un milagro realizado por Jesús en Cafarnaúm (cf. Mt 9, 1-8; Mc 2, 1-12), y se alude a la cercanía del Mar de Galilea, es decir, el Lago de Tiberíades (cf. Mc 2, 13-14). De ahí se puede deducir que Mateo desempeñaba la función de recaudador en Cafarnaúm, situada precisamente "junto al mar" (Mt 4, 13), donde Jesús era huésped fijo en la casa de Pedro.

Basándonos en estas sencillas constataciones que encontramos en el Evangelio, podemos hacer un par de reflexiones. La primera es que Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que, según la concepción de Israel en aquel tiempo, era considerado un pecador público. En efecto, Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser establecidos arbitrariamente. Por estos motivos, todos los Evangelios hablan en más de una ocasión de "publicanos y pecadores" (Mt 9, 10; Lc 15, 1), de "publicanos y prostitutas" (Mt21, 31). Además, ven en los publicanos un ejemplo de avaricia (cf. Mt 5, 46:  sólo aman a los que les aman) y mencionan a uno de ellos, Zaqueo, como "jefe de publicanos, y rico" (Lc 19, 2), mientras que la opinión popular los tenía por "hombres ladrones, injustos, adúlteros" (Lc 18, 11).

Ante estas referencias, salta a la vista un dato:  Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado a la mesa en la casa de Mateo-Leví, respondiendo a los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables, pronuncia la importante declaración:  "No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mc 2, 17).

La buena nueva del Evangelio consiste precisamente en que Dios ofrece su gracia al pecador. En otro pasaje, con la famosa parábola del fariseo y el publicano que subieron al templo a orar, Jesús llega a poner a un publicano anónimo como ejemplo de humilde confianza en la misericordia divina:  mientras el fariseo hacía alarde de su perfección moral, "el publicano (...) no se atrevía ni a elevar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:  "¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!"". Y Jesús comenta:  "Os digo que este bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado" (Lc 18, 13-14). Por tanto, con la figura de Mateo, los Evangelios nos presentan una auténtica paradoja:  quien se encuentra aparentemente más lejos de la santidad puede convertirse incluso en un modelo de acogida de la misericordia de Dios, permitiéndole mostrar sus maravillosos efectos en su existencia.

A este respecto, san Juan Crisóstomo hace un comentario significativo:  observa que sólo en la narración de algunas llamadas se menciona el trabajo que estaban realizando esas personas. Pedro, Andrés, Santiago y Juan fueron llamados mientras estaban pescando; y Mateo precisamente mientras recaudaba impuestos. Se trata de oficios de poca importancia —comenta el Crisóstomo—, "pues no hay nada más detestable que el recaudador y nada más común que la pesca" (In Matth. Hom.:  PL 57, 363). Así pues, la llamada de Jesús llega también a personas de bajo nivel social, mientras realizan su trabajo ordinario.

Hay otra reflexión que surge de la narración evangélica:  Mateo responde inmediatamente a la llamada de Jesús:  "Él se levantó y lo siguió". La concisión de la frase subraya claramente la prontitud de Mateo en la respuesta a la llamada. Esto implicaba para él abandonarlo todo, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a menudo injusta y deshonrosa. Evidentemente Mateo comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios.

Se puede intuir fácilmente su aplicación también al presente:  tampoco hoy se puede admitir el apego a lo que es incompatible con el seguimiento de Jesús, como son las riquezas deshonestas. En cierta ocasión dijo tajantemente:  "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mt 19, 21). Esto es precisamente lo que hizo Mateo:  se levantó y lo siguió. En este "levantarse" se puede ver el desapego de una situación de pecado y, al mismo tiempo, la adhesión consciente a una existencia nueva, recta, en comunión con Jesús.

Recordemos, por último, que la tradición de la Iglesia antigua concuerda en atribuir a san Mateo la paternidad del primer Evangelio. Esto sucedió ya a partir de Papías, obispo de Gerápolis, en Frigia, alrededor del año 130. Escribe Papías:  "Mateo recogió las palabras (del Señor) en hebreo, y cada quien las interpretó como pudo" (en Eusebio de Cesarea, Hist. eccl. III, 39, 16). El historiador Eusebio añade este dato:  "Mateo, que antes había predicado a los judíos, cuando decidió ir también a otros pueblos, escribió en su lengua materna el Evangelio que anunciaba; de este modo trató de sustituir con un texto escrito lo que perdían con su partida aquellos de los que se separaba" (ib., III, 24, 6).

Ya no tenemos el Evangelio escrito por san Mateo en hebreo o arameo, pero en el Evangelio griego que nos ha llegado seguimos escuchando todavía, en cierto sentido, la voz persuasiva del publicano Mateo que, al convertirse en Apóstol, sigue anunciándonos la misericordia salvadora de Dios. Escuchemos este mensaje de san Mateo, meditémoslo siempre de nuevo, para aprender también nosotros a levantarnos y a seguir a Jesús con decisión.

viernes, 20 de septiembre de 2013

HANS URS VON BALTHASAR: XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

"Compráis por dinero al pobre". En la primera lectura se aborda el tema del "Mamón injusto" que continúa en el evangelio- de una manera que toda la injusticia se sitúa no en el dinero mismo, sino en el uso que los opresores hacen de él. No se trata sólo de ciertas manipulaciones sin escrúpulos en la vida económica ("disminuís la medida, aumentáis el precio"), sino del fraude manifiesto ("usáis balanza con trampa"), y esto unido a una valoración del pobre como pura mercancía ("compráis al mísero por un par de sandalias").Todo esto es un atentado contra el mismo centro de la Alianza de Dios, que no sólo condena la mentira y el robo, sino que exige amar al prójimo como uno se ama a sí mismo. En el pensamiento del mundo de fuera de la alianza muchos de estos hábitos pueden ser considerados "normales" (aunque también en él los hombres de Estado se hayan preocupado siempre de promover la justicia para todos), y Jesús puede en el evangelio servirse de estos comportamientos normales, calificados de astutos, para su enseñanza.

"Los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz" El administrador del evangelio, que ha derrochado los bienes de su rico señor y al que éste le pide cuentas de su gestión, elige la estafa como salida astuta a su comprometida situación.Para él ésa es la forma de salir del atolladero en el último momento. Su calculada astucia consiste en que, cuando se produzca el despido anunciado, espera encontrar acogida en casa de los deudores a los que ha perdonado parte de lo éstos debían a su amo. Cristo (el amo del vers. 5) no alaba la estafa, sino la astucia, que en el ámbito mundano (en los usos de la economía mundial) supera muy a menudo la astucia de los cristianos, incluso cuando se trata de su ser o no ser. Los cristianos deberían tomar alguna precaución para que en su día los "reciban en las moradas eternas", al menos dar limosna, repartir su dinero entre los necesitados, en vez de esperar como holgazanes a que llegue el juicio y se produzca el eventual despido.

Las últimas cuatro sentencias de Jesús sobre Mamón(versículos 10-13) exigen formalidad en las cuestiones monetarias también en la iglesia (el dinero confiado a la Iglesia para las buenas obras debe administrarse concienzudamente), y finalmente una clara decisión: Dios y el dinero son dos amos que no comparten su soberanía, por lo que nadie puede pretender servir a los dos a la vez.

"Dios quiere que todos los hombres se salven". La segunda lectura ensancha la perspectiva: la Iglesia debe orar también por el gran ámbito no-cristiano, pues Dios ha incluido también a ese ámbito en su plan de salvación. Ella no puede dedicarse a la política, a la economía,y a las cuestiones sociales, pero debe hacer todo lo que esté en su mano para que la igual dignidad de todos los hombres, proclamada inequívocamente por Cristo, sea reconocida en todos éstos ámbitos.Como el plan divino de salvación incluye a todos los hombres, la iglesia debe, más allá de su ámbito propio, preocuparse de toda la humanidad. Pablo se denomina aquí "maestro de los paganos": esto significa no sólo que pretende convertir a algunos de ellos a la fe, sino que quiere que las normas auténticamente humanas que resplandecen en la Nueva Alianza sean reconocidas también más allá de las fronteras de la Iglesia.

CARD. GIACOMO BIFFI : LA ANTROPOLATRÍA


En los primeros decenios del siglo XIX Fuerbach afirmaba que "el secreto de la teología es la antropología" y soñaba con el advenimiento de una teología de nuevo cuño, marcada por el hecho de poner "en el más acá al ser divino que la teología común, por miedo y desconocimiento, pone en el más allá".

Me inclino a creer que el pensador alemán, aunque sea de manera anónima,ha hecho escuela entre muchos católicos de la segunda mitad del siglo XX y que su aberrante intuición, producto quizá de la gran borrachera marxista, ha encontrado tácticamente acogida después de tanto tiempo.

Parece que el se ha convertido en el único objeto de nuestros pensamientos, de nuestros intereses y de nuestra adoración.Y, al desear captarlo en sí mismo, en su naturaleza autónoma y peculiar, alguien ha llegado incluso a proponer que también el creyente debe mirar al hombre "ut si Deus non daretur", como si Dios no existiera, es decir, prescindiendo de su Creador y contando sólo con la humanidad en cuanto tal, tomada en sí y separada de cualquier dependencia y toda significación superior.

Por el contrario, el hombre es intrínsecamente, y no por un revestimiento exterior, "imagen de Dios" y está en total relación a él; y así, excluir a Dios, aunque sólo sea metodológicamente, de la perspectiva sobre el hombre, quiere decir desnaturalizar al hombre y no captarlo en su verdad (1).

Más todavía, por este camino se llega a una contradicción existencial. Somos "adoradores por constitución": privados ideológicamente del verdadero Dios, necesariamente dirigimos hacia otro lado nuestros inevitables impulsos latréuticos y nos ponemos a adorar a las criaturas y al hombre como la primera de todas.Por otra parte, el hombre separado de su Arquetipo y de su Fuente es tan frágil, débil y manipulable que, en el acto mismo en que creemos adorarlo, ponemos las premisas de su profanación.El fácil observar como la pérdida del Padre de ordinario ha conducido fatalmente, ya al culto indebido de la personalidad y a la veneración del tirano, ya a la esclavitud de los hermanos.

Naturalmente esta antropolatría no tiene nada que ver con el antropocentrismo de quien reconoce al hombre como "el culmen del universo y la suprema belleza de la creación", el que detenta "la soberanía sobre todos los seres vivientes", como dice san Ambrosio.

El antropocentrismo es prerrogativa esencial del designio divino, en este orden de las cosas elegido libremente entre los infinitos posibles, visto que el Padre ha colocado a Jesucristo, hombre divinamente personalizado, en el centro de todo y en él ha llamado a sí a todos los hombres, haciéndolos participar, mediante la inhabitación del Espíritu Santo, primero en su naturaleza y después en su gloria misma. Como se ve, el verdadero antropocentrismo incluye en su mismo contenido conceptual la relación privilegiada con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, y no deja espacio a ninguna forma de antropolatría.

Antropolatría y antropocentrismo, aunque externamente aunque externamente pueden presentar alguna semejanza, en su realidad son, pues, distintos e incompatibles. La antropolatría es propia de quien ha cambiado "la gloria de Dios incorruptible por la imagen y la figura del hombre corruptible" (Ro 1,23);y es el puerto obligado de quien, perdiendo de vista al Autor del ser y de la vida, tiene en definitiva una visión atea del mundo. El antropocentrismo es propio de quien honra al hombre por lo que el hombre es; no va en absoluto contra el culto del verdadero Dios, sino que constituye el peldaño desde donde se puede alzar el reconocimiento del Padre.

La cultura antropolátrica origina por regla general sociedades inhumanas, en las que el hombre -teóricamente adorado- queda de hecho barrido,convertido en siervo, privado de todo objetivo plausible. La cultura antropocentrica es una llamada interior al Padre y a su designio de amor, sin lo cual no sólo no puede verse al hombre como centro de todas las cosas, sino que parece más bien un trozo sin importancia de materia a la deriva en el mar de la insignificancia.

La semejanza exterior puede quizá inducir a equívocos; pero no hay diálogo o connivencia posible entre antropolatría y antrpocentrismo, a menos que la una o el otro dejen de ser en la realidad lo que sus nombres significan.En realidad el redescubrimiento del Padre es preliminar a cualquier discurrir serio sobre un humanismo no ilusorio.

Una de las citas que más se han repetido en estos años es la frase luminosa de san Ireneo: "la gloria de Dios es el hombre viviente". Si se entendiese la verdad de esta frase, se evitaría el peligro de tergiversaciones instrumentalizadas ideológicamente, y se demostraría mayor respeto hacia el pensamiento de este escritor antiguo si nos acostumbráramos a citarla en su integridad: "La gloria de Dios es el hombre viviente; pero la vida del hombre está en la contemplación de Dios".


1-"Si autonomía de lo temporal quisiera decir que la realidad que es creada es independiente de Dios, y que lo hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras.La criatura sin el Creador se esfuma.Por lo demás,cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación. Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida" Gaudium el spes,36

miércoles, 18 de septiembre de 2013

PADRE MIGUEL PASTORINO: LO ÚNICO SEGURO ES EL SEÑOR

PAPA FRANCISCO: CONTINÚEN ORANDO, CONFÍEN SUS HIJOS A DIOS!

2013-09-18 Radio Vaticana


(RV).- (audio)  En su catequesis de hoy, el Santo Padre ha insistido de nuevo en la imagen de la Iglesia como una madre que cuida y orienta con amor a sus hijos. Porque igual que una mamá nos enseña a caminar en la vida, nos protege con amor durante este camino y reza a Dios por nosotros.

“Una mamá sabe lo que es importante para que un hijo camine bien en la vida, y no lo ha aprendido en los libros, sino que lo aprendió de su corazón. La universidad de las madres es el propio corazón: allí aprenden cómo llevar adelante a sus hijos. ¡Y esto es hermoso!
La Iglesia hace lo mismo: orienta nuestra vida, nos enseña a caminar por el buen camino. Pensemos en los Diez Mandamientos: nos muestran un camino por recorrer para madurar, para tener puntos fijos en nuestro modo de comportamos. Y son el fruto (óiganlo bien eso: son el fruto) de la ternura, del amor de Dios, que nos los dio a nosotros. Ustedes me puede decir, ¡ pero son órdenes! Son un conjunto de "no, no, no"! Yo quisiera invitarles a que los lean - tal vez los hayan un poco olvidado - y luego piénselos en positivo. Verán que tienen que ver con nuestra forma de comportamos con Dios, con nosotros mismos y con los demás, precisamente todo aquello que nos enseña una mamá para vivir bien. Nos invitan a no hacernos ídolos materiales que luego nos esclavizan, a recordarnos de Dios, a respetar a los padres, a ser honestos, a respetar a los demás...Traten de verlos así y considerarlos como si fueran las palabras, las enseñanzas, que da la mamá para ir bien por la vida. Una madre nunca enseña lo que es malo, lo único que quiere es el bien de los hijos, y así hace la Iglesia”.
Luego, los hijos crecen, se hacen adultos, toman su camino en la vida, se asumen sus propias responsabilidades y a veces puede que se descarríen de su camino, ha indicado el Papa. Pero las madres en cualquier situación, tienen la paciencia de continuar acompañándoles. Las empuja la fuerza del amor. Saben seguir con discreción, con ternura a los hijos también cuando se equivocan, encuentran siempre el modo de estarles cerca para ayudarles: “dan la cara por ellos para defenderlos siempre”. Piensen en las madres que sufren por los hijos que tienen en la cárcel o en situaciones difíciles: no se preguntan si son culpables o no, continúan amándoles, a menudo sufren por ello humillaciones, pero no tienen miedo.

“La Iglesia es así, es una madre misericordiosa, que entiende, que siempre trata de ayudar, de alentar; incluso cuando sus hijos se han equivocado y se equivocan, no cierra nunca las puertas de la Casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a retomar el camino, incluso en aquellos hijos que han caído en un profundo abismo, no tiene miedo de entrar en su oscuridad para darles esperanza”.
Y las madres saben también llamar a la puerta del corazón de Dios, afirmó Francisco. La madres rezan por su hijos, especialmente por los más débiles y los que tienen más necesidad, por los que han tomado caminos peligrosos o equivocados.

“Pienso en ustedes, queridas madres: ¡cuánto rezan por sus hijos, sin cansarse! Continúen orando, confíen sus hijos a Dios; ¡Él tiene un gran corazón! Llamen a aquella puerta, al corazón de Dios, con la oración, por sus hijos. Y lo mismo hace la Iglesia también: porque pone en las manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiemos en el poder de la oración de la Madre Iglesia: el Señor no permanece insensible. Siempre sabe sorprendernos cuando menos lo esperamos. ¡Y la Madre Iglesia lo sabe!”

martes, 17 de septiembre de 2013

DIÁCONO JORGE NOVOA: EN LA NOCHE DE NICODEMO


Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo:«Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.»

Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.» Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.» [Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?» Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas?

"La Palabra de Dios es una invitación a nosotros para comulgar juntos en la Verdad.La Palabra de Dios es, finalmente, Dios mismo, lo más vivo, lo más entrañable de su ser: su Hijo unigénito, de la misma naturaleza que Él, enviado por Él al mundo para redimirlo, y así nos lo dice desde el cielo, dirigiéndose a la Palabra, que mora en la tierra: Este es mi Hijo amado,¡escuchadle!(Mt 17,5)".

Los encuentros que Jesús tiene con distintos personajes, y que aparecen narrados en los Evangelios, no son meras historias de hechos pasados que nada tienen que ver con nosotros. Son los misterios de la vida de Cristo que se vuelven experiencia de fe  en la vida de los cristianos. Ellos rápidamente nos interpelan; como a Pedro, Jesús nos pregunta: ¿Me amas? (Jn 21,15). El Señor siempre pregunta en el Amor, aún después de la traición, aún después del abandono. El amor es curativo, al confesarlo comienza sanando nuestros males, va disipando en nosotros el temor descubriéndonos su rostro misericordioso. Inmediatamente podemos responder afirmativamente al Señor, y en realidad, este sí, encubre una serie de condicionamientos que no se expresan, y que ocultan mucha oscuridad que se resiste a dejarse amar por el Señor.

Fue de noche
En estos balbuceos iniciales con el Señor, vamos como Nicodemo, ocultándonos por lo que representamos para los demás. Brotan en nuestra mente los comentarios que surgirán si esto se hace público y nos interrogamos diciendo: ¿Qué van a pensar de mí? Sentimos miedo o vergüenza de ser vistos con el Señor. Ir por la noche (Jn 3,2) a ver a Jesús, manifiesta la ausencia de una respuesta. La noche oculta nuestro rostro, también nuestro destino, en la noche trágica del huerto de los Olivos, Jesús recibe la respuesta de un beso (Mt 26,48) que lo traiciona. El beso más amargo que la historia conoció y que indicó al autor de la vida, como un ladrón nocturno.

Vivir en la noche, supone sentirse cómodo en esa especie de anonimato, en donde los rostros sombríos se tornan desconocidos. La noche se resiste a la luz, no quiere que se iluminen sus secretas intenciones.


¿ Cuántas vidas de fe se ocultan por temor o vergüenza? ¿Cuántas veces nuestra vida de fe ha sido reprendida por una voz desconocida (el enemigo), invitándonos a ocultarnos en la noche?

Hay que pedir al Señor la gracia del testimonio, es un gran desafío vencer el anonimato en la vida de fe. El Señor nos ha enviado, fortalecidos por el Espíritu Santo, para que seamos sus testigos. Ningún ámbito de la vida queda al margen del testimonio que debemos dar del Señor, en su doble vertiente: anuncio explícito y testimonio de vida. Debemos iluminar con la fe las realidades de la vida cotidiana y elevarlas como ofrenda al Señor.

Nicodemo está frente a Jesús. Ha ido hasta Él, movido tal vez por un sin fin de motivos: curiosidad, búsqueda, intuición, reconocimiento de una cierta presencia de Dios en Jesús ( nadie puede hacer lo que tú haces si Dios… Jn3,2), estos elementos que se encuentran en su corazón son los que deben salir de la oscuridad, para ponerse delante de la luz que todo lo penetra.

En el corazón de Nicodemo a partir de aquella noche se ha desatado una batalla, algo lo ha atraído, un débil rayo que ha penetrado por algún resquicio de su existencia ha comenzado a invadirlo totalmente. La oscuridad de Nicodemo contrasta con la luz que viene de Jesús. Él está allí esperando que Nicodemo se deje amar. Podemos decir con San Agustín "¡Señor, Señor! ¿Con qué modos y de qué manera te insinuaste en aquel corazón?".

Nicodemo para ir (Jn 3,2), ha tenido que vencer la resistencia que siempre se hace presente, si uno quiere ver a Jesús. Como buen maestro de la ley, es un entendido en las cosas de Dios, ha tenido que aceptar una palabra distinta y distante de la que él lleva. Una palabra que le habla de un Dios al que cree conocer. En su acercamiento a Jesús le llama maestro. Nosotros podríamos decir, y lo escuchamos bastante a menudo; hombre bueno, idealista grande; el joven rico, yendo mas allá, lo cualifica llamándolo "maestro bueno". Pero en todas esta afirmaciones hay algo fundamental que esta ausente, ninguna de ellas lo involucra totalmente, aún Nicodemo no puede llamarlo como María de Magdala, "mi maestro" (Jn 20,16), tampoco surge de su corazón la confesión de Tomás al verlo resucitado, "Dios mío y Señor mío" (Jn 20,28).


En nuestras noches, muchas veces se oculta esa ausencia de vínculo. El modo por el cual lo llamamos se asienta en nuestra fe. Ella moldea en nuestro corazón esa forma íntima de llamar a Jesús.


Tal vez, alguno de nosotros ha salido de la oscuridad de su vida para ir a ver a Jesús, con todo el peso que ello comporta, venciendo el miedo, la vergüenza y toda la presión ambiental que nos propone una infinita gama de entretenimientos para liberarnos de la trivial tarea de buscarle un sentido a nuestra vida. Y a pesar de no poder percibirlo, ese primer movimiento ha venido de Dios. Es Él quien toma la iniciativa, es su presencia silenciosa en nuestra existencia la que nos ha movido, Él Padre nos atrae hacia Jesús. Está en medio de nosotros y actúa. Una voz interior (Espíritu Santo) nos lo indica (Jn 1,29) como el dedo de Juan Bautista, ve hacia Él. "Como un imán, por la fuerza de su misión, se sitúa en el centro para que todo, voluntaria o involuntariamente, sea atraído a Él (Jn 12,32) para salvación o condenación " (TD 3, p.3).


Nicodemo tiene, como tantos "maestros", lo que hemos dado en llamar: un "cómo" resistente (Jn 3,4.9). A pesar de que acepta ser llamado maestro, ejercicio por el cual guía a otros, "no sabe" (Jn 3,10), podría caberle a él perfectamente la advertencia del Señor, de estar en las cosas de Dios, como "ciego que guía a otro ciego". Ese "cómo" con el que iniciará todas sus preguntas, oficia de escudo protector ante la irrupción de Dios en su vida. Por otra parte, cualquiera puede argumentar que Nicodemo es un hombre creyente, cabe la pregunta ¿de qué se protege?


Nicodemo se resiste a un Dios que se manifiesta así, es al modo de manifestarse de Dios. Su respuesta e incomprensión hacen presente la resistencia de Israel. También María como hija predilecta de Sión utilizará la misma palabra para comenzar su pregunta. «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?»(Lc 1,35).


¿Dónde está, entre Nicodemo y María, la diferencia? La diferencia se encuentra en la respuesta, mientras que Nicodemo persiste en su resistencia, cuestionando el modo de manifestarse de Dios y esto lo hace obstinadamente, María responde aceptando al Dios que viene de ese modo.


Estas actitudes arquetípicas, expresadas en María y Nicodemo, permanentemente se hallan presente en los interminables encuentros que Jesús tiene con los hombres. Dios visita en su pueblo a sus hijos, invitándolos a volver a la casa paterna, y estos en muchas oportunidades no reconocen en estos hechos la presencia de Dios. Intentan someter la acción de Dios a la comprensión de su inteligencia humana.


El Dios que Nicodemo lleva en su corazón nunca lo sorprende. Él es capaz de realizar si fuera necesario un mapa, marcando las rutas de Dios y aclarando sus trayectos. Se lo puede caricaturizar diciendo, que se parece bastante a uno de esos tantos recorridos que realizan nuestros ómnibus (colectivos, bus), siempre transitan por el mismo lugar. De no ser así, surge la sospecha, ¿esto no es de Dios? Nicodemo ha reconocido algo de Dios presente en las cosas que Jesús obra, pero, aún no ha reconocido a Jesús como Dios, permanece sin aceptar su testimonio (Jn 3,11-21).


En nuestras vidas hay vestigios de este comportamiento, muchas veces queremos que Dios nos adelante el recorrido que va a realizar. Más de una vez, escuchamos este reproche, ¿cómo me pudo ocurrir esto? Esta expresión es especialmente utilizada cuando no reconocemos la presencia de Dios en aquello que nos toca vivir.


El cientismo, el naturalismo y el racionalismo entre otras corrientes del pensamiento moderno y post-moderno, presentan ésta dificultad, Dios debe manejarse con sus parámetros, con sus reglas, de no ser así, no existe. Las leyes que rigen a estos sistemas de pensamiento deben contener a Dios. Los que van detrás de estas posturas,deberían aprender de aquellos modestos animales que junto al pesebre saludaban la irrupción de Dios en el mundo.


La historia de Jesús con Nicodemo suscita algunas preguntas ¿qué ocurrió con aquel hombre que fue por la noche a ver a Jesús?, ¿ en el corazón de Nicodemo triunfó la noche? .En este caso se puede develar la incógnita. Nicodemo es uno de los dos que piden para bajar el cuerpo muerto de Jesús de la Cruz (Jn 19,39).


Ya poco importa que esto ocurra en Jerusalén, donde habitualmente matan a los" profetas" (Lc 13,34), que sea el lugar de residencia de las autoridades político-religiosas que fueron las que lo condenaron. Nicodemo ha pasado por encima de todas esas dificultades, se ha dejado sorprender una vez más por ese Dios del que Jesús le habló aquella noche. Sabe que el amor de Dios es capaz de una entrega así, eso lo ha alentado a ir más allá de sí, lo ha fortalecido para ir saliendo de la noche. Resuena en su corazón el eco de aquellas palabras de Jesús: "tienes que nacer de lo alto". (Jn 3,7)


Nicodemo en su peregrinar comprendió que el nacimiento de los discípulos del Señor estaba unido a la cruz. Al testimonio de un amor más fuerte que la muerte, al testimonio de un amor hasta el extremo. Había logrado reconocer que todas estas realidades estaban en Jesús. Llevaba en sus manos mirra y aloe, para ungir y dignamente sepultar a Jesús. Cuantos recuerdos se agolparían en la mente de Nicodemo, pero evidentemente lo ocurrido aquella noche tendría un lugar especial. Aquel modo anónimo, por la hora de su llegada y el temor de ser visto con Jesús, lo encontraba ahora como testigo de la entrega del amor de Dios.


La sombra de la Cruz se posaba sobre él como una antorcha luminosa que iba respondiendo a sus preguntas. Estas iban desapareciendo, había pasado de la resistencia de Israel a la aceptación de María. Estar allí no era una carga sino un privilegio, tal vez sin saberlo desde aquella noche, Dios lo había estado preparando, para vencer ese modo anónimo de estar presente ante la Cruz de Jesús.


Tal vez estas preguntas puedan ayudarnos a meditar:


1- ¿Percibimos su presencia? ¿Nos ponemos frente a Él?
2- ¿Cuáles son las resistencias que vencimos para ir para ir hacia ÉL?
3- ¿Cúal es nuestro "cómo" resistente?
4- ¿Cuál es la imagen de Dios que hay en mí corazón?
5- ¿Cómo es mi historia con Jesús?
6- ¿Cómo vivo mi peregrinación?
7- ¿Ante la Cruz del Señor soy un anónimo?

[1] Jorge Novoa, http://www.feyrazon.org

PAPA FRANCISCO: COMO UNA MAMÁ QUE DEFIENDE A SUS HIJOS

2013-09-18 L’Osservatore Romano
Como una mamá que nos ama, nos defiende, nos da la fuerza para ir adelante en la lucha contra el mal. Es ésta la imagen de la Iglesia trazada por el Papa Francisco este martes, 17 de septiembre, durante la misa que celebró al inicio de la mañana en Santa Marta.
Comentando el pasaje del Evangelio de Lucas que narra la resurrección del hijo de la viuda de Naín (7, 11-17), el Pontífice describió a Jesús, quien, al ver a la mujer ante el cadáver de su único hijo muerto, “se compadeció”. Y definió el sentimiento de Cristo como “la capacidad de padecer con nosotros, de estar cerca de nuestros sufrimientos y hacerlos suyos”. Por lo demás, Él sabía bien “qué significaba ser una mujer viuda en aquel tiempo”, cuando las madres que se quedaban solas para criar a sus hijos debían confiarse a la ayuda y a la caridad de los demás. Por eso los preceptos de entonces insisten tanto en “ayudar a los huérfanos y a las viudas, porque en ese tiempo eran los más solos, los más abandonados”.
El pensamiento del obispo de Roma se dirigió a otras figuras de viudas de las que se habla en la Biblia. Hacia ellas el Señor muestra un particular “cuidado, un especial amor”, hasta el punto de que terminan por constituir “una imagen de la Iglesia, porque —explicó— también la Iglesia es en cierto sentido viuda: su esposo se ha ido y ella camina en la historia esperando reencontrarle, encontrarse con Él. Entonces ella será la esposa definitiva”. Pero —advirtió— “entretanto la Iglesia está sola”, y el Señor no es para ella visible: así que “tiene una cierta dimensión de viudedad”.
La primera consecuencia de esta viudedad es que la Iglesia se hace “valiente”, a semejanza de una madre “que defiende a los hijos”, justamente como la viuda del Evangelio “que iba al juez corrupto para defender a los hijos y al final ganó”. Porque, como subrayó el Papa, “nuestra madre Iglesia tiene ese valor de una mujer que sabe que los hijos son suyos y debe defenderlos y llevarlos al encuentro con su esposo”.
De la valentía se deriva un segundo elemento: la fuerza, como testimonian otras viudas descritas en las Escrituras: entre ellas Noemí, bisabuela de David, “que no tenía miedo de permanecer sola”, o la viuda macabea con siete hijos, “que por no renegar de Dios, por no renegar de la ley de Dios, fueron martirizados por el tirano”. De esta mujer un detalle impactó al Papa Francisco: el hecho de que la Biblia subraye “que hablaba en dialecto, en la primera lengua”, precisamente como hace “nuestra Iglesia madre”, que nos habla “en aquella lengua de la verdadera ortodoxia que todos nosotros comprendemos, la lengua del catecismo, esa lengua fuerte, que nos hacer fuertes y nos da también la fortaleza para ir adelante en la lucha contra el mal”.
Sintetizando las propias reflexiones, el Pontífice subrayó “la dimensión de viudedad de la Iglesia, que camina en la historia esperando encontrar, reencontrar a su esposo”. Y evidenció que “nuestra madre Iglesia es así: es una Iglesia que cuando es fiel sabe llorar, llora por sus hijos y ora”. Es más, “cuando la Iglesia no llora, algo no va bien”; mientras que la Iglesia funciona cuando “va adelante y hace crecer a sus hijos, les da fortaleza, les acompaña hasta la última despedida, para dejarlos en las manos de su esposo, al que al final también ella encontrará”.
Y dado que el Papa ve a “nuestra madre Iglesia en esta viuda que llora”, hay que preguntarse qué dice el Señor a esta madre para consolarla. La respuesta está en las palabras mismas de Jesús, citadas por Lucas: “¡No llores!”. Palabras que parecen decir: no llores porque “yo estoy contigo, te acompaño, te espero allí, en las bodas, las últimas bodas, las del cordero”; deja de llorar, “este hijo tuyo que estaba muerto ahora vive”. Y a éste último, tercera figura presente en la escena evangélica, el Señor se dirige, intimándole: “¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!”. Para el Pontífice son las mismas palabras que el Señor dirige a los hombres en el sacramento de la reconciliación, “cuando nosotros estamos muertos por el pecado y vamos a pedirle perdón”.
El relato de Lucas concluye con la descripción del joven muerto, que se levanta y empieza a hablar, y de Jesús que se lo entrega a su madre. Precisamente como hace con nosotros —observó el Papa— “cuando nos perdona, cuando nos devuelve la vida”, porque “nuestra reconciliación no acaba en el diálogo” con el sacerdote que nos da el perdón, sino que se completa “cuando él nos restituye a nuestra madre”. En efecto, “no hay camino de vida, no hay perdón, no hay reconciliación fuera de la madre Iglesia”, tanto que es necesario siempre “pedir al Señor la gracia de confiar en esta mamá que nos defiende, nos enseña, nos hace crecer”.