jueves, 31 de mayo de 2012

Fr.NELSON MEDINA: EL CURA DEL TITANIC

Thomas Byles, sacerdote inglés, converso del anglicanismo a la Iglesia Católica, viajaba para celebrar la boda de su hermano William en Nueva York. Rezaba el «breviario» en cubierta cuando el Titanic chocó con el iceberg.

 Agnes McCoy, superviviente, relató los últimos momentos del sacerdote: Cuando el Titanic se fue a pique, el Padre Thomas Bayle estaba de pie en cubierta rodeado de católicos, protestantes y judíos arrodillados a su alrededor. Byles rezaba el rosario y oraciones por el eterno descanso de las almas de aquellos que estaban a punto de perecer.

Administró los últimos sacramentes a mucha gente. En la primera fase de la catástrofe escuchó muchas confesiones. Se me ponen los pelos de punta. Rechazó por dos veces el bote salvavidas, en los que también ayudó a embarcar a otros.

Pío X lo describió como «un mártir de la Iglesia». En «Los Diez del Titanic», la historia bien documentada de los españoles en el buque, el P. Byles también tiene una mención en boca de una de las supervivientes, Fermina, sirviente de una pareja de «luna de miel»

 A la una y cinco de la madrugada, el bote 8, cargado solamente con damas de primera clase y sus sirvientas, además de los marinos, empieza a ser arriado. Fermina no ha conseguido localizar a Víctor y, orientándose con dificultad entre el gentío, logra acceder a las inmediaciones de la embarcación cuando ésta ya ha comenzado a bajar por el costado del Titanic. «A mí me dejaron fuera. Pero empecé a gritar desesperada, y no tuvieron más remedio que llevarme. Me echaron como un saco de paja desde más de un metro de altura, cuando ya bajaba la barca —rememoraba con horror—. Fue el momento más terrible de mi vida. Cada vez que me acuerdo, me parece que acaba de ocurrir y acabo de salvarme de milagro».

 En cubierta, el sacerdote católico Thomas Byles está dirigiendo el rezo de un rosario. Muchos se unen a la oración postrados estrechando entre las manos sus crucifijos, la mayoría son mujeres de tercera clase a las que el clérigo ha ayudado a ascender desde las dependencias inferiores del barco. «Dios te salve, María, llena eres de Gracia…», invoca el padre Byles. «Ruega por nosotros», súplica un coro de voces. Hasta las barcas en el agua llega el sonido de la plegaria mezclado con los acordes de la orquesta y el bullicio ronco de los pasajeros que deambulan por los corredores. Desde el bote 8, la condesa de Rothes contempla emocionada cómo Víctor Peñasco cae de rodillas sobre cubierta en actitud de orar

 Fuente recomendada: Casa para tu fe catolica, Alimentos para el alma....

martes, 29 de mayo de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: LOS PROFETAS, ESPIRITUALIDAD Y MISIÓN...


Tres verbos nos ayudan a conocer más profundamente la espiritualidad de los profetas y su misión. Ellos son denunciar, anunciar y renunciar. Los tres verbos desde la impronta personal del profeta se sintetizan en la expresión “nuncio”; y se despliegan en denuncio, anuncio y renuncio.

El profeta es llamado por Dios para denunciar las infidelidades de su Pueblo, fundamentalmente contra la Alianza. La denuncia forma parte del contenido de la profecía, pero si quedará reducida exclusivamente a ello, el horizonte permanecería cerrado, de allí que también es portadora de un anuncio. Dios le comunica a su Pueblo, que hay “salidas”, no es un horizonte cerrado, si el Pueblo obedece, si “escucha la voz del Señor y no endurece el corazón”, gozará del favor de Dios.

El tercer aspecto es propio de la espiritualidad del profeta, debe renunciar, la fidelidad a la Palabra comunicada, lo debe distanciar de buscar conformar al Pueblo, mitigando la corrección que Dios le dirige, y también vencer el posible temor que supone proclamarla delante de los poderosos. El profeta es el hombre fiel a la Palabra de Dios.

Denunciar, anunciar y renunciar tres actitudes proféticas desafiantes. Ellas nos interpelan a nosotros, que por el Bautismo participamos de la misión profética de Cristo?

ANTONIO GAUDÍ: ARQUITECTO DE DIOS

En 1915, Gaudí sale a mendigar a las calles, casas y despachos de Barcelona. Pide limosnas para evitar la paralización definitiva de las obras del Templo, que arrastran un déficit insoportable. Todos opinan que lo más prudente es dejarlo como está; sólo Joan Maragall, en el artículo Una gràcia de caritat! (Diario de Barcelona, 7.XI.1905), había previsto diez años antes que la mano de Dios se manifestaría en la vida de Gaudí en forma de carencia de medios económicos y de abandono por parte de sus conciudadanos. El arquitecto reconoce a Dios como su verdadero Cliente. Confía plenamente en que El pondrá el dinero necesario para construir la catedral de los Pobres y extiende su mano por las calles de la ciudad pidiendo "¡Un céntimo por amor de Dios!"

Decía el maestro Gaudí: "El hombre sin religión es un hombre al que falta el espíritu, un hombre mutilado."
Así oraba Juan Pablo II:
María, Virgen y Madre, da cuna y morada de salvación a la nueva humanidad restaurada en Cristo, la Iglesia. (…) La Iglesia es el hogar universal de la familia de Dios, es vuestro hogar. De esta realidad misteriosa quiere ser expresión visible este magnífico templo de la Sagrada Família de Barcelona, debido a la inspiración de un alma particularmente sensible a todo lo eclesial como el padre José Manyanet y obra de arte del genial maestro Antoni Gaudí. Recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la familia cristiana, célula humana esencial, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesar.

lunes, 28 de mayo de 2012

NORMAS SOBRE EL MODO DE PROCEDER EN EL DISCERNIMIENTO DE PRESUNTAS APARICIONES Y REVELACIONES


La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en la página web de la Santa Sede las "Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones". 

El texto fue escrito en 1978 y aprobado por Su Santidad Pablo VI para su uso y difusión entre los señores Obispos. El Cardenal William Levada, Prefecto de la Congregación, afirmó que el dicasterio "ha considerado oportuno publicar las mencionadas normas, proveyéndolas de una traducción a las principales lenguas", debido a que a través de los años se han ido conociendo e incluyendo en otras obras sobre el tema, sin que existiera una publicación oficial de las mismas.

SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

NORMAS SOBRE EL MODO DE PROCEDER
EN EL DISCERNIMIENTO
DE PRESUNTAS APARICIONES Y REVELACIONES

NOTA PREVIA

Origen y carácter de estas Normas
Durante la Congregación Plenaria Anual del mes de noviembre de 1974, los Padres de esta Sagrada Congregación examinaron los problemas relativos a presuntas apariciones y a las revelaciones con las que frecuentemente están ligadas, llegando alas siguientes conclusiones:

1. Hoy más que en épocas anteriores, debido a los medios de comunicación (mass media), las noticias de tales apariciones se difunden rápidamente entre los fieles y, además, la facilidad de viajar de un lugar a otro favorece que las peregrinaciones sean más frecuentes, de modo que la Autoridad eclesiástica se ve obligada a discernir con prontitud sobre la materia.

2. Por otra parte, la mentalidad actual y las exigencias de una investigación científicamente crítica hacen más difícil o casi imposible emitir con la debida rapidez aquel juicio con el que en el pasado se concluían las investigaciones sobre estas cuestiones (constat de supernaturalitatenon constat de supernaturalitate: consta el origen sobrenatural, no consta el origen sobrenatural) y que ofrecía a los ordinarios la posibilidad de permitir o de prohibir el culto público u otras formas de devoción entre los fieles.

Por las causas mencionadas, para que la devoción suscitada entre los fieles por hechos de este género pueda manifestarse de modo que quede a salvo la plena comunión con la Iglesia y se produzcan los frutos gracias a los cuales la misma Iglesia pueda discernir más tarde la verdadera naturaleza de los hechos, los Padres estimaron que debe ser seguida en esta materia la praxis que se expone a continuación.

Cuando se tenga la certeza de los hechos relativos a una presunta aparición o revelación, le corresponde por oficio a la Autoridad eclesiástica:

a) En primer lugar juzgar sobre el hecho según los criterios positivos y negativos (cf. infra, n. I).

b) Después, en caso de que este examen haya resultado favorable, permitir algunas manifestaciones públicas de culto o devoción y seguir vigilándolas con toda prudencia (lo cual equivale a la formula “por el momento nada obsta”: pro nunc nihil obstare).

c) Finalmente, a la luz del tiempo transcurrido y de la experiencia adquirida, si fuera el caso, emitir un juicio sobre la verdad y sobre el carácter sobrenatural del hecho (especialmente en consideración de la abundancia de los frutos espirituales provenientes de la nueva devoción).

I. Criterios para juzgar, al menos con probabilidad,
el carácter de presuntas apariciones o revelaciones

A) Criterios positivos
a) La certeza moral o, al menos, una gran probabilidad acerca de la existencia del hecho, adquirida gracias a una investigación rigurosa.

b) Circunstancias particulares relacionadas con la existencia y la naturaleza del hecho, es decir:
1. Cualidades personales del sujeto o de los sujetos (principalmente equilibrio psíquico, honestidad y rectitud de vida, sinceridad y docilidad habitual hacia la Autoridad eclesiástica, capacidad para retornar a un régimen normal de vida de fe, etc.).

2. Por lo que se refiere a la revelación, doctrina teológica y espiritual verdadera y libre de error.

3. Sana devoción y frutos espirituales abundantes y constantes (por ejemplo: espíritu de oración, conversiones, testimonios de caridad, etc.).

B) Criterios negativos
a) Error manifiesto acerca del hecho.

b) Errores doctrinales que se atribuyen al mismo Dioso a la Santísima Virgen María o a algún santo, teniendo en cuenta, sin embargo, la posibilidad de que el sujeto haya añadido —aun de modo inconsciente— elementos meramente humanos e incluso algún error de orden natural a una verdadera revelación sobrenatural. (cfr. San Ignacio, Ejercicios. n. 336).

c) Afán evidente de lucro vinculado estrechamente al mismo hecho.

d) Actos gravemente inmorales cometidos por el sujeto o sus seguidores durante el hecho o con ocasión del mismo.

e) Enfermedades psíquicas o tendencias psicopáticas presentes en el sujeto que hayan influido ciertamente en el presunto hecho sobrenatural, psicosis o histeria colectiva, u otras cosas de este género.

Debe notarse que estos criterios, tanto positivos como negativos, son indicativos y no taxativos, y deben ser empleados cumulativamente, es decir, con cierta convergencia recíproca.


II. Sobre el modo de conducirse de la autoridad eclesiástica competente

1. Con ocasión de un presunto hecho sobrenatural que espontáneamente algún tipo de culto o devoción entre los fieles, incumbe a la Autoridad eclesiástica competente el grave deber de informarse sin dilación y de vigilar con diligencia.

2. La Autoridad eclesiástica competente, si nada lo impide teniendo en cuenta los criterios mencionados anteriormente, puede intervenir para permitir o promover algunas formas de culto o devoción cuando los fieles lo soliciten legítimamente (encontrándose, por tanto, en comunión con los Pastores y no movidos por un espíritu sectario). Sin embargo hay que velar para que esta forma de proceder no se interprete como aprobación del carácter sobrenatural del los hecho por parte de la Iglesia. (cf. Nota previa, c).

3. En razón de su oficio doctrinal y pastoral, la Autoridad competente puede intervenir motu proprio e incluso debe hacerlo en circunstancias graves, por ejemplo: para corregir o prevenir abusos en el ejercicio del culto y de la devoción, para condenar doctrinas erróneas, para evitar el peligro de misticismo falso o inconveniente, etc.

4. En los casos dudosos que no amenacen en modo alguno el bien de la Iglesia, la Autoridad eclesiástica competente debe abstenerse de todo juicio y actuación directa (porque puede suceder que, pasado un tiempo, se olvide el hecho presuntamente sobrenatural); sin embargo no deje de vigilar para que, si fuera necesario, se pueda intervenir pronto y prudentemente.


III. Sobre la autoridad competente para intervenir
1. El deber de vigilar o intervenir compete en primer lugar al Ordinario del lugar.

2. La Conferencia Episcopal regional o nacional puede intervenir en los siguientes casos:

a) Cuando el Ordinario del lugar, después de haber realizado lo que le compete, recurre a ella para discernir con mayor seguridad sobre la cuestión.

b) Cuando la cuestión ha trascendido ya al ámbito nacional o regional, contando siempre con el consenso del Ordinario del lugar.

3. La Sede Apostólica puede intervenir a petición del mismo Ordinario o de un grupo cualificado de fieles, o también directamente, en razón de la jurisdicción universal del Sumo Pontífice (cf. infra, IV).

IV. Sobre la intervención de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe
1. a) La intervención de la Sagrada Congregación puede ser solicitada por el Ordinario, después de haber llevado a cabo cuanto le corresponde, o por un grupo cualificado de fieles. En este segundo caso debe evitarse que el recurso a la Sagrada Congregación se realice por razones sospechosas, por ejemplo: para forzar al Ordinario a que cambie sus legítimas decisiones, confirmar algún grupo sectario, etc.

b) Corresponde a la Sagrada Congregación intervenir motu proprio en los casos más graves, sobre todo si la cuestión afecta a una parte notable de la Iglesia, habiendo consultado siempre al Ordinario y, si el caso lo requiriese, habiendo consultado también a la Conferencia episcopal.

2. Corresponde a la Sagrada Congregación juzgar la actuación del Ordinario y aprobarla o disponer, cuando sea posible y conveniente, un nuevo examen de la cuestión, distinto del estudio llevado a cabo por el Ordinario. Dicho examen puede ser llevado a cabo por ella misma o por una comisión especial.

Las presentes normas fueron examinadas en la Congregación Plenaria de esta Sagrada Congregación y aprobadas por el Sumo Pontífice PP. Paulo VI, el día 24 de febrero de 1978.
Roma, palacio de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 25 de febrero de 1978.

Franjo Card. Šeper
Prefecto

+Fr. Jérôme Hamer, o. p.
Secretario

domingo, 27 de mayo de 2012

CARLOS BUELA IVE: EL PODER DE LA PALABRA


El poder de la palabra de Dios
Sermón pronunciado por el p. Carlos M. Buela, IVE
en la Iglesia de San Pietro (Segni) el 23 de abril de 2008
en la Misa de Clausura de la Jornadas Bíblicas.
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La Biblia tiene “palabras de vida eterna”. San Bernardino compara las Sagradas Escrituras con el sol ya que:
1. Ilumina: despeja las tinieblas.
2. Calienta: caldea la tierra.
3. Da vigor: con su fuerza vigoriza a la tierra.
1. Ilumina el entendimiento: porque enseña la verdad. El mismo Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no anda en tinieblas” (Jn 8,12). El cristia­no puede pasar por mil pruebas pero nunca debe estar confundido con respecto a la Palabra de Dios.
* La Palabra de Dios no debe silenciarse: el Anticristo ven­drá en medio del silencio de la Palabra de Dios. El mismo demonio llega cuando se silencia la Palabra de Dios: “El que recibe la Palabra entre espinas es el hombre que escucha la Casella di testo:  
Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan y no pueden dar fruto” (Mt 13,22).


* La Palabra de Dios no debe traficarse: “Pero nosotros no somos como muchos que trafican con la Palabra de Dios, sino que hablamos con sinceridad en nombre de Cristo, coma envia­dos de Dios y en presencia del mismo Dios” (2Cor 2,17).


* La Palabra de Dios no debe falsificarse: “...y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido con astucia falsificando la Palabra de Dios...” (2Cor 4,2).
La Palabra de Dios no siempre nos gusta porque resulta difícil cumplirla. El demonio nos insta a no cumplirla, a pesar de que la escuchamos.
          La Sagrada Escritura nos enseña a distinguir:
      
    * El bien del mal: “Si Dios no construye la casa, en vano se afanan los constructores” (Sal 127).
“Apetecibles más que el oro, más que el oro fino; sus pala­bras más dulces que la miel, más que el jugo de panales” (Sal 19,11).


* Lo mejor y lo óptimo: (y así también lo peor) “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo...” (Heb 4,12).

2. Inflama el corazón 
* porque da vida al alma: los muertos en el pecado resucitan a la gracia de Dios por el aire de su Palabra (función vital del sacerdote). Nos engendra a la vida de Dios como semilla incorruptible: “Las palabras que os he dicho son Espíritu y Vida” (Jn 6,63).


* porque alimenta: esto lo confirmó el mismo Jesucristo: “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la Boca de Dios” (Lc 4,4).
Rechazar la Palabra de Dios es señal de muerte: “Os aseguro que el que escucha mi palabra y cree en Aquel que me ha en­viado tiene vida eterna” (Jn 5,24).
También Isaías nos habla de la forma de actuar de la Palabra de Dios: “Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos, y no vuelven allá sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que de simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí vacía, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a la que la envié” (Is 55,10-11).
Es importante destacar que la Biblia no sólo concede la vida, sino que la aumenta. A la Palabra de Dios sólo le falta una cosa: ser bien recibida, lo cual depende del que la recibe.


         * porque deleita: “La Palabra de Dios es más dulce que la miel”. A los discípulos de Emaús les ardía el corazón (cfr. Lc 24,32).

3. Da fuerza al alma 
* porque quebranta y conmueve: es distinto el sermón de un cura que habla bien al que usa la Palabra de Dios (textualmente). Esta última conmueve y convierte. Esto es muy importante en la enseñanza del Catecismo. “No es así mi palabra, como el fuego, y como un martillo golpea la peña” (Jer 23,29).


* porque defiende: defiende de los ataques del demonio, del mundo y de la carne. “Como escudo de acero, como espada filosa” (Ef 6,16-19). El enemigo es más fuerte que nosotros y por eso necesitamos la Palabra de Dios como defensa:  “Vi caer a Satanás como un rayo” (Lc 10,18). También: “Retírate, Satanás, porque está escrito...” (Mt 4,10).


* porque fortifica: “Huesos secos, escuchad la Palabra de Dios” (Ez 37,4-5). 
Como conclusión de todo lo anterior, podemos decir que las Sagradas Escrituras son el TESORO donde se hallan todos los bienes. De esta Palabra se han alimentado todos los santos, ya sean misioneros, Doctores de la Iglesia, el mismo Cura de Ars (que la aprendió de memoria). “La hierba se seca, la flor se marchita, mas la Palabra de nuestro Dios permanece por siempre” (Is 40,8).

sábado, 26 de mayo de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: PENTECOSTÉS

El Espíritu de la verdad. El Evangelio nos desvela la tarea fundamental del Espíritu  que nos ha sido enviado: "él os guiará hasta la verdad plena", porque él es "el Espíritu de la verdad". La verdad de la que aquí se trat es la verdad de Dios tal, y como ésta se ha revelado definitiva e inagotablemante en Jesucristo: esta verdad consiste en que Dios es amor y en que Dios  Padre  ha amado al mundo hasta el extremo de sacrificar a su propio Hijo. Esto jamás habrían podido comprenderlo los discípulos, ni nadie,ni siquiera nosotros, si el Espíritu de Dios no nos hubiera sido dado para introducirnos en los sentimientos íntimos y en la obra salvífica del propio Dios (cfr. 1 Cor 2). 

El Espíritu santo procede del amor infinito entre el Padre y el Hijo, es este amor y lo testimonia cuando como "amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones" (Ro 5,5). Como es el fruto de este amor recíproco en Dios, no habla de lo suyo, sino que simplemente desvela siempre de nuevo, a través de todos los siglos, cuán insondable e inconcebible es este amor eternal. Introduce en lo mío, dice el Hijo, y esto mío es al mismo tiempo lo del Padre. Pero el amor no se puede introducir como se introduce a una ciencia teórica, sino haciendo partícipe de su realidad, enseñando a amar dentro del amor omnicomprensivo de Dios.

MENSAJE MEDJUGORJE 25 de mayo 2012

¡Queridos hijos! También hoy los invito a la conversión y a la santidad. Dios les quiere dar alegría y paz a través de la oración, pero ustedes hijitos, aún están lejos, apegados a la tierra y a las cosas terrenales. Por eso los invito nuevamente: abran su corazón y su mirada hacia Dios y hacia las cosas de Dios, y la alegría y la paz reinarán en sus corazones. Gracias por haber respondido a mi llamado.

viernes, 25 de mayo de 2012

MONSEÑOR HÉCTOR AGUER: NUEVA ERA...


En su habitual reflexión televisiva semanal, en el programa “Claves para un Mundo Mejor” que se emitió el sábado último por América TV, monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, advirtió que en el pasado siglo XX se verificó un fenómeno curioso: “por un lado arreció el secularismo, es decir, se impuso una manera de organizar la vida personal, familiar y social como si Dios no existiera. En la cultura han ido como entrando en eclipse los signos de la transcendencia, los signos de la presencia de Dios”.

     Pero por otra parte, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, “se ha ido extendiendo un movimiento espiritualista, pseudo religioso. Pseudo en griego quiere decir falso, porque se trata de una cosa rara que configura una falsificación religiosa. Es decir, un movimiento cultural en el que se mezclan la reminiscencia de viejos paganismos, una fascinación por las religiones del antiguo oriente, elementos de la magia, de la brujería, de las técnicas adivinatorias y del esoterismo. Todo eso se llamó New Age, el movimiento de la Nueva Era”.

     Comentó que en las grandes ciudades se encuentran “centros de meditación trascendental, de estudios teosóficos, disciplinas ‘transversales’ en las que se confunden las pseudociencias con la autoayuda y otras cosas por el estilo. Ahora es frecuente la difusión de todos estos “macaneos” en programas de televisión que saturan los mejores horarios de la noche”.

     “Muchas de esas supersticiones son la puerta de entrada a compromisos más exigentes, que arriesgan a los incautos a quedar atrapados en una secta”.

     “Ha ocurrido muchas veces precisamente eso, que el inocente coqueteo con esas pseudo-religiones lleva a una persona a ser víctima de una especie de lavado de cerebro, de secuestro espiritual en una secta, de la cual es muy difícil salir”.

     “Una advertencia seria -enfatizó- cabe respecto de los cultos umbanda, que incursionan en el campo de lo demoníaco y han llevado a muchas personas a quedar bajo la obsesión o bajo la posesión diabólica. ¡Con estas cosas no se juega!”.

     “Lo que quiero decir, a propósito de todo esto, es que la religiosidad del hombre si no se ajusta a la fe, a una fe verdadera, corre el riesgo de desviarse y de convertirse en mera superstición. Me refiero a la actitud religiosa fundamental, a la necesidad religiosa del ser humano que como creatura está inclinado a vincularse con el Creador”.

     También indicó que “en el régimen cristiano, en el orden de la fe cristiana, la virtud de religión es distinta de la virtud de la fe; por eso es importante que esté iluminada continuamente por la fe, que esté sostenida por la esperanza y que esté animada por la caridad. Es decir, tiene que haber una relación estrecha entre la religiosidad, que es propia de una virtud moral y el orden teologal, el orden de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad”.

     Precisó que presentaba esta reflexión “para advertir a muchos fieles que a lo mejor porque no tienen una formación suficientemente sólida, aquilatada, entonces van a la iglesia pero también frecuentan a lo mejor un culto cristiano-evangélico, o se vinculan con uno de esos grupos extraños de religiosidad tipo New Age, con el peligro de verse atrapados por una secta. Practican esas alternativas indistintamente, como si todo fuera igual. Así dilapidan la posibilidad de una auténtica relación con Dios, la que nos ofrece la religión cristiana cuando está guiada por una fe viva”.

     En el final de su reflexión televisiva, Mons. Héctor Aguer, manifestó que “la religiosidad natural del hombre debe pasar a través de la puerta de la fe. La fe nos introduce en el vasto especio espiritual de la verdad católica, nos ofrece la experiencia de la gracia en la liturgia de la Iglesia, en la recepción de los santos sacramentos y nos inserta en una comunidad cristiana, que no es una secta sino que es la Iglesia Católica, la comunión de los santos, que se hace concreta en la parroquia, en la capilla, en una pequeña comunidad de barrio”.

     “Como conclusión de estas reflexiones es importante destacar el valor de una formación cada vez más amplia y más profunda en los contenidos de la fe cristiana. Poseemos un instrumento para ello, sólido y actualizado, que es el Catecismo de la Iglesia Católica, de cuya publicación se cumple este año el vigésimo aniversario. Valga esta mención como un estímulo, como una invitación para todos ustedes”, culminó.+ 

PENTECOSTÉS


Exhortando a la oración y a la participación en la misión, el misterio de Pentecostés ilumina la piedad popular: también esta "es una demostración continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Éste enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelentes que dan valor a la piedad cristiana. El mismo Espíritu ennoblece las numerosas y variadas formas de transmitir el mensaje cristiano según la cultura y las costumbres de cualquier lugar, en cualquier momento histórico".
Con fórmulas conocidas que vienen de la celebración de Pentecostés (Veni, creator Spiritus; Veni, Sancte Spiritus) o con breves súplicas (Emitte Spiritum tuum et creabuntur...), los fieles suelen invocar al Espíritu, sobre todo al comenzar una actividad o un trabajo, o en situaciones especiales de angustia. También el rosario, en el tercer misterio glorioso, invita a meditar en la efusión del Espíritu Santo. Los fieles, además, saben que han recibido, especialmente en la Confirmación, el Espíritu de sabiduría y de consejo que les guía en su existencia, el Espíritu de fortaleza y de luz que les ayuda a tomar las decisiones importantes y a afrontar las pruebas de la vida. Saben que su cuerpo, desde el día del Bautismo, es templo del Espíritu Santo, y que debe ser respetado y honrado, también en la muerte, y que en el último día la potencia del Espíritu lo hará resucitar.

Al tiempo que nos abre a la comunión con Dios en la oración, el Espíritu Santo nos mueve hacia el prójimo con sentimientos de encuentro, reconciliación, testimonio, deseos de justicia y de paz, renovación de la mente, verdadero progreso social e impulso misionero. Con este espíritu, la solemnidad de Pentecostés se celebra en algunas comunidades como "jornada de sacrificio por las misiones".

FUENTE:Directorio de piedad popular

miércoles, 23 de mayo de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: NO LOS DEJARÉ HUÉRFANOS


Jesús anima sus discípulos, para que confiando en Él emprendan la misión que les ha encomendado, para ello les donará junto al Padre, al Paráclito (Espíritu Santo).

SALVADOR CARRILLO ALDAY: LOS CARISMAS DEL ESPÍRITU PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA COMUNIDAD


En una catequesis histórica, S.S. Pablo VI dijo: "La necesidad de la Iglesia supone una carencia imprescindible por parte del hombre; la necesidad de que el prodigio de Pentecostés tenía que continuar en la Historia de la iglesia y del mundo; y ello en la doble forma en la que el don del Espíritu Santo se concede a los hombres:

  • primero, para santificarlos (y esta es la forma primaria e indispensable por la que el Hombre se convierte en objeto del amor de Dios, gratum faciens, como dicen los teólogos), y,
  • después, para enriquecerlos con prerrogativas especiales que llamamos carismas (gratis data), ordenados al bien del prójimo y especialmente de la comunidad de los fieles" (16 de octubre de 1974).

I. EL ESTADO DE GRACIA.
Pues bien, cuando el Espíritu Santo toma posesión del creyente y lo convierte en su Templo, el hombre queda instantáneamente justificado: la acción de Dios lo invade; gracias a la confesión brotada del corazón se le otorga el perdón de los pecados: y el alma queda elevada a un estado de convivencia con la vida divina: 2 Pe.1,4, que llamamos "estado de gracia'', ''estado de filiación adoptiva", estado de vida sobrenatural que vale más que la vida natural y al que de suyo está asegurada la plenitud y la felicidad de la vida eterna.



II -LOS CARISMAS DEL ESPIRITU.
Pero, además de hacerlo hijo de Dios, el Espíritu Santo, al venir al creyente, lo hace un "miembro vital'' de un cuerpo: el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. "Así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función; así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros, pero teniendo carismas diferentes, según la gracia que nos ha sido dada .,": Rom.12, 4-6a.
Esta realidad es fundamental. Todos nosotros con Jesús formamos un solo cuerpo, formado por la cabeza y por los miembros que desempeñan funciones específicas diferentes, pero todas ordenadas al bien del cuerpo total. La cabeza es Cristo; nosotros, sus diversos miembros. Y una sola alma: el Espíritu Santo que da vida y mueve a todo el cuerpo Un solo Espíritu en Jesús y en cada uno de nosotros.
Ahora bien, el Espíritu, alma de nuestro ser sobrenatural, nos comunica, además de la vida divina, "gracias. dones, carismas, funciones, actividades", para poder cumplir nuestra misión de ser "tal miembro en el cuerpo total de Cristo". Estos dones espirituales gratuitos, que llamamos "carismas" no son directamente gracias en orden a la santificación personal, sino que son ''manifestaciones del Espíritu para el provecho común: I Cor.12,7.
Los carismas no son, por tanto, sólo aptitudes o capacidades naturales, sino dones que el Espíritu Santo comunica o hace surgir en cada miembro del cuerpo de Cristo para que cada uno sirva al cuerpo total.



III- DIVERSIDAD DE LOS CARISMAS.
Los carismas son innumerables; tan abundantes, como necesidades tenga la comunidad para ser construida; son de variada importancia, según sirvan más o menos a la edificación de la iglesia: y sobre todo son de diferente naturaleza, según la función específica que tienen que desempeñar.
San Pablo animaba a los corintios a que aspiraran a los carismas del Espíritu "¡Ambicionad los carismas su, superiores ¡Id en pos de la caridad, pero ambicionad también los dones espirituales!" ''Ya que ambicionáis Los dones del Espíritu, procurad abundar en ellos para la edificación de la asamblea'': cfr ICo 12,31: 14,1.12.
Unos carismas manifiestan un carácter de gracia transitoria: por ejemplo, una visión, una palabra profética, una luz de sabiduría, una iluminación de conocimiento. Otros se muestran como carismas estables, como son los "ministerios": por ejemplo, el ser apóstol, el carisma sacerdotal, la diaconía de enseñanza.
Unos carismas edifican la Iglesia en una forma: por ejemplo, los carismas de exhortación y de asistencia; otros, en otra: por ejemplo, los carismas de curación de milagros.
Unos carismas miran a un estado de vida: por ejemplo, el matrimonio y la virginidad: lCo 7,7: otros se ordenan a una actividad concreta en el cuerpo de Cristo: por ejemplo, el presidir, el ejercer la misericordia: Rm 12,8.
Sin embargo, lo que tienen de común es que, a más de ser una gracia gratuita de Dios, todos realizan su función en virtud de una moción positiva, actual, sobrenatural y transeunte del Espíritu Santo.
Los textos principales del Nuevo Testamento que tratan de los "dones del Espíritu" o "dones espirituales" son los siguientes.
    ''A cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para la utilidad común. Porque a uno se le da, por el Espíritu, palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia, según el mismo Espíritu, a éste, fe, en el mismo Espíritu: a aquél, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, operaciones de milagros; a otro. profecía; a otro discernimiento de espíritus; a éste, diversidad de lenguas; a aquel, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las obra el único y mismo Espíritu distribuyéndolas en particular, a cada uno, como quiere": ICo 12, 7,1 1.
    "Vosotros sois cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro. En la comunidad, Dios ha establecido a algunos, en primer lugar, como apóstoles: en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como maestros; luego, el poder de los milagros: luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas": ICo 12,27,28.
    "Pero, teniendo carismas diferentes, según la gracia que nos ha sido dada. Si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe. Si es el ministerio, en el ministerio. La enseñanza, enseñando. La exhortación, exhortando. El que da, con sencillez. El que preside, con solicitud. El que ejerce la misericordia, con jovialidad " Rm 1 2,6_8.
    "El mismo "dio" a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros; para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo": Ef 4,11_13.
    ''Que cada cual ponga al servicio de los demás el carisma que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios. Si alguno habla, sean palabras de Dios. Si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios; para que Dios sea glorificado en todo por Jesu_Cristo, para quien es la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén'': IP 4,10,11.
    Ver además los siguientes textos: ICo 3,5.10: 7,7, 13,1,3; 14,6; 2Co 6,3: 12,1,12; Ti 1,5; ITi 1,12; Mc 16, 17; Hch 6,4; 11,27: 13,1: 20,28.

IV -¿SISTEMATIZACION DE LOS CARISMAS?
Una sistematización rígida de los carismas sería inadecuada. Una imagen puede iluminar el hecho. Así como entre los colores del arco iris. unos son bien definidos, pero todos resultan de la fusión de los colores firmes; de manera semejante sucede en los carismas. Unos son precisos y pueden clasificarse bajo un solo apartado; otros, en cambio, por razón de su riqueza, presentan notas variadas que les permiten ser colocados en dos o más apartados. Además, hemos dicho que los carismas son innumerables.
Por todo esto, sin pretender en manera alguna hacer una clasificación exacta, perfecta y completa de los carismas mencionados en los textos, -y sólo a manera de ejemplo -he aquí un ensayo de agrupación.

l. Carismas de ''apostolado'', "enseñanza", "gobierno".
Apóstoles: lCo 12,28; Ef 4,11.
Profetas: lCo 12,28; Ef 4,11.
Pastores: Ef 4,]1; Hch 20,28. Maestros: ICo 12,28; Rm 12,7; Ef 4,11.
Evangelistas: Ef 4,11; Hch 21,8.
Epíscopos, presbíteros, diáconos: Hch 14,23; 15,2: 20,17.28; Flp 1,1; Tito 1,5.
Diaconías diferentes: Hch 6,1-6; Rm 12,7; Ef 4,12; IP 4,11.


2. Carismas de conocimiento y de palabra.
Palabra de profecía: ICo 12,10: Rm 12,6.
Palabra de sabiduría: I Co 12,8.
Palabra de conocimiento ( ciencia ): I Co 12,8.
Revelaciones: lCo 14,26.
Penetración de misterios: lCo 13,2.
Visiones: Hch 2,17; 9,3,17.
Discernimiento: I Co 12,10; 14,29.
Xenoglosia: Hch 2,6.11: Mc 16,17.
Lenguas ( glosolalia ): I Co 12,10.29: Hch 10,46; 19,6.
Interpretación de lenguas: lCo 12.10.30.

3. Carismas de servicio.
Funciones administrativas: 1 Co 12.28.
Presidir: Rm 12,8.
Asistencia en las necesidades: lCo 12,28.
Exhortar: Rm 12,8.
Obras de misericordia: Rm 12,8.
Distribución de los propios bienes: lCo 13,3.
Entrega de la propia vida: lCo 13,3.

4. Carismas de poder.
Fe: Hch 14,9; lCo 12,9.
Curaciones: Mc 16,18; lCo 12,9.28.
Obras de poder: Hch 4,30; lCo 12,10.28.
Exorcismos: Mc 16,17.

5. Carismas de estado de vida.
Matrimonio: l Co 7,7.
Celibato, virginidad, soltería consagrada: lCo 7, 7.34.


REFLEXIONES
1. Ante el amplísimo panorama de los carismas, ''manifestaciones del Espíritu para el provecho común"es preciso tomar conciencia de que también nosotros, también yo, soy un miembro vital en el Cuerpo de Cristo, y tengo en él una actividad y una función que desempeñar; y para ello el Espíritu Santo me ha dado sus dones.
2. No todos los carismas que comunica el Espíritu han sido mencionados en las listas precedentes. San Pablo nunca quiso ofrecer un catálogo exhaustivo de las "manifestaciones del Espíritu". Cada época de la historia, cada lugar del universo, cada circunstancia por las que atraviesa la Iglesia, requieren la manifestación del Espíritu y su acción poderosa y constructiva, y El distribuye sus dones, funciones, actividades y ministerios de acuerdo a las necesidades concretas de la historia de salvación.
3. Es necesario, por tanto, que yo descubra con claridad cuál o cuáles son los "dones espirituales" que el Señor ha puesto en mi para ayudar a la construcción de mi comunidad cristiana. Para eso necesito orar y pedir la luz del Espíritu Santo.
4. Más aún, siguiendo el consejo de San Pablo, debo atreverme a implorar del Espíritu Santo que me comunique sus carismas, los que El quiera y tenga destinados para mi, con el fin de cumplir sobre la tierra mi papel de edificación en el Cuerpo de Cristo.

martes, 22 de mayo de 2012

CARTA A LOS SACERDOTES

Esta carta dirigida a los sacerdotes, la tomé del muro del P. Daniel Kerber. Le pidieron que predicara retiro a los presbiterios de Maldonado y Minas. Para comenzar cada predicación, les pidió a algunos matrimonios, jóvenes, catequistas, laicas, laicos, y consagrados, que escribieran una carta para los sacerdotes que se reunían para escuchar al Señor y rezar. Aquì va la primera que el P. Daniel compartió en facebook.

“El sacerdote es otro cristo que trabaja para la Gloria del Padre”
(Beata Isabel de la Trinidad)


Querido hermano:

Doblo mis rodillas ante el Padre agradeciendo el DON del SACERDOCIO.
Él no me ha concedido ser portadora de este regalo en mi persona, pero como hija de la Iglesia que soy sé que todas las riquezas de la Madre son también, en parte, de la hija. Por eso me siento muy unida desde dentro a todo sacerdote, y como los amo entrañablemente y deseo con ardor su santidad, es que me animo, impulsada por este mismo amor y deseo, a pedirte, hermano, algunas cosas.

Lo primero es que AGRADEZCAS cada día el EXTRAORDINARIO REGALO de tu vocación, y que la vivas como lo que es: DON DE TU DIOS que por sólo su amor y misericordia se fijó en ti.
Enraíza tu vocación en la GRATUIDAD DIVINA y convéncete en lo más profundo de tu ser que no eres merecedor de esta gracia.
Cultívala, piénsala, órala…. Tu vocación es un MISTERIO. Un misterio SUBLIME que el Padre te va revelando progresivamente, y aunque ya la posees (si se me permite la expresión) no acabas aún de conocerla. Ella te excede, te desborda… es mucho más grande que Tú. Lo constatas cada día al sostener a Dios entre tus manos. Celebra la Eucaristía con dignidad, recogido en profunda adoración. Es un gran privilegio que tu Señor te concede y -me atrevo a decir- lo MÁS GRANDE que puedes “hacer” por la humanidad.

Una actitud fundamental, querido hermano, es la de aprender a RECIBIR, y se nos va la vida en ello, porque estamos acostumbrados a comprar. Sacerdote: DÉJATE AMAR POR EL SEÑOR, acoge su amor sin medidas ni barreras. Él dijo a Catalina de Siena: “hazte capacidad y Yo me haré torrente”.
Dejándote amar por Él serás un hombre cautivado, cercado, dominado por su amor. Gritarás con Pablo “me urge el amor de Cristo” (2Cor. 5,14).

Vive sin miedo al ridículo esta RELACIÓN ESPONSAL con Cristo, corazón y sostén de tu ser sacerdotal. De esta manera la ORACIÓN no será una actividad más que le ofrezcas desde tu generosidad, sino una NECESIDAD URGENTE para mantener esa profundad intimidad.

Hermano, antes de pedirte algún servicio, te pido que seas ÍNTIMO DE CRISTO. Que tu corazón lata al unísono con el suyo… busca su voluntad, escucha su voz. ¿Quieres ser pastor? Haz como Él, que primero fue cordero (Jn. 1,29) dispuesto a obedecer. Y atento a las más pequeñas insinuaciones de su Padre quiso ser oveja que reconoce su voz. Sólo así se presentó como el PASTOR.
Jesús no te pide éxitos (dijo Teresa de Calcuta), sino que le seas fiel.

Y hablando de fidelidad, te pido hermano, que vivas tu celibato con ALEGRÍA… No eres un hombre recortado o incompleto, todo lo contrario. Tu corazón entregado a Cristo por ENTERO manifiesta que ya no te perteneces, es Otro el que ahora te plenifica. Él te ha TOMADO, “te ha UNGIDO, te ha MARCADO con su sello y te ha DADO SU ESPÍRITU” (2 Cor. 1,22).
¡SÓLO CRISTO TE BASTA!
Pero, sacerdote, si algún día sientes que el amor de nuestro Dios no te alcanza y experimentas un vacío que carcome lo mejor de ti, y en tu ansia de sentirte vivo te dispones a acompañar tu soledad con otro amor… Antes que lo hagas yo te pido, en el nombre del Señor te pido: SE HOMBRE Y CAE DE RODILLAS FRENTE AL DIOS QUE TE CREÓ DE LA NADA. Háblale de tu vacío, de tu necesidad de ser amado. Se SINCERO y reconoce tu vulnerabilidad. Háblale de tus ansias de dar vida. ¿Acaso no crees que Él es capaz de colmar todo tu ser?
Reza y pídele más fe.

En tu actividad pastoral quiero pedirte que te dones por entero. Dale a los demás lo mejor de ti, que es tu Señor Resucitado viviendo en tu propia persona. Sólo los testigos son capaces de mover los corazones. No te anuncies a ti mismo, sacerdote, sino a JESUCRISTO (2 Cor. 4,5). Cuéntale a la gente cómo el Evangelio tiene PODER PARA SALVAR. Enséñales que el cristianismo no es cosa de moral, sino de CRISTO VIVO. ¿Por qué muy pocos de ustedes predican que Dios es nuestro Padre? ¿Por qué no nos repiten una y otra vez que Él nos AMA GRATIS?

Deseo que seas, sacerdote, un hombre HABITADO por la PALABRA, como nuestra Madre Santísima que supo hacerse espacio para acoger en sí al Verbo Eterno. Pídele al Espíritu que te cubra con su sombra, para que se realice en tu alma como otra encarnación del Verbo (B. Isabel de la Trinidad) y entonces los que se encuentren contigo se encontrarán también con Cristo.

Sé GENEROSO y cercano con tu comunidad, date sin reservas porque el que ama no guarda nada para sí. Y cuando te sientas avasallado por sus reclamos, y sus múltiples demandas te “roben” lo más sagrado de tu tiempo, ADELÁNTATE a tu agobio y dile con firmeza: NADIE ME QUITA LA VIDA, SOY YO QUIEN LA DOY DE MI PROPIA VOLUNTAD (Jn. 10,18). Así no serás víctima de nadie.

Y para terminar, no quisiera, hermano, que sintieras todo lo dicho como un cúmulo de exigencias o expectativas que pongo en ti. Es verdad, eres importante y el Señor te asignó en la Iglesia un puesto prominente, pero tú sabes mejor que yo “que es Dios quien, más allá de la buena disposición de ustedes, realiza en ustedes el QUERER y el ACTUAR” (Fil. 2, 13). Querido hermano: si te sientes pequeño y te ves pobre y miserable frente a esta gran misión que Él te encomendó… SÓLO MÍRALO A ÉL.

Jesús, autor y consumador de nuestra fe (Hb.12,2), que comenzó en ti una obra tan buena, la llevará a feliz término (Flp.1,6).

YA NO TE PERTENECES;
ERES DE CRISTO

ERES DE LA IGLESIA.

Gracias, hermano sacerdote, por tu SÍ de cada día.


JORGE LORING SI: PENTECOSTÉS

1.- Pentecostés es la fiesta que se celebra a los cincuenta días de la Pascua.

2.- Los Apóstoles, hasta entonces asustados, reciben valor para evangelizar.

3.- San Pedro un día convierte a tres mil (Hechos, 2:41), y otro día a cinco mil (Hechos, 4:4).

4.- Desde entones la predicación se extiende por el mundo, y hoy ha llegado a todos los rincones.

5.- Ellos murieron en su misión, y desde entonces miles y miles han seguido sus pasos.

6.- Pero el Espíritu Santo siguen hoy iluminando y fortaleciendo.

7.- Debemos ser devotos del Espíritu Santo, pues Él nos santifica.

8.- Para ello debemos seguir sus inspiraciones.

9.- El Espíritu Santo es PERSONA DIVINA, pues la Biblia le atribuye actos de persona: es maestro (Juan, 14:26), inspira (Mateo,10:19s), guía (Juan, 16:13), consuela (Juan,14:16), etc.

10.- Y San Pablo dice (Hechos, 5:3) que quien miente al Espíritu Santo, miente a Dios.

11.- El Espíritu Santo asiste a la Iglesia y la ayuda en su continuidad.

12.- El Espíritu Santo da vida espiritual a los cristianos, por eso para salvarse hay que pertenecer a la Iglesia, al menos implícitamente. Los no bautizados que han sido fieles a su conciencia, se suponen que han recibido el BAUTISMO DE DESEO, pues si lo hubieran conocido, lo hubieran deseado.

miércoles, 16 de mayo de 2012

RINO FISICHELLA: EL DERECHO DE DIOS

Por qué un Año de la fe? La pregunta no es retórica y merece una respuesta, sobre todo de cara a la gran espera que se está registrando en la Iglesia para tal evento.
Benedicto XVI dio un primer motivo cuando anunció la convocación: «La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, hacer memoria de su soberanía, recodar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su propia identidad, el derecho de aquello que le pertenece, es decir, nuestra vida. Precisamente para dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el que a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da la vida en plenitud».

Esta es la intención principal. No hacer caer en el olvido el hecho que caracteriza nuestra vida: creer. Salir del desierto que lleva consigo el mutismo de quien no tiene nada que decir, para restituir la alegría de la fe y comunicarla de manera renovada.
Por tanto, este año se extiende en primer lugar a toda la Iglesia para que, de cara a la dramática crisis de fe que afecta a muchos cristianos, sea capaz de mostrar una vez más y con renovado entusiasmo el verdadero rostro de Cristo que llama a su seguimiento.

Es un año para todos nosotros, para que en el camino perenne de fe sintamos la necesidad de reforzar el paso, que a veces se hace lento y cansado, y hacer que el testimonio sea más incisivo. No pueden sentirse excluidos cuantos tienen conciencia de su propia debilidad, que a menudo toma las formas de la indiferencia y del agnosticismo, para encontrar de nuevo el sentido perdido y para comprender el valor de pertenecer a una comunidad, verdadero antídoto a la esterilidad del individualismo de nuestros días.

De todas maneras, en «Porta fidei» Benedicto XVI escribió que esta «puerta de la fe está siempre abierta». Lo que significa que ninguno puede sentirse excluido del ser provocado positivamente sobre el sentido de la vida y sobre las grandes cuestiones que golpean sobre todo en nuestros días por la persistencia de una crisis compleja que aumenta los interrogantes y eclipsa la esperanza. Hacerse la pregunta sobre la fe no equivale a alejarse del mundo; más bien, hace tomar conciencia de la responsabilidad que se tiene hacia la humanidad en esta circunstancia histórica.

Un año durante el cual la oración y la reflexión podrán conjugarse más fácilmente con la inteligencia de la fe de la que cada uno debe sentir la urgencia y la necesidad. De hecho, no puede ocurrir que los creyentes sobresalgan en los diversos ámbitos de la ciencia, para hacer más profesional su compromiso laboral, y encontrarse con un débil e insuficiente conocimiento de los contenidos de la fe. Un desequilibrio imperdonable que no permite crecer en la identidad personal y que impide saber dar razón de la elección realizada.

Rino Fisichella < observatore romano)

MONSEÑOR JOSÉ IGNACIO MUNILLA: GUIADOS POR EL ESPÍRITU SANTO

Nuestra fe católica afirma que la tercera persona de la Santísima Trinidad procede del Padre y del Hijo. Con profunda veneración, constatamos además que la presencia y la intercesión de María en el Cenáculo fue providencial para que los Apóstoles recibiesen el don del Espíritu en el primer Pentecostés de la era cristiana. Dios ha querido que el mayor de sus dones, el Espíritu Santo, tenga a María por “madrina”, al igual que el resto de las gracias del Cielo.

El Espíritu Santo, plenitud de la obra de Cristo


Para que nos demos cuenta de la importancia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia, nos puede ayudar el reflexionar sobre las palabras de Jesús en el Evangelio de San Juan: “Os conviene que yo me vaya, porque así vendrá a vosotros el Espíritu que viene de mi Padre” (Jn 16, 7). Dicho de otra manera: ¡hemos “salido ganando” con la Ascensión de Jesús a los cielos, porque fue compensada con creces en la venida del Espíritu Santo! En efecto, sin la acción del Espíritu Santo no habríamos podido conocer en profundidad a Jesucristo: “Pero el abogado, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis cuanto yo os he enseñado y os lo explicará todo” (Jn 14, 26).


Dos errores distintos, pero confluyentes


Necesitamos renovar nuestra fe en el Espíritu Santo, precisamente cuando se está extendiendo la absurda creencia de que el “acceso” a la figura de Jesucristo haya podido permanecer vedado hasta el momento presente. Parece que gracias a algunas recientes investigaciones ¡estaríamos en disposición de conocer, por primera vez, el mensaje original de Jesucristo! Esta falsa suposición se está difundiendo en ámbitos y niveles bien distintos:


En primer lugar, la encontramos muy desarrollada en la abundante literatura y filmografía anticatólica de corte esotérico. Se intenta intoxicar la opinión pública, presentando lo que es mera quimera e invención, bajo un ambiguo formato que emula a la historia novelada. Los guiones de estas producciones son muy similares: la Iglesia Católica habría “secuestrado” al auténtico Jesucristo a lo largo de la historia, hasta que ha llegado este momento en que somos liberados de la ignorancia, gracias al descubrimiento de algún papiro secreto que habría sido ocultado y custodiado a lo largo de los siglos por las órdenes oscurantistas medievales. ¡La cosa sería para tomarla a risa, si no fuera por la desafección sembrada, que lleva incluso a confundir la ficción con la realidad!


Pero no estamos hablando exclusivamente de un fenómeno extraeclesial. Entre nosotros, también se desarrollan métodos exegéticos que buscan el acceso al “Jesús histórico”, que bien parecen dar crédito a la premisa de que la fe en Jesucristo predicada por la Iglesia Católica se haya alejado de la figura originaria. En efecto, determinadas exégesis de los textos evangélicos utilizan exclusivamente el método histórico-crítico, y desprecian o ignoran la exégesis canónica que la Iglesia ha realizado durante veinte siglos bajo la asistencia del Espíritu Santo. Quienes así proceden, parecen olvidarse de que el Magisterio de la Iglesia y los mismos santos, han sido inspirados y sostenidos en todo momento por la acción del Espíritu, para profundizar y predicar el misterio de Cristo.


Nosotros no dudamos de que la promesa de asistencia del Espíritu se ha visto cumplida con creces, de forma que hoy estamos en disposición de hacer una afirmación que posiblemente pueda sorprender y escandalizar a quienes han asumido los errores de planteamiento a los que nos hemos referido: los católicos del siglo XXI tenemos un conocimiento mucho más profundo y exacto de la figura y del mensaje de Jesucristo que el que tuvieron sus primeros discípulos. Más aún, no nos cabe duda de que los cristianos que vivan dentro de cinco siglos se habrán acercado a Jesucristo y a su Evangelio, todavía más que nosotros.


En pocas palabras: el paso del tiempo no nos ha alejado de Jesucristo, sino todo lo contrario; ya que es el Espíritu Santo quien dirige la historia de la salvación hasta la plena manifestación del Señor en la Parusía. Mientras tanto, el Paráclito, el Espíritu de la Verdad, continúa guiándonos hacia la plena comprensión del misterio de Cristo, nos fortalece con sus dones y nos enriquece con sus carismas.


Nos preparamos para un nuevo Pentecostés, porque Dios desea completar en nosotros la santidad que obró en María. Así lo decía el “Papa bueno”, el beato Juan XXIII: “El Espíritu Santo, que formó el cuerpo de Cristo en el seno de María, forma también, une, sana y fortifica a los miembros de Cristo”. Por ello, por intercesión de Santa María suplicamos: ¡Ven, Espíritu Santo!

martes, 15 de mayo de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA CORRECCIÓN FRATERNA (Mt 18,15-22)

Con este archivo de audio te proponemos, dos de los temas más urticantes en las comunidades cristianas: la corrección fraterna y el perdón de las ofensas

domingo, 13 de mayo de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: VI DOMINGO DE PASCUA

Permaneced en mi amor. El evangelio de hoy, último antes de la ascensión del Señor, parece un testamento: estas palabras deben permanecer vivas en los corazones de los creyentes cuando Jesús no se encuentre ya externamente entre nosotros y nos hable sólo interiormente, en el corazón y en la conciencia. Estas palabras de despedida son al mismo tiempo una promesa inquebrantable, pero una promesa que incluye en sí una exigencia para nosotros. Jesús habla de su amor supremo, que consistió en dar si vida por sus amigos, pero para ser sus amigos debemos hacer lo que él nos pide. Promete a sus amigos que su amor permanecerá en ellos –esto tiene el valor de un testamento- si ellos permanecen en su amor, si guardan su  del amor, como él guardó el mandamiento de amor del Padre. Las promesas de Jesús cuando está a punto de dejar este mundo son de una grandeza tan impresionante que, desde su punto de vista las exigencias que comportan para nosotros son algo implícito en ellas. Si ha compartido todo con nosotros, toda la insondable profundidad  del amor de Dios y nos elegido para vivir en ella, ¿no es lo más natural que nosotros nos conformemos con ese todo, fuera del cual no hay  nada más que la nada? E incluso este todo compartido es algo que podemos pedir constantemente al Padre: si permanecéis en  el Hijo “todo lo que pidáis al Padre, os lo dará”. Don y tarea son inseparables; más aún, la tarea un puro don de la gracia. Con esto el  evangelio anticipa ya en cierto modo el episodio  de Pentecostés: el don es el Espíritu de Dios que nos  ayuda a cumplir la tarea, el mandamiento del amor.

Los paganos reciben  el Espíritu. La gracia de   llegar a ser cristiano y de serlo realmente no depende de ninguna tradición eclesial puramente terrenal, sino que  es siempre un libre don de Dios,  que no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Esto es precisamente lo que muestra la primera lectura, en la que el centurión  pagano Cornelio y a los de su casa se les confiere ir el Espíritu antes de recibir el Bautismo. La Iglesia, representada aquí por Pedro, obedece a Dios  cuando reconoce esta elección  y acoge sacramentalmente a sus elegidos . La libertad de Dios, incluso frente a cualquier institución expresamente fundada por Cristo  antes de abandonar este mundo, es inculcada a Pedro al final del evangelio de Juan. “Y si quiero..¿a ti qué te importa?Tú sígueme (Jn 21,22) La iglesia no puede pretender para sí las dimensiones del Reino de Dios, aunque sea esencialmente misionera y tenga que esforzarse por ganarse a todos los hombres por los que Cristo ha muerto y resucitado. El amor sobrenatural puede existir perfectamente fuera de la Iglesia, pero ciertamente es ese mismo amor el  que impulsa al centurión Cornelio a incorporarse a la Iglesia, en la que el amor del Dios trinitario está en el centro, como se muestra en la segunda lectura. 

Todo el que ama ha nacido de Dios. En la segunda lectura se nos exhorta al mismo tiempo a amarnos unos a otros porque Dios es amor, se nos recuerda que no debemos creer que sabemos por nosotros mismos lo que es el amor, que solo se deja comprender y definir a partir de lo que Dios ha hecho por nosotros; nos entregó  a su Hijo como propiciacón por nuestros pecados. Pero esta afirmación (el que no sepamos naturalmente lo que es el amor) no debe desanimarnos a la hora de practicar ela mor mutuo, pues el amor  se nos ha revelado no solamente para saberlo, para decirlo o para creerlo, sino para poder imitarlo y practicarlo realmente: "Queridos hermanos. Ámémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios"

jueves, 10 de mayo de 2012

SANTA HILDEGARDA DE BINGEN

J.L.IRABURU: EL ESPÍRITU SANTO UNIFICA, VIVIFICA Y MUEVE A LA IGLESIA


 San Agustín dice de la tercera Persona divina: «lo que el alma es en nuestro cuerpo, es el Espíritu Santo en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia» (Serm. 187 de temp.).

Y esa intuición contemplativa y teológica entra para siempre en la tradición católica (Sto. Tomás, In Col. I,18, lect.5; «corazón» del Cuerpo, STh III,8,1; León XIII, Divinum illud 8;Vaticano II, LG 7g, en nota; Juan Pablo II, Dominum et vivificantem 25).


En efecto, el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Conviene precisar el alcance de estas palabras. Si el alma, como define la Iglesia, es forma sustancial del cuerpo humano (Vienense, 1312: Dz 481/902), es decir, si lo informa, si le da precisamente el ser humano, y forma con él un solo ser, una unidad sustancial, es claro que esta estricta acepción filosófica del término no puede decirse del Espíritu Santo respecto de la Iglesia, pues en tal caso la Iglesia tendría ser divino, es decir, sería Dios; lo cual es absurdo.

Pero el alma, además de ser forma del cuerpo, en el exacto sentido filosófico del término, cumple también en el cuerpo otras funciones: ella unifica todos los diversos miembros corporales, ella los vivifica y los mueve siempre y en todo. Y en estos sentidos sí puede decirse con toda verdad que el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia.

1. Unifica la Iglesia
Cristo «entrega su espíritu» en la cruz para producir la unidad de la Iglesia. Para eso precisamente murió Jesús por el pueblo, «para reunir en uno todos los hijos de Dios que están dispersos» (Jn 11,51-52). Así es como se forna «un solo rebaño y un solo pastor» (10,16).

El Padre y el Hijo son uno (Jn 10,30), aunque personalmente son distintos; y el Espíritu Santo, distinto de ellos en la persona, es el lazo de amor que los une. Pues bien, la unidad de la Iglesia ha de ser una participación en la vida de Dios, al mismo tiempo trino y uno. Así lo quiere Cristo: «que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros... Que sean uno, como nosotros somos uno» (17,21-22).

Y esa tan deseada unidad la realiza Cristo comunicando a todos los miembros de su Cuerpo un mismo Espíritu. «Todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para constituir un solo cuerpo... y hemos bebido del mismo Espíritu» (1Cor 12,13). Gracias a eso, a la común donación del Espíritu Santo, formamos en la comunidad eclesial «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32).

Nuestra unidad eclesial es, pues, una unidad vital en la vida de Dios uno y trino, producida en todos nosotros por un alma única, que es el Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo, «unos y otros tenemos acceso libre al Padre en un mismo Espíritu» (Ef 2,18).Y «el que no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de Cristo» (Rm 8,9).


«Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Espíritu [Santo]. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Señor [Jesucristo]. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios [Padre], que obra todas las cosas en todos. Y a cada uno se le concede la manifestación del Espíritu para común utilidad. A uno le es dada por el Espíritu la palabra de sabiduría; a otro la palabra de ciencia, según el mismo Espíritu; a otro la fe, en el mismo Espíritu; a otro don de curaciones, en el mismo Espíritu; a otro operaciones de milagros; a otro profecía, a otro discreción de espíritus; a otro, el don de lenguas; a otro el de interpretar las lenguas. Todas estas cosas las obra el único y mismo Espíritu, que distribuye a cada uno según quiere» (1Cor 12,4,11).


La Iglesia, según eso, es un Templo espiritual en el que todas las piedras vivas están trabadas entre sí por el mismo Espíritu Santo, que habita en cada una de ellas y en el conjunto del edificio. Así lo entendía San Ireneo: «donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios, allí está también la Iglesia y toda su gracia» (Adversus hæreses III,24,1).

Por tanto, todo lo que introduce en la Iglesia división -herejía, cisma, pecados contra la caridad eclesial- es pecado directamente cometido contra el Espíritu Santo. Y por eso hemos de ser muy «solícitos para conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados» (Ef 4,3-4).

La Liturgia católica nos enseña y recuerda constantemente en sus oraciones este misterio. Y lo hace especialmente en la Misa, pues precisamente en la Eucaristía, sacramento de la unidad de la Iglesia, es donde el Espíritu Santo causa la comunión eclesial.


En la Misa, en la segunda invocación al Espíritu Santo, después de la consagración, pedimos al Padre humildemente que «el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo» (II Anáf. eucar.: +IIIIV).


2. Vivifica la Iglesia
Todos los ciudadanos de un lugar forman, sin duda, una convivencia, una asociación más o menos unida por el amor social, más o menos cohesionada por la pretensión de un fin, el bien común de todos sus miembros. En un sentido estricto, sin embargo, no puede afirmarse que esa sociedad civil, así formada, constituya un organismo vivo.

La Iglesia, en cambio, constituye con plena verdad un organismo vivo. En efecto, todos los que han sido «bautizados en el Espíritu Santo» (Hch 1,5) tienen «un solo corazón y una sola alma» (4,32), porque el Espíritu Santo unifica y anima la Comunión de los Santos como único principio vital intrínseco de todos ellos (Pío XII, Mystici Corporis 1943, 26).


A todos cuantos en el Bautismo hemos «nacido del agua y del Espíritu» (Jn 3,5), Dios «nos ha salvado en la fuente de la regeneración, renovándonos por el Espíritu Santo, que abundantemente derramó sobre nosotros por Jesucristo, nuestro Salvador» (Tit 3,5). Así cumplió Cristo su misión: «yo he venido para que tenga vida y la tenga en abundancia» (Jn 10,10).

Y esa vivificación primera en el Espíritu crece y se afirma en el sacramento de la Confirmación, en la Penitencia, en la Eucaristía y, en fin, en todos los sacramentos. En todos ellos se nos da el Espíritu Santo, Dominum et vivificantem, y en todos se nos manifiesta como «Espíritu de vida» (Rm 8,2). Y a través de todos ellos el Espíritu Santo nos conduce a la vida eterna, a la vida infinita.


En fin, como dice el Vaticano II, el Espíritu Santo «es el Espíritu de vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (+Jn 4,14; 7,38-39), por quien el Padre vivifica a los hombres muertos por el pecado, hasta que en Cristo resucite sus cuerpos mortales (+Rm 8,10-11)» (LG 9a).

3. Mueve y gobierna la Iglesia
En la Iglesia hay una gran diversidad de dones y carismas, de funciones y ministerios, pero «todas estas cosas las hace el único y mismo Espíritu» (1Cor 12,11).

Por el impulso suave y eficaz de su gracia interior el Espíritu Santo mueve el Cuerpo de Cristo y cada uno de sus miembros. Él produce día a día la fidelidad y fecundidad de los matrimonios. Él causa por su gracia la castidad de las vírgenes, la fortaleza de los mártires, la sabiduría de los doctores, la prudencia evangélica de los pastores, la fidelidad perseverante de los religiosos. Y Él es quien, en fin, produce la santidad de los santos, a quienes concede muchas veces hacer obras grandes, extraordinarias, como las de Cristo, y «aún mayores» (Jn 14,12).

Pero también es el Espíritu quien, por gracias externas, que a su vez implican y estimulan gracias internas, mueve a la Iglesia por los profetas y pastores que la conducen. Aquel Espíritu, que antiguamente «habló por los profetas», es el que ilumina hoy en la Iglesia a los «apóstoles y profetas» (Ef 2,20). «Imponiéndoles Pablo las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban lenguas y profetizaban» (Hch 19,6-7; +11,27-28; 13,1; 15,32; 21,4.9.11).

Es el Espíritu Santo quien elige, consagra y envía tanto a los profetas como a los pastores de la Iglesia, es decir, a aquellos que han de enseñar y conducir al pueblo cristiano (+Bernabé y Saulo, Hch 11,24;13,1-4; Timoteo, 1Tim 1,18; 4,14). Igualmente, los misioneros van «enviados por el Espíritu Santo» a un sitio o a otro (Hch 13,4; etc.), o al contrario, por el Espíritu Santo son disuadidos de ciertas misiones (16,6). Es Él quien «ha constituido obispos, para apacentar la Iglesia de Dios» (20,28). Y Él es también quien, por medio de los Concilios, orienta y rige a la Iglesia desde sus comienzos, como se vio en Jerusalén al principio: «el Espíritu Santo y nosotros mismos hemos decidido» (15,28)...