martes, 31 de mayo de 2011

MONS.JOSÉ IGNACIO MUNILLA AGUIRRE: NECESIDAD DEL CORAZÓN DE CRISTO (1)

Texto de partida tomado del siervo de Dios, Juan Pablo II:

“La enfermedad del hombre de hoy es una enfermedad de corazón: el corazón de piedra y egoísta”.

Signos más destacados de este “mal de corazón”

1º.- Falta de autoestima

Beato Bernardo F. de Hoyos (1711-1735):Apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

Murió muy joven (apenas 24 años). Había nacido enTorrelobatón (20-ago-1711). De allí, con 11 años, pasó aVillagarcía de Campos como colegial. Ingresa en el noviciado que tenía en esa localidad la Compañía de Jesús, a punto de cumplir los 15, y pasará después por Medina del Campo(estudios de Filosofía) y Valladolid (estudios de Teología y ordenación sacerdotal). Todo, ya se ve, muy poco especial.En su caso lo especial va por dentro: su vida de fe y amor con Cristo alcanza cotas poco comunes, con un perfil de vida mística semejante al de otros grandes santos (Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, M. Ángeles Sorazu…), viviendo ya con apenas 19 años lo que los teólogos llaman el desposorio espiritual con Jesús, en el contexto de una vida exterior de lo más común. Es en ese marco donde hay que situar los acontecimientos que le suceden en mayo de 1733, cuando Bernardo cuenta con 21 años: Jesús le introduce en el misterio de su amor redentor por los hombres, y le pide que lo dé a conocer.

A ello dedicará sus energías mientras le dure la vida, pues dos años y medio después contrae unas fiebres malignas, y muere.Su proceso de beatificación no se introducirá hasta 1895, debido a los condicionamientos de la circunstancia histórica (dificultades que atraviesa en ese momento la Compañía de Jesús en España, y su posterior expulsión en 1767, etc.) que coincidieron, además, con los momentos más propicios para que prospere una causa (testigos contemporáneos, investigación directa de los hechos, escritos, etc).Eso mismo explica por qué ha tardado tanto, pues tras comenzar la fase diocesana del proceso en 1895 y concluirla en 1899, enviando toda la documentación resultante a Roma para que diera comienzo la fase apostólica, la causa solo cobró ritmo a partir de la norma de la Santa Sede para las llamadas “causas históricas” (1930), en los que la falta de testigos contemporáneos se suple con una exhaustiva investigación historiográfica.

lunes, 30 de mayo de 2011

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

El viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés, la Iglesia celebra la solemnidad del sagrado Corazón de Jesús. Además de la celebración litúrgica, otras muchas expresiones de piedad tienen por objeto el Corazón de Cristo. No hay duda de que la devoción al Corazón del Salvador ha sido, y sigue siendo, una de las expresiones más difundidas y amadas de la piedad eclesial.

Entendida a la luz de la sagrada Escritura, la expresión "Corazón de Cristo" designa el misterio mismo de Cristo, la totalidad de su ser, su persona considerada en el núcleo más íntimo y esencial: Hijo de Dios, sabiduría increada, caridad infinita, principio de salvación y de santificación para toda la humanidad. El "Corazón de Cristo" es Cristo, Verbo encarnado y salvador, intrínsecamente ofrecido, en el Espíritu, con amor infinito divino-humano hacia el Padre y hacia los hombres sus hermanos.

Como han recordado frecuentemente los Romanos Pontífices, la devoción al Corazón de Cristo tiene un sólido fundamento en la Escritura.

Jesús, que es uno con el Padre (cfr. Jn 10,30), invita a sus discípulos a vivir en íntima comunión con Él, a asumir su persona y su palabra como norma de conducta, y se presenta a sí mismo como maestro "manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). Se puede decir, en un cierto sentido, que la devoción al Corazón de Cristo es la traducción en términos cultuales de la mirada que, según las palabras proféticas y evangélicas, todas las generaciones cristianas dirigirán al que ha sido atravesado (cfr. Jn 19,37; Zc 12,10), esto es, al costado de Cristo atravesado por la lanza, del cual brotó sangre y agua (cfr. Jn 19,34), símbolo del "sacramento admirable de toda la Iglesia".

El texto de san Juan que narra la ostensión de las manos y del costado de Cristo a los discípulos (cfr. Jn 20,20) y la invitación dirigida por Cristo a Tomás, para que extendiera su mano y la metiera en su costado (cfr. Jn 20,27), han tenido también un influjo notable en el origen y en el desarrollo de la piedad eclesial al sagrado Corazón.

Estos textos, y otros que presentan a Cristo como Cordero pascual, victorioso, aunque también inmolado (cfr. Ap 5,6), fueron objeto de asidua meditación por parte de los Santos Padres, que desvelaron las riquezas doctrinales y con frecuencia invitaron a los fieles a penetrar en el misterio de Cristo por la puerta abierta de su costado. Así san Agustín: "La entrada es accesible: Cristo es la puerta. También se abrió para ti cuando su costado fue abierto por la lanza. Recuerda qué salió de allí; así mira por dónde puedes entrar. Del costado del Señor que colgaba y moría en la Cruz salió sangre y agua, cuando fue abierto por la lanza. En el agua está tu purificación, en la sangre tu redención".

La Edad Media fue una época especialmente fecunda para el desarrollo de la devoción al Corazón del Salvador. Hombres insignes por su doctrina y santidad, como san Bernardo (+1153), san Buenaventura (+1274), y místicos como santa Lutgarda (+1246), santa Matilde de Magdeburgo (+1282), las santas hermanas Matilde (+1299) y Gertrudis (+1302) del monasterio de Helfta, Ludolfo de Sajonia (+1378), santa Catalina de Siena (+1380), profundizaron en el misterio del Corazón de Cristo, en el que veían el "refugio" donde acogerse, la sede de la misericordia, el lugar del encuentro con Él, la fuente del amor infinito del Señor, la fuente de la cual brota el agua del Espíritu, la verdadera tierra prometida y el verdadero paraíso.

En la época moderna, el culto del Corazón de Salvador tuvo un nuevo desarrollo. En un momento en el que el jansenismo proclamaba los rigores de la justicia divina, la devoción al Corazón de Cristo fue un antídoto eficaz para suscitar en los fieles el amor al Señor y la confianza en su infinita misericordia, de la cual el Corazón es prenda y símbolo. San Francisco de Sales (+1622), que adoptó como norma de vida y apostolado la actitud fundamental del Corazón de Cristo, esto es, la humildad, la mansedumbre (cfr. Mt 11,29), el amor tierno y misericordioso; santa Margarita María de Alacoque (+1690), a quien el Señor mostró repetidas veces las riquezas de su Corazón; San Juan Eudes (+1680), promotor del culto litúrgico al sagrado Corazón; san Claudio de la Colombiere (+1682), San Juan Bosco (+1888) y otros santos, han sido insignes apóstoles de la devoción al sagrado Corazón.

Las formas de devoción al Corazón del Salvador son muy numerosas; algunas han sido explícitamente aprobadas y recomendadas con frecuencia por la Sede Apostólica. Entre éstas hay que recordar:

- la consagración personal, que, según Pío XI, "entre todas las prácticas del culto al sagrado Corazón es sin duda la principal";

- la consagración de la familia, mediante la que el núcleo familiar, partícipe ya por el sacramento del matrimonio del misterio de unidad y de amor entre Cristo y la Iglesia, se entrega al Señor para que reine en el corazón de cada uno de sus miembros;

- las Letanías del Corazón de Jesús, aprobadas en 1891 para toda la Iglesia, de contenido marcadamente bíblico y a las que se han concedido indulgencias;

- el acto de reparación, fórmula de oración con la que el fiel, consciente de la infinita bondad de Cristo, quiere implorar misericordia y reparar las ofensas cometidas de tantas maneras contra su Corazón;

- la práctica de los nueve primeros viernes de mes, que tiene su origen en la "gran promesa" hecha por Jesús a santa Margarita María de Alacoque. En una época en la que la comunión sacramental era muy rara entre los fieles, la práctica de los nueve primeros viernes de mes contribuyó significativamente a restablecer la frecuencia de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. En nuestros días, la devoción de los primeros viernes de mes, si se practica de un modo correcto, puede dar todavía indudable fruto espiritual. Es preciso, sin embargo, que se instruya de manera conveniente a los fieles: sobre el hecho de que no se debe poner en esta práctica una confianza que se convierta en una vana credulidad que, en orden a la salvación, anula las exigencias absolutamente necesarias de la fe operante y del propósito de llevar una vida conforme al Evangelio; sobre el valor absolutamente principal del domingo, la "fiesta primordial", que se debe caracterizar por la plena participación de los fieles en la celebración eucarística.

La devoción al sagrado Corazón constituye una gran expresión histórica de la piedad de la Iglesia hacia Jesucristo, su esposo y señor; requiere una actitud de fondo, constituida por la conversión y la reparación, por el amor y la gratitud, por el empeño apostólico y la consagración a Cristo y a su obra de salvación. Por esto, la Sede Apostólica y los Obispos la recomiendan, y promueven su renovación: en las expresiones del lenguaje y en las imágenes, en la toma de conciencia de sus raíces bíblicas y su vinculación con las verdades principales de la fe, en la afirmación de la primacía del amor a Dios y al prójimo, como contenido esencial de la misma devoción.

La piedad popular tiende a identificar una devoción con su representación iconográfica. Esto es algo normal, que sin duda tiene elementos positivos, pero puede también dar lugar a ciertos inconvenientes: un tipo de imágenes que no responda ya al gusto de los fieles, puede ocasionar un menor aprecio del objeto de la devoción, independientemente de su fundamento teológico y de contenido histórico salvífico.

Así ha sucedido con la devoción al sagrado Corazón: ciertas láminas con imágenes a veces dulzonas, inadecuadas para expresar el robusto contenido teológico, no favorecen el acercamiento de los fieles al misterio del Corazón del Salvador.

En nuestro tiempo se ha visto con agrado la tendencia a representar el sagrado Corazón remitiéndose al momento de la Crucifixión, en la que se manifiesta en grado máximo el amor de Cristo. El sagrado Corazón es Cristo crucificado, con el costado abierto por la lanza, del que brotan sangre y agua (cfr. Jn 19,34).

FUENTE: DIRECTORIO DE PASTORAL POPULAR

miércoles, 25 de mayo de 2011

ENTREVISTA A MONSEÑOR OCTAVIO RUIZ ARENAS

Entrevista con el secretario del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización

MONTEVIDEO, miércoles 25 de mayo de 2011 (ZENIT.org) Ante el creciente secularismo, el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización fue instituido el año pasado para propiciar “una empuje misionero de manera que se promueva una nueva evangelización”, según indica el Motu Propio Ubicumque et Semper, publicado el 12 de octubre de 2010.

El primer presidente, de este dicasterio, monseñor Rino Fisichella aseguró que con este nuevo organismo de la Santa Sede se busca hacer frente al “subjetivismo de nuestros tiempos” que se encierra “en un individualismo privado de responsabilidades públicas y sociales”.

El arzobispo colombiano, monseñor Octavio Ruiz Arenas, quien se desempeñaba como vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina, fue nombrado el pasado 14 de mayo, primer secretario del nuevo dicasterio..

En entrevista con ZENIT, desde la capital Uruguaya, donde se realizó la XXXIII Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), monseñor Ruiz habló de su nueva misión en la Santa Sede.

- ¿Cómo recibe este nuevo nombramiento del Santo Padre?

Monseñor Octavio Ruiz: Recibo este nombramiento del Santo Padre con humildad y gratitud. Humildad porque se trata de una gran responsabilidad, en que la que deberé aprender mucho, orar intensamente, estudiar y reflexionar para tratar de cumplir de la mejor manera con este servicio eclesial. Con gratitud, porque es por la bondad del Santo Padre y por el aprecio que me tiene, ya que fui durante más de once años uno de sus colaboradores en la Congregación para la Doctrina de la Fe, que ahora me llama a ser el Secretario de este nuevo dicasterio de la Santa Sede, que está tan profundamente arraigado en su corazón.

- ¿Cómo su experiencia en el episcopado colombiano y luego como y vicepresidente de la CAL?

Monseñor Octavio Ruiz: Mi experiencia primero como obispo auxiliar de Bogotá y luego como arzobispo de Villavicencio han sido muy enriquecedores en mi experiencia pastoral, ya que en ambos lugares tuve la ocasión de trabajar intensamente en la elaboración de los respectivos planes de pastoral, enmarcados precisamente en la preocupación de poner en marcha la convocación que había hecho el papa Juan Pablo II a la nueva evangelización. Mi experiencia como vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina durante cuatro años me ha permitido tener un contacto directo y fraternal con las directivas del CELAM, con las conferencias episcopales y con muchas organizaciones eclesiales latinoamericanas, que de una u otra manera están interesadas en llevar a cabo esa tarea evangelizadora. Igualmente tuve la ocasión no solo de visitar gran parte de los países latinoamericanos y del Caribe, sino que pude seguir muy de cerca los procesos que han ido iniciando las conferencias episcopales para la "misión continental".

- Este dicasterio se centra en la evangelización de Europa, según dijo el Papa. ¿Por qué cree que un colombiano ha sido nombrado secretario?

Monseñor Octavio Ruiz: El papa Benedicto XVI tienen un gran interés en el continente europeo, que bien sabemos ha sido invadido por el secularismo, que ha llevado de olvidar y dejar de lado sus raíces cristianas. La Iglesia tiene que volcarse con decisión y entusiasmo a rescatar la mecha encendida que todavía brilla en esos países. Hay tener en cuenta, además, que el mismo papa ha expresado que si bien es cierto que la nueva evangelización se encamina principalmente, en este momento, a Europa sin embargo América Latina también está llamada a realizar esa nueva evangelización, por los problemas que está afrontando, por el influjo de nuevas corrientes culturales, por el debilitamiento de la vida cristiana en nuestros países y por el avance de muchos grupos religiosos no católicos que están reclutando a nuestros fieles.

Ahora bien, cuando el papa Juan Pablo II comenzó a hablar de nueva evangelización lo hizo haciendo un llamado a América Latina, convocación que no cesó de hacer a lo largo de su pontificado en múltiples circunstancias, en sus viajes, en sus diálogos durante las visitas ad limina. En este sentido el nombramiento de un obispo latinoamericano no debe extrañar, ya que se trata de una región enorme del mundo, en donde se encuentra casi la mitad de los católicos, que ya durante casi treinta años viene reflexionando y haciendo el esfuerzo de realizar la nueva evangelización.

- Sin embargo en América Latina también crece este proceso de secularización…

Monseñor Octavio Ruiz: Sin duda alguna América Latina también está gozando pero al mismo tiempo sufriendo las consecuencias de un mundo globalizado. Los influjos externos, los avances tecnológicos de los medios de comunicación, el flujo migratorio y muchas otras circunstancias no eximen a nuestro Continente de estar aquejados por la secularización y la pérdida de fe. A ello se añade la indiferencia religiosa y el avance del agnosticismo.

- ¿Cómo hacer que esta nueva evangelización sea más eficaz y coherente?

Monseñor Octavio Ruiz: La nueva evangelización tiene que apuntar mucho hacia lo que decía el Beato Juan Pablo II: nuevo ardor, nuevos métodos, nuevas expresiones. Se trata de anunciar el Evangelio de siempre, el único, es decir la persona misma de Jesucristo, con toda la claridad e integridad de la que nos hablaba Pablo VI en la Evangelii nuntiandi. Tenemos pues que buscar el modo de conocer la cultura particular de cada pueblo en el que se hará la nueva evangelización, para encontrar las expresiones adecuadas, que sin traicionar el mensaje, lleguen al oído de las gentes. Los métodos son de gran importancia, pues hay que encontrar el modo de ir hacia los alejados, pero con tal ardor y tal convicción y testimonio personal, que atraiga el mensaje de un Dios vivo, cercano y lleno de amor que quiere dar sentido a nuestra existencia. Pero no podemos quedarnos en simples estrategias o técnicas, pues no podemos olvidar que el gran evangelizador es el Espíritu Santo, por lo cual necesitamos mucha oración y un convencimiento y alegría de haber encontrado personalmente a Jesucristo, dentro de esta gran comunidad que es la Iglesia.

- El año que viene se realizará un sínodo dedicado a la Nueva Evangelización ¿Qué espera usted de esta trascendental reunión?

Monseñor Octavio Ruiz: En el próximo Sínodo convocado por Benedicto XVI para octubre de 2012 tendremos la oportunidad de escuchar los delegados de toda la Iglesia. Allí será la oportunidad de conocer las grandes inquietudes del mundo actual y de los distintos continentes, sus preocupaciones, sus esperanzas. Al mismo tiempo podremos poner en conocimientos los esfuerzos que ya se están realizando para llevar a cabo la nueva evangelización. Los resultados que salgan de allí y la sucesiva exhortación apostólica que nos dará el Santo Padre, constituirán el plan de ruta del Consejo Pontificio para la promoción de la nueva evangelización.

Por Carmen Elena Villa

martes, 24 de mayo de 2011

BENEDICTO XVI: LOS DIEZ JUSTOS QUE NO SALVARON SODOMA Y GOMORRA

El tercer capítulo del nuevo libro que el papa Joseph Ratzinger está escribiendo de semana en semana. Sobre la oración. Aquí la oración de Abraham por las dos ciudades pecadoras. Profecía del único Justo capaz de quitar los pecados de todos


por Benedicto XVI




Queridos hermanos y hermanas,

en las dos últimas catequesis hemos reflexionado sobre la oración como fenómeno universal, que -incluso de distintas formas- está presente en las culturas de todas las épocas. Hoy, sin embargo, querría comenzar un recorrido bíblico sobre este tema, que nos conducirá a profundizar en el diálogo de alianza entre Dios y el hombre, que anima la historia de salvación, hasta su culmen, la palabra definitiva que es Jesucristo. Este camino nos hará detenernos en algunos textos importantes y figuras paradigmáticas del Antiguo y Nuevo Testamento. Será Abraham, el gran Patriarca, padre de todos los creyentes (cfr Rm 4,11-12.16-17), el que nos ofrece el primer ejemplo de oración, en el episodio de intercesión por la ciudad de Sodoma y Gomorra. Y quisiera invitaros a aprovechar el recorrido que haremos en las próximas catequesis para aprender a conocer mejor la Biblia, que espero que tengáis en vuestras casas, y, durante la semana, deteneros a leerla y meditarla en la oración, para conocer la maravillosa historia de la relación entre Dios y el hombre, entre el Dios que se comunica con nosotros y el hombre que responde, que reza.

El primer texto sobre el que vamos a reflexionar, se encuentra en el capítulo 18 del Libro del Génesis; se cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra estaba llegando a su cima, tanto que era necesaria una intervención de Dios para realizar un gran acto de justicia y frenar el mal destruyendo aquellas ciudades. Aquí interviene Abraham con su oración de intercesión. Dios decide revelarle lo que le va a suceder y le hace conocer la gravedad del mal y sus terribles consecuencias, porque Abraham es su elegido, elegido para construir un gran pueblo y hacer que todo el mundo alcance la bendición divina. La suya es una misión de salvación, que debe responder al pecado que ha invadido la realidad del hombre; a través de él, el Señor quiere llevar a la humanidad a la fe, a la obediencia, a la justicia. Y entonces, este amigo de Dios se abre a la realidad y a las necesidades del mundo, reza por los que están a punto de ser castigados y pide que sean salvados.

Abraham afronta enseguida el problema en toda su gravedad, y dice al Señor: “Entonces Abraham se le acercó y le dijo: «¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable? Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?” (vv. 23-25). Con estas palabras, con gran valentía, Abraham plantea a Dios la necesidad de evitar la justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar el crimen e infligir la pena, pero -afirma el gran Patriarca- sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay inocentes, estos no pueden ser tratados como culpables. Dios, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, justamente, a Dios.

Si leemos, más atentamente el texto, nos damos cuenta de que la petición de Abraham es todavía más seria y profunda, porque no se limita a pedir la salvación para los inocentes. Abraham pide el perdón para toda la ciudad y lo hace apelando a la justicia de Dios; dice, de hecho, al Señor: “Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él?” (v. 24b). De esta manera pone en juego una nueva idea de justicia: no la que se limita a castigar a los culpables, como hacen los hombres, sino una justicia distinta, divina, que busca el bien y lo crea a través del perdón que transforma al pecador, lo convierte y lo salva. Con su oración, por tanto, Abraham no invoca una justicia meramente retributiva, sino una intervención de salvación que, teniendo en cuenta a los inocentes, libera de la culpa también a los impíos, perdonándoles. El pensamiento de Abraham, que parece casi paradójico, se podría resumir así: obviamente no se pueden tratar a los inocentes como a los culpables, esto sería injusto, es necesario, sin embargo, tratar a los culpables como a los inocentes, realizando un acto de justicia “superior”, ofreciéndoles una posibilidad de salvación, por que si los malhechores aceptan el perdón de Dios y confiesan su culpa, dejándose salvar, no continuarán haciendo el mal, se convertirán estos, también, en justos, sin necesitar nunca más ser castigados.

Es esta la petición de justicia que Abraham expresa en su intercesión, una petición que se basa en la certeza de que el Señor es misericordioso. Abraham no pide a Dios una cosa contraria a su esencia, llama a la puerta del corazón de Dios conociendo su verdadera voluntad. Ya que Sodoma es una gran ciudad, cincuenta justos parecen poca cosa, pero la justicia de Dios y su perdón ¿no son quizás la manifestación de la fuerza del bien, aunque si parece más pequeño y más débil que el mal? La destrucción de Sodoma debía frenar el mal presente en la ciudad, pero Abraham sabe que Dios tiene otro modos y medios para poner freno a la difusión del mal. Es el perdón el que interrumpe la espiral de pecado, y Abraham, en su diálogo con Dios, apela exactamente a esto. Y cuando el Señor acepta perdonar a la ciudad si encuentra cincuenta justos, su oración de intercesión comienza a descender hacia los abismos de la misericordia divina. Abraham -como recordamos- hace disminuir progresivamente el número de los inocentes necesarios para la salvación: si no son cincuenta, podrían ser cuarenta y cinco, y así hacia abajo, hasta llegar a diez, continuando con su súplica, que se hace audaz en las insistencia: “Quizá no sean más de cuarenta..treinta... veinte... diez” (cfr vv. 29, 30, 31, 32), y según es más pequeño el número, más grande se revela y se manifiesta la misericordia de Dios, que escucha con paciencia la oración, la acoge y repite después de cada súplica: “perdonaré... no la destruiré... no lo haré” (cfr vv. 26.28.29.30.31.32).

Así, por la intercesión de Abraham, Sodoma podrá ser salvada, si en ella se encuentran tan sólo diez inocentes. Esta es la potencia de la oración. Porque a través de la intercesión, la oración a Dios por la salvación de los demás, se manifiesta y se expresa el deseo de salvación que Dios tiene siempre hacia el hombre pecador. El mal, de hecho, no puede ser aceptado, debe ser señalado y destruido a través del castigo: la destrucción de Sodoma tenía esta intención. Pero el Señor no quiere la muerte del malvado, sino que se convierta y que viva (cfr Ez 18,23; 33,11); su deseo es perdonar siempre, salvar, dar la vida, transformar el mal en bien. Si bien, precisamente es este deseo divino el que, en la oración se convierte en el deseo del hombre y se expresa a través de las palabras de intercesión. Con su súplica, Abraham está prestando su propia voz, pero también su propio corazón, a la voluntad divina: el deseo de Dios es misericordia, amor y voluntad de salvación, y este deseo de Dios ha encontrado en Abraham y en su oración la posibilidad de manifestarse en modo concreto en en la historia de los hombres, para estar presente donde hay necesidad de gracia. Con la voz de su oración, Abraham está dando voz al deseo de Dios, que no es el de destruir, sino el de salvar a Sodoma, dar vida al pecador convertido.

Y esto es lo que el Señor quiere, y su diálogo con Abraham es una prolongada e inequívoca manifestación de su amor misericordioso. La necesidad de encontrar hombres justos en la ciudad se vuelve cada vez más, en menos exigente y al final sólo bastan diez para salvar a la totalidad de la población. Por qué motivo Abraham se detuvo en diez, no lo dice el texto. Quizás es un número que indica un núcleo comunitario mínimo (todavía hoy, diez personas, constituyen el quorum necesario para la oración pública hebrea). De todas maneras, se trata de un número exiguo, una pequeña parcela del bien para salvar a un gran mal. Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas. Una destrucción paradójicamente necesaria por la oración de intercesión de Abraham. Porque precisamente esa oración ha revelado la voluntad salvífica de Dios: el Señor estaba dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban encerradas en un mal total y paralizante, sin tener unos pocos inocentes desde donde comenzar a transformar el mal en bien.

Porque es este el camino de salvación que también Abraham pedía: ser salvados no quiere decir simplemente escapar del castigo, sino ser liberados del mal que nos habita. No es el castigo el que debe ser eliminado, sino el pecado, ese rechazo a Dios y del amor que lleva en sí el castigo. Dirá el profeta Jeremías al pueblo rebelde: “¡Que tu propia maldad te corrija y tus apostasías te sirvan de escarmiento! Reconoce, entonces, y mira qué cosa tan mala y amarga es abandonar al Señor, tu Dios” (Jer 2,19). Es de esta tristeza y amargura de donde el Señor quiere salvar al hombre liberándolo del pecado. Pero es necesaria una transformación desde el interior, una pizca de bien, un comienzo desde donde partir para cambiar el mal en bien, el odio en amor, la venganza en perdón. Por esto los justos tenían que estar dentro de la ciudad, y Abraham continuamente repite: “Quizás allí se encuentren...” “allí”: es dentro de la realidad enferma donde tiene que estar ese germen de bien que puede resanar y devolver la vida. Y una palabra dirigida también a nosotros: que en nuestras ciudades haya un germen de bien, que hagamos lo necesario para que no sean sólo diez justos, para conseguir realmente, hacer vivir y sobrevivir a nuestras ciudades y para salvarlas de esta amargura interior que es la ausencia de Dios. Y en la realidad enferma de Sodoma y Gomorra aquel germen de bien no estaba.

Pero la misericordia de Dios en la historia de su pueblo se amplía más tarde. Si para salvar Sodoma eran necesarios diez justos, el profeta Jeremías dirá, en nombre del Omnipotente, que basta sólo un justo para salvar Jerusalén: “Recorred las calles de Jerusalén, mirad e informaos bien; buscad por sus plazas a ver si encontráis un hombre, si hay alguien que practique el derecho, que busque la verdad y yo perdonaré a la ciudad” (Jer 5,1). El número ha bajado aún más, la bondad de Dios se muestra aún más grande. -y ni siquiera esto basta, la sobreabundante misericordia de Dios no encuentra la respuesta del bien que busca, y Jerusalén cae bajo asedio de los enemigos. Será necesario que Dios se convierta en ese justo. Y este es el misterio de la Encarnación: para garantizar un justo, Él mismo se hace hombre. El justo estará siempre porque es Él: es necesario que Dios mismo se convierta en ese justo. El infinito y sorprendente amor divino será manifestado en su plenitud cuando el Hijo de Dios se hace hombre, el Justo definitivo, el perfecto Inocente, que llevará la salvación al mundo entero muriendo en la cruz, perdonando e intercediendo por quienes “no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Entonces la oración de todo hombre encontrará su respuesta , entonces todas nuestras intercesiones serán plenamente escuchadas.

Queridos hermanos y hermanas, la súplica de Abraham, nuestro padre en la fe, nos enseñe a abrir cada vez más, el corazón a la misericordia sobreabundante de Dios, para que en la oración cotidiana sepamos desear la salvación de la humanidad y pedirla con perseverancia y con confianza al Señor que es grande en el amor.


Roma, 18 de mayo de 2011

DIÁCONO JORGE NOVOA:EL ESPÍRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ... (Lc 4,16-21)


Al comienzo de la vida pública de Jesús, en la sinagoga de Nazaret, vemos como el Espíritu Santo reposa sobre el Señor, "El Espíritu del Señor está sobre mí..." dice Jesús.

lunes, 23 de mayo de 2011

PBRO MIGUEL PASTORINO: EL ALFARERO (JER. 18)

El capítulo 18 de Jeremías, expresa la sabiduría de Dios, que interroga a la criatura, para animarla en el camino. Dios nos propone vivir desde lo nuevo, y se compromete a obrar con nosotros esta novedad.


domingo, 22 de mayo de 2011

CONCLUSIÓN DEL CELAM EN MONTEVIDEO: CONFERENCIA DE PRENSA

Monseñor Carlos Aguiar Retes responde a la pregunta de los periodistas: ¿Qué és el CELAM?


Monseñor Santiago Silva Retamales nos presenta las líneas del plan pastoral del CELAM


Monseñor Aguiar Retes y Monseñor Rúben Salazar nos presentan los desafíos en orden a la misión

sábado, 21 de mayo de 2011

LA HISTORIA DEL MOSAICO DE LA VIRGEN EN LA PLAZA SAN PEDRO


CIUDAD DEL VATICANO, viernes 20 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Unos días después del treinta aniversario del atentado que Juan Pablo II sufrió el 13 de mayo de 1981, fiesta de la Virgen de Fátima, el prefecto emérito de la Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista Re, explica la asombrosa historia de la colocación, en la plaza de San Pedro, de un mosaico que representa a la Virgen Mater Ecclesiae –Madre de la Iglesia- como muestra de agradecimiento del papa polaco por la protección de María.

La imagen, de más de 2,5 metros, fue instalada en una fachada del Palacio apostólico situado a la derecha de la Basílica de San Pedro entre noviembre y diciembre de 1981, unos seis meses después del atentado.

En la base de este mosaico de la Virgen con el Niño, que millones de personas vieron por televisión el pasado 1 de mayo durante la transmisión de la beatificación del papa, se representó el escudo de Juan Pablo II con su lema Totus tuus.

“Cuando Juan Pablo II regresó al Vaticano tras su primera hospitalización en el políclínico Gemelli, los responsables del Gobernatorato evaluaron la posibilidad de colocar un signo visible en la plaza de San Pedro, en el lugar donde el papa recibió el disparo, para recordar una página dolorosa de la historia de la Iglesia pero también para testimoniar un signo de protección celestial”, explica el cardenal Re.

Juan Pablo II expresó inmediatamente su intención: “en recuerdo del atentado, deseó que se colocara una imagen de la Virgen en un lugar bien visible”.

“Estaba convencido de que la Virgen María lo había protegido –añade el cardenal Re-. No tenía, pues, mejor manera de recordar ese 13 de mayo”.

El papa Juan Pablo II confesó también que él ya había observado esta “falta” en la plaza de San Pedro, donde la estatua de Cristo estaba rodeada de los apóstoles y de numerosos santos diseminados por la columnata pero “no había ninguna imagen de la Virgen”.

En realidad, sí que hay una imagen de la Virgen, informa el cardenal Re, pero se encuentra encima de la puerta de bronce y por eso no es visible para todos.

El cardenal Re, entonces asesor de la Secretaría de Estado, explica que él fue encargado de trabajar en ello con el presidente de la Comisión permanente para la protección de los monumentos históricos y artísticos de la Santa Sede, monseñor Giovanni Fallani, y con el director de los Museos del Vaticano, Carlo Pietrangeli.

Monseñor Fallani encontró una solución: colocar el mosaico en una ventana que ya existía, una propuesta que les pareció a todos “viable”, dado “un complejo arquitectónico que muchos han considerado intocable”.

“Pero sobre todo el proyecto complació al papa, que nos exhortó a seguir adelante”, prosigue el purpurado.

Después llegó la elección del mosaico: “Juan Pablo II hizo saber que le gustaría mucho una representación de la Virgen como Madre de la Iglesia” porque la Virgen “siempre ha estado unida a la Iglesia” y “especialmente cercana en los momentos difíciles de su historia”.

Juan Pablo II dijo que “estaba personalmente convencido de que el 13 de mayo, la Virgen María había estado presente en la plaza de San Pedro para salvar la vida del papa”.

La representación de una Virgen con el Niño situada en la Basílica de San Pedro y titulada Mater Ecclesiae sirvió de modelo para este mosaico.

Se hicieron, sin embargo “algunos retoques” en la representación del Niño Jesús, así como en el color, “para que fuera más visible a larga distancia”.

El 8 de diciembre de 1981, fiesta de la Inmaculada Concepción, Juan Pablo II “antes de recitar el Ángelus, bendijo la imagen mariana, signo de protección celestial al soberano pontífice, a la Iglesia y a quien se encuentre en la plaza de San Pedro”.

Y el cardenal Re concluye: “Después, en el pavimento de la plaza, una placa de mármol con el escudo del papa” se colocó en el “lugar preciso” donde fue alcanzado por la bala.

viernes, 20 de mayo de 2011

HANS URS VON BALTHASAR: V DOMINGO DEL TIEMPO DE PASCUA (A)

Jesús se va con el Padre,pero volverá. Los evangelios comienzan ya a hacer referencia a los acontecimientos de la Ascensión y Pentecostés. Pero Jesús invita siempre a sus amigos a no perder la calma: "Creed en mí". Tened la seguridad de que lo que yo hago es lo mejor para vosotros.Después habla con suma circunspección de su marcha: me voy a preparaos sitio y volveré para llevaros conmigo, "para que donde yo esté estéis también vosotros". Jesús se irá con el Padre. Los discípulos comprenden que eso está muy lejos y preguntan por el camino a seguir.La respuesta de Jesús es superabundante: el camino es él mismo,no hay otro.Pero Jesús es aún más: él es también la meta, porque el Padre, al que lleva el camino, está en él, directamente visible para el que ve a Jesús es aún más: él es también la meta, porque el Padre, al que lleva el camino,está en él, directamente visible para el que ve a Jesús, como el que realmente es.El Señor se extraña de que uno de los discípulos todavía no se haya dado cuenta de ello después de tanto tiempo de vida en común. En él que es la Palabra de Dios, Dios Padre habla al mundo; e incluso hace sus obras en él, se alude aquí a los milagros de Jesús, que realmente deberían llevar a todo hombre a creer que el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre. Y sin embargo la figura terrena de Jesús debe desaparecer cuando se vaya con el Padre para que nadie confunda esta figura con Dios. Jesús volverá con una figura que no dará lugar a ningún mal entendido: con la gloria del Padre resplandeciendo en él. Pero en el entretanto no dejará desamparados a los suyos:habitará con el Padre secretamente en ellos, de una manera que él les revelará a ellos solos (Jn 14,23), y el Espíritu Santo de Dios les hará comprender "que yo estoy con el Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros" (ibid 20). Al final aparece un promesa casi incomprensible para la Iglesia: ella hará, si cree en Jesús, "las obras que yo hago y aún mayores". Ciertamente no se trata de milagros espectaculares; lo que Jesús quiere decir es que a la iglesia le está reservada una influencia dentro del mundo que el propio Jesús no quería tener.Su misión era actuar, fracasar y morir, la Iglesia, en el fracaso y la persecución, derribará todos los obstáculos que se levanten contra ella.

La casa espiritual.Tras la marcha de Jesús al Padre y el envío del Espíritu Santo sobre la Iglesia, se construye ( en la segunda lectura) el Templo vivo de Dios en medio de la humanidad y los que lo construyen como piedras vivas son al mismo tiempo los sacerdotes que ejercen su ministerio en él y que son designados incluso como "sacerdocio real". Al igual que el Templo de Jerusalén con sus sacrificios materiales era el centro del culto antiguo, así también este nuevo Templo con sus sacrificios espirituales es el cetro de la humanidad redimida: está constituido sobre la piedra viva escogida por Dios, Jesucristo,y por ello también participa de su destino, que es ser tanto la piedra angular colocada por Dios, como piedra de tropiezo y la roca a estrellarse para los hombres.La Iglesia no puede escapar a este doble destino de estar puesta como "signo de contradicción", para que muchos caigan y se levanten (Lc 2,34).

Servicio espiritual y temporal. La primera lectura, en la que se narra la elección de los primeros diáconos para encargarlos de una tarea administrativa,temporal de la Iglesia,mientras que los apóstoles prefieren dedicarse a la oración y el servicio de la Palabra, muestra las dimensiones de la casa espiritual construida sobre Cristo. Del mismo modo que el Hijo era auténticamente hombre en contacto permanente de oración con el Padre y anunciando su Palabra,pero al mismo tiempo había sido enviado a los hombres del mundo, a enfrentarse sus miserias, enfermedades y problemas espirituales, así también se reparten en la Iglesia los diversos carismas y ministerios sin que por ello se pierda su unidad.Dicho con palabras del evangelio: Cristo va a reunirse con el Padre sin dejar de estar con los suyos en el mundo.El sabe que "ellos se quedan con el mundo" (Jn 17,11) y no lo olvida en su oración; el Espíritu que les envía es Espíritu divino y a la vez Espíritu misional que dirige y anima la misión de la Iglesia.

martes, 17 de mayo de 2011

LOS OBISPOS INGLESES RECUPERAN LA ABSTINENCIA DE LOS VIERNES

LOS OBISPOS INGLESES RECUPERAN LA ABSTINENCIA DE LOS VIERNES


Destacan que la penitencia identifica a los católicos con Cristo en la Cruz


LONDRES, martes 17 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Los obispos de Inglaterra y de Gales, están recuperando la práctica de abstenerse de carne los viernes, como penitencia para identificarse con Cristo en la cruz.

En las resoluciones publicadas después de la asamblea plenaria de primavera, que concluyó el pasado jueves, los obispos anunciaron el restablecimiento de esta práctica, que entrará en vigor el 16 de septiembre.

“Todos los viernes están considerados por la Iglesia como día de penitencia, por ser este día el de la muerte de Nuestro Señor”, como recuerda la declaración con las resoluciones de la Asamblea. “La ley de la Iglesia exige a los católicos abstenerse de carne los viernes, o de algún otro tipo de comida, u observar cualquier otro tipo de penitencia señalado por la Conferencia Episcopal”.

Los obispos desean restablecer la práctica de la penitencia de los viernes en las vidas de los fieles como una marca clara y distintiva de su propia identidad católica”, anunció la declaración.

Los obispos añadieron que es “importante que todos los fieles se unan en la común celebración de la penitencia de los viernes”.

“Respetando esto, y de acuerdo con el pensamiento de la Iglesia entera, la Conferencia Episcopal desea recordar a todos los católicos de Inglaterra y Gales la obligación de la penitencia de los viernes. Los obispos han decidido restablecer la práctica, que debe ser cumplida de abstenerse de la carne”, declara la resolución.

Los prelados dijeron que aquellos que no comen carne normalmente, deberían abstenerse de otro tipo de comidas durante los viernes.

La fecha de restablecimiento de los viernes sin carne, será el 16 de septiembre, el aniversario de la visita de Benedicto XVI a Reino Unido, realizada el año pasado.

“Muchos pueden desear ir más allá de este simple acto de testimonio común y dedicar cada viernes a la oración y al sacrificio”, concluye la declaración de los obispos. “De todas esas formas, unimos nuestros sacrificios al sacrificio de Cristo, que entregó su propia vida por nuestra salvación”.

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En la red:

Noticias de la sesión plenaria con enlace a las resoluciones: http://www.catholic-ew.org.uk/Catholic-Church/Events/Bishops-Conference-May-2011

MARC OUELLET: HOMILÍA EN LA MISA DE APERTURA DEL CELAM

El cardenal Marc Ouellet en la homilía de la misa de inauguración del CELAM en la Catedral de Montevideo.

XXXIII ASAMBLEA GENERAL DEL CELAM


Se inauguró la XXXIII Asamblea Ordinaria del CELAM en Montevideo


CARDENAL OUELLET EXHORTÓ A LOS PASTORES A ENTREGARSE CON ENTUSIASMO A LA GRAN MISIÓN CONTINENTAL


En una Celebración Eucarística presidida por el Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión para América Latina, Cardenal Marc Ouellet, P.S.S fue inaugurada esta tarde la XXXIII Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano.


La Misa fue concelebrada por el Presidente del CELAM, Cardenal Raymundo Damasceno Asis, el Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Anselmo Guido Pecorari, el Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, el Presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Mons. Carlos Collazzi, 50 Obispos de los 22 episcopados de América Latina y el Caribe y los integrantes de la Conferencia Episcopal Uruguaya, alrededor de 50 Presbíteros y unos 40 Diáconos.


Fuente: CEU


MIGUEL ANGEL FUENTES IVE¿CONOCE EL DEMONIO LO QUE PENSAMOS Y LO QUE DECIMOS?


Consulta: Estimado Padre, escribo desde Brasil. Creo en la Biblia Sagrada como la Palabra de Dios; pero acerca de Satanás, me gustaría que me hiciera algunas aclaraciones: ¿sabe el demonio lo que pensamos?, ¿oye lo que decimos?, ¿hay peligro de rezar en voz alta, en el sentido de que, sabiendo lo que pedimos a Dios, él perjudique nuestros planes?

Respuesta:
Estimado:

El pensamiento del hombre, considerado en sí mismo, no puede ser conocido sino por Dios y por la persona de quien tal pensamiento procede, como explica Santo Tomás 1 . Esto mismo dice la Sagrada Escritura: El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce? Yo, Yahveh, exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino, según el fruto de sus obras (Jer 17, 9-10). También San Pablo lo atestigua: ¿Qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? (1Co 2, 11).

Pero el demonio puede conjeturar cuáles son nuestros pensamientos por otra vía indirecta, a saber, nuestros estados anímicos y físicos, del mismo modo que un médico reconoce una afección psíquica por ciertos síntomas externos. Nuestros pensamientos, en efecto, se traducen en alteraciones físicas, como el abatimiento corporal, la mirada opaca y la lentitud de movimientos manifiestan pensamientos de preocupación. Si esto ayuda a que los hombres entrevean con cierta probabilidad cuáles son los pensamientos ocultos de algunas personas, mucho más puede hacerlo tanto el ángel bueno como el malo, pues tienen más experiencia que nosotros sobre el modo de proceder de los hombres en general y de muchos de ellos en particular (por ejemplo, nuestros ángeles guardianes conocen muy bien nuestro modo habitual de pensar y obrar, sobre todo cuando tenemos mucha confianza con ellos y acostumbramos a comunicarnos en la oración; y del mismo modo, los demonios conocen a los pecadores, especialmente aquellos habituados a seguir sus inspiraciones). De aquí que San Agustín diga que “los demonios a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de los hombres, y no sólo las que manifiestan de palabra, sino también las concebidas en el pensamiento” 2 , porque en el cuerpo se refleja el estado del alma; pero el mismo santo, en su obra “Retractaciones” afirma que no puede asegurar cómo sucede esto 3 . Este conocimiento es, sin embargo, no sólo indirecto sino también puramente conjetural, es decir, aproximado. Porque una misma persona puede tener movimientos físicos parecidos a pesar de que sus pensamientos o deseos de la voluntad sean distintos (por ejemplo, puede palidecer y quedarse helado ante un pensamiento nefasto que lo asusta, como, por ejemplo, pensar en la muerte de un ser amado, o ante un pensamiento que considera demasiado bueno, como la posibilidad de que le propongan matrimonio); más diferencia hay entre personas distintas que pueden reaccionar con parecidas manifestaciones orgánicas ante fenómenos psíquicos diversos. Ni el ángel bueno ni el malo pueden ir más allá de estos hechos externos y tratar de atar cabos para deducir cuáles podrán ser nuestros pensamientos. Dice al respecto Lépicier: “Si bien en el presente estado de vida no podemos ejercitar nuestras facultades mentales sin el concurso de los sentidos, ya internos, ya externos, no obstante, sí puede una sola y misma modificación orgánica dirigirse a varios objetos; o en otros términos, puede servir para expresar diversos conceptos formales. Con nuestra voluntad libre podemos imprimir a nuestras operaciones mentales una infinidad de aspectos, y dirigirlas a finalidades diversísimas, de forma que no sea posible, ni siquiera a la aguda inteligencia angélica, conocer, contra nuestra voluntad, cuál sea nuestro propósito actual o la finalidad de nuestras operaciones mentales” 4 . Y esto siempre y cuando Dios no quiera, por su parte, entorpecer las observaciones de los demonios respecto de alguna persona en particular. De aquí, por ejemplo, las grandes dudas que asaltaban a los demonios respecto de Jesús, como se pone en evidencia en las tentaciones en el desierto donde el diablo pone a prueba a Nuestro Señor para saber si realmente Él es el Mesías.

En cambio, de modo directo, es decir, los pensamientos tal cual están en nuestra mente o los deseos e intenciones en nuestra voluntad, no los pueden conocer, a menos que nosotros le abramos voluntariamente el alma. Así explica Santo Tomás hablando no sólo de los demonios sino de los ángeles en general 5 . En las “Colaciones de los Padres del Desierto” Juan Casiano escribía: “Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas les es totalmente inaccesible. Inclusive los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma, antes bien, por los movimientos y manifestaciones del hombre exterior” 6 .

Respondiendo, pues, a sus preguntas, debo decirle: el demonio no sabe lo que pensamos ni lo que queremos a menos que nosotros voluntariamente le permitamos que lo conozca; puede sospechar lo que pensamos, pero no puede estar seguro. No hay ningún peligro en rezar en voz alta, pues aunque sepa cuáles son nuestros planes nada puede contra ellos sin la permisión de Dios. Por otra parte, en nuestras oraciones no hay nada que debamos ocultar ya que, como explican San Agustín y Santo Tomás, todo cuanto podamos rezar correctamente, se puede resumir, en última instancia en el “Padrenuestro” (“la oración dominical es perfectísima, porque, como escribe San Agustín, si oramos digna y convenientemente, no podemos decir otra cosa que lo que en la oración dominical se nos propuso” 7 ), y esta oración el demonio la conoce y nada puede hacer contra ella; podrá poner obstáculos, pero chocará siempre contra la eficacia que Jesús ha dado a las oraciones que hagamos en su nombre: Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis (Mt 21, 22; cf. Mc 11, 24); Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13-14).
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1 Cf. Santo Tomás, De malo, 16, 8.
2 San Agustín, Sobre la adivinación de los demonios, c. 5.
3 San Agustín, Retractaciones, L. 2, c. 30.
4 Lépicier, A. M., Il mondo invisibile, Vincenza (1922), 43, n. 4.
5 Cf. Santo Tomás, Suma Teológica, I, 57, 4.
6 Juan Casiano, Colaciones, 7.
7 Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 83, 9.