martes, 26 de mayo de 2009

BENEDICTO XVI: LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO EN LA BIBLIA

La escucha atenta de la Palabra de Dios respecto al misterio y a la obra del Espíritu Santo nos abre al conocimiento cosas grandes y estimulantes que resumo en los siguientes puntos.

Poco antes de su ascensión, Jesús dijo a los discípulos: «Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido» (Lc 24, 49). Esto se cumplió el día de Pentecostés, cuando estaban reunidos en oración en el Cenáculo con la Virgen María. La efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente fue el cumplimiento de una promesa de Dios más antigua aún, anunciada y preparada en todo el Antiguo Testamento.

En efecto, ya desde las primeras páginas, la Biblia evoca el espíritu de Dios como un viento que «aleteaba por encima de las aguas» (cf. Gn 1, 2) y precisa que Dios insufló en las narices del hombre un aliento de vida, (cf. Gn 2, 7), infundiéndole así la vida misma. Después del pecado original, el espíritu vivificante de Dios se ha ido manifestando en diversas ocasiones en la historia de los hombres, suscitando profetas para incitar al pueblo elegido a volver a Dios y a observar fielmente los mandamientos. En la célebre visión del profeta Ezequiel, Dios hace revivir con su espíritu al pueblo de Israel, representado en «huesos secos» (cf. 37, 1-14). Joel profetiza una «efusión del espíritu» sobre todo el pueblo, sin excluir a nadie: «Después de esto –escribe el Autor sagrado– yo derramaré mi Espíritu en toda carne... Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días» (3, 1-2).

En la «plenitud del tiempo» (cf. Ga 4, 4), el ángel del Señor anuncia a la Virgen de Nazaret que el Espíritu Santo, «poder del Altísimo», descenderá sobre Ella y la cubrirá con su sombra. El que nacerá de Ella será santo y será llamado Hijo de Dios (cf. Lc 1, 35). Según la expresión del profeta Isaías, sobre el Mesías se posará el Espíritu del Señor (cf. 11, 1-2; 42, 1). Jesús retoma precisamente esta profecía al inicio de su ministerio público en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí –dijo ante el asombro de los presentes–, porque él me ha ungido. Me ha enviado a dar la Buena Noticia a los pobres. Para anunciar a los cautivos la libertad y, a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; y para anunciar un año un año de gracia del Señor» (Lc4, 18-19; cf. Is 61, 1-2). Dirigiéndose a los presentes, se atribuye a sí mismo estas palabras proféticas afirmando: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír » (Lc 4, 21). Y una vez más, antes de su muerte en la cruz, anuncia varias veces a sus discípulos la venida del Espíritu Santo, el «Consolador», cuya misión será la de dar testimonio de Él y asistir a los creyentes, enseñándoles y guiándoles hasta la Verdad completa (cf. Jn 14, 16-17.25-26; 15, 26; 16, 13).

lunes, 25 de mayo de 2009

MENSAJE MEDJUGORJE 25 DE MAYO


María Reina de la Paz

''¡Queridos hijos! En este tiempo, los invito a todos a orar por la venida del Espíritu Santo en cada criatura bautizada, para que el Espíritu Santo los renueve a todos y los conduzca por el camino del testimonio de vuestra fe, a ustedes y a todos aquellos que están lejos de Dios y de Su amor. Estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante el Altísimo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!'' 

domingo, 24 de mayo de 2009

P. Salvador Carrillo Alday:La Esencia de Pentecostés.

Según las fuentes bíblicas ¿de dónde nos viene el Espíritu Santo? Nos viene a través de Jesús, pero ¿de qué Jesús? y esto es lo interesante, lo hermoso. En Juan 16,7 Jesús dijo: "Les conviene que yo me vaya. Si yo no me voy, el Espíritu Santo no vendrá a ustedes, pero si Yo me voy, Yo se lo enviaré".

Y antes en Juan 7,39 comenta el evangelista: "Y esto lo decía del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en El porque todavía no había Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado".

Qué palabra tan extraña: "Todavía no había Espíritu porque Jesús todavía no había sido glorificado". Jesús necesita terminar su carrera mesiánica, recibir después de su resurrección el gran título de ser el Mesías, el Salvador, el Señor, para después poder dar el Espíritu Santo.

En Hechos 2,33 está escondido este texto importante en la Cristología, en el que se dice primero: "A Jesús, Dios lo ha resucitado". Segundo: "Y habiendo sido exaltado a la diestra del Padre". Tercero: "Y habiendo recibido El, el Espíritu Santo".

Jesús recibe como un regalo de Dios en su naturaleza humana glorificada, el Espíritu Santo y una vez lleno Jesús del Espíritu Santo, lo derrama el día de Pentecostés, y nace la Iglesia.


PADRE MIGUEL PASTORINO: EL EL CIEGO BARTIMEO programa " SI TÚ SUPIERAS" AM 770 Radio Oriental

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lunes, 18 de mayo de 2009

ENCUENTROS CON JESÚS- 23 DE MAYO


EL próximo 23 de mayo a las 15.30 hs, como todos los cuartos sábados de mes, realizaremos un nuevo Encuentros con Jesús, en la Capilla María Reina de la Paz, en esta oportunidad la frase bíblica que presidirá nuestro encuentro está tomada del evangelio según San Juan: "YO SOY EL BUEN PASTOR Y CONOZCO A MIS OVEJAS"

En el año 2006 comenzamos con estos encuentros mensuales gratuitos, hay que traer el Rosario y la Biblia, el Señor ha bendecido abundantemente este pequeño servicio que realizamos. 

Anímate, invita a los que estén alejados a participar , al igual que nosotros te sorprenderás de las gracias que el Señor derrama en medio de nosotros...

El arzobispo de Montevideo Mons. Nicolás Cotugno ha bendecido este ministerio, dándonos a partir de su discernimiento de pastor de esta iglesia local, su apoyo y envío...

CAPILLA MARÍA REINA DE LA PAZ
PROPIOS 2659- 15.30 hs  
( a 1 cuadra del hospital Evangélico)

domingo, 17 de mayo de 2009

BENEDICTO XVI: DISCURSO DE DESPEDIDA DE TIERRA SANTA


Señor presidente, señor primer ministro, excelencias, señoras y señores, mientras me dispongo a retornar a Roma querría compartir con ustedes algunas de las cosas que más me han impresionado interiormente durante mi peregrinación en Tierra Santa. [...]
Señor presidente, usted y yo hemos plantado un árbol de olivo en su residencia, en el día de mi llegada a Israel. Como usted sabe, el árbol de olivo es una imagen utilizada por san Pablo para describir las relaciones estrechísimas entre cristianos y judíos. En su carta a los Romanos, Pablo describe cómo la Iglesia de los gentiles es como un brote de olivo selvático, injertado en el árbol de olivo bueno que es el pueblo de la Alianza (cfr. 11, 17-24). Extraemos nuestro alimento de las mismas raíces espirituales. Nos encontramos como hermanos, hermanos que en ciertos momentos de la historia común han tenido una relación tensa, pero que ahora están firmemente empeñados en la construcción de puentes de amistad duradera.

La ceremonia en el palacio presidencial ha sido seguida por uno de los momentos más solemnes de mi permanencia en Israel: mi visita al Memorial del Holocausto en Yad Vashem, donde he rendido homenaje a las víctimas de la Shoah. Allí también he encontrado a algunos de los sobrevivientes. Esos encuentros profundamente conmovedores han renovado recuerdos de mi visita, tres años atrás, al campo de la muerte en Auschwitz, donde también tantos judíos – madres, padres, maridos, esposas, hijos, hijas, hermanos, hermanas, amigos – fueron brutalmente exterminados bajo un régimen sin Dios, que propagaba una ideología de antisemitismo y odio. Ese espantoso capítulo de la historia jamás debe ser olvidado o negado. Al contrario, esos oscuros recuerdos deben reforzar nuestra determinación de acercarnos todavía más unos a otros, como ramas del mismo olivo, nutridos por las mismas raíces y unidos por un amor fraterno.

Señor presidente, le agradezco la calidez de su hospitalidad, muy apreciada, y deseo que conste el hecho que he venido a visitar este país como amigo de los israelitas, así como soy amigo del pueblo palestino. Los amigos aman transcurrir el tiempo en compañía recíproca y se afligen profundamente al ver sufrir al otro. Ningún amigo de los israelitas y de los palestinos puede evitar entristecerse por la continua tensión entre vuestros dos pueblos. Ningún amigo puede hacer menos que llorar por los sufrimientos y las pérdidas de vidas humanas que ambos pueblos han sufrido en las últimas seis décadas. 

Me permito dirigir este llamado a todo el pueblo de estas tierras: ¡No más derramamiento de sangre! ¡No más desencuentros! ¡No más terrorismo! ¡No más guerra! Por el contrario, rompamos el círculo vicioso de la violencia. Que pueda instaurarse una paz duradera basada en la justicia, que haya verdadera reconciliación y curación. Que se reconozca universalmente que el Estado de Israel tiene el derecho a existir y a gozar de paz y seguridad dentro de límites reconocidos internacionalmente. Que se reconozca igualmente que el pueblo palestino tiene el derecho a una patria independiente y soberana, a vivir con dignidad y a viajar libremente. Que la "two-State solution", la solución de los dos Estados, se haga realidad y no quede como un sueño. Y que la paz pueda difundirse por estas tierras; que puedan ser "luz para las naciones" (Isaías 42, 6), llevando esperanza a otras numerosas regiones que son golpeadas por conflictos.

Una de las visiones más tristes para mí, durante mi visita a estas tierras, ha sido la del muro. Mientras lo bordeaba, he rezado por un futuro en el que los pueblos de Tierra Santa puedan vivir juntos, en paz y armonía, sin la necesidad de semejantes instrumentos de seguridad y de separación, sino respetándose y confiando uno en el otro, renunciando a toda forma de violencia y de agresión. Señor presidente, sé cuán difícil será alcanzar ese objetivo. Sé cuán difícil es su tarea y la de la autoridad palestina. Pero le aseguro que mis oraciones y las oraciones de los católicos de todo el mundo lo acompañan, mientras usted sigue esforzándose para construir una paz justa y duradera en esta región. [...] Les digo a todos: gracias y que el Señor esté con ustedes. ¡Shalom!

sábado, 16 de mayo de 2009

G.K.CHESTERTON: Sobre el ensayo


Hay estados de ánimo tristes y morbosos en los que siento la tentación de creer que el Mal ha vuelto a entrar en el mundo en la forma de ensayos. El ensayo es como la serpiente, suave, graciosa y de movimiento fácil, y también ondulante y errabundo. Además, supongo que la palabra misma ensayo significaba originalmente «probar, tentar». La serpiente es tentativa en todos los sentidos de la palabra. El tentador está siempre tentando su camino y averiguando cuánto pueden resistir los demás. Este engañoso aire de irresponsabilidad que tiene el ensayo es muy desarmante, aunque parezca desarmado. Pero la serpiente puede golpear sin garras como puede correr sin patas. Es el símbolo de todas las artes elusivas, evasivas, impresionistas y que se ocultan cambiando de matices. Supongo que el ensayo, por lo menos en lo que concierne a Inglaterra, fue casi inventado por Francis Bacon. Puedo creerlo, pues siempre he pensado que fue el villano de la historia inglesa.


Michel Schooyans: Obama y Blair. El mesianismo reinterpretado


La elección de Barack Obama para la presidencia de los Estados Unido ha suscitado numerosas expectativas en todo el mundo. En los Estados Unidos, los electores votaron por un presidente joven, mestizo y brillante. Se espera de él que, según sus promesas, corrija los errores del presidente que lo ha precedido. Han sido utilizadas formulas hasta excesivas, afirmando, por ejemplo, que había llegado la hora de "reedificar" los Estados Unidos o de reorganizar el orden internacional. Se notará aquí la influencia de Saul D. Alinsky (1909-1972), uno de los maestros del pensamiento del nuevo presidente y de Hillary Clinton. No les ha faltado celo a los admiradores del vivaz neo elegido, que han demonizado al desventurado presidente George W. Bush, invocando que se destruya lo antes posible la política que había desarrollado. Ahora, la administración Bush, que además no ha carecido de méritos, se caracteriza por fallas reconocidas, también por el círculo más cercano del presidente. Sin embargo, sobre un punto esencial y fundamental, el presidente Bush ha promovido una política meritoria de respeto y de continuidad: ofreció al ser humano no nacido, así como al personal médico, una protección jurídica, sin duda insuficiente, pero eficaz.


jueves, 14 de mayo de 2009

FRAY NELSON MEDINA OP: ÁNGELES Y DEMONIOS CON TOM HANKS

La verdadera urgencia de publicar este mensaje es que todos comprendamos que es el DINERO y solamente el DINERO lo que puede alentar o detener a los enemigos de la Iglesia. La gente que vaya a la película ANGELES Y DEMONIOS de Dan Brown (autor de El Código de Da Vinci) está dándole dinero a él. Si dices: “voy a comprar el libro para ver qué es lo que tanto le critican” o si dices: “hay que ver la película para juzgar” ten en cuenta que al pagar tu tiquete o comprar el libro ya estás aumentando el éxito de los enemigos de la Iglesia.

Por eso: no compres el libro, no vayas a la película. Si necesitas información búscala gratis en Internet de modo que ni Dan Brown (autor del libro), ni Ron Howard (director del filme), ni Tom Hanks (protagonista) ni ninguno de los que ayudaron a esa asquerosa calumnia reciba dinero de ti. Si ellos reciban dinero seguirán calumniando.

¿Dónde informarse? Usa la Wikipedia, por ejemplo. La trama parte de un crimen cometido por “El Vaticano” contra los Illuminati. El crimen nunca sucedió pero lo que se dice de la Iglesia es blasfemo, repugnante, injusto y daría ocasión para atentados terroristas si se tratara de otra religión, y no de la Iglesia Católica.

A los que dicen “Es sólo ficción” hay que responderles con claridad: “Si se hiciera una película en la que se dice que tu abuelo era un sádico que torturaba niñas y vendía sus cadáveres, y si luego media humanidad estima que eso es ‘entretenido,’ ¿te quedarías tan tranquilo sólo por el hecho de que así no fue tu abuelo de verdad?” Más información, desde la perspectiva católica, aquí.

No sé si he sido claro: NO LES DES DINERO; no des tú dinero a los que calumnien y atropellan a tu Madre. 

martes, 12 de mayo de 2009

JOSEPH RATZINGER: LA ALEGRÍA PASCUAL


La claridad y la alegría, que para gran parte de nosotros están unidas al pensamiento de la Pascua, no pueden cambiar nada respecto al hecho de que el contenido profundo de este día sea para nosotros más difícil de comprender que el de la Navidad. El nacimiento, la infancia, la familia, todo eso es parte de nuestro mundo de experiencias. Que Dios haya sido un niño y haya hecho así grande a lo pequeño, y humano, cercano y comprensible a lo grande, es un pensamiento que nos toca de un modo muy directo. Según nuestra fe, en el nacimiento en Belén, Dios ha entrado en el mundo y esto lleva una huella de luz hasta los hombres, los cuales no están en grado de acoger la noticia tal y como es.

Con la Pascua es distinto: aquí Dios no ha entrado en nuestra vida habitual, sino que, entre sus confines, ha abierto un paso hacia un nuevo espacio más allá de la muerte. Él no nos sigue ya, sino que nos precede y sostiene la antorcha en el interior de una extensión inexplorada para animarnos a seguirle. Pero, desde el momento en el que nosotros ahora sólo conocemos aquello que está a este lado de la muerte, no podemos relacionar ninguna de nuestras experiencias con esta noticia.

Ningún concepto puede venir en auxilio de la palabra; permanece una salida en lo desconocido; y en esto percibimos dolorosamente la miopía y limitación de nuestros pasos. Y, con todo, es estimulante pensar que ahora, por lo menos a través de la palabra de uno que sabe, experimentamos aquello frente a lo que nadie puede quedar indiferente. Con enorme curiosidad, en los últimos años, se han recogido las narraciones de personas que, habiendo pasado por una muerte clínica, afirman haber percibido lo imperceptible y pueden aparentemente decir qué hay después de la oscura puerta de la muerte. Esta curiosidad muestra cómo se abre camino en nosotros de un modo apremiante la cuestión de la muerte. Pero todas estas narraciones son inadecuadas, puesto que todos estos testigos no habían muerto realmente, sino que han debido sólo probar la particular experiencia de una condición extrema de la vida y de la conciencia humana. 

Ninguno puede decir si su experiencia se habría confirmado en el caso de que hubiesen muerto realmente. Pero Aquel del que habla la Pascua, Jesucristo, realmente «descendió al reino de los muertos». Él ha respondido a la petición del rico Epulón: «¡Envía arriba a alguno del mundo de los muertos, para que así creamos!» Él, el verdadero Lázaro, ha venido de allá a fin de que nosotros creamos. ¿Lo hacemos ahora? No llega trayendo noticias y emocionantes descripciones del más allá. En cambio, nos ha dicho que prepara las moradas.

¿No es ésta la más emocionante novedad de la Historia, aunque sea dicha sin despertar sensaciones? La Pascua tiene que ver con lo inconcebible; su evento nos sale al encuentro en un primer momento sólo a través de la Palabra, no a través de los sentidos. Tanto más importante es entonces dejarse aferrar un día por la grandeza de esta Palabra. Pero, puesto que ahora pensamos con los sentidos, la fe de la Iglesia ha traducido desde siempre la Palabra pascual también en símbolos que hacen presagiar lo no dicho de la Palabra. El símbolo de la luz (y con él el del fuego) juega un papel importante; el saludo al cirio pascual, que en la iglesia oscura pasa a ser el signo de la vida, es para el vencedor sobre la muerte. El acontecimiento de entonces viene así traducido en nuestro presente: donde la luz vence la oscuridad, acontece algo de la resurrección. La bendición del agua pone de relieve otro elemento de la creación como símbolo de la resurrección: el agua puede tener en sí algo de amenazador, ser un arma de la muerte. Pero el agua viva de la fuente representa la fecundidad que, en medio del desierto, edifica oasis de vida. 

Un tercer símbolo es de otro tipo distinto: el canto del Aleluya, el canto solemne de la liturgia pascual, muestra que la voz humana no sabe solamente gritar, gemir, llorar, hablar, sino justamente cantar. El hecho de que, además, el hombre sea capaz de evocar las voces de la creación y transformarlas en armonía, ¿no nos permite presagiar, de modo maravilloso, de qué transformaciones somos capaces nosotros mismos y la creación? ¿No es éste un signo admirable de esperanza, en virtud de la cual podemos presagiar el futuro y, a un tiempo, acogerlo como posibilidad y presencia?

En las grandes solemnidades de la Iglesia, la creación participa en la fiesta; o viceversa: en estas solemnidades entramos en el ritmo de la tierra y de las estrellas, y hacemos nuestro su conocimiento. Por esto, la nueva mañana de la naturaleza que señala la primera luna llena de la primavera forma parte tan real del mensaje pascual: la creación habla de nosotros y a nosotros; nos comprendemos correctamente a nosotros mismos y a Cristo sólo si aprendemos a escuchar también las voces de la creación.

La aflicción se convertirá en alegría

Todo aquello que podemos ver es –como por Isaías– el Cordero, del cual el apóstol Pedro dice que fue predestinado «ya antes de la fundación del mundo». Pero la mirada sobre el Cordero –sobre Cristo crucificado– coincide ahora precisamente con nuestra mirada al cielo, con nuestra mirada sobre la eterna providencia de Dios. En este Cordero, sin embargo, entrevemos lejana, en los cielos, una apertura; vemos la benignidad de Dios, que no es ni indiferencia ni debilidad, sino suprema fuerza. De este modo, y únicamente en esto, vemos los santuarios de la creación y percibimos en ellos algo similar al canto de los ángeles, podemos incluso intentar acompañar un poco a aquel canto en el Aleluya del día de Pascua. Desde el momento en que vemos el Cordero, podemos reír y podemos dar gracias; gracias a él también nosotros comprendemos qué significa adoración.

Todas las palabras del Resucitado llevan en sí la alegría –la sonrisa de la liberación: ¡Si vierais aquello que yo he visto y veo!–, si un día alcanzáis a ver el todo, entonces reiréis. Hubo un tiempo en el que el risus paschalis, la risa pascual, era parte integrante de la liturgia barroca. La homilía pascual debía contener una historia que suscitase la risa, de tal modo que la iglesia retumbase en carcajadas. Ésta podía ser una forma un poco superficial y exterior de alegría cristiana. Pero, ¿no es en realidad algo muy bello y justo el hecho de que la risa se hubiese convertido en un símbolo litúrgico? Y ¿no nos gusta quizá que en las iglesias barrocas escuchemos todavía, por el juego de los amorcillos y de los ornamentos, la risa en la cual se anunciaba la libertad de los redimidos? Y ¿no es un signo de fe pascual el hecho de que Haydn dijera, respecto a sus composiciones, que al pensar en Dios sentía una alegría cierta y añadiese: «Yo, apenas quería expresar palabras de súplica, no podía contener mi alegría, y hacía lugar a mi ánimo alegre y escribía allegro sobre el Miserere»?

La visión de los cielos del Apocalipsis dice lo que nosotros vemos en Pascua a través de la fe: el Cordero muerto vive. Puesto que vive, nuestro llanto termina y se convierte en sonrisa. La visión del cordero es nuestra mirada a los cielos abiertos de par en par. Dios nos ve y actúa, si bien de forma diversa a como pensamos y a como nosotros quisiéramos imponerlo. Sólo a partir de la Pascua podemos en realidad pronunciar de un modo completo el primer artículo de fe; sólo a partir de la Pascua éste se ve cumplido y consuela: yo creo en Dios, Padre omnipotente. 

De hecho, sólo a partir del Cordero sabemos que Dios es realmente el Padre y es realmente omnipotente. Quien lo ha entendido no puede estar ya verdaderamente triste y desesperado. Quien lo ha entendido opondrá resistencia a la tentación de ponerse del lado de los verdugos. Quien lo ha comprendido no experimentará la angustia extrema cuando él mismo esté en la condición del Cordero. Puesto que se encuentra en el lugar más seguro. La Pascua nos invita, en resumen, no sólo a escuchar a Jesús, sino, en el instante en el que se le escucha, a aprender a ver desde el interior. La máxima solemnidad del calendario litúrgico nos anima, mirándole a Él, a Aquel que ha muerto y ha resucitado, a descubrir la apertura en los cielos. Si comprendemos el anuncio de la resurrección, entonces reconocemos que el cielo no está totalmente cerrado más arriba de la tierra. Entonces algo de la luz de Dios –si bien de un modo tímido pero potente– penetra en nuestra vida. Entonces surgirá en nosotros la alegría, que de otro modo esperaríamos inútilmente, y cada persona en la que ha penetrado algo de esta alegría puede ser, a su modo, una apertura a través de la cual el cielo mira a la tierra y nos alcanza. Entonces puede suceder lo que prevé la revelación de Juan: todas las criaturas del cielo y de la tierra, bajo la tierra y en el mar, todas las cosas en el mundo están colmadas de la alegría de los salvados. En la medida en la que lo reconocemos, se cumple la palabra que Jesús dirige en la despedida, en la que anuncia una nueva venida: «Vuestra aflicción se convertirá en alegría». Y, como Sara, los hombres que creen en virtud de la Pascua afirman: «¡Motivo de alegre sonrisa me ha dado Dios: quienquiera que lo sepa, sonreirá conmigo!»

Del libro Imágenes de esperanza (ed. San Pablo).