lunes, 20 de octubre de 2008

Tarcisio BERTONE, S.D.B., Secretario de Estado (CIUDAD DEL VATICANO)


“Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir”.


Es la conclusión práctica del Mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes de todo el mundo con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud del 2006. Es una consigna que confirma la que se dio a su vez en la JMJ de Colonia 2005 y que recibe un desarrollo ulterior en otro de sus discursos en la Plaza de San Pedro el 6 de abril de 2006, respondiendo a una pregunta realizada por un joven sobre el sentido de la Biblia en la vida de un joven creyente.
Es un tríptico que manifiesta una precisa convicción del Papa: en el Libro Sagrado debidamente encontrado, la fe juvenil encuentra una orientación indispensable (brújula), teniendo, por otra parte, un especial cuidado en que el encuentro con la Biblia se convierta en encuentro con Cristo.Un foso para superar.
Tomada por sí misma, la Biblia no logra suscitar ante los ojos de un joven, sobre todo si está en la primera adolescencia, una particular atracción o apego. Se ha comprobado una sustancial indiferencia hacia una fe comunicada a través de la Sagrada Escritura, con respecto, en cambio, al testimonio dado por una persona creyente, indiferencia que se acompaña de una notable proporción de ignorancia y sobre todo de la dificultad para advertir su valor vital.
Entre quienes prácticamente nunca tienen un contacto personal con la Biblia (el 80 % de los italianos) el número más elevado se registra en la franja de los adolescentes entre los 14 y los 19 años. Solamente el 13 % considera que “si uno cree en Dios debe leer y meditar la Biblia u otros textos sagrados”, colocando dicha lectura en el undécimo lugar entre 16 item.; el 7% señala luego “el rezar leyendo, meditando la Biblia u otros textos religiosos” (Cfr. Aa. Vv., La religiosità in Italia, Mondadori, Milán, 1995).Sin embargo, se observa en muchos de estos jóvenes una sorprendente disponibilidad hacia la Biblia cuando la sintonía con ellos se alcanza no tanto, por lo menos al comienzo, mediante la autoridad de una página bíblica llamada Palabra de Dios, sino gracias a algunos adultos que les hacen de educadores pacientes y testigos creíbles del personaje más grande que es la figura de Jesús, personas que, en fin, cuando dicen Palabra de Dios, la muestran en sus propias vidas.

Si el adulto, como educador-amigo, logra abrir la puerta del corazón del joven, entonces la Escritura se puede proponer como un regalo que lleva consigo todas las cualidades de la Palabra de Dios según la codificación bíblica, con una peculiar caracterización para el alma del joven. Así el joven crecerá y apreciará el protagonismo de los jóvenes en la Biblia y especialmente en los Evangelios; pondrá a Jesús en su “diario del alma” (tenemos muchos ejemplos en los diarios de los jóvenes); apreciará también todas las imágenes deportivas presentes en la Biblia con originales aplicaciones para la vida virtuosa (ej. Michel Quoist).
Conclusión:
De la extensa intervención de Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro, mencionada antes, que impresionó a todos en general por la claridad y a la vez por la carga de convicción del Papa, hemos recogido una pedagogía del acercamiento que el mismo Santo Padre ha sintetizado así: “Creo que debemos aprender estos tres elementos: leerla en conversación personal con el Señor; leerla acompañados por maestros que tienen la experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la sagrada Escritura; leerla en la gran compañía de la Iglesia, en cuya liturgia estos acontecimientos se hacen siempre presentes de nuevo, en la que el Señor nos habla ahora a nosotros, de forma que poco a poco penetramos cada vez más en la sagrada Escritura, en la que Dios habla realmente con nosotros hoy”.

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