lunes, 20 de octubre de 2008

Mons. Petro Herkulan MALCHUK, O.F.M., Obispo titular de Media, Obispo auxiliar de Odessa-Simferopol (UCRANIA)

En mi relación me refiero al punto 21, en el que se dice que a la luz del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo, hay que prestarle la atención necesaria y la reflexión específica a los sentidos bíblicos, es decir, al histórico-literal y al teológico-espiritual.

Una realidad en la cual se encuentran los destinatarios de la Palabra nos hace ver que algunos descubren el sentido histórico-literal y se quedan ahí; otros , en cambio, llegan a descubrir el sentido teológico-espiritual.
El punto central, por lo tanto, es el sentido teológico-espiritual.
Ya san Jerónimo dijo, y el Vaticano II repitió; “Las divinas escrituras tienen que leerse e interpretarse con la ayuda del mismo Espíritu Santo mediante el cual fueron escritas”...

Parece ridículo, pero a veces sucede que precisamente algunas personas llamadas al servicio de la Palabra pueden llegar a ser un obstáculo para ella. ¿Rezo el Rosario todos los días antes de la Santa Misa, durante todo el año?..¡NO! Es el mes de octubre, entonces se reza el rosario y ya está.¿Alguien ha visto rezar el Via Cruscis todos los días durante la Cuaresma?...., ¡es suficiente el viernes!¿Confesarse una vez al mes? ..., ¡pero si basta con una vez al año!. Y así comienza a faltar la Palabra rezada y la Palabra que vivifica, es decir, el sacramento de la confesión.

Qué actual es la exhortación de san Francisco que dice a sus hermanos: “La letra mata, pero el espíritu vivifica. Son matados por la letra aquellos religiosos que no quieren seguir el espíritu de la divina letra, sino que desean más bien saber únicamente las palabras e interpretarlas para los otros. Y son vivificados por el espíritu de la divina letra aquellos que no atribuyen al cuerpo toda la letra que saben y desean saber, sino que, con la palabra y el ejemplo, la devuelven al altísimo Señor Dios, de quien es todo bien”.

Por lo tanto, mi propuesta es: prestar mayor atención no solamente a los documentos oficiales de la Iglesia sino sobre todo darle su justo lugar en la pastoral al sacramento de la Reconciliación. Utilizarlo y ponerlo al servicio especialmente en los seminarios y en la actividad pastoral. El análisis evidencia el hecho de que en las comunidades, y especialmente en las parroquias, en las que falta la Confesión, la frecuencia disminuye y la espiritualidad se vuelve menos profunda.

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