viernes, 10 de octubre de 2008

Mons. Mark Benedict COLERIDGE, Arzobispo de Camberra-Goulburn (AUSTRALIA)

El Concilio Vaticano II hizo un llamamiento a renovar la predicación, que implicaba el paso de una concepción del sermón, entendido fundamentalmente como una exposición de la doctrina, devoción y disciplina católicas, a la homilía, entendida fundamentalmente como una exposición y aplicación de las Escrituras. Este cambio se ha dado sólo en parte. Uno de los motivos es que con demasiada frecuencia la predicación da por descontado el kerigma, y esto en un momento en el que, en las culturas occidentales, el kerigma no se puede dar por descontado. Si sucediera, existiría el riesgo de una reducción moralista de la predicación, que quizás evocara el interés o la admiración y no, en cambio, la fe que salva. Esta predicación no generará una experiencia del poder de Cristo.

Una nueva evangelización requiere una nueva formulación y proclamación del kerigma en el interés de una predicación misionera más eficaz. Para estimular una predicación de este tipo se podría preparar un Directorio Homilético General siguiendo las líneas del Directorio Catequético General y la Instrucción General del Misal Romano. Este Directorio recurriría a la experiencia de la Iglesia universal proporcionando un marco común sin sofocar el genio de las Iglesias particulares o de los predicadores. Ayudaría a garantizar una preparación más sólida y sistemática de los predicadores en los seminarios y centros de formación, y esto en un momento en el que todos reconocen cuán vital es la predicación, puesto que para la mayoría de los católicos el único punto de contacto con la Palabra de Dios es la celebración de la Eucaristía dominical con su homilía.

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