sábado, 18 de octubre de 2008

Mons. Evarist PINTO, Arzobispo de Karachi (PAKISTÁN)

El profeta Amós habla del hambre de oír la Palabra de Dios (Am 8, 11).


Actualmente, muchos católicos tienen hambre y sed de la Palabra de Dios. En nuestro país, Pakistán, más del 60% de las personas son analfabetas y, por lo tanto, no pueden leer la Sagrada Biblia y, sin embargo, desean escuchar la Palabra de Dios. Por otro lado, muchas personas obtienen óptimos resultados en el ámbito académico pero son analfabetos en lo que respecta a la Palabra de Dios. Mucha de nuestra gente, incluídos los sacerdotes y las persone consagradas, es especialista en asuntos laicos pero no tiene la capacidad de impartir el conocimiento sublime de la Biblia a las personas que tienen hambre y sed de la Palabra de Dios.

Es estimulante saber que nuestra gente sencilla, que lucha contra la pobreza y el paro, tiene hambre de la esperanza y del consuelo que ofrece la Palabra de Dios. Así como la Iglesia ofrece el Cuerpo de Cristo en la mesa de la Eucaristía, también ofrece el Pan de Vida en la mesa de la Palabra de Dios (Dei Verbum nº 21).

Sabemos que enseñar e instruir al Pueblo de Dios es la tarea principal de los obispos, los sacerdotes y los diáconos. Como se afirma en la Dei Verbum: “Tarea de los obispos [es] comunicar a los fieles que se le han confiado de las inmensas riquezas de la palabra divina” (nº 25). Del mismo modo, el conocimiento y la familiaridad de la Palabra de Dios también es de primera importancia para los sacerdotes y los diáconos, en cuanto colaboradores del obispo.

Igualmente, los laicos comparten la responsabilidad de ofrecer la Palabra a los fieles. Rindamos homenaje a los numerosos movimientos laicos y a los grupos de la Iglesia que han empezado a estudiar y a enseñar la Biblia. Las personas consagradas no pueden permanecer indiferentes frente al hambre y a la sed de la Palabra de Dios de nuestra gente pobre y sencilla.

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