sábado, 11 de octubre de 2008

Card. Zenon GROCHOLEWSKI, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica (CIUDAD DEL VATICANO)

Me detengo a reflexionar sobre las diversas formas de enseñanza superior eclesiástica en las que la Palabra de Dios tiene que constituir la base para el conocimiento de todas las verdades de la fe y la fuente de la vida.



1. Actualmente se multiplican los institutos de estudio, sobre todo para laicos y personas consagradas, pero al mismo tiempo parece aumentar la ignorancia religiosa. El reciente estudio, comisionado por la Federación Bíblica Católica en 10 países europeos, ha demostrado una ignorancia increíble de los fieles acerca de las nociones elementares relativas a la Biblia, como: "¿Los Evangelios son parte de la Biblia?", "¿Escribió Jesús los libros de la Biblia?", "¿Quién, Moisés o Pablo, era un personaje del Antiguo Testamento?", etc. Una tal ignorancia constituye un terreno fértil para las sectas. De aquí algunas prevenciones que habría que considerar de manera conjunta:

a. Nos esforzamos mucho, pero quizás no distribuimos nuestras fuerzas de manera razonable en las diversas formas y grados de enseñanza. El aumento de los institutos a menudo va en detrimento de una enseñanza más difundida en la pastoral ordinaria. Disminuye el número de sacerdotes, pero aumenta el número de los presbíteros que se sienten llamados a ser profesores, devaluando el cuidado pastoral ordinario, mientras que es precisamente de éste que trata principalmente el Documento de trabajo. La Palabra de Dios va dirigida a todos, está destinada a fructificar en todos. Somos responsables también de una correcta economía en el uso de las fuerzas de enseñanza que tenemos a nuestras disposición, para hacer crecer y obrar eficazmente todo el Cuerpo Místico de Cristo. En esta perspectiva, habría que favorecer y difundir cursos adecuados de ciencias sagradas sin otorgar títulos académicos, pues serían más fácilmente accesibles a un público más vasto.

b. Se encarga a los diversos Institutos de enseñanza superior de realizar cursos monográficos, pero en detrimento de los conocimientos bíblicos, dogmáticos y morales fundamentales. Ingenuamente, se dan por supuestos estos conocimientos, que en cambio los estudiantes no tienen y, por consiguiente, la formación intelectual, desde el punto de vista religioso, no es orgánica ni coherente, ni fructífera; por lo tanto, no prepara a realizar lo que postula el Documento de trabajo en relación a la pastoral bíblica.

Es preciso atribuir importancia a las verdades fundamentales de fe, enlazadas con la Palabra de Dios, porque determinan nuestra vida cristiana, nuestra relación con el Señor, nuestra alegría cristiana.

2. Estoy muy contento - en relación a lo que acabo de decir - de que en el Documento de trabajo se hayan puesto en evidencia elementos que pertenecen a la metodología de los estudios y enseñanzas en ciencias eclesiásticas, que en nuestros tiempos exigen mayor atención para una correcta organización de la enseñanza:

a. Una clara distinción entre los que poseen el "munus docendi" en la Iglesia y todos los demás que, de todos modos, tienen que ser anunciadores de la Palabra de Dios;

b. La importancia sustancial del Magisterio, resaltada de manera perspicaz por la Dei Vebum 10, para comprender, interpretar y enseñar la Palabra de Dios ;

c. La necesidad de la oración, de escuchar, de la fe, de la docilidad al Espíritu Santo, para conocer el verdadero sentido teológico-espiritual de la Palabra de Dios ;

d. El primado del testimonio del anuncio de la Palabra de Dios.

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