miércoles, 15 de octubre de 2008

Card. Miloslav VLK, Arzobispo de Praga (REPÚBLICA CHECA)

No quiero repetir lo que ya se dijo muchas veces y tampoco desarrollar solamente el tema de la teología de la Palabra. Me propongo relatar, como para confirmarla, algunas experiencias con la Palabra de Dios, hechas en tiempos del comunismo. El partido comunista tenía un gran recelo por la juventud. Estaba prohibida cualquier organización de creyentes, quienes, en consecuencia, se reunían clandestinamente en los refugios, en las montañas, en los bosques.

Era muy difícil que entre ellos hubiera un sacerdote que pudiese guiarlos y celebrar la Misa. En esta situación ellos han tenido en sus manos la Biblia y la Dei Verbum. Comenzaban cada día leyendo y meditando una Palabra y esforzándose por vivirla juntos a lo largo de toda la jornada.
En una ocasión, al tomar el mensaje: “que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12) y al vivirlo intensamente, después de un cierto período se dieron cuenta de que el Espíritu Santo presente en sus corazones se transformó en la fuerza que hizo crecer entre ellos la comunión.

Descubrieron que la fuerza del Espíritu Santo en sus corazones, el amor de Dios, vivido recíprocamente, traía la presencia del Resucitado en medio de ellos, cumpliendo la Palabra de Jesús ”Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20)Una vez, uno de ellos llevó a un amigo sin darle demasiadas explicaciones acerca de qué grupo se trataba. Cuando por la tarde se habló de la jornada transcurrida, este joven pidió una explicación diciendo: “Aquí hay algo especial entre vosotros. ¿Qué es?

Otra vez este grupo estuvo en Alemania del Este, comunista, donde la Iglesia gozaba de mayor libertad. Invitaron a otros jóvenes que no estaban acostumbrados a vivir de los sacramentos. También allí se vivió de la palabra de Dios. Se podía participar en la misa cada día. Después de algunos días en la comunión viva, profunda, los jóvenes no practicantes, en el momento de la comunión eucarística, se sintieron excluidos de la comunidad. Pidieron poder confesarse.

Dijeron luego públicamente que la comunión, la unidad en el grupo era tan fuerte que se hacía difícil, en el momento sagrado de la comunión eucarística, ser “excomulgados”.La comunión, nacida de la palabra de Dios, posee una fuerza de atracción. Algunos años después habían nacido entre ellos algunas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.Había nacido también una gran alegría entre ellos, un don del Espíritu Santo y la esperanza en una situación desesperada, no obstante el comunismo estuviese alrededor. Sí, es verdad: la Iglesia nace y vive de la Palabra de Dios... muchos lo han experimentado precisamente en los tiempos del comunismo.

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