viernes, 10 de octubre de 2008

Card. JOSIP BOZANIĆ, ARZOBISPO DE Zagreb (CROACIA)


Hoy en Europa se advierten los signos de un renovado interés por la Biblia. Por lo tanto es necesario volver a partir de Dios y del evento de su Revelación, y al mismo tiempo tener el coraje de una nueva y más madura propuesta de Lectio divina. Diciendo Lectio divina no pienso solamente en los textos sagrados, que permanecen igualmente como referencia esencial para el discernimiento eclesial. No pienso, tampoco, en la lectura limitada del espacio restringido de la subjetividad. Pienso, más bien a la escucha de Dios que continuamente actúa en la historia, descubriendo su presencia en cada acontecimiento.

Esto permitirá “leer” la vida de la Iglesia en Europa como lugar en el cual Él se revela. Es de este modo que la Lectio divina como lectura en el espíritu, se vuelve experiencia divino-humana, cuyo sujeto es Dios mismo obrando en el cuerpo eclesial. En una perspectiva semejante, se pone la pregunta de cómo leer las opiniones divergentes en la Iglesia, los conflictos entre los pueblos, pero también como afrontar la marginación cultural del cristianismo, la búsqueda de libertad fuera de la presencia de Dios. Ahora bien, si el cristianismo es el principio fundamental que abraza y unifica a Europa, deberíamos reconocer la acción de Dios que se revela también cuando nos salimos del camino en nuestras discordias y conflictos, como también en la comunión, en el respeto y en altruismo.

Esto nos llama a tener un cristianismo que no se deje envolver en el juego de la política y de la economía, hasta el punto de volverse irreconocible. La responsabilidad de los cristianos en Europa debe ser de tal modo que no se pueda limitar a una lectura exclusivamente política y económica de los acontecimientos. No asumir el método que la Lectio divina nos ofrece - y por el cual permitimos que “Dios nos lea” - tiene consecuencias directas ya sea en las celebraciones de Dios, misterio revelado y donado, como en la misión de la Iglesia.

En la concepción cristiana, de hecho, celebratio es siempre actualización también del evento del Dios que se ha revelado en Jesucristo, el hacerse-presente-de nuevo aquí y ahora en la historia de los hombres (re-praesentatio). Celebratio se vuelve por lo tanto Lectio divina en el significado más pleno. Y es en la Iglesia que celebra el Señor resucitado que la Palabra de Dios hace carne, convirtiéndose en instrumento de salvación para todos los hombres.
Europa vive su crisis de identidad en los tres niveles que hemos considerado. Pareciera que le quiere huir al Dios revelado y estuviera buscando la fuente de su identidad encerrándose en el humanum, concepto que es intencionalmente vago.Cuando el hombre no escucha lo que Dios dice, inevitablemente comienza a hablar en su lugar, pero al fondo de este discurso está el miedo.

Europa sin Dios corre el riesgo de convertirse en un nido de angustia y de construir una civilización del miedo. La Palabra de Dios restituye la esperanza y la alegría. Europa, además entra en crisis cuando no acepta la fuerza interpretativa de la Palabra de Dios, que tiene en la fe y en la inspiración su fundamento último.

Es ardua esta tarea para todas las disciplinas científicas y especialmente para la teología. Europa con razón se jacta del desarrollo de su propio pensamiento teológico pero es necesario un ulterior esfuerzo para una confrontación más proficua con las nuevas interpretaciones y búsquedas científicas, que a menudo están, a propósito, separadas de los paradigmas hermenéuticos de la verdad cristiana.

El rechazo de la Palabra de Dios como instancia interpretativa conduce a Europa hacia la cultura del desaliento y de la inseguridad. De hecho, una cultura que rompe con la celebración cristiana, es decir con la celebración del Misterio de la bondad de Dios y de la salvación en Cristo, arriesga su propia felicidad y empuja a Europa hacia la civilización de la aflicción y de la tristeza, que advierte el peso de la vejez y de la muerte.

La Palabra de Dios restituye al hombre europeo la capacidad de celebrar la vida. Allí donde existen la celebración de los misterios cristianos, la Iglesia es joven, y esto garantiza la juventud para Europa.

La Lectio divina no es solamente la fuerza interior para una nueva inspiración al apostolado, sino que es también el fundamento para el movimiento ecuménico y para el diálogo interreligioso. Esto es camino de compresión de la Palabra de Dios, para el cual es necesaria la trascendencia. Esto es también el lugar de la libertad en la cual se busca la respuesta humana. En esta dinámica suya humano-divina la Lectio divina presenta por lo tanto una fuerza transfigurante. Más aún, se puede afirmar que Cristo mismo es Divina Lectio.

Ser cristianos, ser cristoformes, vivir el cristianismo, significa “ser Lectio divina”. Queda, por lo tanto, urgente la invitación a practicar la Lectio divina, la lectura rezada y meditada de la Palabra de Dios. Es necesario tener como punto de partida la Sagrada Escritura, también en las acciones pastorales más ordinarias porque en eso radica la fuerza de la metáfora (que significa más allá del texto)y de la transfiguración (experiencia del don, experiencia que va más allá de la autosuficiencia). Entonces se llega a poder decir junto con San Pablo: “Para mí, vivir es Cristo”.

Este año tendremos la posibilidad de tornar a menudo sobre la vida y sobre los escritos de San Pablo . El apóstol de las Gentes interpreta su misión como un “llamado”, como un don de Gracia y nunca como una iniciativa autónoma. San Pablo pone los fundamentos para que la espiritualidad cristiana no sea sólo una espiritualidad de la imitación, sino también una espiritualidad de la conformación. En la primera, el protagonista es el Yo, la norma es la ley y la virtud de fondo es el esfuerzo constante de la persona singularmente. En la espiritualidad de la conformación, en cambio, el sujeto es el Espíritu Santo que plasma Cristo en el creyente; la norma es el reconocimiento de la Gracia que siempre precede; la virtud de fondo es la disponibilidad a dejar que Cristo tome forma en la propia experiencia de vida.

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